sábado, 1 de noviembre de 2014

El sentido de un final


Este mes, los muy intrépidos miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “El sentido de un final”, de Julian Barnes a propuesta de Bichejo, que a su vez recogió el guante que tal vez le lanzó Saramaga, a la que aprovecho para saludar afectuosamente y a la que AGRADEZCO haber traído a nuestras vidas un libro de sólo doscientas páginas, con amor se lo digo, porque si lo bueno breve dos veces bueno, os podéis imaginar lo que se agradece la brevedad si el libro es “tan bueno” como éste.

Curiosamente, trasteando por las páginas que comentan libros, algo que suelo hacer para poder encontrar mi lugar en el mundo, me he encontrado numerosas reseñas que destacan la complejidad argumental del mismo, algo que me sorprende profundamente, porque aunque se trata de una novela con un potencial tremendo, a poco que hubiera estado bien desarrollada, el resultado final es menos profundo que los charcos que se forman en la pista de fútbol sala de un colegio. Y es que veo que en la mayoría ni siquiera aciertan con la intención del título, relacionándolo o con el propio protagonista o con lo que voy a llamar “el golpe de efecto”, lo que me hace pensar que muchos ínclitos blogueros (y no os deis ninguno de mis queridos lectores por aludidos) lo que se merecen es un buen golpe de remo.

Admito que la novela cuenta con un comienzo más que prometedor que, poco a poco, se va diluyendo en lo anodino hasta terminar provocando algo parecido al desinterés, a pesar de los fuegos de artificio con los que Julian Barnes trata de disfrazar sus miserias que no son otras que haber fiado el interés de la historia en algo que para nada cambia la vida de sus personajes, en algo que en el fondo da igual tanto a sus criaturas como a sus lectores, algo que en mi pueblo llamamos un camelo. Y lamento aquí no poder entrar en muchos detalles porque se trata de un libro que con poco que de él se cuente ya se destroza la trama, lo que dice mucho de por qué mi comentario del párrafo anterior, así que, como en otras muchas ocasiones, voy a recurrir a ese recurso tan socorrido que es copiar lo que nos dice el editor para tratar de vendernos la burra:

Tony Webster y su pandilla conocieron a Adrian en el instituto. Hambrientos de sexo y literatura, atravesaron juntos la adolescencia y se prometieron seguir siendo amigos para siempre. Pero cuando la vida de Adrian dio un vuelco trágico, todos, especialmente Tony, miraron hacia otro lado, se alejaron. Ahora Tony vive solo en un pacífico y próspero retiro, tras una vida opaca que poco tiene que ver con la que fantaseaba en su juventud. Y un día recibe una carta de un abogado: Sarah Ford, la madre de Veronica, su primera novia, le ha legado quinientas libras y un sobre con un manuscrito. Le entregan el dinero y una carta de Sarah, pero el manuscrito nunca llega. Y Tony averigua que son los diarios de Adrian, que ahora están en manos de Veronica y no piensa entregárselos. Y estos diarios son el oscuro, enigmático corazón de una novela espléndida, premiada con el prestigioso Man Boo­ker.”

¡Premio Man Booker! Te cagas.

Como ya he dicho, y lo repetiré hasta la extenuación, Julian Barnes, tras empezar a contar la historia de unos adolescentes que llegan a la juventud, y que funcionaba perfectamente y que tenía un potencial buenísimo, de repente decide terminar con ella para comenzar una peregrinación absurda por los cerros de Úbeda, haciéndose trampas al solitario porque nos intenta persuadir de que nos cuenta una historia que ni si quiera podía ser importante para su protagonista, una historia que no es más que un yogur caducado que, por casualidad, un día aparece en el fondo de la nevera porque una señora que una vez paso por casa lo puso allí sin que nosotros lo supiéramos. Es más, trata de convencernos de lo trascendentes que en la vida de Tony fueron unos hechos ante los que él, y cualquier ser humano adulto y en su sano juicio, ya habría pasado página. Por ejemplo, mucho más interesante me parece la relación del personaje protagonista con su ex-mujer, una relación de verdad importante en su vida y por la que pasa prácticamente de puntillas. En fin.

Aunque si habéis llegado a leer hasta aquí pensaréis que el libro del mes ha sido en vano, tampoco quiero que quede esa sensación porque no es cierta, bueno sí, es cierta salvo algunas cosas, que diría Caraplás. Porque la novela, al menos, puede abrir un buen debate referente a la realidad de nuestros recuerdos, a su veracidad, a cómo tendemos hacia la auto-justificación hasta el punto de moldear a nuestro gusto y conveniencia nuestro pasado sólo para hacernos sentir mejor, hasta el punto que, como el protagonista, es capaz de crearse un pasado hacho a la medida de sus remordimientos. Y éso sí que me interesa, y mucho, es una lástima que Julian Barnes no haya sido capaz de perseverar más en ese camino.


Como siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, que me apuesto algo por una vez a que van en la misma línea que la mía. Y además, como gran novedad estrenamos podcast del club, sí, lo habéis leído bien, a partir de este mes podréis disfrutar de estas concienzudas reflexiones en dolby surround 5.1, porque los miembros del club somos así en el sufrimiento, uno para todos y todos para uno.

6 comentarios:

Carmen J. dijo...

Lo de "un pasado a la medida de los remordimientos" resume bien el estado del protagonista.

Es un libro que no te agita, un poco insulso y a medio hacer. A mí me ha decepcionado mucho.

Bichejo dijo...

Lo único que parece que estamos sacando todos en claro es el tema de la memoria, de cómo tamiza y modifica nuestros recuerdos...además de lo maravillosos jueces que somos todos de nosotros mismos.

El niño desgraciaíto dijo...

Yo lo de la memoria no consigo entenderlo. No sé qué veis que cambie la memoria. No es la memoria la que cambia, es que no tenía los datos. Está claro que sin toda la información te puedes montar otra película, pero eso no es que la memoria cambie.

Pau dijo...

Totalmente de acuerdo, es de agradecer que sea corto, es ALUCINANTE que este libro tan sin sustancia tenga un premio así y es un bluf como una catedral...

Y ya tenemos polémica para una entrada, querido líder... ¡Cómo que no tenía los datos? La carta la escribe él y la olvida... Lo que recuerda al respecto de cómo se tomó la unión no tiene nada que ver con lo que ocurrió realmente.

pseudosocióloga dijo...

¡Anda!...que sí que lo he leído.
Lo de mi memoria empieza a ser preocupante.

Saramaga dijo...

Yo ya le he dicho a Bich que sin problema, me mande el premio limón...XD.. pero vamos, al menos el mío es corto, no como ese que recuerdo que os leísteis que escribió un ministro. Vamos, vamos! Y como ya he dicho, a mí no me parece que el principio sea lo mejor. El principio es de lo más normal, y el juego de la segunda parte a mí me pareció entretenido y me tuvo pasando hojas hacia atrás y adelante. Me gusta que a veces un libro juegue así contigo, claro que para eso te tiene que interesar lo que te está contando, y, según veo, a ti no te interesa lo más mínimo... jajaja.
Creo que es la primera vez que reseñáis un libro que me haya leído (excepto Kevin, pero yo lo leí después y no es lo mismo), y me lo he pasado muy bien leyendo como lo ponéis verde. O amarillo limón. :-)