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viernes, 6 de marzo de 2015

Donde muere la civilización





Cuando los amantes de la historia pensamos en el origen de la civilización, inevitablemente volvemos nuestros ojos a esa tierra bañada por los ríos Tigris y Eúfrates que ha sido llamada Mesopotamia desde la antigüedad. Desgraciadamente, y por una especie de ironía macabra, todos, amantes de la historia o no, volvemos los ojos al mismo lugar cuando pensamos en la más absoluta barbarie, un lugar donde miles de años después esa misma civilización corre el riesgo de ser destruida. Hoy a esa tierra entre ríos la llamamos Iraq y la estamos dejando morir al otro lado del televisor, como si no fuera más que un plató de cine en el que pelean buenos y malos.

Así, sentado en mi sillón, he podido ver como unas alimañas han destruido la ciudad de Nimrud, una de las cuatro capitales asirias, y se me ha roto el corazón, la pena que siento es tan grande que me obliga a escribir estas líneas para cambiar por letras mis lágrimas. Al que crea que exagero le invito a leer este otro post que escribí hace ya casi cuatro años, cuando era inimaginable, al menos para mí, que la barbarie pudiese llegar tan lejos. Y siento más pena todavía por toda esa gente atrapada en el infierno sólo por haber nacido en un lugar tan maravilloso en un tiempo equivocado, escribiría por ellos también, pero lo que mis tripas quieren decir mis dedos se niegan a teclearlo.

He tenido la suerte de conocer esos dos ríos en mis viajes por Turquía, los turcos me pasearon por el Eúfrates y los kurdos por el Tigris para enseñarme una ciudad muy pequeñita llamada Hasankeyf que, según me dijeron tenía una antigüedad de 10000 años. Pocas veces he sido más feliz que ese día, mirando esas aguas de un azul turquesa y su puente roto que tantos habían contemplado antes de mí allí mismo. Gente de diferente color de piel, gente que en multitud de idiomas habrían adorado allí mismo a dioses olvidados y a dioses modernos, gente como tú y como yo, cuyos descendientes se sentían orgullosos de mostrarme su herencia milenaria, a pesar de la decadencia visible. Habría que ser muy cretino para en ese momento no sentir otra cosa que un profundo respeto.

Por eso, yo, que soy consciente de lo circunstancial del lugar de mi nacimiento, soy capaz de hacer parte de mí lo suyo, soy capaz de comprender que cuando decimos que un lugar es patrimonio de la humanidad es porque realmente es parte de nuestra herencia colectiva como seres humanos, y siento que me agreden cuando destrozan un Lamassu unos desgraciados que ni siquiera saben qué significa aquello que están destruyendo, tanto como si volasen por los aires el acueducto de Segovia o la catedral de Santiago de Compostela. Porque en esto no debe existir ni la distancia ni la indiferencia, pensar que el problema es de otros, escurrir el bulto y mirar a otro lado nos hace a todos más miserables y a este mundo peor.

Quiero que el mundo al que pertenezco combata esta lacra hasta las últimas consecuencias, porque si hace tres mil años los asirios no hubieran imaginado que existiría una declaración universal de los derechos humanos yo ahora no puedo aceptar que en el mismo lugar del mundo que fue su imperio esa declaración en el 2015 sea papel mojado. No puedo aceptar que nadie mueva un dedo con verdadera determinación para que se cumpla porque, nos guste o no, estamos perdiendo esta guerra y algún día, avergonzados, diremos que se puedo hacer más, que se reaccionó tarde, que había demasiados intereses enfrentados que nos ataban de pies y manos. No puedo aceptarlo, me niego, son fanáticos, no tienen cabida en el mundo y sin complejos hay que exterminarlos.


Y mientras, con el corazón en un puño buscando un falso consuelo, me repito que las esculturas que tanto admiré sólo eran piedra, sólo eran piedra, como sus corazones. Malditos sean.

domingo, 26 de enero de 2014

Doña Mema y Doña Fea



Hoy escribo para deciros que estoy preocupado por José Antonio ¿no le recordáis? Era el ángel custodio que hace un año nos escribió en términos muy corteses para informar a los jubilados de mi familia que les subía la pensión un magro uno por ciento. ¡Ay, José Antonio! Eran buenos tiempos y ahora me arrepiento de haber dudado de tus intenciones. Por favor, José Antonio, si me lees deja un pequeño mensaje, por nuestra tranquilidad, dinos que estás bien, cuéntanos a que dedicas ahora el tiempo libre.

Y me preocupo porque mi padre y mi abuela han vuelto a recibir la misma carta, pero él ya no la firma, ahora la firma una señora llamada María Eugenia Martín, a la que por abreviar a partir de ahora llamaré Doña Mema, para que vea que nosotros somos tanto o más efusivos que ella en la carta que nos dirige, y nos permitimos usar tan cariñoso apócope sabiendo que seguro no le molesta. Porque sí, ahora resulta que la Directora General de la Seguridad Social es Mema y no José Antonio, al que confieso que echaremos de menos.

Pero entendemos su cese, era un derrochador que iba subiendo las pensiones a los viejos a lo loco, usando los antiguos métodos que permitían hacer subidas con parte entera y parte decimal, cuando lo que se lleva ahora son las nuevas fórmulas de revalorización que garantizarán que nuestros mayores no vean congeladas sus pensiones aún a riesgo de ver congeladas sus casas. Pero nosotros no dudamos de que es por su bien, para que puedan recordar sus tiempos mozos en los que las pasaban canutas, que las comodidades ablandan el espíritu y que es mejor para el cerebro echar cuentas de cómo llegar a fin de mes descontando lo que ahora tienen que pagar además por los medicamentos.

Veo que Doña Mema (la Mema en Catalá) era directora de empleo de la comunidad de Madrid, eso es lo que yo llamo tener unas magníficas referencias para su nuevo cargo, sin contar que antes había sido senadora y diputada, lo que se dice una mujer de nuestros días, conocedora sin duda de la opípara realidad de mi padre y de mi abuela. Se nota al leer su carta, aunque ha utilizado exactamente las mismas palabras que su predecesor, algo que un malintencionado se lo afearía con un “eso se lo dice usted a cualquiera”; pero a ella se le nota que lo hace en nombre del bien universal. Por eso le complace informar a mis mayores que les va a subir un cero coma veinticinco por ciento la pensión, además le es grato comunicarles la nueva cuantía a percibir y ya puesta aprovecha para ofrecerles los servicios de su Instituto, el INSS.

Y si os creéis que tan grata noticia la podía dar cualquiera estáis errando, porque sólo puede ser Mema la que envíe una carta en esos términos, porque la cosa no se queda ahí, que va, ella es tan escrupulosa en su tarea que a mi abuela sólo le va a subir ese potosí en la mitad de su pensión, porque los otros trescientos eurazos son un complemento a mínimos. Y hace falta ser Mema para saber que a los mayores hay que darles lo mínimo, que luego engordan y eso es muy malo. Total, que a mi abuela es como si le hubiese tocado la lotería a sus 84 años, y si no me creéis ya veréis lo contentos que se ponen los del banco donde domicilia la pensión cuando vean que, ahora, disponen de 23.465 millones de euros pagados por todos más ochenta y dos céntimos que son lo que le sube a mi abuela el gobierno.

