martes, 1 de septiembre de 2015

Vestido de novia


En la segunda quincena de agosto, los veraneantes miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “Vestido de novia” una novela negra (que ahora todo el mundo llama thriller) escrita por Pierre Lemaitre. He sido yo mismo el que la ha propuesto y el motivo es muy sencillo. El año pasado, en mi afán por ir avanzando un poco en la literatura francesa actual, me leí “Nos vemos allá arriba”, ganadora del prestigioso Prix Goncourt en el 2013, que me gustó mucho. Por eso me pareció buena idea repetir el autor y hacerlo en el club, porque contaba con alguna buena referencia más de Carmen a la que había gustado otra de sus novelas llamada Alex, que sin duda leeré antes de que pase mucho tiempo.

Con esto de los libros del club uno siempre duda de sí va a acertar o no, sin ir más lejos el año pasado, en mi periplo francés, elegí “La posibilidad de una isla” del tan aclamado Houellebecq y todos sabemos cómo terminó, con deseo de arrancarme los ojos durante su lectura y con un estupendo premio limón que ensucia mi buen gusto literario. Pero este año creo que no va a ser así y preveo que este libro, sin ser posiblemente lo mejor que hemos leído, va a ser uno de los firmes candidatos al premio naranja de 2015, y si no al tiempo.

La Editorial Alfaguara, que publica la novela, hace la siguiente sinapsis: “Sophie Duguet no entiende qué le sucede: pierde objetos, olvida situaciones, es detenida en un supermercado por pequeños robos que no recuerda haber cometido. Y los cadáveres comienzan a acumularse a su alrededor...
Y ya no podemos desvelar nada más de este thriller para así mantener intacto el escalofriante placer de la lectura y la adictiva búsqueda de la verdad por parte del lector.”

Efectivamente hacen bien no desvelar nada más de la trama del libro, porque según el libro avanza se vuelve cada vez más imprevista o sorprendente, al menos para mí que ni soy tan sagaz como un Arsenio Lupin ni gozo de las dotes detectivescas de un Sherlock Holmes. La pena es que sorprendente no sea sinónimo de creíble, porque si lo fuera estaríamos hablando de una obra maestra y yo creo que “Vestido de novia”, al contrario de “Nos vemos allá arriba”, no lo es. Lemaitre divide la novela en tres partes, de las cuales la primera, que yo creo que es la mejor, tiene un ritmo que te deja sin aliento y con ganas de leer en todo momento una página más. Pero esa primera parte se corta bruscamente y es engullida, como si de unas muñecas rusas se tratara, por una segunda, y ya no es lo mismo.

Porque una vez recuperados de la sorpresa inicial de esta segunda parte, nos damos cuenta de que el libro ha descendido un par de peldaños y de que a la historia se le empiezan a ver las costuras. Eso no impide que el lector quiera saber cómo va a terminar la misma, pero ya no se fía porque casi todo suena demasiado forzado y difícil de encajar, lo cual redunda en un intento de explicar y atar cada cabo suelto que afecta de forma grave al ritmo de la novela. Más tarde, en la tercera parte, la trama vuelve a recuperar parte del ritmo que se había perdido, hasta llegar a un final que resuelve todas las dudas planteadas y que, a pesar de su sordidez, está mucho más cerca de un final feliz para Sophie de lo que jamás habríamos imaginado.

A pesar de que la reseña pueda indicar otra cosa, creo que “Vestido de novia” cumple con su cometido de intrigar al lector durante todo el libro, por lo cual recomiendo su lectura. De hecho, a pesar de que no hayamos tenido hasta ahora un gran año lector, pienso que es lo más entretenido de este año, además de ser un libro impecablemente escrito, algo que aquí nunca damos por hecho jamás.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, como siempre ¡corred a leerlas!

