Me haces bien porque te siento cerca,
porque me cruzo contigo sin vernos y siempre me robas una sonrisa,
a veces cuando estoy triste a veces quan no tinc el dia.
Me haces bien porque somos diferentes,
porque tus ideas agrandan mi mundo y desde Madrid veo el mar
con los ojos cerrados, el cap ple de pardals.
Me haces bien porque hemos cambiado juntos,
porque hemos llorado por cosas parecidas y ya no queremos llorar
salvo por chistes tontos y cosas bonitas que ens agraden més.
Me haces bien porque no nos necesitamos,
porque hemos elegido ser amigos sin esperar nada a cambio
y sin embargo nos damos tot el que ens podem donar.
Me haces bien porque te quiero,
porque el día que nos conocimos eras de verdad y lo sigues siendo
pese a la distancia, que no es el olvido si no vols oblidar.
AVISO A NAVEGANTES: Si crees que me conoces no sigas leyendo, seguramente habré logrado engañarte. Si la curiosidad te vence, pues nada, encantado de haberte conocido porque yo soy así. Si no me conoces... ¿seguro que no tienes algo más interesante que hacer?
domingo, 31 de diciembre de 2017
jueves, 1 de octubre de 2015
La noche en que Frankenstein leyó el Quijote
En
la segunda quincena de septiembre, los esforzados miembros del
Club
de Lectura 2.0
hemos leído “La noche en que Frankenstein leyó el Quijote”, un
pequeño libro de título genial, repleto de anécdotas relacionadas
con la literatura y escrito por mi admirado Santiago
Posteguillo. Con esta lectura hemos completado con relativo éxito
nuestro maratón estival, y yo creo que este libro, que yo mismo
propuse, nos ha dejado un buen sabor de boca.
Cuando
a finales del año pasado me tocó pensar en los libros que
propondría al resto del club, me propuse firmemente acertar con las
propuestas, y aunque mis compañeros no estarán muy de acuerdo,
porque los conozco, creo que después de todo lo que hemos compartido no es tan difícil intentarlo, otra cosa es que un libro salga rana
por pura mala suerte, pero aquí hemos venido a jugar, aunque no con
Posteguillo, que me parece un valor seguro, del cual me he leído
casi todos sus libros de romanos, tan bien escritos, tan bien
documentados y tan entretenidos. Juntar esa experiencia con nuestra
curiosidad lectora parecía una buena idea.
La
Editorial Planeta, que publica el libro, nos dice de él lo
siguiente: “¿Quién escribió las obras de Shakespeare? ¿Qué
libro perseguía el KGB? ¿Qué novela ocultó Hitler? ¿Quién pensó
en el orden alfabético para organizar los libros? ¿Qué autor burló
al índice de libros prohibidos de la Inquisición? Estos y otros
enigmas literarios encuentran respuesta en las páginas de La noche
en que Frankenstein leyó el Quijote, un viaje en el tiempo por la
historia de la literatura universal de la mano de Santiago
Posteguillo, uno de los novelistas históricos más reconocidos por
la crítica y el público de los últimos años. Y un profesor de
literatura…poco convencional.”
Como
ya os podéis imaginar poco puedo desvelar del contenido del libro,
porque sería destrozarlo, y os recomiendo con rotundidad su lectura.
Dentro de él nos encontramos casi de todo, a saber, escritores que
escapan a la muerte, tal cual, libros que se libran de ser destruidos
e incluso personajes de ficción que por aclamación popular terminan
siendo resucitados. Entre medias vemos por qué un determinado libro
llamó la atención, o no, de un avispado editor, encontramos
editoriales que se niegan a pagar derechos de autor pasándose de
listas, escritores acusados de tener un negro a sueldo, incluso se
trata, en uno de los capítulos, la historia de cómo Galdós no ganó
el premio Nobel, algo que los lectores habituales de las aventuras y
desventuras de nuestro club saben que nos duele, lo más curioso es
que el motivo que valía hace un siglo hubiera valido hoy, así
somos.
Sólo
hay una cosa que le reprocho a “La
noche en que Frankenstein leyó el Quijote”, y es su
brevedad. Creo que despacha muchas historias en muy poco espacio, sin
entrar en mucha más profundidad de lo que Posteguillo puede creer
necesaria, pero me temo que no es la misma profundidad que espera un
lector entregado y ávido de más detalles. Que el libro se quede en
una colección de relatos para pasar cinco minutos es una auténtica
pena, y ojo, yo creo que es algo muy calculado por Posteguillo, que
tal vez trata de vender un producto ligero que atrape a cualquier
tipo de público. Estoy seguro de que este libro se debe vender como
churros como regalo socorrido en navidades y demás ocasiones.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo, ¡corred a leerlas!
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miércoles, 16 de septiembre de 2015
El país imaginado
Esta
primera quincena de septiembre, los maratonianos miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “El país imaginado”, una novela
del escritor argentino Eduardo Berti a propuesta de Carmen. Se trata
de una novela corta ganadora del premio Premio Las Américas en la
que el autor, con muchísima valentía, nos sitúa en la China de
comienzos del siglo XX. Es el segundo libro del club, el primero fue
“El imperio del sol”, que nos traslada al lejano oriente,
concretamente a esa China de entreguerras, en su caso con el Japón,
que vive entre el ocaso del imperialismo y la llegada de Mao, y cuya
lectura no solo nos traslada en el espacio, sino que también nos
traslada en el tiempo y, sobre todo, nos lleva a un modo de ver la
vida muy diferente del que nuestros occidentales ojos están
acostumbrados a observar.
La
editorial Impedimenta nos hace esta introducción del libro: “Animada
por el melancólico encanto de la niñez que se escapa, impulsada por
la fina exquisitez de su tono narrativo, El país imaginado traza una
elegante fábula acerca de la memoria y las oportunidades perdidas.
Imbuida de una atmósfera mágica, de delicados elementos que
prefiguran lo que ha de ser el país imaginado, esta bella historia
nos traslada a una China de principios del siglo XX repleta de
fantasmas, de bodas entre vivos y muertos, de supersticiones y ritos
ancestrales. En medio de todo ello se encuentra la protagonista, una
joven que vive atemorizada por el compromiso nupcial que para ella
desean pactar sus padres y que, mientras, solo tiene ojos para la
hija de un vendedor de pájaros ciego, la hermosísima Xiaomei, con
quien inicia una tímida relación de amistad y dependencia. En sus
citas en el parque al que los ancianos van a pasear a sus pájaros,
las dos descubren la importancia de lo que se cuenta y de lo que no,
de la lealtad y de la belleza, con todo su poder para huir de los
abismos abiertos por los demás.”.
Me
parece una descripción tan fantástica que poco más puedo hacer
para mejorarla. Está claro que, cuando nos ponemos delante de esta
historia, uno piensa al momento que el país imaginado es la propia
visión del autor sobre un rincón del mundo tan distante y tan
diferente, y en parte es así, pero cuando uno lee el libro la visión
cambia, pasando a ser ese país imaginario un mundo que vive a
caballo entre la realidad y la fantasía, que va y viene del mundo de
los vivos y del de los muertos, que flota entre cuentos, mitos y
supersticiones y que, al mezclarlo, conforma una realidad frágil y
difusa en la que queda mucho espacio tanto para los sentimientos como
para su silencio.
