domingo, 23 de octubre de 2011

Sin imagen, sin título

Hace un porrón de años, cuando arrastraba mis lamentables 18 años, tuve una crisis existencial terrible. No recuerdo los motivos, si es que los hubo, pero sí que recuerdo las noches insomnes dándole vueltas a una cosa tan inevitable como la muerte. No tocaba, como espero que tampoco toque ahora, pero ahí vuelvo a darle vueltas al mismo tema, imagino que esta vez estará todo relacionado con una prematura crisis de los cuarenta. Lo mejor de las crisis existenciales es que son absurdas, no vas a arreglar nada teniéndolas, es más, igual estropeas algo que era mejor ni tocarlo, porque el cerebro humano es un aparato fácil de averiar y muy difícil de arreglar.

Puede ser motivo de risa no encontrarle sentido a la vida cuando uno está rodeado de tanta gente que le quiere y que se hace querer, de tantas cosas buenas, de tanta belleza, seguro que el hecho de sentirlas, de disfrutarlas, de quererlas, ya debería ser razón suficiente para alegrarse de vivir, por efímeras que sean, aunque su recuerdo esté condenado a perderse porque el tiempo no perdona nada. Sin embargo no puedo dejar de pensar que todo es inútil, y si no lo es lo será, que la partida está perdida porque por muy bien que juegues, por muchas trampas y trucos que conozcas el final va a ser el mismo, todo tan obvio, todo tan inevitable, todo tan triste.

Y por mucho que intento pensar en otras cosas, de sumergirme en la música que tanto me evade, de leer historias de otras vidas, reales o ficticias, la realidad me devuelve mis pensamientos rebotados, como lanzados contra una pared que me los arroja con más fuerza. La actualidad se ve salpicada, y tal vez no esté utilizando el adjetivo más afortunado, de muertos, algunos notorios y públicos, otros desapercibidos y anónimos, cuya muerte solo parece interesar porque se suma a la de muchos otros desgraciados como ellos, muertos cuantitativos que no cualitativos, desapercibidos, salvo para los que los lloran, si es que todavía tienen fuerzas para hacerlo.

Las muerte nos iguala a todos, ya te hayan construido una pirámide o hayan mondado los buitres tus huesos en las arenas del desierto, ahora también nos iguala como muerte espectáculo en Internet o en el Telediario. Por ello a nadie le extraña ver como decenas de teléfonos móviles graban y fotografían el linchamiento del monstruo libio indefenso, despojado de toda cualidad humana hasta ser despojado de la vida que, para muchos, ya no se merecía. Miro el vídeo y lamento más el hecho en sí que la muerte de una persona, y me asusta ver que soy alguien sin sentimientos. También miro el vídeo de un chico que estaba comenzando a vivir caer sobre el asfalto como un muñeco roto y se me parte el alma, le veo sujeto a su montura, lleno de vida, para unos segundos después no ser más que un proyecto inconcluso de vida, de la forma más estúpida.

Hacía mucho tiempo que no escribía algo triste, afortunadamente, pero hoy me siento vacío y plano, este blog es así, a veces lo abres esperando que te regale una sonrisa y te encuentras con una puñalada. Escribo esperando una noche que ha de llegar y en la que dormiré poco pensando que las miserias cotidianas son poca cosa, que casi nada merece la pena y que cada momento merece la pena ser vivido. Mañana no lo haré y volveré a sumergirme en ese mundo de mentira que finjo vivir a diario, esperando no sé que, muerto de miedo, tratando de ganar una batalla más que realmente es una batalla menos. Trataré de agarrarme a ese hilo invisible que es la vida, esperando que no se me rompa sin que me dé cuenta y dejando las cosas a medio hacer, no, no estoy preparado, quiero madurar y envejecer hasta ser capaz de aceptarlo, no por nada en particular, simplemente por puro egoísmo, por una cuestión personal de estética.

11 comentarios:

Gordi dijo...

Lo único que te puede salvar de volverte loco con tantas preguntas sin respuesta es, curiosamente, lo fácil: nada de filosofías ni sofisticaciones ni dramatismo. Ahora estamos vivos porque no estamos muertos. Vivir es un estado físico que termina cuando la cáscara se rompe. Y pensamos porque hay corriente entre nuestras neuronas.

Pasan cosas más complicadas, como sentir y eso, pero quitarle dramatismo a la cuestión práctica de palmarla o no simplifica bastante las cosas.

Un beso.

Explorador dijo...

Es cierto, a veces es como si miraras las cosas bajo otra luz y no supieras por qué seguir, por qué mantener la mirada que parecen tener todos y por qué hay que perseverar, si todo y nada parecen lo mismo. Supongo que nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo demasiado banal.

