domingo, 1 de marzo de 2015

Por amor a la física

Este mes, los libertinos miembros del Club de Lectura 2.0, hemos malgastado el segundo mes del año leyendo “Por amor a la física”, de “Un señor que no voy a mencionar”, a propuesta de ND. He de decir que, cuando se decidió el reparto de libros, éste era uno de los que más me apetecía leer, porque, a pesar de lo mucho que tuve que sufrirla como estudiante de ingeniería, a mí la física me encanta y alguna vez todavía abro alguno de mis libros, ya un poco amarillentos, y me recreo leyendo algún capitulo con la despreocupación del que ya no se juega los cuartos.

Pero no podían ser las cosas tan sencillas en el club, ni siquiera con un libro que habla de algo tan inofensivo, a priori, como la física, por supuesto que no, así que, por arte de birlibirloque nos hemos visto envueltos de cierto mal rollo a causa de una denuncia por comportamiento sexual inapropiado contra el autor. Ahí es nada, ya os podéis imaginar los ríos de tinta que han corrido por nuestro grupo de WA para decidir si a “Un señor que no voy a mencionar” le hacíamos una reseña o no. Al final hemos decidido dar libertad a cada uno de los miembros para que publicase o no, somos muy de respetar las libertades de los demás, seguro que mucho más que el autor, y por mucho que sea inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

Yo voy a hacer uso de esa libertad para pasar de puntillas por el libro, que si os digo la verdad a mí no me ha entusiasmado, y es que de un libro de divulgación lo mínimo que se puede pedir es que te enganche al tema que cuenta, y éste es un quiero y no puedo, de tal manera que si la física ya te gustaba te quedarás como estabas, y si no te gustaba harás que no quieras tocarla ni con un palo, porque todo el entusiasmo que “Un señor que no voy a nombrar” intenta transmitir es vacuo y bastante decepcionante.

La editorial Debate nos vende la burra con estas buenas palabras: “Durante más de treinta años como profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), “Un señor que no voy a nombrar” perfeccionó su peculiar arte de enseñar y de hacer de la física algo accesible y divertido. En sus cursos, siempre prácticos, ha llegado a colocar su cabeza delante de un martillo demoledor o a aplicarse una sobrecarga de trescientos mil voltios para explicar conceptos básicos a sus estudiantes. En Por amor a la física, “Un señor que no voy a nombrar” responde a preguntas curiosas: ¿Es posible que seamos más bajos estando de pie que estando tumbados? ¿Por qué los colores del arcoíris siempre están ordenados del mismo modo? ¿Sería posible tocar alguno con la mano? “Un señor que no voy a nombrar” acompaña a los lectores en un viaje maravilloso abriendo nuestros ojos ante la increíble belleza y el poder con el que la física puede revelarnos los mecanismos ocultos del mundo que nos rodea. «Para mí», escribe “Un señor que no voy a nombrar”, «la física es una forma de ver lo espectacular y lo mundano, lo inmenso y lo diminuto, como un bonito y emocionante conjunto de interrelaciones», «sumerjo a las personas en su propio mundo, el mundo en el que viven y con el que están familiarizadas pero que todavía no abordan como físicos.» “
Preciosas palabras las de “Un señor que no voy a nombrar”, pero que lo hubieran sido más aún si no hubiese dedicado los años de su senectud a, presuntamente, acosar a sus alumnas del curso online pidiéndoles fotos con poca o ninguna ropa. Y es que, como las cabezas a veces se trastornan, “Un señor que no voy a nombrar”, astrofísico experimental, tal vez ha decidido cambiar su amor a la física por el amor a las físicas, algo muy lícito si no es delinquiendo, y tal vez también piense que se ha confundido de campo de estudio y esté ahora más interesado en otros tipos de sistemas binarios y agujeros negros. Todo el asco que me provocan ese tipo de comportamientos creo que me los voy a reservar para el podcast, que promete ser jugoso.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, y esta vez prometo que no tengo ni idea de si vamos a salir por soleares, requiebros, tarantos o bulerías.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Felicidades Bichejo



Hoy Bichejo cumple 40 años y tenemos que celebrarlo por muchos motivos. El primero es porque a Bichejo le encantan los cumpleaños, los suyos y los ajenos también, pero por supuesto más los suyos porque van a acompañados de cariñitos y de regalos. Y como 40 es una cifra muy redonda le vamos a dar las dos cosas sobradamente, para que haga su entrada en la mediana edad por todo lo alto. Bienvenida.