“El
país imaginado” es una pequeña joya que va atrapando sin
estridencias, de forma progresiva y suave, superando uno tras otro
todos los prejuicios que se pudieran tener antes de comenzar su
lectura. Y lo digo de primera mano, porque nada bueno podía esperar
de un escritor argentino que no sólo nos cuenta una historia de un
mundo que en teoría le debería ser ajeno, es que además tiene el
valor de hacerlo narrando en primera persona con un personaje
adolescente y femenino, dando un triple salto mortal tan arriesgado
como cargado de éxito. Porque es capaz de ponernos en el pellejo de
los personajes, que son a la vez tan creíbles como increíbles,
llenos de sentimientos tan profundos como reprimidos, que es, tal
vez, la peculiaridad de ese mundo oriental del que solemos sentirnos
tan distanciados.
Eduardo
Berti va mucho más allá de todo esto y hace que lleguemos a ver el
alma de unos personajes que a cada página nos parecen más parecidos
a nosotros y mucho más humanos, y todo esto sin salirse nunca del
filo que separa nuestros mundos, sin salirse jamas de un hechizo que
por momentos me ha recordado a otras historias llenas de fantasía de
la literatura iberoamericana, de la que no me cabe duda habrá bebido
el escritor. “El país imaginado” es un libro en el que los
detalles importan, en el que la belleza importa, que deja un regusto
lleno de melancolía pero que al terminarlo sabe a poco porque uno
quisiera prolongar su estancia en ese mundo que tal vez ya no exista,
que tal vez jamás haya existido.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
y esta vez no estoy en condiciones de presuponer qué opinión
tendrán del libro, así que haced como yo y corred a leerlas.
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martes, 1 de septiembre de 2015
Vestido de novia

En
la segunda quincena de agosto, los veraneantes miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “Vestido de novia” una novela
negra (que ahora todo el mundo llama thriller) escrita por Pierre
Lemaitre. He sido yo mismo el que la ha propuesto y el motivo es muy
sencillo. El año pasado, en mi afán por ir avanzando un poco en la
literatura francesa actual, me leí “Nos vemos allá arriba”,
ganadora del prestigioso Prix Goncourt en el 2013, que me gustó
mucho. Por eso me pareció buena idea repetir el autor y hacerlo en
el club, porque contaba con alguna buena referencia más de Carmen a
la que había gustado otra de sus novelas llamada Alex, que sin duda
leeré antes de que pase mucho tiempo.
Con
esto de los libros del club uno siempre duda de sí va a acertar o
no, sin ir más lejos el año pasado, en mi periplo francés, elegí
“La posibilidad de una isla” del tan aclamado Houellebecq y todos
sabemos cómo terminó, con deseo de arrancarme los ojos durante su
lectura y con un estupendo premio limón que ensucia mi buen gusto
literario. Pero este año creo que no va a ser así y preveo que
este libro, sin ser posiblemente lo mejor que hemos leído, va a ser
uno de los firmes candidatos al premio naranja de 2015, y si no al
tiempo.
La
Editorial Alfaguara, que publica la novela, hace la siguiente
sinapsis: “Sophie Duguet no entiende qué le sucede: pierde
objetos, olvida situaciones, es detenida en un supermercado por
pequeños robos que no recuerda haber cometido. Y los cadáveres
comienzan a acumularse a su alrededor...
Y
ya no podemos desvelar nada más de este thriller para así mantener
intacto el escalofriante placer de la lectura y la adictiva búsqueda
de la verdad por parte del lector.”
Efectivamente
hacen bien no desvelar nada más de la trama del libro, porque según
el libro avanza se vuelve cada vez más imprevista o sorprendente, al
menos para mí que ni soy tan sagaz como un Arsenio Lupin ni gozo de
las dotes detectivescas de un Sherlock Holmes. La pena es que
sorprendente no sea sinónimo de creíble, porque si lo fuera
estaríamos hablando de una obra maestra y yo creo que “Vestido de
novia”, al contrario de “Nos vemos allá arriba”, no lo es.
Lemaitre divide la novela en tres partes, de las cuales la primera,
que yo creo que es la mejor, tiene un ritmo que te deja sin aliento y
con ganas de leer en todo momento una página más. Pero esa primera
parte se corta bruscamente y es engullida, como si de unas muñecas
rusas se tratara, por una segunda, y ya no es lo mismo.
Porque
una vez recuperados de la sorpresa inicial de esta segunda parte, nos
damos cuenta de que el libro ha descendido un par de peldaños y de
que a la historia se le empiezan a ver las costuras. Eso no impide
que el lector quiera saber cómo va a terminar la misma, pero ya no
se fía porque casi todo suena demasiado forzado y difícil de
encajar, lo cual redunda en un intento de explicar y atar cada cabo
suelto que afecta de forma grave al ritmo de la novela. Más tarde,
en la tercera parte, la trama vuelve a recuperar parte del ritmo que
se había perdido, hasta llegar a un final que resuelve todas las
dudas planteadas y que, a pesar de su sordidez, está mucho más
cerca de un final feliz para Sophie de lo que jamás habríamos
imaginado.
A
pesar de que la reseña pueda indicar otra cosa, creo que “Vestido
de novia” cumple con su cometido de intrigar al lector durante todo
el libro, por lo cual recomiendo su lectura. De hecho, a pesar de que
no hayamos tenido hasta ahora un gran año lector, pienso que es lo
más entretenido de este año, además de ser un libro impecablemente
escrito, algo que aquí nunca damos por hecho jamás.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
como siempre ¡corred a leerlas!
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martes, 18 de agosto de 2015
El lugar más feliz del mundo

En
la primera quincena de agosto, los desperdigados miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “El lugar más feliz del mundo”
un libro escrito por el periodista David Jiménez, flamante nuevo
director del diario El Mundo, en el que nos cuenta una serie de
historias que ha presenciado durante los quince años en los que fue
corresponsal de este mismo periódico en Asia. Es un buen libro, lo
digo para que no quede duda tras leer mi reseña o por si algún
incauto se fía de mi palabra pero no quier leer más. De hecho, si
no conociese al escritor y su nuevo cargo, estaría encantado con el
libro y con su autor, que es capaz de bajar a muchos infiernos para
hacernos partícipes de un sufrimiento sin afán de sensacionalismo,
simplemente para hacernos partícipes y conocedores de lo que esos
remotos lugares está pasando, en parte como denuncia, en parte para
honrar a esos personajes anónimos cuyos gestos merecen ser
conocidos, en parte para remover nuestras conciencias occidentales
que son como la copla de María de la O: “desgraciaita teniéndolo
tó”.
La
Editorial Kailas, que publica el libro, nos hace este resumen del
mismo: “David Jiménez vuelve al reporterismo literario que ha
convertido su libro Hijos del monzón en un éxito internacional y
nos traslada con sus crónicas a un mundo de paraísos perdidos,
guerras olvidadas, héroes improbables y lugares marcados por los
extremos de la condición humana, sus luces y sombras. El lugar más
feliz del mundo es como el dictador de Corea del Norte describe la
más brutal y despótica tiranía de nuestro tiempo. También es una
de las paradas del corresponsal de El Mundo en un viaje que le lleva
a adentrarse en la prisión camboyana donde cumplen condena los
pederastas más peligrosos, ser testigo de la llegada de la
televisión al reino de Bután, acompañar a un grupo de mafiosos
yakuza en su intento de abandonar el hampa o permanecer en la
desierta ciudad de Fukushima tras el accidente nuclear que mantuvo al
mundo en vilo. Y es a menudo en mitad de la oscuridad, en lugares
tomados por la desesperanza, donde el autor encuentra a los
personajes más fascinantes, las situaciones más humanas y los actos
de coraje capaces de hacernos creer en un mundo mejor. Ensalzado como
el Kapuscinski español, David Jiménez reúne en este libro el
manual definitivo sobre el periodismo de reportajes, una excepcional
radiografía sobre la condición humana y un recorrido vital de 15
años en busca de un destino que a menudo está más cerca de lo que
pensamos: El lugar más feliz del mundo.”