Pero Doña Mema no es la única que nos ha escrito, qué va, este año lo ha hecho además la Sra. Ministra de Trabajo y jefa suprema de la(s) SS, Fátima Báñez García (a la que llamaremos Doña Fea con afecto), actuando como telonera epistolar y compartiendo el mismo sobre que Doña Mema. Porque son épocas de recortes y podemos permitir que tiren el dinero tan espléndidamente con nuestros mayores, pero jamás se lo perdonaríamos a Doña Fea y a Doña Mema si se lo gastan al buen tuntún en sobres y cartas. Sólo les ha faltado incluir en las cartas una estampita de la Virgen del Rocío, para que rezándole lleguen a comprender que la dichosa fórmula de marras es mano de santo, aunque tal vez no hubiera funcionado porque mi abuela cree más en la Virgen del Carmen y mi padre nos ha salido un poco ateo.

martes, 21 de enero de 2014

Enjoy the silence

El viernes pasado fue un día muy extraño, un día que llevaba muchos días marcado en el calendario como especial desde hace muchos meses. Teníamos entradas para ver el concierto de Depeche Mode, compradas en Julio, como parte del regalo de 40 años de E, porque ella es muy fan de Martin Gore y sus chicos. E se lo merece todo, especialmente este año en el que ha perdido a su hermano.

Iba a ser un día perfecto, pero el destino es muy caprichoso y hace que cosas que no tienen mucha relación sucedan a la vez. Quién me iba a mí a decir en Julio que, justo el 17 de enero, mis padres iban a firmar el acuerdo para su divorcio, algo que ha sucedido como parte de una pesadilla que nos ha llevado la ilusión por delante, solo nos queda enfrentarnos al vacío que queda tras 41 años que ahora no son nada.

Cualquiera se puede imaginar con qué ánimo fuimos al concierto y, sin embargo, es lo mejor que podíamos haber hecho. Todo el mundo sabe ya a estas alturas lo que para mí significa la música, lo importante que es, lo feliz que me hace. No puedo concebir un momento de mi vida sin asociarle una canción, un disco, un concierto... Y aunque Depeche no han sido nunca de mis favoritos, sí que están asociados a una persona que fue muy importante para E y para mí, como ex-novio y como ex-mejor amigo. Tal vez sin él ahora no estaríamos juntos.

Así que allá nos fuimos, temprano, tan temprano que terminamos en primera fila, y asistimos a un espectáculo MARAVILLOSO. Podría hablar de la sensualidad que transmite Dave Gahan, de lo emocionante que es escuchar como solista a Martin Gore, de lo bien que suena Depeche con una batería potente y una guitarra, pero eso, aún siendo increíble, no es lo más importante. Lo que quiero intentar contar es cómo una canción, durante cuatro eternos minutos, puede hacer que olvides todas tus penas.


Y es lo que sentí al escuchar y cantar el “Enjoy de silence” junto a ellos, una de mis canciones favoritas. Porque durante ese momento te abandonas y sientes que no eres material y que nada malo te puede pasar; notas como el tiempo se ha ralentizado para ti de forma que, por unos segundos, te crees inmortal, inundado por una alegría que te hace comprender que vivir tiene sentido, pensando que esa felicidad, aunque efímera, es importante, que no necesitas más, que estás cantando con todas tus fuerzas “All I ever wanted, all I ever needed, is here in my arms” y sabes que es de verdad.

martes, 7 de enero de 2014

Había una vez... un barquito chiquitito


Hace unos años me encargaron diseñar cómo llevar unos barquitos de papel de una piscina a otra. Aunque pueda parecer poca cosa no es fácil manejar los barquitos de papel, así que nos pasamos más de un año pensando en la mejor forma de hacerlo, siguiendo los criterios de los dueños del canal que une las dos piscinas, que por cierto son municipales. Ellos tampoco lo tenían que tener muy claro porque nos cambiaron los criterios de operación cerca de treinta veces, en una de ellas, casi terminando el plazo, redujeron a la mitad el número de compuertas, aunque luego rectificaron... para mí que no tenían muy claro si les iba a llegar el dinero. Ya se sabe, comenzaba la crisis y debían a pensar que les faltaría el crédito. Al final, debieron de pensar que de perdidos al río y compraron el paquete completo

De todo se sale, pensarían.

Fuimos tres grupos de amiguetes los que presentamos nuestras propuestas, nosotros y unos colegas americanos decidimos que nos consideraríamos bien pagados con cuatro millones y medio de piruletas, otros chavales del barrio (a partir de ahora OCDB), decidieron que si les daban poco más de tres millones de piruletas se tiraban a la piscina, los señores de los barquitos (a partir de ahora SDLB) que se pensaban gastar tres millones y medio estuvieron encantados.

Fue una decepción para todos, menos para los OCDB. Nadie se podía explicar cómo podrían conseguirlo, algunos llegaron a pensar que se habían olvidado de una de las piscinas. Además, los SDLB, que son gente muy seria, nos habían dicho que lo más importante era hacer las cosas bien, que por dinero no iba a ser, que en llevar barquitos de papel entre dos piscinas se jugaba el futuro de la humanidad y de su barrio. Para que quedasen las cosas claras, los SDLB dijeron que, además de costar menos piruletas, la propuesta de los OCDB era la más molona y que nadie sabía manejar mejor que ellos los barquitos de papel. Los chicos americanos no se lo podían creer, gritaban como poseídos que aquello no era posible, que ahí había tongo, que something smelled like toasted, o algo parecido.

Un lío.

Los chicos americanos llegaron incluso a llamar a sus padres para que los SDLB deshicieran el entuerto, pero ni por esas los SDLB se bajaron de la burra y con mucha pompa y boato ordenaron a los OCDB que comenzasen las obras del canal. La suerte estaba echada.

Pasó el tiempo y ya casi me había olvidado del tema, entretenido como estaba en crear la máquina de los terremotos, cuando unos sicarios de los OCDB me hicieron una propuesta que, afortunadamente, si pude rechazar. Querían saber cómo había pensado mover los barquitos, querían que me convirtiese en uno de ellos. Yo estaba patidifuso porque si los SDLB habían jurado por Snoopy y Winnie Pooh juntos que nadie lo hacía mejor que los OCDB ¿qué podía haber pasado?

Un misterio emergía ante mis ojos, alguien tal vez no había dicho toda la verdad, alguien podría haber tratado de ganar de cualquier manera sin haber contado bien todas las piruletas y los SDLB empezaban a no parecerme tan inmaculados como habían pretendido cuando fui a hacerle unas preguntillas y me colocaron delante una taquígrafa y un notario.

Ahora, los OCDB dicen que o les dan otro millón y medio de piruletas o que los barquitos de papel ya los pueden llevar los SDLB en brazos. Los muy cabritos ahora piden más piruletas que nosotros al principio, alegando que los SDLB les tienen manía y que una colonia de gatos se ha cagado en la arena con la que iban a hacen el canal que une las piscinas. Los SDLB dicen que esas cosas las deberían haber previsto, que a cualquiera se le caga un gato en la arena y que de más piruletas nada, que se les van a caer los dientes por golosos.

Algunos nos reímos maliciosamente de ver tanta justicia universal materializada en desdicha ajena, porque si esto fuese una película se debería llamar “Entre pillos anda el juego”.

Pero se nos ha congelado la sonrisa en la cara cuando nos hemos enterado de que los profesores de los OCDB, que también son los profesores nuestros y de muchos más niños de los alrededores, se habían comprometido con los SDLB a pagar de su bolsillo todas las piruletas que pudieran faltar, algo tan improbable, según ellos, como que Selena Gómez no encontrase en mi clase pareja para ir al baile de fin de curso. El problema es que ese bolsillo que tan ligeramente comprometen, lo hemos ido llenando de piruletas entre todos con muchísimo trabajo.