Veo a Simoncelli inerte y me sigue pareciendo que no puede ser verdad...veo a Gadafii y veo que incluso un poder que arrasa vidas humanas con estúpido gozo es asombrosamente inconstante y frágil. Y en fin, es lo que hay.

Pero rescato tu frase, "casi nada merece la pena y que cada momento merece la pena ser vivido". Nada más. ¿Puede ser muy vivificante, no crees?

Un abrazo :)

El niño desgraciaíto dijo...

Dicen los budistas, muy listos ellos, que la felicidad viene no por encontrar respuestas, sino por no hacer preguntas.

Creo que ya te lo he dicho alguna vez porque tampoco tengo yo mucho repertorio...

Cris Ham dijo...

Yo creo que te va a bajar la regla.
Bueno,bromas a parte,no podemos vivir pensando en el final del camino.Que quieres que te diga, pero a lo largo de el hay demasiadas cosas buenas,que merecen realmente la pena,personas,experiencias y por muy negro que vaya a ser cruzar al otro lado,habrá que intentar sufrir lo menos posible,reír cuanto más mejor y llevar los malos momentos leyendo blogs como el tuyo.Todos tenemos nuestros días,es la vida misma.Tienes la suerte de tener un gran sentido del humor,y capacidad para trasmitirlo,aprovecha eso para no pensar en cosas tristes,que las hay,pero eso también hace que valoremos más los buenos momentos.

Bichejo dijo...

Yo no sé qué decir, pero tampoco quiero no decir nada.

Que aquí estamos y eso.

Juanjo ML dijo...

Gordi, si pudiera pedir un superpoder pediría el de poner la mente en blanco, sé que soy un hombre pero increíblemente no me funciona. Soy un bicho raro, pero eso ya lo sabes tú. Otro beso, se te quiere mucho por aquí.

Explorador, cuando me dan estas neuras no puedo escapar a lo que sé que es lógico, ni siquiera puedo escapar a mis propios pensamientos, me resulta imposible ordenarlos, por eso escribo las cosas que escribo. Me da pánico la fragilidad de la que hablas, pensar en que en lugar de ir pisando sobre terreno firme voy andando por el borde de un precipicio, por eso lo lógico es disfrutarlo mientras se pueda, pero lo lógico no es amigo de las preguntas trascendentales. Un abrazo.

ND, los budistas de esto deben saber mucho pero yo nada. La ignorancia es igual a felicidad, pero una de las cosas que más pena me da es que un día moriré ignorante. A lo mejor deberéis hacerme budista :)

Cris, mi sentido del humor nace de la ironía, casi del cinismo, pero imagino que sin él estaría amargado. Trato de capear la cosas, pero como tú dices hay días y días, ayer era un día de los malos de verdad, de esos en los que deberían prohibirme acercarme a un teclado. A ver si paso pronto la cuarentena y me dejo de tonterías. Mil gracias por el comentario.

Bichejo, sólo digo que mola horrores tenerte por aquí, en serio. A ver si hacienda hace su trabajo y nos quitamos todas las piernas con una buena cena. Mil besos.

el chico de la consuelo dijo...

Recuerdo con pánico esa crisis de los 18.
A mi me pasó de repente mirando al cielo, junto a un pantano, me di cuenta que mi mundo era redondo,pequeño,limitado y me dio vertigo pensar en un más alla, un vertigo imaginario que me generaba unas nauseas reales,ganas de arrebujarme como un gusano eludiendo el horizonte.
Pensé seriamente en la agorafobia. Era curioso que el miedo se fuera comiendo las imagenes de mis recuerdos y se apoderara de mi y de mi historia.

No lo he contado mucho, pero hoy a estas horas de la madrugada tu entrada me lo ha recordado y aún he sentido ese miedo mientras escribia.

Juanjo ML dijo...

La crisis de los 18 era el mal. Estuve meses sin poder dormir y sin entender nada. Lo de ahora comparado con aquello es un juego de niños, claro, igual como buenos melones que somos hasta hemos madurado un poco :)

Totoro dijo...

Creo que lo que comentas, ese sentimiento de desamparo ante lo inevitable es parte de la condicion humana. Buscamos respuestas cuando creo que no las hay. Tan solo queda disfrutar de todo lo que te rodea por poco, fugaz, simple o tonto que parezca. Suena muy manido pero es asi. El famoso "Carpe Diem" tiene mas razon que un santo...aunque si, es cierto que a veces la cabeza juega malas pasadas.
Un besote enorme!

No dijo...

Me ha encantado esta entrada Juanjo... ;)
UN BESOTEEEEEE

Juanjo ML dijo...

Totoro, pues es una pena que no existan respuestas, es duro pensar que estamos aquí por pura casualidad y que un día nos vayamos porque se nos cae encima una maceta, pero es lo que hay, un beso :)

No, pues es una entrada bastante lamentable, pero gracias, es estupendo verte por aquí siempre. Un beso grandote.