El
libro es tal y como lo describe la editorial, a lo que yo añadiría
que no está falto de calidad literaria, porque David Jiménez es un
narrador de historias bien escritas, lo cual es muy de agradecer
porque cuando algo está bien escrito hace que el contenido se
realce, de hecho la buena escritura es como los buenos árbitros de
fútbol, que cuanto mejor es más desapercibida pasa. Sin embargo el
contenido del libro no puede pasar desapercibido porque cada historia
te encoge el corazón, y no porque el periodista utilice de forma
tramposa trucos sórdidos, al contrario, las historias son
excepcionales porque en todas y cada una de ellas vemos a los seres
humanos que las protagonizan, sin que el autor nos empuje a tomar
partido por causa alguna que no sea la realidad cruda de los hechos,
porque es tal vez la mayor virtud del libro ese no tomar partido por
nadie de antemano, no contar historias de buenos y malos, quedando
claro que la bondad y la maldad existen, pero casi siempre no como
algo dogmático, sino más bien como algo inevitable y consustancial
al ser humano.
Quien
después de leer esto crea que David Jiménez no se involucra en las
historias que cuenta se equivoca, porque precisamente hay que estar
muy decidido a contar una historia para dar voz a todas las partes de
la misma, porque tal vez sea más fácil caer en la tentación de no
hacerlo, de ir por la vía fácil pero mucho menos honesta, y eso a
mí me parece muy difícil de hacer. Lo mismo que es muy difícil
hacer sentir la desolación del que ha perdido todo, la desesperación
del que lucha con sus propias manos desnuda una guerra que nunca
podrá ganar, la esperanza del que cree que es posible un mundo mejor
sólo con la suma de pequeños o grandes actos. Todo ello pasado por
un prisma oriental que nos hace difícil entenderlo, tan desconocido
que nos sorprendemos a cada página, tan abrumador cuando eres
consciente de que esa gente, que nos parece tan alejada de nuestra
realidad, abarca a dos tercios de la humanidad y de que este
porcentaje año tras año va creciendo.
Sin
embargo, me queda un resquemor que, para ser justos, no tiene que ver
con el libro sino con su autor. David Jiménez siempre llevó a gala
su pasión por el oficio del reportero, con integridad y con
independencia, y es fácil encontrar entrevistas
con motivo de la publicación del libro en las que habla de ello
abiertamente y en las que parece rechazar un futuro inmediato al
abrigo de una redacción, porque no es su sitio, por estar alejado
del poder político y, de repente, director de El Mundo, con una
línea editorial muy clara que no se ha movido ni un milímetro desde
su llegada, que da portadas por filias y fobias y que no rehúsa a
utilizar cuando lo cree necesario un titular tendencioso o
sensacionalista. Y esto me hace dudar de todo lo que escrito en los
primeros párrafos, lo siento.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
como siempre ¡corred a leerlas!
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sábado, 1 de agosto de 2015
La fiesta de la insignificancia

En
la segunda quincena de este mes, los acalorados miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “La fiesta de la insignificancia”
a propuesta de ND, una novela corta escrita por Milan Kundera, uno de
esos escritores cuya sola mención impone cierto aura de respeto y
una promesa de trascendencia sobre lo vulgar y cotidiano.
Desafortunadamente, esta novela, o lo que sea (porque ND en su lucha
contra la novela nos lleva por un camino de mezcla estrambótica), es
tan insignificante (valga la redundancia) que cuando vas a comenzar a
bostezar ya la has terminado, lo cual es muy de agradecer en un libro
que se tuerce porque, como hemos dicho tantas veces, la vida es
demasiado corta y hay muchos buenos libros esperándonos.
Tusquets
Editores, que publica la novela, nos hace esta sinopsis: “Proyectar
una luz sobre los problemas más serios y a la vez no pronunciar una
sola frase seria, estar fascinado por la realidad del mundo
contemporáneo y a la vez evitar todo realismo, así es La fiesta de
la insignificancia. Quien conozca los libros anteriores de Kundera
sabe que no son en absoluto inesperadas en él las ganas de
incorporar en una novela algo «no serio». En La inmortalidad,
Goethe y Hemingway pasean juntos durante muchos capítulos, charlan y
se lo pasan bien. Y en La lentitud, Vera, la esposa del autor, dice a
su marido: «Tú me has dicho muchas veces que un día escribirías
una novela en la que no habría ninguna palabra seria… Te lo
advierto: ve con cuidado: tus enemigos acechan». Pero, en lugar de
ir con cuidado, Kundera realiza por fin plenamente en esta novela su
viejo sueño estético, que así puede verse como un sorprendente
resumen de toda su obra. Menudo resumen. Menudo epílogo. Menuda risa
inspirada en nuestra época, que es cómica porque ha perdido todo su
sentido del humor. ¿Qué puede aún decirse? Nada. ¡Lean!”
Y
uno va y lee, y piensa que se va a encontrar ante un festival del
humor digno de los dioses y como mucho de unos pocos héroes, y
claro, parece que un servidor, mortal ingeniero, no es lo
suficientemente intelectual y sofisticado como para carcajearse con
la fina ironía del señor Kundera, que la tiene, pero que a mí me
deja tan frío como la esperanza de que algún día llegará el mes
de Febrero. Pero lo peor no es pensar que el escritor ha decidido
gastarnos una pequeña broma a sus 85 años, llevando a término lo
que dice el refranero respecto a nuestros últimos días de nuestra
existencia y un convento, que va, lo peor es que uno se queda con la
duda de si es un zote y no entiende nada. Y esa duda lleva a una
cierta angustia existencial que se ve muy acentuada cuando, buscando
auxilio en otros lectores zozobrados, se leen las crónicas y reseñas
publicadas el año pasado con motivo de la edición en castellano del
libro.
Porque
si nos quedamos con esas opiniones nos encontramos con “un
minúsculo tratado encubierto de ética y descreimiento”, “una
magnífica comedia que nos deslumbra con su exaltación de la vida y
su ironía sobre las diferentes facetas del ser humano, que ama sin
saber por qué, desea sin entender qué le mueve y espera sin
albergar ninguna certeza”, “un
digno entretenimiento vodevilesco-surrealista con algún que otro
disparo con bala a la sociedad moderna”, “una
desenfadada y espléndida composición en forma de fuga que se nutre
de las más sutiles variaciones en torno al tema que da título al
libro”. Y yo todo eso no lo veo, por más que me esfuerzo, por
mucho que cavilo no consigo que ese puñado de páginas, de escritura
tan impecable como intrascendente, puedan ser un tratado de nada, ni
una exaltación de la vida y mucho menos una crítica de la sociedad
moderna, sobre todo porque la sociedad de la que habla Kundera, la
sociedad en la que él ha vivido, lleva bastante tiempo muerta.