Son cosas de las bandas de chicos malos, que siempre acaban ganando, tal vez porque han amenazado con contar cosas malas de los profesores, tal vez porque les han regalado un equipo de música y una tele para su cuarto.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El tuit de John Lennon


Esta mañana he leído este tuit de una persona (que prefiere mantenerse en el anonimato) a la que admiro y aprecio, sobre todo por su inteligencia y sentido del humor, a pesar de que ideológicamente somos polos opuestos:

Hoy hace 30 años que mataron a John Lennon. El que le mato, todavía está en la cárcel. Y ahora, imaginen como le hubiera ido en España.“

Yo sé lo que quiere decir, y tiene razón, si el zumbado de Chapman hubiera matado a John Lennon en Villanueva de los Infantes su representante estaría ahora mismo negociando el precio de una entrevista con Telecinco. Es así y es vergonzoso. Pero sabiendo cómo se las gastaba John Lennon es un tuit chocante, y mas al utilizar la palabra “imaginen”,tan suya, porque automáticamente me pongo a pensar que a John no le gustaría ni este mundo, ni España, ni los Estados Unidos. Y es que estamos hablando de un tipo que dijo: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día.“ Casi nada.

Por eso he contestado:

Imagine all the killers spending life in jail... Creo que a John Lennon no le gustaría esa letra.”

Una bobada medio en broma medio en serio que tiene una contestación lógica, no sabemos que pensaría John Lennon si pudiese contarlo, aunque seguramente su pacifismo se habría atenuado. Porque sí que sabemos lo qué piensa su viuda, no quiere ver al asesino de su marido libre, algo lógico, y debe ser lo mismo que sienten todos los familiares de las víctimas que ven como, de repente, unas decenas de malnacidos pasean por las mismas calles que ellos. Un horror.

Pero en el caso de John Lennon hay más, porque también he escuchado a su viuda estos días denunciarlo, desde que su marido murió decenas de miles de norteamericanos han muerto por armas de fuego. Lleva treinta años denunciándolo.

Es una barbaridad que no sabemos justificar desde nuestra óptica europea y de la que ya he hablado aquí. Por eso creo que mi comentario “en España afortunadamente cualquier pirado no puede comprar una pistola en el súper, no es oro todo lo que reluce.” era oportuno y en ningún momento estaba pensando en pirados (aka hijos de puta) que asesinan en el nombre de una bandera. Simplemente quería manifestar que, en algunas cosas, los EEUU no son muy ejemplares.

Y vuelve a ser una cuestión cultural y de concepto, porque según nuestra constitución “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”, algo en la teoría estupendo, como muchas de las cosas vanas que dice nuestra carta magna, algo que deberíamos defender a las duras y a las maduras. Sin embargo, al otro lado del charco, o al menos eso me parece a mí, el concepto de justicia va más asociado al concepto de venganza y de satisfacción de la víctima, tanto es así que son capaces de freír la cabeza a un fulano delante de los familiares del asesinado. Es lo que hay, por mucho que a mí me parezca asqueroso e inhumano.

Esta mañana sólo quería dar a entender eso, nada más, no estaba pensando en doctrinas Parot ni en nada por el estilo. Aunque también tengo una opinión al respecto, que tal vez no tendría si a mi padre le hubieran pegado un tiro, porque imagino que en ese caso pensaría hasta en tomarme la justicia por mi mano, algo que afortunadamente nuestras leyes tratarían de impedir. Por eso mismo opino que las leyes se deben cumplir, nos gusten o no y que es una vergüenza que sea el propio gobierno, éste o el anterior, el tramposo, por muy repugnante que sea ver a toda esa gentuza en la calle, porque si no somos mejores que ellos, si no somos ejemplares, entonces nos habrán ganado, y si las leyes son malas se deben cambiar para que estas cosas no vuelvan a pasar, aunque duela.

Y eso es perfectamente compatible, y ahora no me estoy dirigiendo al autor del tuit, con que ver a esos cabrones libres me joda y me duela, algo también muy propio de este país en el que o eres mi amigo o estás contra mí.


Qué pena.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Por un plato de lentejas

Por un plato de lentejas le vendió Esaú a su hermano Jacob parte de su porvenir, por un plato de lentejas Jacob estaba dispuesto a aprovecharse de su hermano, es una historia estupenda, como casi todas las del Antiguo Testamento. Una historia que nos habla de lo que seríamos capaces de hacer cuando lo que está en juego es la propia supervivencia, porque Esaú renunció a lo que por derecho era suyo simplemente por sobrevivir otro día, porque de nada le servía lo material si estaba muerto y ese plato de lentejas representaba seguir viviendo. Una historia que también nos habla de lo mezquino que es el ser humano, de cómo alguien puede aprovecharse de la necesidad ajena en su propio beneficio, un beneficio puramente material, incluso si la persona que te pide ayuda es tu propio hermano.

Es escalofriante ver como varios milenios después algunos seguimos peleándonos y vendiéndonos por ese plato de lentejas, un plato de lentejas para nosotros y no por un puchero del que todos podamos comer; y es más que triste observar como algunos nos indignamos al ver como otros tratan de defender su supervivencia con todos los medios que tienen a su alcance, aunque temporalmente nos causen un perjuicio que está a años luz de su sufrimiento.

Porque además ellos no son los culpables, a pesar de que muchos los señalen con el dedo para que no se vea la propia porquería del acusador, utilizando todos los medios que tienen los poderosos a su alcance, mintiendo, manipulando y dividiendo todo lo que pueden a una sociedad dormida, tanto que casi sin darnos cuenta igualamos a víctimas y verdugos, al que pelea para no perder su piso y al que pelea para poder comprarse una casa de lujo en La Moraleja. Y lo consiguen.

Por eso el problema es que ya no los vemos como unos de los nuestros, el problema es que nos parece secundario lo que ellos van a padecer cuando lo comparamos con nuestro bienestar inmediato, el problema es que a algunos todo se lo perdonamos y consentimos, incluso cuando nos hacen comulgar con ruedas de molino, y a otros, que suelen ser los más débiles, los más castigados y los más indefensos, les exigimos un comportamiento intachable aún cuando lo que se están jugando son sus lentejas y las de sus hijos, un comportamiento, por cierto, que la mayoría no nos exigimos ni para nosotros mismos.

Y es de estar muy ciego no comprender que su lucha es la nuestra, que cuando ellos caigan no quedará más que desierto, un desierto en el que los trenes pasarán cada vez más tarde, peor mantenidos y oliendo a perros muertos, un desierto lleno de bolsas de basura recogidas en días alternos, un desierto en el que miles de muertos en vida harán cola esperando una operación que llegue antes de que sus huesos sean descarnados por los buitres, un desierto lleno de niños maleducados y medio analfabetos.

Entonces, llegados a ese punto, los que todavía sigan en pie, disfrutando de sus vidas intactas se aislarán en un gueto y hablarán de caridad con los que ahora, a costa de su sueldo, muertos de miedo y pasando noches en vela pendientes de su futuro, defienden el plato de lentejas de su familia con uñas y dientes porque están en su derecho.

jueves, 3 de octubre de 2013

Plataformas y terremotos

Estos días leo los periódicos y la veo, miro los noticieros y ahí esta, aguantando el batir de las olas, los terremotos e incluso las cagadas de las gaviotas. Y no me lo creo.

Tampoco me creo que esa plataforma en el mar forme ya parte de mi vida, de casi tres años de mi vida, que en ella haya algo de mí, de lo mejor de mí, de mis conocimientos, de todo ese sudor, lágrimas y sinsabores que resumen el trabajo de ingeniero. Me imagino todavía subido a ella, mirando fijamente al mar, abrumado por la responsabilidad pero orgulloso de estar haciendo algo bueno y necesario.

Antes de seguir que quede claro que yo hablo como técnico, que a mí cuando trabajo y diseño el dinero me preocupa lo justo, porque tengo clarísimo que lo principal es que las cosas cumplan con su función de una manera segura y que una vez conseguido eso tenemos un fabuloso departamento de compras que se encarga de que el proyecto entre en el presupuesto. Siempre hay un tira y afloja entre lo que uno piensa que es necesario y lo que dice la normativa o un contrato, y como hablamos de mucho dinero cada elemento que se decide instalar se debe justificar, incluyendo todos los sistemas de seguridad. Nosotros, los ingenieros, tratamos de seguir lo que llamamos buenas prácticas de ingeniería, que en muchas ocasiones van más allá de la normativa y nos llevamos grandes berrinches para que se compre ese elemento que consideramos tan necesario.