Bichejo llegó a mi vida por la blogosfera, como tantas otras cosas y gente buena que me han llegado desde allí, pero ella es especial, porque Bichejo es Bichejo y sus circunstancias, y sus circunstancias es esa forma de ver la vida a la que llamamos bonitismo y a la que tanto me he agarrado en los últimos años, ella no se imagina cuanto me he aplicado el cuento y cuanto me ha ayudado. Pero por supuesto no se quiere a nadie por ser el profeta del bonitismo en la tierra, nada de eso, yo a Bichejo la quiero porque es alguien sensacional, y me voy a contener para no parecer excesivamente pelota.

Bichejo es sensacional porque es una de esas personas que es ella misma y le importa un bledo lo que digan, hagan o piensen los demás, es sensacional porque sabe rodearse de lo bueno y descartar todo lo malo por poco práctico, es sensacional porque no se molesta en ocultar sus imperfecciones, que las tiene, hasta el punto que esas imperfecciones se convierten en parte de su encanto, es sensacional porque está llena de vida y no ha terminado de preparar una cosa cuando ya está metida en organizar la siguiente, contagiando a todo el que se deja su entusiasmo y haciéndole participe de sus planes.

Pero Bichejo sobre todo es sensacional porque es amiga de sus amigos, porque sé que es una persona con la que se puede contar en las duras y en las maduras, y nos lo demostró cuando nos acompañó en el día más difícil de los últimos años y ni se imagina cuanto se lo agradecemos, porque su risa me alegra la vida, porque decidió hacerse del Atleti, porque compartimos medio corazoncito lector que nos hace ser cómplices de momentos estupendos, escritos y hablados, en esos podcast en los que tan bien nos lo pasamos y en las que muchas veces nos toca hacer frente común.

Bichejo es un regalo que me ha traído la vida sin esperarlo, porque nuestros planetas giraban a años luz de distancia, y por eso es tan especial, porque me aporta lo que gente mucho más cercana no ha sido capaz y porque cuando pienso en ella siempre me viene una sonrisa a la cara. Y por todo ello, y por mucho más espero que sigamos cumpliendo años juntos mucho, pero que mucho tiempo, porque sé que lo mejor está por venir, porque tenemos una edad estupenda que nos va a traer muchas más alegrías que tristezas.


Feliz cumpleaños Bichejo, espero que seas todo lo feliz que te mereces. Te quiero.

domingo, 1 de febrero de 2015

Entre limones




Entre limones

Este mes, los renovados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos estrenado el año leyendo “Entre limones”, de Chris Stewart, a propuesta de Bichejo. Una vez más, Bichejo haciendo gala de su generosidad para con nosotros, sus queridos compañeros de club, nos ha colado un libro que tenía que leerse por no sé qué compromiso, y ya sabemos que, tal vez por eso de que las penas compartidas son menos penas, nos utiliza para quitarse los marrones de encima sin pensar mucho en cuanto nos puede herir. Admito que según nuestro sistema de elección de libros está en su derecho y, al menos esta vez, aliviado proclamo: “podría haber sido peor”.

Porque con nuestros antecedentes, y sabiendo que damos un premio limón al peor libro del año (aprovecho el post para recordar que soy vigente ganador), leernos algo llamado entre limones es como tentar al diablo, pero no, porque sin ser nada del otro mundo, tampoco que nadie se haga ilusiones falsas, ya firmo ahora mismo que la obra de Chris Stewart sea lo peor que leamos este año. Tampoco se puede empezar siempre con un libro tan maravilloso como “El cero y el infinito”, es más, casi es mejor no elevar tanto el listón para ir calentando según las hojas vayan cayendo del calendario.