Sin
embargo, al margen de la sociedad en la que uno ha tenido la tenido
la fortuna de nacer y vivir que, por cierto, es uno de los hechos
insignificantes de los que nos habla Kundera, el libro sí que nos
pone en frente de ciertos temas que son universales aunque, en mi
opinión, sin entrar a fondo en ellos. Se ironiza sobre la tiranía,
la injusticia, el perdón, la amistad, la existencia, la muerte, la
enfermedad, la sexualidad, las moralidad, con leves pinceladas de
pretendido humor pero dejando la mayor parte de la reflexión en el
lado del lector, por eso digo que nunca podemos estar hablando de un
tratado, más bien hablaríamos de un recuento de poca monta, del
atraco de un editor o de un puedo y no quiero.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
y espero que os dejen mejor sabor de boca que la mía, ya sabéis
¡corred a leerlas!
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jueves, 16 de julio de 2015
De brillante porvenir
Este
mes, los descerebrados (esto lo explicaré a continuación) miembros
del Club de
Lectura 2.0, hemos leído, y es un decir, “De brillante
porvenir”, una novela de John Dos Passos. Digo que somos
descerebrados porque, en un momento de exaltación de nuestra
voluntad lectora, decidimos que durante los meses de verano si no
queríamos caldo pues dos tazas, que si somos cinco y propusimos tres
libros cada uno era una pena dejar tres fuera de la programación
tras el tradicional sorteo. Y así nos vemos, no conformes con irnos
arrastrando por el fango lector ahora leyendo a la carrera y
reseñando cada quince días. Vamos de mal en peor.
“De
brillante porvenir” intuyo que es una obra menor de un Dos Passos
que, según dicen los que saben de esto, ya había dado lo mejor de
su obra en Manhattan Transfer y la trilogía U.S.A. En mi juventud
recuerdo haber leído Manhattan Transfer en una edición antiquísima
que rondaba por casa, imagino que esta edición sería prima hermana
que la que me ha prestado Carmen de Alianza Editorial publicada en
1973 y que era de su padre. Hemos tenido que ir recurriendo al
préstamo del libro en papel porque no hemos encontrado una edición
digital del mismo, y es una pena, porque cada día me es más difícil
e incómodo leer en papel, y yo amo a mis libros en papel, pero de
forma platónica y nada más. Queda hacia ellos el mayor de los
cariños pero creo que recurriré al libro electrónico cuando quiera
tener sexo.
Dicha
esta barbaridad, comenzaré a reseñar el libro sin entrar en muchos
detalles de la trama para no destriparlo, aunque total, podría
fotocopiarlo y ponerlo aquí que no creo que nadie tuviera el valor
de leerlo. Y tampoco es para tanto, porque yo creo que “De
brillante porvenir” es un libro que, si tienes la mala suerte de
cruzarte con él, al menos no se puede considerar una total pérdida
de tiempo, a pesar de que en ciertos momentos coquetea peligrosamente
con el aburrimiento. Porque he de admitir que Dos Passos no es la
alegría de la huerta, tiene una prosa poco colorista, sobria, seca
como un verano manchego. Probablemente sea una forma de escribir muy
cuidada para no dar concesión alguna a cualquier detalle que nos
aparte del argumento, para plasmar ese mundo sórdido en el que viven
sus protagonistas de la forma más descarnada posible, para no dar
lugar a dobles interpretaciones, para que no nos dejemos llevar mucho
por los sentimientos.
“De
brillante porvenir” nos cuenta diferentes etapas de la vida de Jed
Morris, el protagonista, un juntaletras ingenioso que, según he
leído, tiene mucho de autobiográfico para Dos Passos. La novela
tiene tres partes bien diferentes, en la primera Morris es periodista
en un Marruecos convulso en el que vive extrañas aventuras, en la
segunda es escritor teatral de poco éxito en Nueva York y en la
tercera cruza todo el país para trabajar como guionista de éxito en
Hollywood. Todo ello transcurre en paralelo a su pertenencia
semiclandestina en un partido comunista que trata, con relativo
éxito, de infiltrarse en el mundo cultural estadounidense. Esto da
mucho juego para dibujar un personaje que comienza siendo pobre e
idealista y termina siendo pudiente y mucho más receloso con un
partido que le tiene atrapado, para el que trabaja filtrando ideas
que promuevan la revolución y del que en cierto momento se plantea
salir, sin mucho éxito.
Dos
Passos, que parece ser que recorrió este camino ideológico,
aprovecha el libro para satirizar a los oscuros personajes que forman
el partido, ajusta cuentas con su doble moral, y los presenta como
pérfidos y decadentes. A mí me interesa porque me vale como una
pieza más del puzzle que trato de ir montando sobre la sociedad
norteamericana del siglo pasado, a la que tanto había dado de lado
en mi vida y que cada día me fascina más, sobre todo por esa mezcla
de poder e ingenuidad propias de un adolescente que comienza a darse
cuenta de que ya no es un niño. “De brillante porvenir” retrata
con frialdad un episodio que fue real y que culminó en la caza de
brujas que fue el Macarthismo, aunque no llega a nombrarlo, pero sí
que nos pone delante de un mundo cruel de gente sin escrúpulos y
agentes dobles para los que el fin justifica los medios. Y si no que
se lo pregunten a Jed Morris.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
(o no reseñas) de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
corred a leerlas.
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miércoles, 1 de julio de 2015
Honrarás a tu padre

Este mes,
los indisciplinados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído, o no, “Honrarás a tu padre”, un
ensayo muy novelado, o una novela muy ensayada, escrita por un periodista
llamado Gay Talese. El libro nos cuenta la historia de una de las cinco
familias neoyorquinas de la Mafia, la familia Bonanno, desde su auge en los
años de la prohibición hasta su declive a finales de los años sesenta. Este
señor convivió durante unos años con algunos de los miembros de la familia,
especialmente con el hijo del primer capo, Bill Bonanno, de manera que es capaz
de narrar por primera vez una historia de no ficción sobre la Mafia en la que los
hechos son reales y los personajes son de carne y hueso.
La
editorial Alfaguara nos hace este resumen del libro: “Inmediatamente después de
su publicación, en 1971, Honrarás a tu padre se convirtió en un bestseller y
fue llevado a la pantalla televisiva en miniseries de la CBS; luego inspiraría
Los Soprano. El primer libro de no ficción que desveló los secretos de la Mafia
y puso en jaque la vida de su autor, quien viajó a Sicilia y se infiltró en la
intimidad de los Bonanno durante seis años. Ningún otro libro ha contribuido
tanto a desvelar los secretos,la estructura, las luchas de poder, las vidas
familiares y las personalidades fascinantes y aterradoras de la
mafia,organización que, como demuestra el éxito de Gomorra,despierta un gran
interés entre los lectores.Se trata del primer gran éxito de Gay Talese, un
libro que marcó toda su trayectoria y un hito en la aplicación de las técnicas
del Nuevo Periodismo, revisado y actualizado por el autor..”
Cuando
comencé a leer el libro, y llevado por la poca información que de él tenía, me
imaginaba que Guy Talese era un señor que llegó de verdad a estar infiltrado en
la Mafia, pero como bien dice el resumen lo que hizo fue infiltrarse en su
intimidad, vamos, que le dejaron comer con ellos algunas veces y les contaron
su historia de primera mano, lo cual es una infiltración consentida y
colaborativa de la que nace un libro muy distinto a otros que giran sobre el
mismo tema que yo haya leído, especialmente de “El Padrino”, a pesar de que
cualquier referencia que se busque del libro ligue de alguna forma el uno al
otro.