martes, 18 de agosto de 2015

El lugar más feliz del mundo

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En la primera quincena de agosto, los desperdigados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “El lugar más feliz del mundo” un libro escrito por el periodista David Jiménez, flamante nuevo director del diario El Mundo, en el que nos cuenta una serie de historias que ha presenciado durante los quince años en los que fue corresponsal de este mismo periódico en Asia. Es un buen libro, lo digo para que no quede duda tras leer mi reseña o por si algún incauto se fía de mi palabra pero no quier leer más. De hecho, si no conociese al escritor y su nuevo cargo, estaría encantado con el libro y con su autor, que es capaz de bajar a muchos infiernos para hacernos partícipes de un sufrimiento sin afán de sensacionalismo, simplemente para hacernos partícipes y conocedores de lo que esos remotos lugares está pasando, en parte como denuncia, en parte para honrar a esos personajes anónimos cuyos gestos merecen ser conocidos, en parte para remover nuestras conciencias occidentales que son como la copla de María de la O: “desgraciaita teniéndolo tó”.

La Editorial Kailas, que publica el libro, nos hace este resumen del mismo: “David Jiménez vuelve al reporterismo literario que ha convertido su libro Hijos del monzón en un éxito internacional y nos traslada con sus crónicas a un mundo de paraísos perdidos, guerras olvidadas, héroes improbables y lugares marcados por los extremos de la condición humana, sus luces y sombras. El lugar más feliz del mundo es como el dictador de Corea del Norte describe la más brutal y despótica tiranía de nuestro tiempo. También es una de las paradas del corresponsal de El Mundo en un viaje que le lleva a adentrarse en la prisión camboyana donde cumplen condena los pederastas más peligrosos, ser testigo de la llegada de la televisión al reino de Bután, acompañar a un grupo de mafiosos yakuza en su intento de abandonar el hampa o permanecer en la desierta ciudad de Fukushima tras el accidente nuclear que mantuvo al mundo en vilo. Y es a menudo en mitad de la oscuridad, en lugares tomados por la desesperanza, donde el autor encuentra a los personajes más fascinantes, las situaciones más humanas y los actos de coraje capaces de hacernos creer en un mundo mejor. Ensalzado como el “Kapuscinski español”, David Jiménez reúne en este libro el manual definitivo sobre el periodismo de reportajes, una excepcional radiografía sobre la condición humana y un recorrido vital de 15 años en busca de un destino que a menudo está más cerca de lo que pensamos: El lugar más feliz del mundo.”

El libro es tal y como lo describe la editorial, a lo que yo añadiría que no está falto de calidad literaria, porque David Jiménez es un narrador de historias bien escritas, lo cual es muy de agradecer porque cuando algo está bien escrito hace que el contenido se realce, de hecho la buena escritura es como los buenos árbitros de fútbol, que cuanto mejor es más desapercibida pasa. Sin embargo el contenido del libro no puede pasar desapercibido porque cada historia te encoge el corazón, y no porque el periodista utilice de forma tramposa trucos sórdidos, al contrario, las historias son excepcionales porque en todas y cada una de ellas vemos a los seres humanos que las protagonizan, sin que el autor nos empuje a tomar partido por causa alguna que no sea la realidad cruda de los hechos, porque es tal vez la mayor virtud del libro ese no tomar partido por nadie de antemano, no contar historias de buenos y malos, quedando claro que la bondad y la maldad existen, pero casi siempre no como algo dogmático, sino más bien como algo inevitable y consustancial al ser humano.

Quien después de leer esto crea que David Jiménez no se involucra en las historias que cuenta se equivoca, porque precisamente hay que estar muy decidido a contar una historia para dar voz a todas las partes de la misma, porque tal vez sea más fácil caer en la tentación de no hacerlo, de ir por la vía fácil pero mucho menos honesta, y eso a mí me parece muy difícil de hacer. Lo mismo que es muy difícil hacer sentir la desolación del que ha perdido todo, la desesperación del que lucha con sus propias manos desnuda una guerra que nunca podrá ganar, la esperanza del que cree que es posible un mundo mejor sólo con la suma de pequeños o grandes actos. Todo ello pasado por un prisma oriental que nos hace difícil entenderlo, tan desconocido que nos sorprendemos a cada página, tan abrumador cuando eres consciente de que esa gente, que nos parece tan alejada de nuestra realidad, abarca a dos tercios de la humanidad y de que este porcentaje año tras año va creciendo.