La editorial Almuzara, que publica el libro en España, nos dice de él lo siguiente: “Entre limones es una de esas cosas raras y maravillosas: un libro divertido e intuitivo que encanta desde la primera página a la última…y es que alguien que, sin tener ni idea y sin pensárselo dos veces, se mete a reconstruir y llevar un cortijo en un rincón perdido de una sierra de España, claramente no puede estar haciendo nada malo, todo lo contrario, puede ser que por esa razón haya logrado vender un millón de libros y se haya traducido a quince idiomas. ”

Dada la temática del libro es sorprendente que haya sido tan vendido y tan traducido, dado el contenido es sorprendente que sea tan alabado y recomendado, esto último no quiere decir que sea un petardo de libro, porque no lo es, pero sí que es verdad que no pasa de ser un libro amable, escrito con cierto sentido del humor y con muy poca sustancia. De hecho, admito que yo lo he disfrutado más por proximidad geográfica de lo que lo habría hecho si el bueno de Chris, en lugar de haberse comprado un cortijo en las Alpujarras, se hubiese comprado un casería en Vizcaya.

Porque es importante poder ponerse en situación de lo que representa que una pareja inglesa caiga en mitad de la Andalucía profunda, y yo creo que, precisamente eso, no queda bien reflejado en el libro, tal vez porque los ingleses son gente muy educada o tal vez por no ponerse a malas con sus vecinos alpujarreños, que, seguro, son de armas tomar. Yo, que conozco bien algunas serranías de Jaén y Granada, que tengo primos capaces de matar a un gorrino a bocados, creo llegar bien al fondo del libro, pero si no has escuchado hablar en el bar del pueblo de “los ingleses” a los paisanos cuando se toman un café y un coñac antes de ir a recoger aceituna, posiblemente este libro no te diga nada.

Yo sí he podido disfrutarlo porque en mi pueblo llegaron los ingleses hace años, disfrutando de unas condiciones de vida que ni en sus sueños más optimistas se podrían haber permitido pagando en libras, porque conozco pastores de piel curtida cuya vida transcurre de lunes a domingo pastoreando cabras y ovejas, porque sé que los paisanos piensan que los guiris son idiotas y que donde quieran y como quieran les pueden dar gato por liebre, porque me consta que los ingleses aplican esa máxima de ande yo caliente ríase la gente, pero sobre todo porque he escuchado el sonido de los arroyos, los cencerros por el monte y los jilgueros revolotear en los frutales, y todo eso está en el libro. Mis compañeros me dirán que todo eso lo pongo yo y no el libro, y es verdad, pero por lo menos me ha hecho disfrutar algo de lo que hubiera sido una insípida lectura.

Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, y me temo que esta vez sea yo el más optimista porque creo haber escuchado que alguien ha tenido la tentación de tirar el libro por la ventana.

martes, 30 de diciembre de 2014

El libro de los vicios

portada de 'El libro de los vicios'

Este mes, los simpáticos miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “El libro de los vicios”, de Adam Soboczynski, un simpático periodista y escritor polaco afincado en Alemania, a propuesta de Carmen. El libro es un híbrido entre novela y ensayo, no sé si existe el termino ensayo novelado, que da vueltas y vueltas para tratar una idea que se resume en una frase: Nos estamos volviendo gilipollas.

Como casi siempre parecía una elección adecuada, además, es un libro corto que nos venía fenomenal para leerlo antes de la reunión plenaria del club antes de la navidad y que, de esa manera, pudiera entrar en las votaciones. Pero no, el libro es tan ameno como debatir con una almeja, y por eso lo corto se hace largo... así es el karma en el club de lectura.