Pero en esta ocasión no fue así, esta vez no se ha escatimado nada en seguridad, es más, se ha ido siempre más allá para garantizar que no habría problemas, no hace falta que nadie me lo cuente, muchos los he comprado yo mismo y he comprobado que todo funcionaba correctamente en campo. Y, de repente, la tierra se pone a temblar y todo se va al garete, no me lo creo, de la misma manera que no me puedo creer que haya habido mala fe o que alguien haya escondido un mal informe geotécnico, sinceramente creo que nadie sabe qué está pasando y que nos quedan semanas de escuchar a sesudos genios y políticos echándose mierda los unos a los otros y sacando conclusiones de ingeniero de obra acabada, mis queridos colegas saben de qué estoy hablando.

Inyectar gas en un yacimiento de petróleo agotado no es un invento nuevo. En España existe otra plataforma que hace lo mismo y nada ha pasado y nadie se ha quejado. Tampoco tiene nada que ver con el famoso fracking, aquí no se inyecta nada para extraer gas, aquí se toma gas de la red y se guarda en el yacimiento, que no es una caverna hueca, como la mayoría debe pensar, es una roca porosa, parecida a una esponja, en cuyos intersticios queda acumulado el gas inyectado, unos huecos que en sus momentos ocupó el crudo y que soportaron la presión sin problemas. Que los cambios de tensión en la roca provocarían pequeños seísmos era algo con lo que se contaba, que algo más está pasando está claro, que nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que pasa, pues seguro. ¿Que qué haría yo si fuese vecino de la zona? Pues irme a dar golpes a una cacerola en la plaza del ayuntamiento para que parasen el proyecto de inmediato.

Lo increíble es leer todas las cosas absurdas que estoy leyendo y escuchando, algunas divertidas por lo estúpidas, como por ejemplo que están haciendo pruebas de vaya usted a saber qué los americanos. Esto es lo que es, un almacenamiento de gas natural, y punto profundo, esa fuente de energía que consumimos en casa para hacer la comida y calentar el agua con la que nos bañamos y llenamos los radiadores con los que nos calentamos, de las centrales eléctricas con turbinas de gas y de su uso industrial ya ni hablamos. Un gas que tenemos que importar de fuera, a no ser que queramos todos el fracking de repente, y no, seguro que ninguno lo queremos. Además, curiosamente, el gas que importamos viene de países conflictivos que no garantizan el suministro de una forma fiable, por tanto no parece mala idea guardar ese gas y, mierda, ese gas tiene la manía de ocupar mucho volumen cuando no está licuado. Si piensas en todo esto, tener un poquito de gas por si algo pasa en mitad del invierno no parece tan descabellado.

Por eso me revienta que cualquiera clame en contra del almacenamiento cuando vive en un país del primer mundo que derrocha energía y que seguro que no quiere hacer el esfuerzo de cambiar radicalmente sus hábitos de vida para no tener que jugársela con la naturaleza que, además, es bastante hija de puta cuando le tocas las narices como estamos comprobando. Porque ese es el debate de fondo, queremos agua caliente, calefacción y electricidad, queremos tener disponible toda la energía que necesitemos, mejor si es barata, y no queremos pagar el precio que eso conlleva. No queremos nucleares, ni almacenar gas, queremos energías limpias pero no queremos, o podemos, pagar el coste que eso conlleva si no lo subvencionamos, y tampoco nos gustan las subvenciones, claro.

Pues es lo que hay, estamos atrapados. Y claro que a la sombra de todo esto existen cabrones que sólo van a pillar cacho, pero hay algo más gordo de fondo, que nos debería hacer pensar que hay al otro lado del enchufe cada vez que cargamos el móvil y cada vez que bajamos un grado el aire acondicionado.

lunes, 1 de julio de 2013

Cómo hablar de los libros que no se han leído


Este mes, mis compañeros del Club de lectura 2.0, han tenido a bien elegir "Cómo hablar de los libros que no se han leído" escrito por Pierre Bayard. Si tengo que decir la verdad, no me ha entusiasmado, aunque tampoco me ha dejado indiferente, que ya es algo. Admito que, en general, no me siento muy atraído por el ensayo, que lo mío es leer novela, y si a esto se suma que me he leído el libro en francés la realidad es que a muy duras penas he sido capaz de leer seguidas más de seis o siete páginas.

El nombre del libro, "Cómo hablar de los libros que no se han leído", deja poco a la imaginación del lector en lo referente al tema que trata. El autor, a través de ciertos libros, que utiliza como esqueleto sobre el que construir su disertación, usa el tabú de que no se debe hablar de los libros que no se han leído para construir un discurso sobre la lectura y sus diferentes connotaciones.

Si he de decir la verdad, después de terminar el libro no sé si he aprendido algo sobre cómo hablar de libros que no he leído, es más, no sé si he aprendido algo sobre cómo hablar de libros en general, y si eso me resultaría útil de alguna manera, ya que, desgraciadamente, vivo en un mundo hostil a la lectura en el que hablar de libros en las conversaciones cotidianas es algo tan exótico como hablar de la cría en cautividad del Dragón de Komodo.

No debe ser el caso del autor que, en mi opinión, utiliza este ensayo para dos cosas. En primer lugar es un pretexto para hablar de libros, porque a pesar de las apariencias este libro es una declaración de amor a la lectura, de cualquier genero y en cualquier circunstancia. En segundo lugar, y aquí ya tengo mis dudas, sirve para dar un pequeño palo, cargado de sarcasmo y cierto cinismo, a toda esa gente remilgada que pretende que la lectura, y su divulgación, sea un hecho elitista, estirado y presuntuoso.

Quizá lo que más me ha gustado del libro es en parte eso, el hecho de quitar importancia a la lectura de un libro en particular, dejando claro que cada libro es hijo de su autor pero sobre todo de su tiempo, que todo forma parte de algo más elevado que él denomina "biblioteca colectiva", que tener cierto dominio sobre ella es de mayor importancia que haber leído tal o cual vaca sagrada de la literatura universal. Por ello, el libro puede usarse como antídoto contra ese pudor, por el que creo que todos hemos pasado, que supone tener que reconocer en algunos ambientes, más o menos cultos, la no lectura (término que uso conscientemente en lugar de no haber leído) de un libro determinando, curiosamente en uno de los capítulos también nos habla de la existencia de ese pudor cuando admitimos el gusto por ciertos tipos de lecturas. A fin de cuentas, cualquier libro, incluso el que pueda ser considerado la obra cumbre de la literatura, no deja de ser algo insignificante, y espero que se entienda el concepto porque no es mi opinión, dentro de los miles de libros que se escriben cada día. Todo teniendo en cuenta que nuestra existencia es demasiado corta como para llegar a rascar en el cascarón del conjunto de toda la obra escrita.

Por ello, también es curioso cómo explica que ese conocimiento puede llegar incluso desde la no lectura, aunque parezca algo paradójico, porque puede llegar de otras maneras como, por ejemplo, desde la tan socorrida lectura en diagonal o también desde el estudio de la crítica y las opiniones ajenas.