Sin embargo, me queda un resquemor que, para ser justos, no tiene que ver con el libro sino con su autor. David Jiménez siempre llevó a gala su pasión por el oficio del reportero, con integridad y con independencia, y es fácil encontrar entrevistas con motivo de la publicación del libro en las que habla de ello abiertamente y en las que parece rechazar un futuro inmediato al abrigo de una redacción, porque no es su sitio, por estar alejado del poder político y, de repente, director de El Mundo, con una línea editorial muy clara que no se ha movido ni un milímetro desde su llegada, que da portadas por filias y fobias y que no rehúsa a utilizar cuando lo cree necesario un titular tendencioso o sensacionalista. Y esto me hace dudar de todo lo que escrito en los primeros párrafos, lo siento.

Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, como siempre ¡corred a leerlas!

sábado, 1 de agosto de 2015

La fiesta de la insignificancia


En la segunda quincena de este mes, los acalorados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “La fiesta de la insignificancia” a propuesta de ND, una novela corta escrita por Milan Kundera, uno de esos escritores cuya sola mención impone cierto aura de respeto y una promesa de trascendencia sobre lo vulgar y cotidiano. Desafortunadamente, esta novela, o lo que sea (porque ND en su lucha contra la novela nos lleva por un camino de mezcla estrambótica), es tan insignificante (valga la redundancia) que cuando vas a comenzar a bostezar ya la has terminado, lo cual es muy de agradecer en un libro que se tuerce porque, como hemos dicho tantas veces, la vida es demasiado corta y hay muchos buenos libros esperándonos.

Tusquets Editores, que publica la novela, nos hace esta sinopsis: “Proyectar una luz sobre los problemas más serios y a la vez no pronunciar una sola frase seria, estar fascinado por la realidad del mundo contemporáneo y a la vez evitar todo realismo, así es La fiesta de la insignificancia. Quien conozca los libros anteriores de Kundera sabe que no son en absoluto inesperadas en él las ganas de incorporar en una novela algo «no serio». En La inmortalidad, Goethe y Hemingway pasean juntos durante muchos capítulos, charlan y se lo pasan bien. Y en La lentitud, Vera, la esposa del autor, dice a su marido: «Tú me has dicho muchas veces que un día escribirías una novela en la que no habría ninguna palabra seria… Te lo advierto: ve con cuidado: tus enemigos acechan». Pero, en lugar de ir con cuidado, Kundera realiza por fin plenamente en esta novela su viejo sueño estético, que así puede verse como un sorprendente resumen de toda su obra. Menudo resumen. Menudo epílogo. Menuda risa inspirada en nuestra época, que es cómica porque ha perdido todo su sentido del humor. ¿Qué puede aún decirse? Nada. ¡Lean!”

Y uno va y lee, y piensa que se va a encontrar ante un festival del humor digno de los dioses y como mucho de unos pocos héroes, y claro, parece que un servidor, mortal ingeniero, no es lo suficientemente intelectual y sofisticado como para carcajearse con la fina ironía del señor Kundera, que la tiene, pero que a mí me deja tan frío como la esperanza de que algún día llegará el mes de Febrero. Pero lo peor no es pensar que el escritor ha decidido gastarnos una pequeña broma a sus 85 años, llevando a término lo que dice el refranero respecto a nuestros últimos días de nuestra existencia y un convento, que va, lo peor es que uno se queda con la duda de si es un zote y no entiende nada. Y esa duda lleva a una cierta angustia existencial que se ve muy acentuada cuando, buscando auxilio en otros lectores zozobrados, se leen las crónicas y reseñas publicadas el año pasado con motivo de la edición en castellano del libro.

Porque si nos quedamos con esas opiniones nos encontramos con “un minúsculo tratado encubierto de ética y descreimiento”, “una magnífica comedia que nos deslumbra con su exaltación de la vida y su ironía sobre las diferentes facetas del ser humano, que ama sin saber por qué, desea sin entender qué le mueve y espera sin albergar ninguna certeza”, “un digno entretenimiento vodevilesco-surrealista con algún que otro disparo con bala a la sociedad moderna”, “una desenfadada y espléndida composición en forma de fuga que se nutre de las más sutiles variaciones en torno al tema que da título al libro”. Y yo todo eso no lo veo, por más que me esfuerzo, por mucho que cavilo no consigo que ese puñado de páginas, de escritura tan impecable como intrascendente, puedan ser un tratado de nada, ni una exaltación de la vida y mucho menos una crítica de la sociedad moderna, sobre todo porque la sociedad de la que habla Kundera, la sociedad en la que él ha vivido, lleva bastante tiempo muerta.