La editorial Anagrama trata de vendernos la moto con esta sinopsis: “En veintinueve capítulos y a través de un puñado de personajes que recorren toda esta «casi novela» con sus vicisitudes, el autor desgrana su visión ácida del mundo moderno. Antes la gente tenía más vicios, fumaba en los bares, comía carne sin complejos, apreciaba más lo inesperado, actuaba con pasión. Ahora, en cambio, se prohíbe fumar, todo el mundo bebe menos en las fiestas, come sano y practica deporte, las ciudades parecen fotocopiadas unas de otras y lo «ecológico» triunfa por doquier. Quiere celebrar la ciudad como un lugar repleto de aventuras en cuyas callejuelas esperan las amantes más bellas, pero constata con horror cómo proliferan en ella los horrendos centros comerciales. Lamenta que en el mundo de hoy todo lo informal y erótico se combate, y todo lo pornográfico, en cambio, goza de la aprobación general.”

La pena de este libro es que la idea es buena, porque tiene un mensaje claro de crítica contra la modernidad de pega que podría dar muchísimo más de sí. Porque desde la ironía con la que pretende contarnos su pensamiento, debería meternos en el bolsillo desde la primera página y no soltarnos hasta la última, pero algo no funciona, desde mi punto de vista los personajes que son unos agonías y unos cansinos, de manera que todo aquello que prometía hacernos pasar un buen rato se convierte no en un castigo, que tampoco hay que exagerar, pero si en un ni fu ni fa muy decepcionante.

Soboczynski (gracias al que inventó el corta y pega) critica duramente la superficialidad de lo moderno, la uniformidad hacia la que nos dirigimos, lo políticamente correcto, y lo hace con un sarcasmo que me sorprende en alguien que es más joven que yo, realmente me sorprende leer a alguien más joven que yo, pero no es capaz de rematar la jugada y la estira más de lo que su idea da de sí. También puede influir en mi visión del libro que realmente esté hablando de mi propia generación, de la gente que estando en la mediana edad pretende vivir en una juventud casi perpetua, y que a pesar de ello me sienta tan poco identificado.

Tal vez, y admitiendo la verdad que hay detrás de la mayoría de las cosas que cuenta, mi mundo y el suyo llevan órbitas paralelas, de manera que vemos el mismo sol pero cada uno desde su perspectiva. Al menos desde ambas se ve que adoramos la banalidad, que el progreso no nos hace más libres, tal vez todo lo contrario, y que a cambio estamos perdiendo gran parte de lo que nos hacía diferentes y originales. En todo éso sí estoy de acuerdo pero no era necesario tratar de adornarlo tanto.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, que una vez vistas las votaciones del club de este año se van a resumir en que si apreciáis vuestro tiempo no toquéis este libro ni con un palo. Hacedles caso.

