martes, 21 de septiembre de 2010

El miedo atroz


Nos levantamos cada día pensando que controlamos nuestra vida, pensamos en que haremos esa tarde, mañana, el fin de semana, incluso planificamos con meses de antelación las vacaciones seguros de que navegamos por aguas tranquilas en esa balsa que llamamos rutina. Pero de repente un día, y sin avisar, sucede algo, sales cabreado del Calderón por ver perder al Atleti y recibes una llamada que te deja paralizado, que en un minuto hace que cambien todas las perspectivas futuras, que transporta en las ondas electromagnéticas el miedo atroz.

El miedo atroz es aquel que te atenaza, que no te deja pensar en nada más que en su causa, destruyendo como un tsunami el resto de tus preocupaciones y pensamientos, cambiando instantáneamente tu escala de valores, relegando a miserables inconvenientes los más atroces problemas cotidianos. Tiene la capacidad de realimentarse por la tensión que provoca la espera, creciendo como esa pelota de nieve que rueda por la ladera. Pero no es solo un estado mental, además se manifiesta físicamente, la cabeza se hace pesada como si hubiera transmutado en plomo bajo el peso de la preocupación, el estómago se encoje y se ve atravesado por una continua punzada que recorre los intestinos hasta soltarte el esfínter.

Intentas no pensar en él, en tratar de seguir con tu vida ignorándolo, esperando que tus temores se confirmen o que milagrosamente desaparezcan, pero es imposible. Te despiertas por la noche sobresaltado y en milisegundos se proyecta en la cabeza, comes sin ganas, ingiriendo cada bocado por el deber de alimentarte, si es que puedes, vas al trabajo y por instantes crees que lo has alejado escondido detrás de alguna actividad mecánica y rutinaria, pero en cuanto relajas la mente vuelve y te sume en la congoja, bañando de sudor frío y malos augurios la espalda.

Comienzas a imaginar de todo, planteas diferentes situaciones y escenarios, y todos son horribles, tratas de sobreponerte y desafiar a la realidad pero al mínimo descuido tus esperanzas desaparecen como si fueran castillos en el aire, tratas de agarrarte a la racionalidad pero encuentras el vacío, te ahogas en la angustia hasta bloquearte y ser un títere al que han cortado los hilos. Maldices tu suerte y te planteas si rezar sería una solución, incluso venderías tu alma al diablo por, en ese mismo momento, volver a la mierda de vida que habías maldecido justo hasta recibir la llamada.

Pero el miedo atroz tiene un límite y termina por convertirse en dolor o en alivio, toco madera, pero mi miedo atroz se ha convertido en lo segundo, bueno alivio mezclado con algo de preocupación, pero a fin de cuentas alivio, un alivio de lágrima fácil y flojera de piernas.

6 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Puff!! No me imagino un miedo atroz como un alivio...

Juanjo ML dijo...

Sí, cuando termina la cuasa que lo provoca

molinos dijo...

El miedo atroz te da la vuelta a la vida...te provoco un agujero enorme dentro que te come hacia dentro y parece que te vas ahogar y tienes que bracear para mantenerte a flote hasta que se pasa.

Me alegro de que derivara a alivio....aunque todavía tendrás flojera.

Sil dijo...

Por que haya terminado en alivio y por que no vuelva a pasar. ¡Chin chin! :)

Explorador dijo...

Me alegra que haya pasado. Es cierto, lo peor que puede pasarnos viene envuelto en cotidianeidad y es peor, porque ni siquiera tienes el refugio de algo heroico o épico o estúpidamente grandioso. O al menos, eso es lo que creo. Me has recordado una canción de Revólver, "El peligro". Creo que es de las pocas que puedo escuchar enteras xDDD

Un saludo.

Gordi dijo...

Levántate y anda. Te he dejado un regalito en mi blog. Un beso.