Sin embargo, al margen de la sociedad en la que uno ha tenido la tenido la fortuna de nacer y vivir que, por cierto, es uno de los hechos insignificantes de los que nos habla Kundera, el libro sí que nos pone en frente de ciertos temas que son universales aunque, en mi opinión, sin entrar a fondo en ellos. Se ironiza sobre la tiranía, la injusticia, el perdón, la amistad, la existencia, la muerte, la enfermedad, la sexualidad, las moralidad, con leves pinceladas de pretendido humor pero dejando la mayor parte de la reflexión en el lado del lector, por eso digo que nunca podemos estar hablando de un tratado, más bien hablaríamos de un recuento de poca monta, del atraco de un editor o de un puedo y no quiero.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, y espero que os dejen mejor sabor de boca que la mía, ya sabéis ¡corred a leerlas!

jueves, 16 de julio de 2015

De brillante porvenir


Este mes, los descerebrados (esto lo explicaré a continuación) miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído, y es un decir, “De brillante porvenir”, una novela de John Dos Passos. Digo que somos descerebrados porque, en un momento de exaltación de nuestra voluntad lectora, decidimos que durante los meses de verano si no queríamos caldo pues dos tazas, que si somos cinco y propusimos tres libros cada uno era una pena dejar tres fuera de la programación tras el tradicional sorteo. Y así nos vemos, no conformes con irnos arrastrando por el fango lector ahora leyendo a la carrera y reseñando cada quince días. Vamos de mal en peor.

De brillante porvenir” intuyo que es una obra menor de un Dos Passos que, según dicen los que saben de esto, ya había dado lo mejor de su obra en Manhattan Transfer y la trilogía U.S.A. En mi juventud recuerdo haber leído Manhattan Transfer en una edición antiquísima que rondaba por casa, imagino que esta edición sería prima hermana que la que me ha prestado Carmen de Alianza Editorial publicada en 1973 y que era de su padre. Hemos tenido que ir recurriendo al préstamo del libro en papel porque no hemos encontrado una edición digital del mismo, y es una pena, porque cada día me es más difícil e incómodo leer en papel, y yo amo a mis libros en papel, pero de forma platónica y nada más. Queda hacia ellos el mayor de los cariños pero creo que recurriré al libro electrónico cuando quiera tener sexo.

Dicha esta barbaridad, comenzaré a reseñar el libro sin entrar en muchos detalles de la trama para no destriparlo, aunque total, podría fotocopiarlo y ponerlo aquí que no creo que nadie tuviera el valor de leerlo. Y tampoco es para tanto, porque yo creo que “De brillante porvenir” es un libro que, si tienes la mala suerte de cruzarte con él, al menos no se puede considerar una total pérdida de tiempo, a pesar de que en ciertos momentos coquetea peligrosamente con el aburrimiento. Porque he de admitir que Dos Passos no es la alegría de la huerta, tiene una prosa poco colorista, sobria, seca como un verano manchego. Probablemente sea una forma de escribir muy cuidada para no dar concesión alguna a cualquier detalle que nos aparte del argumento, para plasmar ese mundo sórdido en el que viven sus protagonistas de la forma más descarnada posible, para no dar lugar a dobles interpretaciones, para que no nos dejemos llevar mucho por los sentimientos.

De brillante porvenir” nos cuenta diferentes etapas de la vida de Jed Morris, el protagonista, un juntaletras ingenioso que, según he leído, tiene mucho de autobiográfico para Dos Passos. La novela tiene tres partes bien diferentes, en la primera Morris es periodista en un Marruecos convulso en el que vive extrañas aventuras, en la segunda es escritor teatral de poco éxito en Nueva York y en la tercera cruza todo el país para trabajar como guionista de éxito en Hollywood. Todo ello transcurre en paralelo a su pertenencia semiclandestina en un partido comunista que trata, con relativo éxito, de infiltrarse en el mundo cultural estadounidense. Esto da mucho juego para dibujar un personaje que comienza siendo pobre e idealista y termina siendo pudiente y mucho más receloso con un partido que le tiene atrapado, para el que trabaja filtrando ideas que promuevan la revolución y del que en cierto momento se plantea salir, sin mucho éxito.