lunes, 1 de diciembre de 2014

La larga marcha






Este mes, los resignados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “La larga marcha”, de Rafael Chirbes, a partir de ahora EHQNALPYA (el hombre que no amaba los puntos y aparte) a propuesta de Paula, una novela, desde mi punto de vista algo fallida, que nos habla de la España de la dictadura franquista. EHQNALPYA, además de no incluir un miserable punto y aparte, algo que voy a reproducir en este post para que veáis en primera persona lo agotador que resulta, recurre a algo tan socorrido como es repasar historias en paralelo que van tejiendo el mensaje de la novela hasta que confluyen, inevitablemente, al final. Como ya es costumbre en estas reseñas voy a copiar lo que nos dice el editor como resumen: “La mirada narrativa de Rafael Chirbes pone en evidencia los oscuros e incómodos mecanismos personales y colectivos de nuestra historia durante la posguerra española y la resistencia antifranquista de los años sesenta. Dos generaciones caminan delante de un espejo que no devuelve imágenes gratas o autocomplacientes. Hombres y mujeres que se reparten el dolor y la humillación de la derrota mientras aprenden la dura tarea de sobrevivir. La juventud universitaria que intenta tomar conciencia mientras aprende a construirse contra un pasado que inevitablemente forma parte de su herencia. Estamos frente a una de esas novelas que los lectores reclaman a los autores de su tiempo, frente a una de esas novelas que se esperan.” Y efectivamente, se trata de una novela que los lectores reclamaríamos, porque muchos tenemos necesidad de enfrentarnos a los fantasmas que nos han enseñado nuestros mayores, tal vez como refuerzo de una identidad que en algún momento yo creí que formaba parte de mi genética, tal vez para poder estar en la piel de los que crecí considerando malvados por vocación, sin conocer sus motivos, sin tener la oportunidad de despreciarlos, a ellos y a sus motivos, al menos con conocimiento. Por eso “La larga marcha” ha tenido momentos puntuales en los que me ha emocionado, porque habla de la gente corriente de los dos bandos a los que, simplemente, les tocó estar ahí, sin mucha convicción, la justa para justificar sus actos; dividiendo el libro en dos partes, una primera que cuenta la historia de los que tuvieron que sobrevivir en la postguerra y una segunda que es la de sus hijos en los años sesenta. La diferencia es clara, la primera es una generación desgastada que se conforma simplemente con sobrevivir, y la novela juega a enseñarlos siempre en tinieblas, rodeados de palabras a media voz que tratan de evitar la atención de quien pueda escucharlas, la segunda es una generación que aunque ha vivido esa miseria, tanto física como moral, no siente la guerra como algo propio y quiere un cambio, de nuevo nos encontramos ese ambiente medio clandestino pero con diferente motivación, los padres tienen necesidades materiales, los hijos creen necesitar la libertad. Los que hayáis llegado hasta aquí pensaréis que la novela me ha gustado, pero os equivocáis de pleno, bueno, para lo que es el nivel del club aprueba, pero en general se me ha hecho pesada y difícil de seguir, especialmente la primera parte que no es más que una colección de retratos de época a los que, una vez dibujados, EHQNALPYA trata de sacar partido sin darse cuenta de que tienen ya menos jugo que el hueso de jamón de un cocido. Además, como si de la misma carne de ese hueso se tratara, las historias, tal vez por haber intentado morder más de lo que se podía tragar, se van haciendo hebras que cuesta trabajo masticar, hasta hacerse algo de bola. Por momentos la novela se hace confusa, teniendo que poner el lector todo de su parte para saber donde está cada uno y qué narices está pasando. Después, cuando EHQNALPYA, enhebra todas las historias, todo mejora, siendo los capítulos finales los mejores, como si hubieras encontrado algo de agua tras atravesar el desierto. Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, que me temo van a ser de lo más diversas, recorriendo el amplio espectro que va del amor al odio, pasando por la indiferencia y la ovación afectuosa pero no por ello apasionada. Y además, en unos días todo esto lo debatiremos en el podcast del club, sí, con sonido en alta felicidad y risas garantizadas.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Fútbol, asco y rabia

Hoy no he podido ir al Calderón porque estoy enfermo y en mi lugar ha ido mi hijo lleno de emoción por poder pasar una mañana viendo jugar a su equipo con su tío y con su abuelo. Tiene sólo siete años y vive en un mundo en el que el odio todavía no tiene cabida, es feliz porque para él todo lo malo está todavía por descubrir y en su cabeza no hay sitio ni para la malicia ni para la crueldad. Podéis imaginar lo que he sentido cuando al encender la tele para ver el partido en casa me he enterado de la nueva hazaña de los malnacidos que se aprovechan del fútbol para dar rienda suelta a su violencia.

He sentido tristeza y también vergüenza simplemente de pensar que la masa enfurecida me relacione de cualquier manera con ellos. He sentido rabia al pensar que a pocos metros de esa gentuza estaba mi hijo esperando pasar una mañana divertida y que miles de personas le estarían incluyendo en sus insultos mientras que él, en su inocencia, estaría esperando ver la última genialidad de Arda Turan para poder contársela mañana a sus amigos en el recreo.

Después he pensado en ese hombre, casi de mi edad, con un hijo, como yo, que se dejaba la vida en la orilla del Manzanares, ¿por qué?, qué forma tan estúpida de morir, ¿qué le contarán algún día a ese niño que deja huérfano?, espero que una mentira piadosa hasta que tenga edad de asimilarlo que no de entenderlo. Porque quién puede entender que gente que no se conoce de nada, que tal vez nunca se haya cruzado una mirada, quede antes de un partido de fútbol para abrirse la cabeza. Es tan absurdo.

