sábado, 29 de mayo de 2010

Yo, el niño concha






Ir hablando de conchas a este lado del Atlántico es insustancial, para nosotros no es más que el envoltorio de un molusco, por eso los niños juegan con conchas en la playa de la Concha y no pasa absolutamente nada, es más pueden coger conchas con impunidad, incluso puedes llamarte Concha y ser una monja de clausura. Pero allende los mares ir hablando de conchas es un asunto serio, por eso si el google te ha traído a esta página buscando lo que no te puedo dar lo siento.

Hace ya unos años que se me quedó grabada esa frase, el niño concha, fue durante mi exilio burgalés y la expresión original era en lengua inglesa, “Shell kids”. Me explico.

“Shell kids” es un disco de una banda de Barcelona llamada Sidonie, en sus comienzos las letras de Sidonie eran en inglés y tenían un punto psicodélico, me gustaban bastante, ahora, imagino que por cosas del comercio, cantan en español y me gustan menos, aunque el último disco “El incendio” no está mal. Pero me voy por las ramas y no cierro la asociación, últimamente estoy así, disperso, será cosa del riego por un exceso de triglicéridos.

Mi vida en Burgos era todo lo triste que se puede imaginar, puteado de sol a sol e incluso de luna a luna, más amargado que el culo de un pepino y lo que es peor sin verle salida. Al final se la vi, dos años después, en el juzgado número 5 en la avenida de los Reyes Católicos, nos mandaron a la puta calle. La única vía de escape la encontraba los jueves por la noche en un sitio en las afueras que pese a tener pinta de puticlub era una especie de disco pub donde poder cenar y además escuchar música en vivo, Quinta Avenida se llamaba, a mí me encantaba. Allí tuve la oportunidad de ver a Sidonie en un concierto divertido y gamberro, muy gamberro, además perfectamente aderezado por unos cubatas de ron-cola bien añejo que al recordarlos vuelvo a saborear y hasta a olerlos. Pero hoy no toca hablar más de Burgos, otro día continuaré mis historias de “La banda del Maligno”, hoy solo me voy a quedar con el concepto de “el niño concha”.

He vuelto a sacarlo porque ayer tuvimos una mega-comida de departamento que solo puedo calificar de cojonuda, no es la típica comida en un restaurante con mesas alargadas y menús caros que no están a la altura de las circunstancias, nada de eso, un compañero nos abre la puerta de su casa de la sierra, hace una parrillada y pone toda su buena voluntad en hacernos comer y beber hasta decir basta. Desde aquí, y aunque él no vaya a leerlo, le expreso todo mi agradecimiento, por hacernos pasar un buen rato juntos y por hacernos olvidar nuestras miserias del día a día y de los megaproyectos.

Existen personas a las que estos saraos les gustan y personas a las que no, existen personas que son sociales y personas que no lo son, existen personas encantadas de conocerse y personas llenas de complejos, existen sapos y príncipes, existen los que han nacido para ser los reyes de la fiesta y otros que han nacido para pasar sin pena ni gloria, gracias a Dios, porque en esos momentos solo querrían ser invisibles y desaparecer, existen personas que no le buscan doble sentido a las cosas, que son naturales y que no tienen prejuicios disfrutando cada momento de la vida, otros no. Yo, que en el cuerpo a cuerpo soy divertido y dicharachero, en los actos sociales soy de estos últimos, asocial, invisible, no sé qué hacer ni qué decir, no me relajo, no soy yo mismo, soy el niño concha.

Y me jode enormemente porque me debo estar perdiendo miles de cosas buenas de la vida perdido en el laberinto de mis contradicciones y pensamientos, me jode ser tan cenizo y tan muermo en esos momentos, me jode parecer medio bobo y con una conversación insustancial, me jode ser incapaz de soltar lastre y mostrarme como de verdad soy, me jode estar siempre del lado de los que no son guays aunque no quiera ser guay, pero lo que más me jode es ser tan rígido, no saber poner la mente en blanco y dejarme llevar, me jode ser como soy, encerradito en mi concha, sin ser capaz de mostrar al mundo la perla nacarada que es mi cerebro.

Hoy vuelvo a ser el niño concha y me siento tan acongojado como un mejillón a las puertas de un cocedero.

3 comentarios:

Ayax dijo...

Nunca es fácil ser popular. A algunos les sale natural, pero yo sospecho que llevan practicando desde la infancia, cuando padres y vecinos aplaudían a "tomatito", la alegría de la huerta.
Muchas veces, aunque es un papel envidiado, no es el mejor. Conseguir el equilibrio y ser uno mismo eso si debe ser el objetivo.

Juanjo, convences en el cuerpo a cuerpo, en la distancia corta. El resto vendrá de mano de la gente que te conoce, que demandará tus historias y te recordará que cuentes tus anécdotas, que serán más famosas de lo que esperas.

En ese momento, no defraudas y siempre abandonas la concha.

Juanjo ML dijo...

Ayax, simplemente gracias

pseudosocióloga dijo...

Yo me abrí al tener a mi hija ¿a tí no te ha ayudado?