Dos Passos, que parece ser que recorrió este camino ideológico, aprovecha el libro para satirizar a los oscuros personajes que forman el partido, ajusta cuentas con su doble moral, y los presenta como pérfidos y decadentes. A mí me interesa porque me vale como una pieza más del puzzle que trato de ir montando sobre la sociedad norteamericana del siglo pasado, a la que tanto había dado de lado en mi vida y que cada día me fascina más, sobre todo por esa mezcla de poder e ingenuidad propias de un adolescente que comienza a darse cuenta de que ya no es un niño. “De brillante porvenir” retrata con frialdad un episodio que fue real y que culminó en la caza de brujas que fue el Macarthismo, aunque no llega a nombrarlo, pero sí que nos pone delante de un mundo cruel de gente sin escrúpulos y agentes dobles para los que el fin justifica los medios. Y si no que se lo pregunten a Jed Morris.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas (o no reseñas) de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, corred a leerlas.

miércoles, 1 de julio de 2015

Honrarás a tu padre

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Este mes, los indisciplinados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído, o no, “Honrarás a tu padre”, un ensayo muy novelado, o una novela muy ensayada, escrita por un periodista llamado Gay Talese. El libro nos cuenta la historia de una de las cinco familias neoyorquinas de la Mafia, la familia Bonanno, desde su auge en los años de la prohibición hasta su declive a finales de los años sesenta. Este señor convivió durante unos años con algunos de los miembros de la familia, especialmente con el hijo del primer capo, Bill Bonanno, de manera que es capaz de narrar por primera vez una historia de no ficción sobre la Mafia en la que los hechos son reales y los personajes son de carne y hueso.

La editorial Alfaguara nos hace este resumen del libro: “Inmediatamente después de su publicación, en 1971, Honrarás a tu padre se convirtió en un bestseller y fue llevado a la pantalla televisiva en miniseries de la CBS; luego inspiraría Los Soprano. El primer libro de no ficción que desveló los secretos de la Mafia y puso en jaque la vida de su autor, quien viajó a Sicilia y se infiltró en la intimidad de los Bonanno durante seis años. Ningún otro libro ha contribuido tanto a desvelar los secretos,la estructura, las luchas de poder, las vidas familiares y las personalidades fascinantes y aterradoras de la mafia,organización que, como demuestra el éxito de Gomorra,despierta un gran interés entre los lectores.Se trata del primer gran éxito de Gay Talese, un libro que marcó toda su trayectoria y un hito en la aplicación de las técnicas del Nuevo Periodismo, revisado y actualizado por el autor..”

Cuando comencé a leer el libro, y llevado por la poca información que de él tenía, me imaginaba que Guy Talese era un señor que llegó de verdad a estar infiltrado en la Mafia, pero como bien dice el resumen lo que hizo fue infiltrarse en su intimidad, vamos, que le dejaron comer con ellos algunas veces y les contaron su historia de primera mano, lo cual es una infiltración consentida y colaborativa de la que nace un libro muy distinto a otros que giran sobre el mismo tema que yo haya leído, especialmente de “El Padrino”, a pesar de que cualquier referencia que se busque del libro ligue de alguna forma el uno al otro.

Porque “Honrarás a tu padre” es una historia vista desde dentro en la que hay una implicación sentimental del escritor evidente con la familia Bonanno, que no da detalles muy truculentos de las operaciones de los Mafiosos, que parecen simplemente unos hombres de negocios con unas actividades que están fuera o en los límites de la ley. Por eso quien vaya al libro buscando escenas estremecedoras y cabezas de caballo cercenadas no las va a encontrar. El libro nos habla más de la parte organizativa y digamos que política de la banda, de su día a día, de las relaciones entre bandas, de las relaciones con el poder y con la policía, pero sobre todo nos habla del día a día lleno de problemas y contradicciones de unos individuos atrapados en un mundo paralelo al de los demás al que se entra prácticamente por nacimiento y del que es prácticamente imposible salir.

