viernes, 1 de noviembre de 2013

Doña Perfecta

Este mes en el Club de Lectura 2.0 nos hemos leído “Doña Perfecta”, una novela maravillosa de Benito Pérez Galdós. Un libro que recuerdo siempre rodando por las estanterías de la casa de mis padres hasta que lo acabé leyendo con apenas quince años y del que nada recordaba. Y no me extraña, porque mi yo imberbe de entonces era poco pollo para tanta Doña, yo creo que no debí entender casi nada. Como casi siempre, tengo que avisar que a partir de ahora el que quiera seguir leyendo lo haga sabiendo que es imposible hablar de “Doña Perfecta” sin destripar su trama, así que si no habéis leído el libro yo pararía de leer este post aquí porque la novela merece la pena.

No sé bien si “Doña Perfecta” pertenece al genero costumbrista o al realista, o a los dos a la vez, porque aunque la novela describe con precisión de cirujano la realidad de la España del siglo XIX, vista hoy, con ojos disléxicos(1), queda una representación un tanto teatral de esas dos Españas tan arraigadas y tan difíciles de hermanar. No hay que olvidar que “Doña Perfecta” está escrita en 1876, una fecha más cercana al 36 que el año en el que vivimos, justo el año en el que terminaban las Guerras Carlistas. Y es que, sin poner en duda que hemos avanzado mucho, queda en nosotros mucho de lo que Galdós con contaba en esta historia de buenos y de malos, de tradicionalismo frente al incipiente liberalismo, de falsas apariencias y de sentimientos exacerbados que son capaces de culminar en un frío asesinato.

Algo que al principio del libro nadie imaginaría, cuando vemos al pobre Pepe Rey llegar a Orbajosa para casarse con su prima Rosario, que las cosas llegarían tan lejos, un matrimonio que han pactado sus padres como forma de unir fortunas, un matrimonio que resulta a priori desigual entre un hombre culto y de ya cierta edad, ingeniero educado en Madrid, y una joven que no conoce más vida que la que encierran los muros de Orbajosa. Con este punto de partida Galdos va desarrollando los hechos de una forma magistral, con una sencillez que sólo puede enmascarar en parte lo florido de su lenguaje típico del XIX, poco a poco vamos viendo cómo caen las máscaras hasta que cada uno de ellos se muestra tal cual es, por convicción o por dejarse llevar por los más perversos instintos humanos.

Vemos como Rey cae en una telaraña de incomprensión una vez que de manera inocente revela con naturalidad su naturaleza de hombre de progreso, algo que ni su tía ni su cómplice Inocencio el Penitenciario, cura del pueblo están dispuestos a permitir cohabitar en su mundo tradicionalista y de cómodo aislamiento. Esto es parte fundamental de la obra, y de la España rural y conservadora de entonces, la resistencia a reconocer lo de fuera, empezando por la ley que se rige por una suerte de derecho consuetudinario basado en la autoridad moral de la iglesia y en el ojo por ojo, de manera que al final de la novela nadie sale verdaderamente ganando.

Un mundo de clientelismo, de matones dispuestos a tomar las armas para defender lo que creen justo, dejándose llevar como marionetas por personajes oscuros y mezquinos, tan ruines como Inocencio y su sobrina María Remedios, que no buscan más que su beneficio personal al frustrar ese matrimonio. Vemos a los buenos caer en el juego de los malos, sacando la parte oscura que todos llevamos dentro, sabiendo que ganar de esa manera es perderse, pero asumiendo el riesgo. Vemos a los malos despojarse de toda humanidad, tratando de conseguir la victoria para su causa a cualquier precio, y vemos como después de cometer su abyecto crimen tratar de lavar su conciencia con misas y con dinero. Porque ese es parte del dilema, saberse malo cuando uno creía que era bueno.

Es difícil no caer en la tentación de comparar la España de entonces con la de ahora, terriblemente difícil, sobre todo cuando vemos cada día reproducirse ese tipo de comportamiento, por eso se puede decir que pese a los años que tiene “Doña Perfecta” es una novela actual, que mantiene intacto su mensaje social y que francamente os recomiendo.

Podréis encontrar otras fantásticas reseñas aquí: DesgraciaítoCarmenLivia y Bichejo , no os las perdáis.

(1) Quien descubra el porqué de esa dislexia tendrá post de premio.

5 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Muy de acuerdo. A pesar del cierto apolillamiento del lenguaje, lo que más me ha sorprendido es el pensar "es que no hemos cambiado nada" en sigl y medio.

Parece que este mes salimos a más que nos ha gustado que a que no. No hemos hecho pleno, pero a ver si los libros que nos quedan por delante tienen por lo menos este grado de aceptación...

Aunque creo que soy más del bolero: lo dudo, lo dudo, lo duuuuuuuudo... XD

Bichejo dijo...

Aquí, además de leído, se debería venir llorado, oh líder XDDD

A mí me ha gustado gracias al cataclismo del final, que me ha compensado todo el aburrimiento anterior, hasta que la Doña no empieza a asomar la patita no quería ni pensar a dónde nos iba a llevar esto.

Y sí, desgraciadamente, no hemos cambiado nada.

Bichejo dijo...

Seguimiento

Carmen J. dijo...

Sí, la historia de los matones que dicen luchar por unas ideas, pero que en realidad luchan por un plato de cocido. Ese mundo clientelar y matón, y borrico...

Es difícil, efectivamente, sustraerse a la comparación. Qué depresión!

Muy buen post.

Livia dijo...

Mmmm, me llama la atención especialmente eso de que los buenos van cayendo en el juego de los malos... ¿lo dices porque Pepe empieza a liarla "en venganza"? Para mí hay una diferencia fundamental, y es que Pepe no va de bueno, es "normal"... Huye de los que se definen a sí mismos como "buenos" como rasgo predominante de su personalidad que suelen ser satánicos XD