Porque
“Honrarás a tu padre” es una historia vista desde dentro en la que hay una
implicación sentimental del escritor evidente con la familia Bonanno, que no da
detalles muy truculentos de las operaciones de los Mafiosos, que parecen
simplemente unos hombres de negocios con unas actividades que están fuera o en
los límites de la ley. Por eso quien vaya al libro buscando escenas
estremecedoras y cabezas de caballo cercenadas no las va a encontrar. El libro
nos habla más de la parte organizativa y digamos que política de la banda, de
su día a día, de las relaciones entre bandas, de las relaciones con el poder y
con la policía, pero sobre todo nos habla del día a día lleno de problemas y
contradicciones de unos individuos atrapados en un mundo paralelo al de los
demás al que se entra prácticamente por nacimiento y del que es prácticamente imposible
salir.
“Honrarás
a tu padre” tiene esa virtud, que sobre todo habla de personas por encima del
colectivo, aunque al hablar de ellas va formando un puzle que tal vez ofrece
una imagen más completa del conjunto que si hubiera reunido a todos y les
hubiera sacado una fotografía. Tiene la gran virtud de que a pesar de empatizar
claramente con los miembros de la familia es capaz de tomar cierta distancia y
no hacer una historia de buenos y malos, de no juzgar ni para bien y para mal,
además es capaz de dar los diferentes enfoques de cada protagonista, enfrentándolos
y poniéndolos bajo la perspectiva de los demás, algo que realmente me ha
gustado del libro.
“Honraras
a tu padre” no es un libro ligero pero creo que es una buena lectura de verano,
así que animo a quien quiera tener una visión real de lo que fue la Mafia
norteamericana durante el siglo pasado a que lo lea. Como siempre, encontraréis
otras opiniones en las reseñas (o no reseñas) de Desgraciaíto, Carmen, Paula y Bichejo, corred a leerlas.
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Club de lectura 2.0
jueves, 25 de junio de 2015
Para Paula
Hoy es un día muy especial, Paula cumple 40 años y sus compañeros del Club
de Lectura hemos decidido que un acontecimiento tan importante merece escribirle
un post para que sepa cuanto la queremos. Esta frase en sí misma no significa mucho,
porque podría ser prácticamente nada, pero no, como creo que ella ya se imagina
la queremos un montón, la queremos como dice la canción, con la fuerza de los
mares y el ímpetu del viento, porque a Paula hay que quererla así, a lo loco,
dándolo todo, como lo hace ella, que menos.
Conocí a Paula porque es amiga de Bichejo, por entonces se hacía llamar
Livia y claro, no podía pasar desapercibida para alguien que sea muy de romanos.
Creo que rompimos el hielo jugando al Apalabrados, aunque debería decir que la
que jugaba era ella porque admito con cierto bochorno que es una de las pocas
personas a las que no he podido ganar NUNCA, y juro que yo no soy manco, pero
nada. Es más, una vez cuando estaba a punto de conseguirlo va y se le ocurre
hacerme una jugada de cien puntos en la última jugada, y no sería sincero si no
admitiese que en ese momento la hubiera estrangulado con mis propias manos.
Menos mal que no lo hice.
Después vino el club, y a pesar de todo lo que penamos leyendo el club es
algo maravilloso, es tan maravilloso que preferimos penar a pasar página, y es
tan maravilloso porque además de la pasión por leer nos une una fuerza
invisible que nace del cariño, y aunque Carmen me tilde de cursi, que lo soy,
en el club hay mucho cariño y mucho respeto por los demás, algo que forma parte
de las amistades que vas haciendo cuando eres adulto, porque sin respeto no hay
amistad, o como diría alguno de mis compañeros “si no hay mata no hay patata”.
También hay en el club una parte que
nos lleva a aprender de los demás, porque yo quisiera tener el buen gusto y la
templanza de Jorge, la capacidad crítica de Carmen, la vitalidad y entusiasmo
de Bichejo y los conocimientos de literatura de Paula, algo que tal vez me convertiría
en alguna especie de súper-héroe lector. Curiosamente Paula nos ha llevado por
caminos muy tortuosos, caminos que al principio corrían paralelos a la
cordillera de los Andes y más allá, y ahí ha habido mucho dolor, bueno,
prácticamente el mismo dolor que hemos pasado en otros continentes, y lo peor
no era leer el libro y ya, no, de eso nada, lo peor era encima leer su reseña,
pulcra y razonada, descubriendo mil matices que a mí se me habían pasado y que
me hacían sentir como un vendedor de crecepelo a la puerta de una asociación de
calvos.
Pero todo esto es anecdótico, lo importante de Paula es que una vez que
formas parte de tu mundo te hace sentir que eres importante para ella, pero de
verdad, porque notas que te abre su corazón y hasta su casa. Me encanta que sea
así, y me encanta que sea arrebatada e impetuosa defendiendo sus opiniones, las
cuales comparto CASI siempre; admiro su capacidad de lucha y que no exista
trinchera suficientemente profunda que no pueda asaltar cuando cree que la
causa es justa. Me parto de la risa o me acongojo cada vez que nos enfrenta al
abismo del mundo cucú, un mundo chungo al que hay que derrotar poniéndole
delante el espejo de su propia estupidez, y eso Paula lo hace como nadie,
aunque me tenga siempre en vilo pendiente de si con tanto arrojo un día se pasa
de frenada.
Paula cumple hoy 40 y está radiante, y yo, que ya he pasado por ahí, creo
que es un momento estupendo de la vida, y más si como ella afrontas una
maternidad que nos hace felices a los que la queremos, a los que esperamos que
ya no salga de nuestra vida y que podamos ver como educa a su hijo feliz y lejos
de la estupidez. Paula se merece que la quieran y post mucho mejores que éste
para demostrárselo, aunque espero estar demostrándoselo con algo más que con
palabras. Feliz cumpleaños Paula, de mi parte y de mi pequeña familia, te
queremos.
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Onomásticas
lunes, 1 de junio de 2015
La isla de los pingüinos

Este
mes, los ya casi ex-miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “La isla de los pingüinos”, una
novela satírica escrita nada más y nada menos que por un premio
Nobel, Anatole France,
a propuesta de Paula. Si se creía Anatole que eso ablandaría
nuestros corazones estaba apañado, porque aquí hemos venido a odiar
y nosotros odiamos con la fuerza de los mares, nosotros odiamos con
el ímpetu del viento, nosotros odiamos en la distancia y en el
tiempo, nosotros odiamos con nuestra alma y con nuestra carne,
nosotros odiamos como el niño a su mañana, nosotros odiamos como el
hombre a su recuerdo, nosotros odiamos a puro grito y en silencio,
nosotros odiamos de una forma sobrehumana, nosotros odiamos en la
alegría y en el llanto, nosotros odiamos en el peligro y en la
calma, nosotros odiamos cuando gritas cuando callas, nosotros
odiamos tanto, nosotros, nosotros odiamos tanto.
La
editorial nos hace este resumen
del libro: “En esta parodia de la historia de la civilización.
Anatole France ha elegido como protagonista a un animal gracioso y
endomingado que recuerda a la caricatura de los burgueses de finales
del XIX y principios del XX: los pingüinos. La isla de los pingüinos
arranca con un episodio hilarante: el bautizo por error, a cargo de
san Maël, de los pingüinos del ártico. A partir de ahí, Anatole
France describe en forma novelada los rasgos más notables de la
historia de la humanidad, mezclando el amor y la guerra, el poder
absoluto y la revolución, la religión y la especulación
financiera, incluso insinuando la guerra nuclear y denunciando los
rasgos más característicos del actual proceso de globalización,
que a lo que se ve, no son nada nuevos. Es difícil a veces contener
la risa al leer este texto heredero de Rabelais y Swift y que se
anticipa a Orwell.”