¿Cómo es posible que grupos radicales del Atleti y del Sporting por un lado y del Deportivo, el Rayo y el Alcorcón por el otro, queden para matarse en una fría mañana de invierno como si fuese algo natural? ¿Cómo nadie sabe nada de esto y hace algo por impedirlo?¿Cómo cojones se puede actuar con tanta impunidad cuando todo el mundo sabe lo que se cuece en cada casa desde hace tanto tiempo? Porque no es cosa de un día, es algo que se consiente haciendo la vista gorda y de lo que nos escandalizamos sólo cuando pasa algo.

Y que pase algo tarde o temprano sólo tiene que ver con la probabilidad si no se limitan los factores de riesgo. Pienso de verdad que esto poco tiene que ver con el fútbol en sí mismo, pero no me valen las excusas de que es algo inevitable y que se tratan de poner todos los medios porque es mentira. Casi todos los clubes, y el primero el Atleti, les dan cobijo y hasta presumen de ellos, por tanto es un problema del fútbol y ya vale de poner excusas señores Gil Marín y Cerezo.

Porque aunque no todos los días se mata a alguien, sí que es el pan nuestro de cada día la mala educación, los insultos, las agresiones, aunque sean verbales, y los malos modos. No es extraño que se coree desear la muerte a alguien, y si no defiendo la muerte ni para un asesino ni para un violador, menos se la deseo a un futbolista o un entrenador que solo hace su trabajo. No soporto el racismo, ni en la más mínima expresión, que llamen a alguien gitano por ser portugués, que se coree que El Retiro no es un parque de Ecuador, como si fuera una gracia cuando es vergonzoso, que se le llame mono a un jugador por ser negro. No soporto ver símbolos nazis en las gradas sin que nadie los retire, escuchar mofarse de Juanito, de Puerta y de Zabaleta como si no tuvieran una familia que les llora cada día, escuchar cantar el Cara al Sol y callar por miedo avergonzado.


No quiero seguir escuchando a los forofos que dicen que no pasa nada porque pasa en todos los sitios y mil excusas más que no me valen, porque a mí me duele lo mío, no quiero que se me juzgue como un impresentable más que calla, porque callar es ser cómplice y no me da la gana. Si por mí fuese, y aunque me duela, cerraba unos partidos el campo, para que aprendamos, para que echemos a esa panda de hijos de puta que utilizan la multitud como refugio de sus repugnantes actos, para que no demos cobijo a los violentos entre los que queremos ser normales, porque no quiero seguir sintiendo vergüenza ajena y propia, porque se puede hacer a poco que se intente, porque tienen nombre, cara y muchos, por desgracia, un número de abonado rojiblanco.

sábado, 1 de noviembre de 2014

El sentido de un final


Este mes, los muy intrépidos miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “El sentido de un final”, de Julian Barnes a propuesta de Bichejo, que a su vez recogió el guante que tal vez le lanzó Saramaga, a la que aprovecho para saludar afectuosamente y a la que AGRADEZCO haber traído a nuestras vidas un libro de sólo doscientas páginas, con amor se lo digo, porque si lo bueno breve dos veces bueno, os podéis imaginar lo que se agradece la brevedad si el libro es “tan bueno” como éste.

Curiosamente, trasteando por las páginas que comentan libros, algo que suelo hacer para poder encontrar mi lugar en el mundo, me he encontrado numerosas reseñas que destacan la complejidad argumental del mismo, algo que me sorprende profundamente, porque aunque se trata de una novela con un potencial tremendo, a poco que hubiera estado bien desarrollada, el resultado final es menos profundo que los charcos que se forman en la pista de fútbol sala de un colegio. Y es que veo que en la mayoría ni siquiera aciertan con la intención del título, relacionándolo o con el propio protagonista o con lo que voy a llamar “el golpe de efecto”, lo que me hace pensar que muchos ínclitos blogueros (y no os deis ninguno de mis queridos lectores por aludidos) lo que se merecen es un buen golpe de remo.

