sábado, 26 de enero de 2013

El animal moribundo



Un mes más, nuestros amigos del Club de la Tortura Lectura 2.0 nos han regalado la oportunidad de disfrutar con una lectura agradable y amena, no fallan una. Desde aquí aprovecho para transmitirles mi absoluto respeto y sincera admiración.

Dicho esto, vamos al grano, al libro, que en contra de la corriente popular a mí me ha parecido muy interesante, con mucho que rascar, con mucho material para la reflexión, con mucho que matizar, motivo por el que, a partir de ahora, el que siga leyendo que lo haga bajo su propio riesgo, como mis amigos del club dicen “aquí se viene leído de casa”.

'El animal moribundo' no es un libro fácil, no es comida rápida, a veces llega a ser comida indigesta, lo admito, es carne cruda, pero casi siempre rendirse a lo formal lleva a no transmitir el verdadero mensaje que muere aplastado por lo políticamente correcto. Y en este libro, afortunadamente, nada lo es, el protagonista deja fluir sus pensamientos en primera persona sin que, aparentemente, se preocupe por lo que pensemos los demás. Por eso, cuando prescindes de lo superfluo de la historia lo que te queda es la vida, sin adornos.

En 'El animal moribundo' nos hablan de la delgada línea que separa la vida de la muerte y de la que une el amor con el sexo como realidades opuestas a la libertad y a la sumisión, disfrazada esta última como hipocresía. Todo esto se resume en esta frase: “La corrupción no es el sexo, sino lo demás. El sexo no es sólo fricción y diversión superficial. El sexo es también la venganza contra la muerte. No la olvides jamás”. Es un círculo vital, la base de todo su razonamiento.

Me resulta desgarradora la deshumanización que hace de algunas relaciones relaciones personales como la amistad o el amor, que no es considerado más que como una debilidad: “El amor te fractura, primero estás completo y luego estás partido” o una artimaña que la naturaleza para justificar el camino que lleva al sexo de una forma que parezca justificada. Esto nos lleva a la conclusión de que se hace lo que parece normal, pero no lo que un hombre haría si fuese desde el principio consciente de su libertad. El amor hace que dejes de ser un ladrón en el ámbito sexual, o como él dice “un allanador de moradas”, sin embargo para el no deja de ser una forma de robar sexo con engaños.

Por eso, al final el sexo se reduce a una actividad mercantil, es simplemente una cuestión de pagar, con tu dinero o con tu libertad, sin que el autor se permita juzgar qué es más bajo aunque da pistas. El matrimonio es un contrato que hace socialmente aceptable lo que de otra manera parece ser moralmente reprobable. 'El animal moribundo' nos habla de la delgada línea que separa la independencia de la sumisión, del compromiso y la responsabilidad del cinismo y el puritanismo, dejando de paso algún recado para aquellos que “hacen mucha gala de la religión pero carecen de humanidad”.

Todo esto nos lleva a que en un principio los personajes nos parezcan algo ficticios, de cartón piedra, hasta que vas comprendiendo sus motivos y su pensamiento, cuesta entender desde nuestro mundo de obligaciones materiales y sentimentales que el protagonista se otorgue el derecho a vivir como le dé la gana, sin atender a tabúes o clichés, libre para hacer lo que más le plazca, por encima de la contradicción hipócrita que supone que en el país de la libertad seas feliz si haces lo que se supone que es correcto, hasta tal punto que “un hombre tiene que procurarse su propio sufrimiento” para sentirse libre. Lo dice muy claro: “Quien es libre puede estar loco, ser estúpido, repelente, sufrir precisamente porque es libre, pero no es ridículo”.

Con todo esto se podrá estar de acuerdo o no, o en parte, que es lo que me pasa a mí, sin embargo el mayor valor de este libro son sus reflexiones sobre la vida y la muerte, que reflejan de una manera escalofriante mis propios miedos. Con sólo dos frases se resume todo, la primera: “En toda persona serena y razonable está oculta una segunda persona aterrada por la muerte”, la segunda: “Estamos nadando sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos sumergimos y desaparecemos”. Es así y punto profundo.