Dicho
todo esto, que no es más que marear la perdiz, tengo que empezar
diciendo que el libro me ha gustado, a pesar de que no sea nada
ameno, pero es que la aspirar aquí, en el club de tortura, a la
diversión es utópico. Sin embargo tengo que abrir el debate de si
está reñida la diversión con la buena lectura, si leemos para
matar el tiempo o para tratar de aumentar nuestra perspectiva del
mundo, porque si lo importante es lo primero no os leáis este libro,
pero si al contrario pensáis que merece la pena un esfuerzo como
parte del intercambio que nos propone el escritor le podéis dar una
oportunidad, porque a pesar de que el libro se estira más de lo que
seguramente muchos desearíamos, en su interior sigue habiendo perlas
que merecen ser leídas, y tal vez son las mismas que habría en la
mitad de páginas, seguro que sí, pero eso no hace que dejen de
existir y que su lectura sea maravillosa.
Anatole
France, que debía ser una persona tremendamente inteligente,
seguramente debía saberse todo esto, porque sin duda tiene pinta de
importarle poco la opinión de lechuguinos de su siglo y del nuestro,
pero a este lechugino le gusta más la letra que la música de su
novela, y empatiza con un señor nacido más de un siglo antes que él
y que es capaz de sacarle los colores a la propia historia en sí
misma, a los cuentos de hadas que nos han ido contando, a la obra y
milagros de la iglesia, a la virtud de Juana de Arco, que no es otra
que la virgen y santa Orberosa querida Bichejo, a los emperadores, a
los burgueses y hasta a los mismos revolucionarios, sin dejar títere
con cabeza, algo tan francés como ganar todas las guerras, incluso
las que se han perdido.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
daos prisa, que se acaban.
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Club de lectura 2.0
viernes, 1 de mayo de 2015
Canciones de amor a quemarropa

Este
mes, los inasequibles al desaliento miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “Canciones de amor a quemarropa”,
una novela escrita por el debutante Nickolas Butler,
a propuesta de Bichejo que es la que nos lleva por el camino, para
algunos tortuoso, de la narrativa actual norteamericana. La verdad es
que, después del esfuerzo (gratificante pero esfuerzo al fin y al
cabo) que supuso la lectura del libro del niño paseante, una novela
sin grandes pretensiones ni comeduras de coco me apetecía leerla,
hecho que confirma el habérmela leído en unos pocos días.
Como
anticipo tengo que admitir que a mí el libro me ha gustado, mucho
más al principio que al final, porque soy de la opinión de que está
malísimamente rematado en un claro caso de “cómo salgo yo ahora
de este jardín”. Pero estoy seguro de que esto no es lo que habéis
de leer en el resto de las reseñas del club, porque ya en el primer
capítulo me di cuenta de que teníamos un caso Irving a la vista,
aunque ya quisiera este señor escribir lo bien que escribe Irving.
Desde ahí sabía yo que Bichejo iba a pasárselo sensacional, que
Carmen valoraría lanzarlo por la ventana, y que ND lo iba a odiar
con todo su corazón, que es muy grande y por tanto capaz de albergar
mucho odio (me relamo de placer solo de pensar en lo que me voy a
reír leyendo su reseña). Y Paula como está en modo positivo dirá
que el mundo es un lugar maravilloso y punto profundo.
Libros
del asteroide nos hace este resumen del libro: “Henry, Lee, Kip y
Ronny crecieron juntos en el mismo pueblo de Wisconsin, Little Wing.
Amigos desde niños, sus vidas comenzaron de manera similar, pero han
tomado caminos distintos. Henry se quedó en el pueblo y se casó con
su primera novia, mientras que el resto lo abandonó en busca de algo
más: Ronny se convirtió en un famoso cowboy de rodeo, Kip en
exitoso agente de bolsa y Lee en una estrella de rock de fama
mundial. Cuando se vuelven a reunir en una boda, todos tratan de
recuperar su vieja amistad pese a lo mucho que han cambiado. Entre la
alegría del encuentro las antiguas rivalidades renacen y los viejos
secretos amenazan con destrozar amistad y amor. Una novela sobre las
cosas que importan: el amor y la lealtad, el poder de la música y la
belleza de la naturaleza. Un relato maravilloso, emotivo y profundo
que trata de un viejo tema: ¿podemos sentirnos alguna vez realmente
en casa?”
La
verdad es que, a pesar de que yo recomendaría leer el libro, sigo
alucinando en como se pasan algunas opiniones y críticas de frenada,
porque, si bien a mí llegan a interesarme las relaciones que se
establecen entre los personajes, no creo que estemos ante nada
trascendental que desnude con tal sensibilidad conceptos tan
abstractos. Imagino que de esto hablaremos largo y tendido en el
podcast, pero sin ir más lejos en la página de Amazon se pueden
leer estas críticas que o bien yo soy un cacho de carne con ojos o
bien yo me he leído otro libro:
«Una
novela sobre una pequeña ciudad de Winsconsin y un grupo de amigos
que están ligados a ella. Las partes más líricas de este emotivo
libro hablan de como los personajes están casi físicamente ligados
los unos a los otros. Impresionante y original.» The New York Times
«Una
de esas raras novelas que pese a estar ambientadas en un lugar y
tiempo muy concretos hablan de verdad de la condición humana. Un
libro breve y notable. Una novela que una vez leída no se olvida.»
The New Yorker
Vamos,
que yo no he encontrado ni la lírica ni la verdad de la condición
humana, a pesar de que no hay que ser de un pueblo de Winsconsin para
entender los conflictos básicos que nos plantea la novela ligados al
desarraigo, la amistad, el amor y la lealtad enfrentados al desgaste
del tiempo. Pero debe ser que algo no me deja completar el puzzle y
es por eso que no llego a ese nivel de emoción al que por ejemplo si
llego con otra historia de amigos que tratan de reencontrarse en otro
pueblo de esa América profunda tan recurrente como es la película
Beautiful Girls, en la que los personajes son puestos ante tesituras
muy parecidas con mucho más éxito.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
este mes, como siempre, son de lectura obligatoria, justa y
necesaria.
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Club de lectura 2.0
miércoles, 1 de abril de 2015
El tiempo de los regalos
Este
mes, los esforzados miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos peregrinado durante el mes de marzo leyendo
“El tiempo de los regalos”, de Patrick Leigh Fermor,
a propuesta de ND, por segundo mes consecutivo. Un libro que los que
entienden de estas cosas catalogan como uno de los clásicos de la
narrativa de viajes, y sí, efectivamente, después de pasar muchas
horas de este mes, pero muchas, recorriendo media Europa a través de
sus páginas, puedo dar fe de que es así, es un libro de los que en
este club catalogamos “de señores que caminan”.
¿Qué
significa esto? Pues que a ND le va a encantar, que Paula y Bichejo
van a quejarse más que un rabino en el muro de las lamentaciones y
que Carmen va a aburrirse más que viendo un partido amistoso de los
suplentes de la selección contra la República Checa. ¿Y yo? Pues
depende, en general me gustará, pero de diez minutos en diez
minutos, tras los que o bien cambiaré de lectura o bien decidiré si
reposo en la almohada la oreja izquierda o la derecha. Y es que esta
vez, desgraciadamente, la cosa ha sido así, una lucha titánica por
seguir leyendo cada día un poco más, y no porque el libro no me
haya gustado, al contrario, me ha dejado una sensación buena, justo
la misma que cuando acabas entre calambres y medio deshidratado la
carrera popular de tu pueblo.
