domingo, 5 de septiembre de 2010

¿Quieres otra vuelta? Compra una ficha


Todo tiene un principio y un fin, bueno, todo, lo que se dice todo, no, la estupidez humana nunca tendrá fin, el culebrón mexicano que entretiene las sobremesas de mi madre y mi abuela, dosificado por los gurús de la tele, nunca tendrá fin porque se reencarnará en un nuevo culebrón mexicano infinito que contará las desventuras de cualquier pibón desamparado por los siglos de los siglos, o más. Sin embargo el verano sí que tiene fin, y no solo en lo climatológico, por fin se terminaron todos los días de vacaciones y solo unos pocos rezagados se irán reincorporando a la rutina colectiva, bienaventurados ellos.

No voy a escribir sobre la melancolía, ni sobre la depresión post vacacional, porque la verdad es que no siento ni una cosa ni la otra, más bien siento cierto alivio y lo digo con la cabeza bien alta. Lloraré lágrimas de sangre cada vez que el despertador suene a las seis de la mañana, me cagaré en san pito pato cada vez que me atasque en los túneles del pardo antes de que salga el sol, saborearé el sabor a insecticida del primer café de máquina de la mañana y desearé no tener papilas gustativas, sufriré con las ocurrencias de mis compañeros (no los más cercanos, en eso soy un privilegiado), jefes y clientes, comeré verduras en mis tarteras, un horror por muy monas que sean, trabajaré de sol a sol, volveré a atascarme y volveré a soñar con el fin de semana como sueña con la libertad un preso. Todo eso pasará, pero ahora mismo me resulta indiferente, no lo temo, no me da miedo.

Puede sonar horrible, pero siento cierto alivio al rencontrarme con la realidad, porque llevo un par de meses perdido y un poco desorientado, más bien descentrado, con la cabeza locuela viviendo su propia vida allá por las nubes. Necesito un poco de rutina y normalidad, volver a hacer todas esas cosas cotidianas que me sirven como refugio, necesito días más cortos y noches empleadas en algo más que dormir, quiero cenar de noche y que aun me quede algo de tiempo para mí, para leer un libro mientras escucho música, para escribir despacio sin pensar que se me escapa el tiempo, para acostarme pronto si me apetece sin tener que cerrar las persianas a cal y canto. Quiero arroparme, quiero llevar manga larga, quiero salir a la calle sin temer al sol, sin estornudar en cuanto siento su contacto, quiero ir a buscar a Dani los viernes y que me cuente a qué ha jugado, quiero que llueva en la verbena y dar el verano por terminado. Porque me hace ilusión la vuelta al cole, aunque desde hace años tengo la sensación de estar repitiendo curso, sin cambiar ni de asignaturas ni de temarios.

Me gusta el otoño, mucho, más que la imprevisible primavera, más que el despiadado invierno, más que el absurdo verano. El otoño me hace tener la sensación de que todo vuelve a su sitio, de poder hacer borrón y cuenta nueva, de que la vida es más tranquila y con menos sobresaltos, me hace sentir como cuando era pequeño y mi padre me sacaba una ficha para el tiovivo que había que dar a un señor siempre más serio que un ajo. He perdido parte de la inocencia y de la ilusión, pero todavía me apetece sonreír mientras me agarro fuerte a mi caballo que gira, sube y baja a la vez que saludo a los que miran desde fuera con la mano. No voy a contar las vueltas, no voy a llorar cuando suene la bocina y la música se pare, solo voy a relajarme y a disfrutarlo.

8 comentarios:

Gordi dijo...

Creo que es la primera vez que no me siento identificada con nada, pero nada de nada, de lo que dices. Yo estaría de vacaciones eternamente, aunque tuviera que aguantar el verano, y mira que lo odio. Nunca me pierdo en vacaciones, más al contrario. Por eso creo que no te entiendo, ya he empezado a perderme.

Juanjo ML dijo...

¿La primera vez? ¡Jo! Es lo más bonito que me han dicho en ete blog :)
Pero no solo hablaba de las vacaciones, sino del verano en general, cuando trabajas todo está manga por hombro, ni cunde nada, ni avanzas nada, un asco, además no descansas porque tienes ritmo de vacaciones pero el reloj suena a la misma hora, te has acostado a las mil, has dormido mal por el calor pero a las putas seis el reloj hace ring.
Las vacaciones me gustan pero tienen dos problemas. Primero, son cortas y no me da tiempo a mentalizarme, cuando estoy en lo mejor se acaban. Segundo, hace tiempo que mis vacaciones ya no son MIS vacaciones.

Gordi dijo...

El próximo post es una réplica, que lo sepas. Dedicada. Desde el amor profundo que te tengo, ya tú sabes.

Anniehall dijo...

Bienvenido a la rutina!!

Sil dijo...

Pues yo debí ser lagartija en otra vida, porque me encanta el verano. El otoño me entristece, el invierno me cabrea y la primavera me cae bien porque justo detrás viene el sol, la playa, los helados, las chanclas y las vacaciones :)

Juanjo ML dijo...

Annie a ver si termina esta tontería de curso y nos ponemos al día, el viernes por ejemplo :)

Sil, no se me ocurre que debí ser yo en otra vida, bueno a lo mejor elefante...

molinos dijo...

Ohhh...otro post que podría haber escrito yo. Completamente de acuerdo...a mi me encanta el otoño..es la mejor época sin duda...y sí, todo vuelve a su sitio, yo vuelvo a mi sitio y toda la energía que perdí en primavera y la apatía que arrastro todo el verano..desaparece y vuelvo a ser yo.
Y me gusta la manga larga y que se haga de noche y el frio y todo....

hala.

Juanjo ML dijo...

molinos, es que tú y yo debemos de encontrarnos en el punto de intersección que existe entre un ingeniero sin vocación y un estudiante de historia frustrado...