“Honrarás a tu padre” tiene esa virtud, que sobre todo habla de personas por encima del colectivo, aunque al hablar de ellas va formando un puzle que tal vez ofrece una imagen más completa del conjunto que si hubiera reunido a todos y les hubiera sacado una fotografía. Tiene la gran virtud de que a pesar de empatizar claramente con los miembros de la familia es capaz de tomar cierta distancia y no hacer una historia de buenos y malos, de no juzgar ni para bien y para mal, además es capaz de dar los diferentes enfoques de cada protagonista, enfrentándolos y poniéndolos bajo la perspectiva de los demás, algo que realmente me ha gustado del libro.

“Honraras a tu padre” no es un libro ligero pero creo que es una buena lectura de verano, así que animo a quien quiera tener una visión real de lo que fue la Mafia norteamericana durante el siglo pasado a que lo lea. Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas (o no reseñas) de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, corred a leerlas.

jueves, 25 de junio de 2015

Para Paula

Hoy es un día muy especial, Paula cumple 40 años y sus compañeros del Club de Lectura hemos decidido que un acontecimiento tan importante merece escribirle un post para que sepa cuanto la queremos. Esta frase en sí misma no significa mucho, porque podría ser prácticamente nada, pero no, como creo que ella ya se imagina la queremos un montón, la queremos como dice la canción, con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, porque a Paula hay que quererla así, a lo loco, dándolo todo, como lo hace ella, que menos.

Conocí a Paula porque es amiga de Bichejo, por entonces se hacía llamar Livia y claro, no podía pasar desapercibida para alguien que sea muy de romanos. Creo que rompimos el hielo jugando al Apalabrados, aunque debería decir que la que jugaba era ella porque admito con cierto bochorno que es una de las pocas personas a las que no he podido ganar NUNCA, y juro que yo no soy manco, pero nada. Es más, una vez cuando estaba a punto de conseguirlo va y se le ocurre hacerme una jugada de cien puntos en la última jugada, y no sería sincero si no admitiese que en ese momento la hubiera estrangulado con mis propias manos. Menos mal que no lo hice.

Después vino el club, y a pesar de todo lo que penamos leyendo el club es algo maravilloso, es tan maravilloso que preferimos penar a pasar página, y es tan maravilloso porque además de la pasión por leer nos une una fuerza invisible que nace del cariño, y aunque Carmen me tilde de cursi, que lo soy, en el club hay mucho cariño y mucho respeto por los demás, algo que forma parte de las amistades que vas haciendo cuando eres adulto, porque sin respeto no hay amistad, o como diría alguno de mis compañeros “si no hay mata no hay patata”.

 También hay en el club una parte que nos lleva a aprender de los demás, porque yo quisiera tener el buen gusto y la templanza de Jorge, la capacidad crítica de Carmen, la vitalidad y entusiasmo de Bichejo y los conocimientos de literatura de Paula, algo que tal vez me convertiría en alguna especie de súper-héroe lector. Curiosamente Paula nos ha llevado por caminos muy tortuosos, caminos que al principio corrían paralelos a la cordillera de los Andes y más allá, y ahí ha habido mucho dolor, bueno, prácticamente el mismo dolor que hemos pasado en otros continentes, y lo peor no era leer el libro y ya, no, de eso nada, lo peor era encima leer su reseña, pulcra y razonada, descubriendo mil matices que a mí se me habían pasado y que me hacían sentir como un vendedor de crecepelo a la puerta de una asociación de calvos.

Pero todo esto es anecdótico, lo importante de Paula es que una vez que formas parte de tu mundo te hace sentir que eres importante para ella, pero de verdad, porque notas que te abre su corazón y hasta su casa. Me encanta que sea así, y me encanta que sea arrebatada e impetuosa defendiendo sus opiniones, las cuales comparto CASI siempre; admiro su capacidad de lucha y que no exista trinchera suficientemente profunda que no pueda asaltar cuando cree que la causa es justa. Me parto de la risa o me acongojo cada vez que nos enfrenta al abismo del mundo cucú, un mundo chungo al que hay que derrotar poniéndole delante el espejo de su propia estupidez, y eso Paula lo hace como nadie, aunque me tenga siempre en vilo pendiente de si con tanto arrojo un día se pasa de frenada.