Es importante sobre todo lo último, la opinión del otro, porque es capaz de conseguir que un libro que nunca ha estado en nuestras manos entre de lleno en nuestro ámbito de conocimiento, como miembro ignorado de esa biblioteca colectiva que antecede a su incorporación a nuestra biblioteca personal. Sin ir más lejos, esta reseña, y las de mis compañeros del club de lectura, harán que "Cómo hablar de los libros que no se han leído" forme parte de la biblioteca colectiva de nuestros lectores, haciendo que ellos, y no dudo de que así va a suceder, puedan a su vez hablar del libro con terceros futuros seguidores de nuestro club de lectura, de manera que, estos no lectores, adquirirán su propia referencia personal que sólo será modificada por la verdadera lectura, estando ésta marcada e influida por nuestra propia experiencia.

También me parece una reflexión de interés la que explica como, tomando como punto de partida el hecho de que un lector llegue a hablar con el autor de un libro (algo que puede llegar a ser difícil sobre todo si el escritor está muerto), se llegue a reconocer la existencia de algo que Bayard denomina "el libro interior". Aquí nos zambullimos de lleno en el fascinante mundo de la compresión lectora, de las verdaderas intenciones y sentimientos del escritor en el momento de escribir su texto y aquello que nosotros como lectores, en un determinado momento, entendemos e interpretamos. En el fondo no deja de ser otro pariente de la no lectura, y es, además, una manera de desposeer al autor de su obra, ya que ésta no deja de ser como una fotografía que es revelada en nuestro interior y que cobra vida sólo al ser leída, hecho que depende en gran parte de nuestras circunstancias que a su vez son variables. Por eso, Bayard llega incluso más lejos, considerando cada texto no como algo inmóvil, si no más bien como un ente cambiante a lo largo del tiempo. Y es verdad, todos los que hemos leído un libro en diferentes momentos de nuestra vida creemos haber leído dos libros diferentes; es fácil imaginar dicho efecto si lo multiplicamos por millones de personas cada una víctima de sus propias coyunturas.

Por último, que ya me está quedando densa la reseña, sólo me queda hablar de la parte romántica del asunto, del libro olvidado, de cómo la lectura de un libro supone el primer paso para olvidarlo, de qué nos queda de ese libro cuando el tiempo pasa. Según Bayard no queda más que una mera reseña del mismo, vacía de la mayoría de su contenido y equivalente a la que podríamos tener de cualquier otro libro del que hayamos oído hablar con cierta profundidad. Todos sabemos que esto no es verdad, que es bastante absurdo y que Bayard exagera, siendo él el primero que lo sabe, pero sí que es verdad que esa pérdida existe y es demoledora.


Hay que aceptarlo, porque la lectura es como el amor, es mejor amar y perder que no haber nunca querido. O leído.

sábado, 16 de marzo de 2013

Se puede (homenaje a Rodríguez)

Esta tarde he visto el documental ganador del Oscar de este año “Searching for sugar man”, que nos cuenta la historia de Rodríguez, un cantante y compositor de principios de los 70 que publico un par de discos y que, injustamente, no tuvo éxito y cayó en el olvido ¿O no? Si no os apetece verlo, aunque os aconsejo con fervor que lo hagáis, al menos deberíais escuchar su música... y amarla.

Mientras que me he puesto sus discos en bucle he escrito estas pequeñas notas:

Se puede ser duro y ser frágil al mismo tiempo, se puede ser sensible cuando todo lo que conoces está rodeado por la injusticia y la miseria, se puede ser tierno cuando las cosas van mal y se puede mirar hacia delante cuando lo que dejas a tu espalda es el fracaso.

Cause I see my people trying to drown the sun
In weekends of whiskey sours
Cause how many times can you wake up in this comic book and plant flowers?

Se puede disparar a matar, con una simple guitarra, palabras que ponen boca arriba los sentimientos, se pueden decir cosas extremadamente complicadas de la forma más simple, se puede gritar en voz baja y se pueden llorar por dentro lágrimas invisibles hasta ahogarte sin que nadie se dé cuenta. Se puede seguir viviendo, acompasando la respiración veinte veces por minuto, cuando para muchos, tal vez para ti mismo, ya estás muerto.

And you claim you got something going
Something you call unique
But I've seen your self-pity showing
As the tears rolled down your cheeks

Se puede ocultar la desnudez tras el refugio de unas gafas de sol evitando que los demás vean cómo eres realmente por dentro, se puede vivir con la fantasía de que son un escudo protector que te permite ver sin ser visto, se puede creer que, de esa manera, tus sentimientos pueden ser expresados sin el temor de que te los adivinen a traición o antes de tiempo. Se puede ser tímido y tener mucho que decir, se puede vivir menos intensamente por fuera que por dentro.

Now you sit there thinking feeling insecure
The mocking court gesture (jester) claims there is no proven cure
Go back to your chamber, your eyes upon the wall
'Cos you got no one to listen, you got no one to call

Se puede cantar al amor desde el desamor, como si fueran una misma cosa, se puede cantar a la luz desde las tinieblas y se puede reír y llorar, sin saber los motivos, al mismo tiempo. Se puede hacer poesía sólo con intentarlo, de cualquier cosa, se puede elevar lo cotidiano a la categoría de arte si dentro de ti habitan los sentimientos. Se puede uno alimentar de la melancolía si sabe cómo hacerlo.

The generals hate holidays
Others shoot up to chase the sun blues away
Another store front church is open
Sea of neon lights, a boxer his shadow fights
Soldier tired and sailor broken
Winter's asleep at my window
Cold wind waits at my door
She asks me up to her place
But I won't be down anymore

Se puede ser fiel a uno mismo, se puede ser puro, se puede ser de una forma porque no se conciba otra forma de ser, porque no exista en nuestro corazón otra alternativa que nos parezca digna de ser vivida. Se pueden tener valores y sentimientos nobles aunque la ruleta premie al que va predicando lo contrario, se puede ser sencillo pero ser digno, se puede soñar con la igualdad desde la desigualdad, se puede pensar que cada uno de nosotros tiene el mismo valor aunque su alma se compre a distinto precio.

I've played every kind of gig there is to play now
I've played faggot bars, hooker bars, motorcycle funerals
In opera houses, concert halls, halfway houses.
Well I found that in all these places that I've played
all the people that I've played for are the same people
So if you'll listen, maybe you'll see someone you know in this song.

Se puede, claro que se puede.

jueves, 14 de marzo de 2013

Del orgullo bloguero

orgullo.
(Del cat. orgull).
  1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.
Nunca me he sentido muy orgulloso de mi mismo, eso es así, y me moriré con la sensación de no haber hecho nunca nada del otro mundo. A ver, no quiero decir que no haya cosas de las que me sienta orgulloso, que no hay tampoco que pecar de falsa modestia, pero sé que no pasaré a la historia por nada relevante. Hay una canción de Bénabar, un cantautor francés que me gusta mucho, sobre todo por lo irónico de sus letras (no ésta precisamente que es pura melancolía), que me recuerda mucho a lo que siento ahora:
 
Moi qui frôle les quarante ans
J'ai pas fait progresser la science
J' découvrirai pas de continent
Faut voir les choses en face

Al borde de los cuarenta ni he hecho progresar la ciencia ni descubriré un continente, las cosas como son. Os la enlazo al final del post.
 
Es algo que asumo, sobre todo en estos tiempos de vacas flacas emocionales que me van limando las aristas a palos, hasta hacerme blandito, ¡quién me ha visto y quién me ve! En estos tiempos en los que junto con mi pelo veo desaparecer buena parte de mi rabia juvenil, siento cosas que antes me parecían secundarias y una de las principales, y que además me llama mucho la atención, es la exaltación de la amistad, y donde escribo amistad quiero decir realmente del cariño. Si me hubierais conocido con veinte años, cuando era arisco como un gato, entenderíais mejor la importancia que tiene para mí ahora al tema.
 
Lo disfruto como un niño.
 
