viernes, 18 de marzo de 2011

Cuestión de agobio

No hay gilipollez más gorda que tener un trabajo chorras y que encima te agobie. Claro, existe un detalle nimio pero importante, además de que sirve de sustento a mi familia, y es que se mueve mucha pasta, muchísima, algo escandaloso para la mayoría de los mortales, y esa pasta es como una bola atada a tu tobillo, no te deja ni conciliar el sueño tranquilo, yo por lo menos no llego a acostumbrarme. Salgo del trabajo y la bola me acompaña por donde voy, me cuesta la misma vida desconectar y no pensar en ello, y total, ¿para qué?, porque lo que no es normal es tener un salario de “X” y responsabilidad sobre “10000X”, igual vivo en otro mundo pero solo pido que si no puedo vivir en un chalet de puta madre y llevar un coche caro por lo menos pueda llegar a casa y olvidarme del trabajo.

La ingeniería, la de los grandes proyectos es un mundo curioso y confuso, principalmente porque la hacen los ingenieros, seres de otro universo que debieron llegar al planeta por la colisión de un cometa, puede que fuera el mismo que acabó con los dinosaurios pero es una hipótesis que no está del todo demostrada. Uno, por ejemplo yo, termina una carrera sin vocación pero orgulloso de que el rey por fin se haya dignado a firmarte algo, pensando en que va a encontrarse con un mundo de luz y color, pero en pocos días la realidad se hace presente, ¿dónde cojones se esconden los ingenieros de la NASA?, a lo mejor en la NASA porque salvo alguna honrosa excepción yo no los he visto por ningún lado. Es gracioso que un tío esté preparado para mandar un cohete a la luna pero que no esté preparado para atarse las zapatillas, para tomar una decisión medio normal, y me refiero a que tenga dos dedos de frente, que además no se sepa explicar y tenga la misma empatía que una calabaza.

Llevo una semana que no vivo, todo lo que podría pasar mal está pasando y mi trabajo se ha convertido en una partida de buscaminas nivel avanzado, no gano para sustos. Y la mayoría es simple alarmismo, pero otros son para morirse, por ejemplo, imaginemos, y solo vamos a imaginar que te compras un carísimo jersey verde de, también vamos a imaginar, doscientos mil pavos, lo pones en una hoja por escrito y se la das al que hace el jersey, jersey de punto verde talla XL, ¿a qué parece fácil? Pues increíblemente el día que vas a por él el jersey ni es de punto ni es verde, es una falda escocesa a cuadros. Mandas a un inspector para que verifique que el jersey está bien y cuando llega a la tienda mira la falda, se encoge de hombros y firma la recepción en la que pone jersey de punto verde, con dos cojones, y se vuelve con su falda bajo el brazo. Qué ha pasado es un milagro que no llegas a entender, pero que la culpa es tuya lo tienes tremendamente claro, la mierda cae por estratos.

Imaginemos también que convocas a una reunión para tratar un tema que se está complicando, mandas un correo de convocatoria a diferentes departamentos, a tus jefes, a tu cliente porque necesitas su visto bueno para tomar alguna decisión, además adjuntas un documento sobre el que va a girar la reunión para que lo vayan mirando y preparando los comentarios. El texto también sencillo, mañana reunión a las 10 en la sala 2 para discutir este documento, confirmar asistencia. De repente cuando crees que el día no puede ir a peor recibes un correo de respuesta con tu documento lleno de comentarios y una nota que dice: el trabajo que habéis hecho es una mierda, firmado, maldito cabrón. Miras quién está en copia y no ha quitado a nadie, es increíble cómo se puede ser tan imbécil con ya sesenta años, estoy en éxtasis, tanto que estoy deseando de que lleguen las 10 y explicarle a nuestro cliente y a mis jefes porqué maldito cabrón, que debería jugar en mi equipo, nos va descalificando. Tan emocionado estoy que son las cuatro estoy despierto mientras que maldito cabrón estará roncando.