Afortunadamente,
el bueno de Patrick, que también le tuvo que poner empeño en
escribir el libro, fue publicando sus viajes en varios libros, y, más
afortunadamente todavía, ND sólo nos pidió leer el primero, por lo
que sus andanzas han quedado del todo inconclusas y no sé si algún
día le daré otra oportunidad, posiblemente la respuesta será sí,
porque aunque el protagonista y autor pueda parecer por momentos algo
soso y mojigato, no se tarda nada en tomarle cariño en sus andanzas.
RBA
nos hace este resumen del libro: “A
finales de 1933, a punto de cumplir diecinueve años, Paddy Leigh
Fermor se cargó la mochila a la espalda y emprendió un viaje
iniciático que le llevaría desde su Londres natal hasta Estambul,
cruzando a pie el corazón de una Europa milenaria por la que
entonces empezaba a extenderse la sombra del nazismo. El vital y
despreocupado viaje significaría para el joven Leigh Fermor dar ese
paso tan trascendental de la adolescencia a la edad adulta. Más de
cuarenta años más tarde, con la participación activa en una guerra
mundial y una vida a cuestas, el sexagenario Leigh Fermor quiso
plasmar por escrito aquella experiencia única. Fruto de ese deseo
son El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua, dos
magníficos libros en los que plasma diferentes etapas de aquel
itinerario repleto de bosques, paisajes, castillos, pueblecitos y una
multitud de personas de la más diversa clase y condición. Teñidos
de una leve pero inequívoca melancolía y narrados con la sabiduría
que dan los años, El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el
agua son dos excepcionales joyas literarias únicas en su género.
”
En
primer lugar, este señor me infunde un profundo respeto. Hay que ser
alguien muy especial para con 19 años calzarse unas botas, meterse
unas pocas libras en el bolsillo e irse caminando hasta Estambul.
Creo que sólo por eso ya me tiene metido en su bolsillo,
pero es todavía mucho más impresionante conocer las inquietudes de
su vida, que nos va contando por el camino, y muchísimo más
impresionante aún ver su nivel cultural, especialmente en el arte y
en la literatura, a su edad y reconociendo que no había sido nunca
un estudiante especialmente brillante. Al principio piensas que hay
bastante de pose y bastante de realidad inventada, hasta que, terminando el libro, descubres algunos extractos sacados literalmente
de su diario y ves que no hay trampa ni cartón en lo que cuenta.
Me
ha resultado muy interesante la parte del libro que se centra en todo
lo que tiene que ver exclusivamente con el viaje, de manera que no es
difícil visualizar el camino, pero sobre todo me llega a emocionar
la descripción de la gente con la que se va encontrando porque es
capaz de describirla dentro de su contexto politico-social del periodo de entreguerras que me parece fascinante. Sin
embargo, me ha hecho sufrir con las constantes descripciones infinitas
y las frecuentes enumeraciones que no aportaban al conjunto tanto como el autor
pudiera pensar, más bien provocan el efecto contrario; son fuente de
desesperación e invitan al abandono en los brazos de Morfeo. Y haber abandonado este libro
hubiera sido una lástima, porque es buena literatura y está escrito
con un estilo claro e impecable, todo lo impecable que podríamos
esperar de un caballero inglés con mucho mundo a sus espaldas.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
seguro que me equivoco muy poco respecto a la previsión que hago en
el segundo párrafo. Corred a comprobarlo.
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Club de lectura 2.0
martes, 10 de marzo de 2015
Los cojones con comer trigo
Lo han vuelto a hacer,
ahora los salvajes
han destrozado Dur
Sharrukin, el palacio de Sargón II, rey de los asirios. Ellos no
sabrían quién era ese señor, pero les da igual, a mí no y quiero
que a vosotros tampoco os dé lo mismo. Sargón II se llamó así en
honor de Sargón, rey de los acadios, que había vivido sobre el año
2200 a.c. Unos 1500 años antes que él, ahí es nada, y es que la
antigüedad es mucho más extensa de lo que nos parece. ¿Por qué
era importante Sargón? Pues porque fundo el imperio acadio, que fue
el primer imperio del que tenemos constancia por esas tierras, hasta
ese momento cada ciudad era un estado y los acadios terminaron con
ello. Además los acadios fueron los primeros en tener la idea de que
los dioses estaban para ayudar a los hombres y no lo contrario, algo
que los salvajes están muy lejos de comprender a pesar de que hayan
pasado otros 2500 años.
Os
presento a Sargón. Admirad su barba porque es maravillosa:
Los
asirios siempre se habían considerado sucesores de los acadios, una
idea tan absurda como si nosotros nos considerásemos sucesores de
los visigodos, pero Sargón II tomo el nombre como muestra de poder y
tal vez porque ambos Sargones habían llegado al trono de manera
ilegítima, total ¿qué más da? A mi lo que me importa es que fue
precisamente Sargón II el que comenzó lo que hoy conocemos por la
biblioteca de Asurbanipal, uno de sus futuros sucesores, un conjunto
de 22000 tablillas en las que se habla de ciencias, de matemática,
de astronomía, de religión, de comercio, de geografía, etc. que
apareció enterrada en la ciudad de Ninive, que será la próxima en
caer, y que nos ha permitido conocer el mundo mesopotámico como no
hemos conocido ningún otro mundo de la antigüedad. Este era Sargón
II saludando posiblemente a uno de sus generales:
Todo
lo que hemos conocido de la antigüedad gracias a ellos tiene un
valor incalculable, no es que haya que atribuirles un mérito
directo, porque sus actos no eran para la posteridad, pero por suerte
parte de su legado fue cubierto por la arena y el barro y nos ha
llegado intacto hasta nuestros días. Siempre hacía la broma con mi
amigo Antonio, cuando nos decidimos a hacer historia por la UNED, que
los malvados ingleses, franceses y alemanes habían expoliado todo el
oriente medio, y menos mal, porque era mucho más fácil ir a Londres
que a Mosul. Al final los salvajes han conseguido que tipos del siglo
XIX con más sentido de la aventura que escrúpulos, hayan salvado a
Sargón y los suyos de una muerte definitiva. Qué pena.
Pero
desgraciadamente, tengo que sumar algo más a mi pena, el uso
torticero que de estos crímenes se hace. Hace unos días leí en
tuiter esto que me llenó de indignación porque es hacer demagogia
con el tema hasta las trancas:
Pero
es que hoy me encuentro con esto que me parece infinitamente peor por
ventajista y sectario de alguien que no me lo esperaba, es lo que se
llama fuego amigo:
Esta
claro que ya vale todo con tal de arrimar el ascua a tu sardina, de
cualquiera, porque si lo que se quiere es llamar talibán a Montoro o
a Wert existen formas mucho más elegantes y menos populistas de
ajustarles cuentas, como por ejemplo recordándoles lo nefasto de su
mandato. Porque nada tienen que ver los cojones con comer trigo.
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Historia
viernes, 6 de marzo de 2015
Donde muere la civilización
Cuando los amantes de la
historia pensamos en el origen de la civilización, inevitablemente
volvemos nuestros ojos a esa tierra bañada por los ríos Tigris y
Eúfrates que ha sido llamada Mesopotamia desde la antigüedad.
Desgraciadamente, y por una especie de ironía macabra, todos,
amantes de la historia o no, volvemos los ojos al mismo lugar cuando
pensamos en la más absoluta barbarie, un lugar donde miles de años
después esa misma civilización corre el riesgo de ser destruida.