Mucha culpa de ello, la tiene alguna de la gente que pasa por aquí, y que espero que no haya sucumbido todavía a la tentación de dejar de leer este rollo repollo, gente que empezó haciéndose un huequito muy pequeño en mi vida y que ahora me resulta necesaria, que me hace la vida divertida y que, afortunadamente, me regala parte de su tiempo y me hace feliz con su compañía. Pero, y a eso es lo que iba en el post, es gente absolutamente brillante, por mucho que intenten aparentar cualquier otra cosa, en el mundo 2.0, por mucho que vayan de rubias, o de cualquier otro color, por la vida de los unos y los ceros.
 
Por eso, cuando veo que sacan al mundo su lado más talentoso, y las leo por esos blogs del mundo escribiendo cosas realmente fantásticas, cambiando de registro y estilo con la facilidad que lo han hecho, noto como una ola de orgullo me recorre el cuerpo, y me gustaría tenerlas delante para comérmelas a besos y decir a todo el mundo sacando mucho pecho que son mis amigas. Y es que, claro, si volvemos al principio del post y hacemos caso de la definición de orgullo que nos proporciona el diccionario, y vamos a eso de la estimación propia, solo me cabe pensar que me siento orgulloso de lo que ellas hacen porque las considero ya algo mío, forman parte de mi vida 1.0.
 
Pero nunca hablaré de estas cosas con ellas, ni las haré un post bonito que las haga llorar, a no ser que sea de risa, porque ellas y yo sabemos que, en el fondo, estas cosas sentimentales son una pérdida de tiempo.
 

jueves, 7 de marzo de 2013

Un matrimonio feliz

Este mes, o el pasado, porque me he dormido un poco, en el Club de Lectura 2.0 nos han obsequiado con una lectura dolorosa pero hermosa al mismo tiempo “Un matrimonio feliz”. Como desde el principio se cuenta que Margaret, la protagonista de la historia, a su pesar, muere de un cáncer terminal, no hay forma de que destripe mucho la historia, aunque como siempre yo aviso, si sigues leyendo es por tu cuenta y riesgo.
La historia en sí no es nada del otro mundo, chico conoce a chica, se enamoran, se casan, tienen hijos, él la engaña, se arrepiente y se convence de que es la persona con la que quiere envejecer, hasta ahí nada especialmente extraño. Pero como la vida además de efímera es cruel, cuando ellos han sido capaces de reconducir su relación, cuando de verdad llegan a ser ese matrimonio feliz que nos anticipa el título, ella enferma de cáncer y muere. Ese es el punto en el que arranca la historia, en parte autobiográfica, en el momento en el que ella decide programar su muerte una vez que es consciente de que cualquier otra alternativa no le lleva más que a una dolorosa y absurda agonía.
El libro nos cuenta como Margaret, con la ayuda de Enrique, su marido, planifica, con precisión casi milimétrica, la despedida de sus familiares y amigos. Y mientras esto pasa, Enrique va relatando su historia común, una historia que comienza en el Nueva York de los setenta, cuando ambos son jóvenes y están llenos de proyectos de futuro que, de alguna manera, se ven truncados por los hijos, la rutina y la convivencia. Esos son los episodios que más me gustan, con mucha diferencia, cuando todo es futuro, descubrimiento y libertad. Después viene el desgaste de la relación que yo veo de forma asimétrica; mientras que Margaret nunca llega a perder ese impulso inicial, él sí que se va dejando domar, como un zapato al que Margaret y las circunstancias van amoldando a su horma.
Eso le lleva a pasar de una sensación de inferioridad y de perplejidad, por el hecho de que ella se sienta atraída por él, a un odio rebelde que tiene mucho de justificación de su propio fracaso personal y profesional. Al principio Margaret era una especie de diosa del amor:
“Lo que lo tenía temblando era saber que cuando ya no tuviera nada más que decir, tendría que pasar a hacer el amor. Y no solo el amor. Tendría que saciar sexualmente a esa criatura, que le parecía más hermosa e inteligente a cada minuto que pasaba, quizá una hembra humana, pero de una categoría tan superior que una mutación de la especie tan soberbia como esa debía de pertenecer a otra clasificación.”
Pero, sorprendentemente dada la pasión inicial, el matrimonio la convierte en esto:
“Él era la víctima y ella, la asesina, y Enrique era lo bastante joven como para creer que esa distinción poseía una trascendencia moral.”
“¿Había otro escape del campo de concentración del matrimonio que no fuera permanecer soltero?”
“Margaret era egoísta de la única manera eficaz en que la gente puede ser egoísta, totalmente convencida de que su manera de vivir es la mejor y obrando en consecuencia.”
Y hay que ser valiente para admitirlo y para confesarlo, porque no es fácil. Desde mi punto de vista supone admitir nuestra imperfección, nuestra inmadurez, nuestra falta de perspectiva, nuestra confusión de lo que es amor y no, de lo fácil que es llamar con nombres falsos al amor, al cariño y al deseo:
“Todo lo que comprendía en ese momento, mientras ella lo acariciaba y resonaba en su cabeza la extraña confesión de que a ella le gustaba, pero no lo amaba, era que esa distinción significaba algo para ella. No obstante, para él no tenía ningún sentido, pasar de que Margaret le gustara a amarla había sido un proceso sin transición alguna.”
Y claro que no había transición, porque no había amor, simplemente había deslumbramiento, aunque, afortunadamente, muchas veces no es algo irreversible porque los caminos del amor son como los del Señor, inescrutables; yo creo que hay gente que es capaz de andarlos simplemente por puro convencimiento hasta llegar a un destino que parece de verdad por mucho que en realidad sea como los decorados de cartón piedra. Ellos llegaron.
Es un lugar cómodo, y hasta puedes pensar que puedes habitar allí para siempre, pero no, ¿y entonces qué? He pensado mucho en ello desde que leí el libro y no quiero estar nunca en el pellejo de Enrique, no quiero pasar por esto:
“Hiciera lo que hiciera, se sentía culpable y avergonzado. Ella iba a morir y él no; en la guerra no declarada del matrimonio, era una victoria atroz.”
“La vida después de esas últimas dos semanas de existencia de Margaret no tenía forma ni sonido.”
Y yo no quiero vivir en un mundo que no tenga forma ni sonido. Es el sentimiento más duro al que me enfrenta el libro. Al de la pérdida.
'Un matrimonio feliz' es un libro que te deja lleno de preguntas existenciales: ¿Por qué amamos? ¿Por qué nos sacrificamos? ¿Qué nos lleva a sufrir hasta el límite cuando sabemos que el límite es la propia vida? ¿Por qué no nos rendimos si al fin y al cabo todo tiene que terminar y nada tiene un sentido objetivo?
Yo sólo encuentro una respuesta, tonta pero que me resuelve la papeleta, por puro idealismo, por simple justicia poética, por llenar de sentido al sinsentido, por estar contigo hasta el último segundo que pueda estar, simplemente porque existes y has elegido estar conmigo.
“Enrique estaba sin habla, consolado hasta lo más hondo al oír que estar con él y sus hijos era la alegría mas grande de la vida de Margaret. Si un desconocido le hubiera preguntado, en cualquier momento de su matrimonio, aquel día incluido, qué le había dado a Margaret como marido, jamás se le habría ocurrido mencionar el placer de su compañía. Imaginaba que tampoco era nada descabellado, pues Margaret había decidido pasar la vida con él, pero nunca se le había ocurrido.”
Es tan sencillo y tan complicado darse cuenta de que el simple hecho de haber elegido con quien estar, de aguantar con él o con ella las calmas y las tormentas, que vendrán, es la declaración de amor más profunda que existe, aunque sea una declaración sorda que se solo se alimenta de hechos cotidianos. Hechos por los que nunca morirá de amor ningún príncipe ni ninguna princesa de cuento.

lunes, 25 de febrero de 2013

Imagina, banaliza, improvisa, arriesga

 
Una vez leí un libro que hablaba de unos ratones y un queso que no me gustó nada. Seguro que todos ya sabéis cuál es, y no, no me gustó.
 