Por supuesto a nadie le importará si el proyecto está mal vendido y no tenemos suficiente gente para realizarlo en condiciones, a nadie le importará si todos hacemos mil horas extras que no nos pagan, que hayamos hecho mil cosas bien y una mal, se buscarán culpables y por supuesto va a ser el que está trabajando, es ley de vida. Además me siento culpable, culpable de cojones y me molesta porque es la parte del juego en la que me hacen caer y entro como un pardillo al trapo. Por eso, un día de estos, cuando mi jefe se digne a llamarme para hacerme la tan intrascendente valoración anual, con su intrascendente subida salarial que yo ningunearé porque trabajar con pundonor es una cuestión de estilo y no de dinero, me darán ganas de quitarme la máscara y declararme un fraude para la humanidad, un tuercebotas, poco más que un trilero titulado.

6 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Ya sabes que a las reuniones hay que ir a ganarlas, así que ánimo y ¡a por ellos!

Gordi dijo...

Yo trabajo en una empresa en la que NINGUNO de los trabajos que hacemos sirve para nada. NINGUNO. Como en tantos sitios, el esfuerzo y el buen trabajo no se valoran, sólo valen el lameculismo y el servilismo. Así que hace unos meses decidí poner a trabajar mi pundonor en cosas más importantes de mi vida y no preocuparme lo más mínimo por proyectos que parecían preocuparme sólo a mí. Funciona. Como nadie se preocupa nadie se ha percatado de que mi rendimiento ha bajado y yo vivo mucho mejor. En serio, funciona.

Anniehall dijo...

Ah, este mundo... qué mierda.

Bárbara dijo...

Harta de comerme el trabajo de una jefecilla caprichosa e irresponsable, de ver como se ningunea en la gran empresa a quien realmente se esfuerza, de tener que pagar siniestros no cubiertos porque es "Don Vito", o de rechazar otros sin base en la que apoyarme porque "es mucho dinero y si no le gusta que se dé de baja", el verano pasado me largué. La gente me miraba atónita pensando ¿quién deja un puesto fijo en plena crisis sólo por conflictos morales? pero tuve el apoyo de los mios y cada día me siento mas orgullosa de la decisión que tomé.

Explorador dijo...

Creo que puedo entenderlo, mi anterior experiencia laboral (antes de este marasmo del que desearía salir :D) era muy suave y en un puesto ínfimo, pero sometido a las manías y gilipolleces de quien mandaba mientras leía libros de mejoración personal, y de quien se me ha llevado el queso, y ese estilo, ya sabes. Así que supongo que en una empresa más seria puede ser una forma de exprimir inhumana. Sólo queda pensar que el rollo del esfuerzo, el mérito y demás ha devenido en una burla grotesca en bocas indignas, y que como dijo Dylan, "nunca pierdas la fe en tu capacidad para cambiar el rumbo" ;)

Ánimo, un abrazo :)

Juanjo ML dijo...

ND, algo no debe funcionar porque ni he peleado, vamos directos al abismo :)

Gordi, mi trabajo sí que es útil, afortunadamente, pero si la mitad de la gente que me rodea no existiese ganaría bastante. Cuando digo trabajo chorras es que existe mucho ingeniero que se cree que está inventando el fuego y el fuego, que yo sepa, lleva ya mucho tiempo inventado.

Annie, es una mierda. Además hoy me han prometido una bolsa de caramelos para el año que viene, lo mismo que el año pasado, cuando lo he dicho me han contestado que las reglas han cambiado y que necesito dos vales para una bolsa, el año que viene serán tres. Lo que no sé es por qué cojones me prometen caramelos y no me los dan, si no me prometieran nada luego me mosquearía menos. Eso sí, me han jurado que he sido el niño más bueno.

Bárbara, no lo sabía, pero yo también estoy orgulloso de ti, de loca nada, eres la repera!!! A ver si nos contamos algún día más cosas y no me tengo que enterar por el blog. Besos.

Explorador, suerte, no todas las empresas son iguales, aunque tienden cada vez más a parecerse. De todas formas también depende de la persona, al que más da más se le suele pedir, y el día que falla es al que més se le machaca. Pero en el fondo tendré que decir eso de "soy un afortunado", aunque en el día a día no me lo parece...