Paula cumple hoy 40 y está radiante, y yo, que ya he pasado por ahí, creo que es un momento estupendo de la vida, y más si como ella afrontas una maternidad que nos hace felices a los que la queremos, a los que esperamos que ya no salga de nuestra vida y que podamos ver como educa a su hijo feliz y lejos de la estupidez. Paula se merece que la quieran y post mucho mejores que éste para demostrárselo, aunque espero estar demostrándoselo con algo más que con palabras. Feliz cumpleaños Paula, de mi parte y de mi pequeña familia, te queremos.

lunes, 1 de junio de 2015

La isla de los pingüinos


Este mes, los ya casi ex-miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “La isla de los pingüinos”, una novela satírica escrita nada más y nada menos que por un premio Nobel, Anatole France, a propuesta de Paula. Si se creía Anatole que eso ablandaría nuestros corazones estaba apañado, porque aquí hemos venido a odiar y nosotros odiamos con la fuerza de los mares, nosotros odiamos con el ímpetu del viento, nosotros odiamos en la distancia y en el tiempo, nosotros odiamos con nuestra alma y con nuestra carne, nosotros odiamos como el niño a su mañana, nosotros odiamos como el hombre a su recuerdo, nosotros odiamos a puro grito y en silencio, nosotros odiamos de una forma sobrehumana, nosotros odiamos en la alegría y en el llanto, nosotros odiamos en el peligro y en la calma, nosotros odiamos cuando gritas cuando callas, nosotros odiamos tanto, nosotros, nosotros odiamos tanto.

La editorial nos hace este resumen del libro: “En esta parodia de la historia de la civilización. Anatole France ha elegido como protagonista a un animal gracioso y endomingado que recuerda a la caricatura de los burgueses de finales del XIX y principios del XX: los pingüinos. La isla de los pingüinos arranca con un episodio hilarante: el bautizo por error, a cargo de san Maël, de los pingüinos del ártico. A partir de ahí, Anatole France describe en forma novelada los rasgos más notables de la historia de la humanidad, mezclando el amor y la guerra, el poder absoluto y la revolución, la religión y la especulación financiera, incluso insinuando la guerra nuclear y denunciando los rasgos más característicos del actual proceso de globalización, que a lo que se ve, no son nada nuevos. Es difícil a veces contener la risa al leer este texto heredero de Rabelais y Swift y que se anticipa a Orwell.”

Dicho todo esto, que no es más que marear la perdiz, tengo que empezar diciendo que el libro me ha gustado, a pesar de que no sea nada ameno, pero es que la aspirar aquí, en el club de tortura, a la diversión es utópico. Sin embargo tengo que abrir el debate de si está reñida la diversión con la buena lectura, si leemos para matar el tiempo o para tratar de aumentar nuestra perspectiva del mundo, porque si lo importante es lo primero no os leáis este libro, pero si al contrario pensáis que merece la pena un esfuerzo como parte del intercambio que nos propone el escritor le podéis dar una oportunidad, porque a pesar de que el libro se estira más de lo que seguramente muchos desearíamos, en su interior sigue habiendo perlas que merecen ser leídas, y tal vez son las mismas que habría en la mitad de páginas, seguro que sí, pero eso no hace que dejen de existir y que su lectura sea maravillosa.

Anatole France, que debía ser una persona tremendamente inteligente, seguramente debía saberse todo esto, porque sin duda tiene pinta de importarle poco la opinión de lechuguinos de su siglo y del nuestro, pero a este lechugino le gusta más la letra que la música de su novela, y empatiza con un señor nacido más de un siglo antes que él y que es capaz de sacarle los colores a la propia historia en sí misma, a los cuentos de hadas que nos han ido contando, a la obra y milagros de la iglesia, a la virtud de Juana de Arco, que no es otra que la virgen y santa Orberosa querida Bichejo, a los emperadores, a los burgueses y hasta a los mismos revolucionarios, sin dejar títere con cabeza, algo tan francés como ganar todas las guerras, incluso las que se han perdido.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, daos prisa, que se acaban.