En general, no soporto los libros de motivación y autoayuda, leo y leo y sólo me quedo con un blablabla de filosofía barata muy poco aplicable a la vida real. Y la reconozco al instante porque es muy parecida a la misma mierda que yo escribo en este blog de vez en cuando, a partir de ahora MMQYEEEBDVEC. Un servidor, la autoayuda, siempre la ha encontrado escuchando rock and roll y bebiendo un poco más de la cuenta (*), y no me ha ido tan mal.
 
A lo que voy, ese libro hablaba del miedo al cambio, que es algo que nos sucede a todos, los cambios nos aterrorizan y quien más y quien menos alguna vez ha dicho en su vida aquello de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, es muy humano. Pero si eres una persona normal, siempre serás capaz de asumir que la vida es continuo cambio y que más vale irte adaptando a las circunstancias o estás muerto. Ya lo dijo Heráclito de Éfeso: “Todo cambia, nada permanece” ( MMQYEEEBDVEC), unas de mis citas favoritas.
 
Cuando las cosas eran de color de rosa, cuando las mentiras que descubrimos hoy nos parecían verdades, igual sí que funcionaba no hacer nada, pero ahora, si no quieres asumir que las cosas cambian lo llevas más crudo que el desayuno de un esquimal. Esto es así y por eso me sorprende tanto encontrarme rodeado por personas que no saben qué hacer cuando no tienen perfectamente identificados todos los factores de la ecuación. Gente que es incapaz de improvisar, gente que es incapaz de imaginar escenarios diferentes a partir de la poca información que posee, gente completamente asustada por tener que incorporar a sus vidas el factor riesgo.
 
Y la vida es riesgo, y no pasa nada, porque además, lo más chocante, es que es esta misma gente la que se cree que todo es a vida o muerte, cuando la realidad es que la mayoría de las cosas que hacemos son banales y insignificantes, que el mundo no se termina en un error, porque el mayor error posible es no hacer nada ante la posibilidad de ser imperfectos (más MMQYEEEBDVEC). Detrás de cada decisión no tomada o delegada en los demás hay un miedo enorme al fracaso y una falta total de imaginación que lo realimenta.
 
Lo peor, es que esta gente, desde su perpetuo miedo, desde su duda, desde el bloqueo mental que les lleva a la inacción, nos arrastran con ellos como si fuesen unos zapatitos de hormigón de los que no nos podemos liberar. Son gente que lastra nuestra vida, nuestro trabajo, incluso nuestro ocio y son muy peligrosos porque en lo más profundo de su ignorancia piensan que tienen razón, que los locos somos los demás y que el mundo debería funcionar así. Yo los odio.
 
(*) Bebe con moderación, es tu responsabilidad.

sábado, 9 de febrero de 2013

Banderas que insultan a la inteligencia

 
Os prometo que cuando decidí abrir de nuevo el blog no era para pasarme el día refunfuñando, que no, que yo no soy así, que yo me río hasta de mi sombra. Pero es que, como dicen mis amigos argentinos, me llenaron las bolas estos pendejos.

Ayer volvía del trabajo cabreado porque a un miserable kilómetro de mi casa me van a montar un quilombo llamado Eurovegas, que el que lo quiera por mí que lo reclame para su pueblo a ver si aún está a tiempo de llevárselo, cuando de repente veo aparecer por el horizonte una bandera de España que hacía parecer enanos a los autobuses de la compañía de Blas & CIA (aka Blasas). Me he quedado tan flipado que casi me como a un pobre señor al incorporarme a la A5, extasiado por la presencia de 30m2 de bandera rojigualda en canal.

Al llegar a casa he mirado a cuento de qué venía esto y he encontrado este enlace del ayuntamiento http://www.ayto-alcorcon.es/portal/noticias?detalle=37303 En el nuestro Alcalde afirma sin que se le caiga la cara de vergüenza que: “el Ayuntamiento tiene por objeto reflejar el amor, el orgullo y el respeto que todos los españoles tenemos a nuestro país y a nuestros símbolos nacionales. Son muchas las ciudades, en todo el mundo, que lucen en sus calles, plazas y parques la enseña nacional y los vecinos se sienten muy orgullosos". Cierto es, por ejemplo esta bandera de Cuba que luce orgullosa en La Habana http://es.123rf.com/photo_8653083_la-habana-cuba--enero-de-2009-bandera-cubana-y-la-escultura-del-che-guevara-en-la-fachada-del-minist.html

No tengo nada en contra de nuestra bandera, ni de nuestros símbolos nacionales, al contrario, la educación que recibí en los años mal llamados de la transición (permitidme que lo escriba en minúsculas) hace que se me salte una lágrima cada vez que veo a un español subido en un podio. Así somos los rojos del siglo XXI. Por eso me toca mucho la moral que un político use trucos propios de una dictadura bananera en mi nombre. A ver, señor alcalde, yo puedo estar muy orgulloso de mi bandera, a fin de cuentas es algo íntimo y personal, pero insulta a mi inteligencia el uso que usted hace de ella, por mí se la puede meter por el recto entera, o en cómodos trapos de un metro cuadrado, incluyendo el mástil de 16m que es lo que más disfrutará.

Alcorcón, por si alguien no lo sabe, tiene una deuda de 612 millones de euros, ahí es nada, la mayoría achacables a las aventuras circenses del anterior alcalde del PSOE, el ahora senador y diputado regional Enrique Cascallana al que como dicen en mi pueblo “no le comió la mano un guarro”. Echad un vistazo al enlace, no tiene desperdicio, tenemos un circo a medio terminar a pesar de que nos sobran los payasos. Fue el mismo señor que proyectó desde la empresa municipal de la vivienda un proyecto llamado Distrito Norte en los mismos terrenos en los que ahora se va a perpetrar Eurovegas. Son tan, pero tan chapuzas que el enlace lleva años en la página del ayuntamiento que desde dos años regenta (va a ser un verbo muy de moda en Alcorcón ahora) el PP.

Hemos pasado de esto de los parques tecnológicos a los casinos, aunque es de justicia decir que los que lo prometían lo más tecnológico que habían visto en su vida es uno de los botijos que se hacían en la Calle de los Alfares. Y no me parece justo que los que somos alcorconeros desde niños tengamos que tragar por cojones con esto, que va a cambiar nuestras vidas, ojalá me equivoque, a peor. Si un par de centros comerciales de poca monta colapsan ya la ciudad no quiero imaginar qué va a suceder a partir de ahora.

Y frente a todo esto la solución es una bandera, una bandera infinita que oculta que nuestras calles cada vez están más sucias, que los ambulatorios funcionan cada vez peor y que a los colegios se les quitan la mayoría de las ayudas, este año ya he firmado más peticiones en contra de algún recorte que autógrafos Cristiano Ronaldo. Una bandera utilizada de manera vil y partidista que me parte el alma y me avergüenza tanto que me concentro en las líneas de la carretera para no mirarla cuando paso a su lado.

martes, 5 de febrero de 2013

Con la que está cayendo

Con la que está cayendo: Muletilla utilizada sin pudor para justificar cualquier tipo de tropelía, injusticia o coacción cometida al amparo de la recesión económica.

Hace tiempo, en los tiempos felices en los que ZP nos regalaba nubes de algodón de 400€, si escuchabas a alguien pronunciar esta frase y mirabas al cielo normalmente llovía. Sin embargo, ahora, si escuchas la frasecita de los cojones o estás a punto de que te la metan si no es que ya te la han metido, hasta la bola.

Con la que está cayendo es el bálsamo de Fierabrás del mal gobernante, del político corrupto, del empresario chanchullero, del jeta, del sinvergüenza y, en resumen, de todo aquel aprovechado sin escrúpulos al que no le importa sacar tajada de las penurias de los demás.