No quiero mezclar mucho aquí mis propios pensamientos con los del libro, principalmente para no dar pistas, pero la proximidad de los cuarenta permite que me dé cuenta de que el envejecimiento es algo más físico que mental, uno en su mente siempre es joven y es difícil comprender que el tiempo pasa y que cada vez es menos el que nos queda, que se llega a un punto en el que se empieza a echar cuentas de lo pasado y lo que nos queda por vivir como si la vida fuese un reloj de arena en el que el bulbo superior se va vaciando. Lo explica muy bien a través de la enfermedad de Consuelo: “Ella ya no mide el tiempo como los jóvenes, mirando atrás. El tiempo para los jóvenes siempre está constituido por lo pasado, en el caso de Consuelo el tiempo es ahora el futuro que le queda, y ella no cree tener ninguno”.

Y esto lo comprendo desde mi mediana edad, y creo que lo comprenderé si llego a la vejez, porque seguro que entonces también podré decir “no pude imaginar como era”, de la misma manera que antes no pude imaginar lo que soy ahora. Me asusta llegar a ese punto en el que “que tu vida esté en juego sea un hecho cotidiano”, porque ciertos hechos son difíciles de aceptar y es humano no hacerlo, ya lo escribe Philip Roth “uno es inmortal mientras vive” y es difícil no vivir como si este hecho no fuera verdadero. Pero lo es, y es ahí donde quiere llegar este libro, si no somos inmortales qué sentido tiene la vida y qué relevancia tienen las consecuencias de nuestros actos.

11 comentarios:

el chico de la consuelo dijo...

Chaval, los del club de los gafotas te van a dar pal pelo en cuanto te lean...bueno igual ahora no porque están lloriqueando con el "matrimonio feliz".
La cosa no es que no tenga miga como dices, sino que en mi oppinión, es un libro corto al que le sobran las tres cuartas partes.

A mi me gustó, más que la relación con la Consuelo, la relación padre hijo y la evolución de sus amantes relacionadas con cada momento histórico.
También me gustó la refeencia a la distinta concepción del tiempo que tenemos dependiendo de nuestra edad y de la ubicación geográfica...
Bueno no me lio más que ya dejé escrito lo que pensaba en mi blog

Abrazos, espero que compartamos más reseñas como okupas en la casa de los gafotas.

PS-. me comento mi primo loqueleo que está muy orgulloso de que te hayas apuntado de seguidor de su blog y que te da las gracias encarecidamente.

El niño desgraciaíto dijo...

Como gafotas titular tengo que decir que es un honor contar con comentaristas y adláteres tan culturetas como vosotros.

Y entrando en materia, me saldría un comentario demasiado largo, pero intentaré resumirlo en que creo que mucho de lo que viertes en el post, como reconoces, está dentro de ti mismo y no en el libro.

Me atrevería a decir que es un poco como la obra de teatro Arte en el que contemplan un cuadro en blanco y expresan sus pensamientos y lo que el artista quiso decir.

Creo que le otorgas más mérito del que tiene a Roth porque si, como dices, quitamos lo accesorio o el contexto y nos quedamos con la chicha nos queda una cuartilla medio vacía. Puede que me equivoque, pero creo que hay más proyección tuya en el libro que voluntad de Roth de que vieras lo que has visto.

Claro, que también puede ser que yo estuviera más obtuso de lo que acostumbro o me dejara llevar por el contexto y no entrara en la miga como lo has hecho tú.

Un post muy bueno, que lo sepas.

Newland23 dijo...

ECDLC los gafotas son buena gente y pasarán de mí, si es que llegan todos a leerme. Bueno, con ND sí que cuento, seguro.

Dicho esto, el libro en sí es muy poca cosa, posiblemente hubiera ganado mucho si todo este pensamiento lo hubiera puesto en cinco o seis folios, pero claro, también tenía el hombre el derecho a adornarlo algo. Me paso por tu blog y leo tu entrada para seguir comentando, no lo he querido hacer para no dejarme influir.