Admito que la novela cuenta con un comienzo más que prometedor que, poco a poco, se va diluyendo en lo anodino hasta terminar provocando algo parecido al desinterés, a pesar de los fuegos de artificio con los que Julian Barnes trata de disfrazar sus miserias que no son otras que haber fiado el interés de la historia en algo que para nada cambia la vida de sus personajes, en algo que en el fondo da igual tanto a sus criaturas como a sus lectores, algo que en mi pueblo llamamos un camelo. Y lamento aquí no poder entrar en muchos detalles porque se trata de un libro que con poco que de él se cuente ya se destroza la trama, lo que dice mucho de por qué mi comentario del párrafo anterior, así que, como en otras muchas ocasiones, voy a recurrir a ese recurso tan socorrido que es copiar lo que nos dice el editor para tratar de vendernos la burra:

Tony Webster y su pandilla conocieron a Adrian en el instituto. Hambrientos de sexo y literatura, atravesaron juntos la adolescencia y se prometieron seguir siendo amigos para siempre. Pero cuando la vida de Adrian dio un vuelco trágico, todos, especialmente Tony, miraron hacia otro lado, se alejaron. Ahora Tony vive solo en un pacífico y próspero retiro, tras una vida opaca que poco tiene que ver con la que fantaseaba en su juventud. Y un día recibe una carta de un abogado: Sarah Ford, la madre de Veronica, su primera novia, le ha legado quinientas libras y un sobre con un manuscrito. Le entregan el dinero y una carta de Sarah, pero el manuscrito nunca llega. Y Tony averigua que son los diarios de Adrian, que ahora están en manos de Veronica y no piensa entregárselos. Y estos diarios son el oscuro, enigmático corazón de una novela espléndida, premiada con el prestigioso Man Boo­ker.”

¡Premio Man Booker! Te cagas.

Como ya he dicho, y lo repetiré hasta la extenuación, Julian Barnes, tras empezar a contar la historia de unos adolescentes que llegan a la juventud, y que funcionaba perfectamente y que tenía un potencial buenísimo, de repente decide terminar con ella para comenzar una peregrinación absurda por los cerros de Úbeda, haciéndose trampas al solitario porque nos intenta persuadir de que nos cuenta una historia que ni si quiera podía ser importante para su protagonista, una historia que no es más que un yogur caducado que, por casualidad, un día aparece en el fondo de la nevera porque una señora que una vez paso por casa lo puso allí sin que nosotros lo supiéramos. Es más, trata de convencernos de lo trascendentes que en la vida de Tony fueron unos hechos ante los que él, y cualquier ser humano adulto y en su sano juicio, ya habría pasado página. Por ejemplo, mucho más interesante me parece la relación del personaje protagonista con su ex-mujer, una relación de verdad importante en su vida y por la que pasa prácticamente de puntillas. En fin.

Aunque si habéis llegado a leer hasta aquí pensaréis que el libro del mes ha sido en vano, tampoco quiero que quede esa sensación porque no es cierta, bueno sí, es cierta salvo algunas cosas, que diría Caraplás. Porque la novela, al menos, puede abrir un buen debate referente a la realidad de nuestros recuerdos, a su veracidad, a cómo tendemos hacia la auto-justificación hasta el punto de moldear a nuestro gusto y conveniencia nuestro pasado sólo para hacernos sentir mejor, hasta el punto que, como el protagonista, es capaz de crearse un pasado hacho a la medida de sus remordimientos. Y éso sí que me interesa, y mucho, es una lástima que Julian Barnes no haya sido capaz de perseverar más en ese camino.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, que me apuesto algo por una vez a que van en la misma línea que la mía. Y además, como gran novedad estrenamos podcast del club, sí, lo habéis leído bien, a partir de este mes podréis disfrutar de estas concienzudas reflexiones en dolby surround 5.1, porque los miembros del club somos así en el sufrimiento, uno para todos y todos para uno.