Hoy a esa tierra entre ríos la llamamos Iraq y la estamos dejando
morir al otro lado del televisor, como si no fuera más que un plató
de cine en el que pelean buenos y malos.
Así, sentado en mi
sillón, he podido ver como unas alimañas han destruido la ciudad de
Nimrud, una de las cuatro capitales asirias, y se me ha roto el
corazón, la pena que siento es tan grande que me obliga a escribir
estas líneas para cambiar por letras mis lágrimas. Al que crea que
exagero le invito a leer este
otro post que escribí hace ya casi cuatro años, cuando era
inimaginable, al menos para mí, que la barbarie pudiese llegar tan
lejos. Y siento más pena todavía por toda esa gente atrapada en el
infierno sólo por haber nacido en un lugar tan maravilloso en un
tiempo equivocado, escribiría por ellos también, pero lo que mis
tripas quieren decir mis dedos se niegan a teclearlo.
He tenido la suerte de
conocer esos dos ríos en mis viajes por Turquía, los turcos me
pasearon por el Eúfrates y los kurdos por el Tigris para enseñarme
una ciudad muy pequeñita llamada Hasankeyf
que, según me dijeron tenía una antigüedad de 10000 años. Pocas
veces he sido más feliz que ese día, mirando esas aguas de un azul
turquesa y su puente roto que tantos habían contemplado antes de mí
allí mismo. Gente de diferente color de piel, gente que en multitud
de idiomas habrían adorado allí mismo a dioses olvidados y a dioses
modernos, gente como tú y como yo, cuyos descendientes se sentían
orgullosos de mostrarme su herencia milenaria, a pesar de la
decadencia visible. Habría que ser muy cretino para en ese momento
no sentir otra cosa que un profundo respeto.
Por eso, yo, que soy
consciente de lo circunstancial del lugar de mi nacimiento, soy capaz
de hacer parte de mí lo suyo, soy capaz de comprender que cuando
decimos que un lugar es patrimonio de la humanidad es porque
realmente es parte de nuestra herencia colectiva como seres humanos,
y siento que me agreden cuando destrozan un Lamassu
unos desgraciados que ni siquiera saben qué significa aquello que
están destruyendo, tanto como si volasen por los aires el acueducto
de Segovia o la catedral de Santiago de Compostela. Porque en esto no
debe existir ni la distancia ni la indiferencia, pensar que el
problema es de otros, escurrir el bulto y mirar a otro lado nos hace
a todos más miserables y a este mundo peor.
Quiero que el mundo al
que pertenezco combata esta lacra hasta las últimas consecuencias,
porque si hace tres mil años los asirios no hubieran imaginado que
existiría una declaración universal de los derechos humanos yo
ahora no puedo aceptar que en el mismo lugar del mundo que fue su
imperio esa declaración en el 2015 sea papel mojado. No puedo
aceptar que nadie mueva un dedo con verdadera determinación para que
se cumpla porque, nos guste o no, estamos perdiendo esta guerra y
algún día, avergonzados, diremos que se puedo hacer más, que se
reaccionó tarde, que había demasiados intereses enfrentados que nos
ataban de pies y manos. No puedo aceptarlo, me niego, son fanáticos,
no tienen cabida en el mundo y sin complejos hay que exterminarlos.
Y mientras, con el
corazón en un puño buscando un falso consuelo, me repito que las
esculturas que tanto admiré sólo eran piedra, sólo eran piedra,
como sus corazones. Malditos sean.
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Historia,
Pedaladas
domingo, 1 de marzo de 2015
Por amor a la física
Este
mes, los libertinos miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos malgastado el segundo mes del año leyendo
“Por amor a la física”, de “Un señor que no voy a mencionar”,
a propuesta de ND. He de decir que, cuando se decidió el reparto de
libros, éste era uno de los que más me apetecía leer, porque, a
pesar de lo mucho que tuve que sufrirla como estudiante de
ingeniería, a mí la física me encanta y alguna vez todavía abro
alguno de mis libros, ya un poco amarillentos, y me recreo leyendo
algún capitulo con la despreocupación del que ya no se juega los
cuartos.
Pero
no podían ser las cosas tan sencillas en el club, ni siquiera con un
libro que habla de algo tan inofensivo, a priori, como la física,
por supuesto que no, así que, por arte de birlibirloque nos hemos
visto envueltos de cierto mal rollo a causa de una denuncia por
comportamiento sexual inapropiado contra el autor. Ahí es nada, ya
os podéis imaginar los ríos de tinta que han corrido por nuestro
grupo de WA para decidir si a “Un señor que no voy a mencionar”
le hacíamos una reseña o no. Al final hemos decidido dar libertad a
cada uno de los miembros para que publicase o no, somos muy de
respetar las libertades de los demás, seguro que mucho más que el
autor, y por mucho que sea inocente hasta que no se demuestre lo
contrario.
Yo
voy a hacer uso de esa libertad para pasar de puntillas por el libro,
que si os digo la verdad a mí no me ha entusiasmado, y es que de un
libro de divulgación lo mínimo que se puede pedir es que te
enganche al tema que cuenta, y éste es un quiero y no puedo, de tal
manera que si la física ya te gustaba te quedarás como estabas, y
si no te gustaba harás que
no quieras tocarla ni con un palo, porque todo el entusiasmo que “Un
señor que no voy a nombrar” intenta transmitir es vacuo y bastante
decepcionante.
La
editorial Debate nos vende la burra con estas buenas palabras:
“Durante
más de treinta años como profesor en el Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT), “Un señor que no voy a nombrar” perfeccionó
su peculiar arte de enseñar y de hacer de la física algo accesible
y divertido. En sus cursos, siempre prácticos, ha llegado a colocar
su cabeza delante de un martillo demoledor o a aplicarse una
sobrecarga de trescientos mil voltios para explicar conceptos básicos
a sus estudiantes. En Por amor a la física, “Un señor que no voy
a nombrar” responde a preguntas curiosas: ¿Es posible que seamos
más bajos estando de pie que estando tumbados? ¿Por qué los
colores del arcoíris siempre están ordenados del mismo modo? ¿Sería
posible tocar alguno con la mano? “Un señor que no voy a nombrar”
acompaña a los lectores en un viaje maravilloso abriendo nuestros
ojos ante la increíble belleza y el poder con el que la física
puede revelarnos los mecanismos ocultos del mundo que nos rodea.
«Para mí», escribe “Un señor que no voy a nombrar”, «la
física es una forma de ver lo espectacular y lo mundano, lo inmenso
y lo diminuto, como un bonito y emocionante conjunto de
interrelaciones», «sumerjo a las personas en su propio mundo, el
mundo en el que viven y con el que están familiarizadas pero que
todavía no abordan como físicos.» “
Preciosas
palabras las de “Un señor que no voy a nombrar”, pero que lo
hubieran sido más aún si no hubiese dedicado los años de su
senectud a, presuntamente, acosar a sus alumnas del curso online
pidiéndoles fotos con poca o ninguna ropa. Y es que, como las
cabezas a veces se trastornan, “Un señor que no voy a nombrar”,
astrofísico experimental, tal vez ha decidido cambiar su amor a la
física por el amor a las físicas, algo muy lícito si no es
delinquiendo, y tal vez también piense que se ha confundido de campo
de estudio y esté ahora más interesado en otros tipos de sistemas
binarios y agujeros negros. Todo el asco que me provocan ese tipo de
comportamientos creo que me los voy a reservar para el podcast, que
promete ser jugoso.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
y esta vez prometo que no tengo ni idea de si vamos a salir por
soleares, requiebros, tarantos o bulerías.
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