jueves, 1 de octubre de 2015

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote


En la segunda quincena de septiembre, los esforzados miembros del Club de Lectura 2.0 hemos leído “La noche en que Frankenstein leyó el Quijote”, un pequeño libro de título genial, repleto de anécdotas relacionadas con la literatura y escrito por mi admirado Santiago Posteguillo. Con esta lectura hemos completado con relativo éxito nuestro maratón estival, y yo creo que este libro, que yo mismo propuse, nos ha dejado un buen sabor de boca.

Cuando a finales del año pasado me tocó pensar en los libros que propondría al resto del club, me propuse firmemente acertar con las propuestas, y aunque mis compañeros no estarán muy de acuerdo, porque los conozco, creo que después de todo lo que hemos compartido no es tan difícil intentarlo, otra cosa es que un libro salga rana por pura mala suerte, pero aquí hemos venido a jugar, aunque no con Posteguillo, que me parece un valor seguro, del cual me he leído casi todos sus libros de romanos, tan bien escritos, tan bien documentados y tan entretenidos. Juntar esa experiencia con nuestra curiosidad lectora parecía una buena idea.

La Editorial Planeta, que publica el libro, nos dice de él lo siguiente: “¿Quién escribió las obras de Shakespeare? ¿Qué libro perseguía el KGB? ¿Qué novela ocultó Hitler? ¿Quién pensó en el orden alfabético para organizar los libros? ¿Qué autor burló al índice de libros prohibidos de la Inquisición? Estos y otros enigmas literarios encuentran respuesta en las páginas de La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, un viaje en el tiempo por la historia de la literatura universal de la mano de Santiago Posteguillo, uno de los novelistas históricos más reconocidos por la crítica y el público de los últimos años. Y un profesor de literatura…poco convencional.”

Como ya os podéis imaginar poco puedo desvelar del contenido del libro, porque sería destrozarlo, y os recomiendo con rotundidad su lectura. Dentro de él nos encontramos casi de todo, a saber, escritores que escapan a la muerte, tal cual, libros que se libran de ser destruidos e incluso personajes de ficción que por aclamación popular terminan siendo resucitados. Entre medias vemos por qué un determinado libro llamó la atención, o no, de un avispado editor, encontramos editoriales que se niegan a pagar derechos de autor pasándose de listas, escritores acusados de tener un negro a sueldo, incluso se trata, en uno de los capítulos, la historia de cómo Galdós no ganó el premio Nobel, algo que los lectores habituales de las aventuras y desventuras de nuestro club saben que nos duele, lo más curioso es que el motivo que valía hace un siglo hubiera valido hoy, así somos.

Sólo hay una cosa que le reprocho a “La noche en que Frankenstein leyó el Quijote”, y es su brevedad. Creo que despacha muchas historias en muy poco espacio, sin entrar en mucha más profundidad de lo que Posteguillo puede creer necesaria, pero me temo que no es la misma profundidad que espera un lector entregado y ávido de más detalles. Que el libro se quede en una colección de relatos para pasar cinco minutos es una auténtica pena, y ojo, yo creo que es algo muy calculado por Posteguillo, que tal vez trata de vender un producto ligero que atrape a cualquier tipo de público. Estoy seguro de que este libro se debe vender como churros como regalo socorrido en navidades y demás ocasiones.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, ¡corred a leerlas!

3 comentarios:

Carmen J. dijo...

Ya me figuraba que eras muy fan, con todos los libros que tiene de romanos. A mí no me ha molestado que las historias fueran cortas, al revés, se agradece mucho. Algunas no daban mucho de sí, y de todos modos, creo que se propone más la pincelada que el ensayo profundo, y luego cada cual que profundice si quiere. Y al final del libro, en los agradecimientos, dice que los capítulos están sacados que relatos que hizo para el periódico Las Provincias.

Bichejo dijo...

Estoy con Carmen. Para mí la brevedad de las historias ha sido un punto a favor. Si se enreda de más acabamos como con el señor que caminaba y se perdía en la retórica.

Chaly Vera dijo...

Gracias por el dato, buscare el libro