Nunca jamás cinco palabras fueron tan poderosas para justificar que alguien mangonee en lo que por derecho es tuyo. Cualquier tipo de queja o reivindicación cae inmediatamente fulminada ante tal expresión fruto del victimismo interesado, y somos tan gilipollas que las hemos asimilado y aceptado como si formaran parte del nuevo catecismo de los que no tienen derecho a tener derechos. Además las hemos aceptado como si lo que es normal ahora fuese excepcional, hasta la culpabilidad, hasta los remordimientos.

En los tiempos que corren, con la que está cayendo, cualquiera se queja de su trabajo, ¿con qué derecho?, si tienes un trabajo, aunque trabajes por un salario de miseria y hagas cada día un par de horas extras no remuneradas. Cualquiera pide un aumento de sueldo, con la que está cayendo, al contrario da gracias de que no seas tú el que tenga que pagar una indemnización a la empresa que con tanto esfuerzo se lucra por tu trabajo. Además, con la que está cayendo, es buen momento para que te manden a trabajar a un lugar exótico, pero sin rechistar, que hay millones envidiando que te pueda asaltar, violar o ametrallar un grupo armado por una dieta diaria de 30 o 40 euros.

Con la que está cayendo nos suben el IRPF y lo llaman “recargo temporal de solidaridad”, de solidaridad con los mangantes, digo yo, porque esto es como el anuncio aquel “del mar a la mesa” pero versión “de tu nomina a mi sobre”. Con la que está cayendo nos suben el IVA que es el impuesto que pagamos por sobrevivir (AKA malvivir), tengamos trabajo o no, nacionalizan el banco malo, nos suben la luz, el agua, el IBI, la gasolina, el transporte público, las matrículas universitarias, nos hacen repagar las medicinas, las muletas, las ambulancias, la quimioterapia y hasta la puta madre que los pario, con la que está cayendo.

Es asombroso el poder de esta frase que nos mantiene a todos sumisos y acojonados mientras que cuatro listos se apropian de nuestra educación, nuestra sanidad y todo aquello que nuestros mayores se ganaron con mucho esfuerzo. Ante el menor símbolo de rebelión o disconformidad, sólo hay que pronunciarla para que caiga todo su poder sobre nosotros, como una fina lluvia de pesimismo que nos diluye el ánimo y nos pellizca en el estómago hasta hacernos temblar de miedo. La puta frase de marras es la madre de la desesperanza y del inmovilismo, es lo que nos hace mirar hacia otro lado cuando la cosa no parece ir con nosotros mientras rezamos aquello de virgencita que me quede como estoy, que en el fondo no estoy tan mal, que todavía me llega para comer sin acercarme al banco de alimentos.

Porque parece que todo lo que nos sucede, todo lo que nos cae, es fruto de una maldición bíblica en la que no hay responsables pero de la que todos somos culpables, aunque no tengamos ni puñetera idea de lo que hemos hecho. Son malos tiempos, sobre todo si eres de los que simplemente aspiran a vivir con un mínimo de dignidad, pero no te atrevas a decirlo en voz alta porque te arriesgas a que el viento de responda: ¿Vivir? Optimista. Con la que está cayendo.

martes, 29 de enero de 2013

13,90 (Antes de impuestos) Homenaje a José Antonio.

Hoy mi padre me ha enseñado una carta con su sonrisa más burlona, esa misma cara de niño malo que ponemos los ML cuando se nos ocurre una maldad, sí, la misma que pongo yo pero en guapo, una carta firmada por un señor llamado José Antonio Panizo Robles del que ahora, y tras releer “ojipláticos” la carta, sólo sabemos dos cosas, a saber: es Director General del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS para los amigos), ahí es nada, y además es un cachondo mental con un sentido del humor directamente proporcional a su desvergüenza y descaro, dicho esto con respeto y cariño. Nos ha caído fenomenal al instante.

Y es que este señor, a pesar de ser un auténtico desconocido para nuestra familia, ha tenido a bien gastarse unos centimillos en enviar una carta con membrete oficial del gobierno de España, que oye eso nos tranquiliza porque está bien confirmar por escrito que en este país sigue habiendo un gobierno, aunque sea un gobierno epistolar y pistolero. Obviamente él no ha pagado ni pegado el sello, faltaría más, porque, aunque ganará una pasta gansa, jubiletas como mi padre los hay a millones, y donde escribo jubiletas vosotros leed gente sin escrúpulos que se resiste a la muerte y salen caros al estado. Total, que él ha enviado las cartas y los millones que han costado los hemos pagado entre todos, pero como el pueblo español ha votado eso libre y dramáticamente democráticamente pues bienvenidas sean las cartas.

Al grano, José Antonio, y espero que me permita la confianza ahora que nos carteamos, dice que le complace informar a mi padre de que su jefe, Mariano, le va a subir un uno por ciento la pensión, además le es grato comunicarle la nueva cuantía a percibir y ya puesto aprovecha para ofrecerle los servicios de su Instituto, el INSS. Como podéis ver, José Antonio es un tío muy majo, algo redicho pero majo, es el Papa Noel de los pensionistas, muchísimo más majo que el ministro Montoro, que además de subirle el IRPF a mi padre le ha dado otro sablazo con el IVA sin tener en cuenta que son paisanos. Y muchísimo más majo que el presidente González, el capullo de la rosa no, el del Ático de Estepona, que le ha metido inconstitucionalmente la mano a mi padre en el bolsillo aprovechando los achaques de la edad y sus inevitables visitas a la farmacia. González, devuélvenos los diez euros por receta que te hemos pagado por el morro, primer aviso.

Yo le he contado a mi padre que los jubilados quieren estar informados y tener medicinas gratis y todo a la vez no puede ser. Me ha dado una merecida colleja por mi cinismo. No le gusta a mi padre el cinismo.

El director del instituto ha pensado que era necesario, que digo necesario, que era imprescindible, que mi padre estuviera al corriente de que en el mes de enero le iban a ingresar diez eurazos más en la cuenta, ¿podéis imaginar el impacto que hubiera sido para él encontrárselos ahí de golpe y sin previo aviso dos meses después de un infarto cerebral? Tiemblo al pensarlo. Igual podría haber pensado que alguien desviaba fondos a su cuenta desde Suiza para blanquear dinero, y por ahí los ML no pasamos. Queremos lo nuestro, tal cual, que los ML somos de izquierdas, obreros y solidarios.

Por esto José Antonio es ahora el ángel custodio de nuestra familia, José Antonio es el director del instituto de mis padres, un hombre formal, con él nada nos falta. A su salud nos hemos gastado los 13,90 del aumento (antes de impuestos) en una cena a base de pan con aceite, y hemos debatido en la misma si la carta de José Antonio era humor o recochineo, porque en mi casa sabemos apreciar el humor cuando es bueno. Después hemos votado y por abrumadora mayoría ha salido que lo de José Antonio es humor, un alivio, de verdad, porque la otra alternativa sería pensar que José Antonio toma a mi padre por gilipollas, y ya ha tenido mi padre suficiente con cotizar para su pensión desde los 15 años, con criar cuatro hijos, pasándolas moradas, para mayor gloria de su paisano Montoro que ahora los despelleja vivos, con haber sobrevivido a un cáncer chungo y a un ictus como para que José Antonio le falte al respeto.

José Antonio, eres un fenómeno y un artista, nos has alegrado el día y has sobrepasado con mucho lo que esperábamos de vosotros, que era nada. Nuestra casa es tu casa, por eso, si alguna vez te ves en un apuro, no lo dudes, escríbenos, ya sabes la dirección, nos alegrará devolverte todo lo que has hecho por nosotros, aunque sea a sello revertido.