Por cierto, un abrazo para tu primo, el honor es mío :)

ND, corta y al pie, si señor. A ver, yo no sé que había en la cabeza de Philip Roth cuando escribió este libro, y sinceramente prefiero no saberlo, pero sí que es verdad que hay algo más que un lienzo en blanco. Es verdad que no todos somos sensibles a las mismas cosas, seguramente a la mayoría de la gente estas tribulaciones le parecerán un coñazo sin sentido, pero yo me he hecho las mismas preguntas mil veces, así que te doy la razón, todo esto ya estaba en mí pero seguro que a mucha otra gente le ha hecho pensar sobre el sentido de sus propias vidas, aunque sea para decir que el libro es un asco.

Y gracias por el elogio al post, un placer, nos volvemos a ver el mes que viene con el matrimonio feliz.

Explorador dijo...

No lo he leído, supongo que debería apuntarlo. Elegía y la conjura contra América me parecieron excelentes, cre que este hombre sabe hacer que una voz antigua que anida en tu interior se vea reflejada fielmente. Lo demás ya viene rodado...más o menos ;)

Un saludo :)

pseudosocióloga dijo...

Pues a mi, que ya tenía muy claro que no quería leerlo, ahora me has creado dudas....

Newland23 dijo...

Explorador, verte por aquí de nuevo hace que merezca la pena que me dedique de nuevo a juntar letras :) respecto al libro, no sé, en general lleva el pobre más pitos que palmas, creo que soy el único que lo defiendo casi incondicionalmente, te animo a leerlo y a unirte al club de los gafotas, por lo menos como jugador de banquillo.

pseudosocióloga, si es solo por mi opinión no te lo leas, mi conciencia quedaría más tranquila.

Bichejo dijo...

Yo me repito, pero es que no tengo mucho más que decir: a mí no me gustó. Y le agradezco al autor por un lado, la brevedad, y por otro que no esté mal escrito.

Pero tengo claro que Roth no es autor para mí, para empezar porque es que no me interesa nada lo que tenga que decir y menos sobre la muerte y la decrepitud y el deslumbrar a chiquillas para llevárselas a la cama. A mí me interesa más la vida y el vivirla bien, sin intensismos ni poses, que es como vive el protagonista.

Y no digas que pasamos de ti, que no es verdad, que el Consu's está muy llorón últimamente, que no te lo pegue XD

Newland23 dijo...

Bichejo, yo te entiendo, eres una de las personas menos Roth que conozco y aclaro que es un piropo. Yo soy un intenso que pasa por la vida dándose con el látigo y por eso siento empatía (¿simpatía?) por ciertos tipejos. Trato de seguir tu ejemplo para ser un poco más feliz pero a veces no me sale y recaigo. Menos mal que sé que no pasas de mí y me vas a ayudar en este trance de pasar los 40 :)

Bichejo dijo...

Lo tomo como un piropo. Y los 40 son los nuevos 30 y los festejaremos dándolo todo y matándonos a copas, como se merecen.

Carmen J. dijo...

Puedo seguirte en algunas cosas, pero hay una en la que no tanto. El protagonista es un hipocritilla y tiene los mismos prejuicios que reprocha al resto que le rodea. Cómo piensa sobre la cubana, esa secretaria, la familia de clase media alta, los cubanos ricos inmigrantes, el novio, cómo miente cuando le pillan con la otra amante... Cae en los mismos defectos y clichés que critica, uno por uno. Pero va de hombre libre, y en realidad está sujeto a los mismos prejuicios, pero de signo contrario. Es un perfecto reprimido de sí mismo.

Es curioso: los prejuicios solo funcionan hacia un lado para ser considerados prejuicios. Pasa algo parecido con el racismo: por definición, racistas solo pueden ser los blancos. Y clasistas, los ricos...

Newland23 dijo...

Carmen, te voy a dar TODA la razón. Los prejuicios funcionan así y casi todos los tenemos.

Yo los tengo, contra todo lo que me huele a dinero, contra la gente pudiente y contra las demás clases sociales que no son la mía, es decir los que no son currantes. Además de muchos otros que se mezclan con la soberbia.

Trato de enmendarme, no creas que no, pero es lo que hay.

Ahora a preparar el siguiente post del club, creo que en ese vamos a estar todos mucho más de acuerdo.