jueves, 14 de marzo de 2013

Del orgullo bloguero

orgullo.
(Del cat. orgull).
  1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.
Nunca me he sentido muy orgulloso de mi mismo, eso es así, y me moriré con la sensación de no haber hecho nunca nada del otro mundo. A ver, no quiero decir que no haya cosas de las que me sienta orgulloso, que no hay tampoco que pecar de falsa modestia, pero sé que no pasaré a la historia por nada relevante. Hay una canción de Bénabar, un cantautor francés que me gusta mucho, sobre todo por lo irónico de sus letras (no ésta precisamente que es pura melancolía), que me recuerda mucho a lo que siento ahora:
 
Moi qui frôle les quarante ans
J'ai pas fait progresser la science
J' découvrirai pas de continent
Faut voir les choses en face

Al borde de los cuarenta ni he hecho progresar la ciencia ni descubriré un continente, las cosas como son. Os la enlazo al final del post.
 
Es algo que asumo, sobre todo en estos tiempos de vacas flacas emocionales que me van limando las aristas a palos, hasta hacerme blandito, ¡quién me ha visto y quién me ve! En estos tiempos en los que junto con mi pelo veo desaparecer buena parte de mi rabia juvenil, siento cosas que antes me parecían secundarias y una de las principales, y que además me llama mucho la atención, es la exaltación de la amistad, y donde escribo amistad quiero decir realmente del cariño. Si me hubierais conocido con veinte años, cuando era arisco como un gato, entenderíais mejor la importancia que tiene para mí ahora al tema.
 
Lo disfruto como un niño.
 
Mucha culpa de ello, la tiene alguna de la gente que pasa por aquí, y que espero que no haya sucumbido todavía a la tentación de dejar de leer este rollo repollo, gente que empezó haciéndose un huequito muy pequeño en mi vida y que ahora me resulta necesaria, que me hace la vida divertida y que, afortunadamente, me regala parte de su tiempo y me hace feliz con su compañía. Pero, y a eso es lo que iba en el post, es gente absolutamente brillante, por mucho que intenten aparentar cualquier otra cosa, en el mundo 2.0, por mucho que vayan de rubias, o de cualquier otro color, por la vida de los unos y los ceros.
 
Por eso, cuando veo que sacan al mundo su lado más talentoso, y las leo por esos blogs del mundo escribiendo cosas realmente fantásticas, cambiando de registro y estilo con la facilidad que lo han hecho, noto como una ola de orgullo me recorre el cuerpo, y me gustaría tenerlas delante para comérmelas a besos y decir a todo el mundo sacando mucho pecho que son mis amigas. Y es que, claro, si volvemos al principio del post y hacemos caso de la definición de orgullo que nos proporciona el diccionario, y vamos a eso de la estimación propia, solo me cabe pensar que me siento orgulloso de lo que ellas hacen porque las considero ya algo mío, forman parte de mi vida 1.0.
 
Pero nunca hablaré de estas cosas con ellas, ni las haré un post bonito que las haga llorar, a no ser que sea de risa, porque ellas y yo sabemos que, en el fondo, estas cosas sentimentales son una pérdida de tiempo.
 

sábado, 9 de marzo de 2013

Estamos en Linkedin

 
Las redes sociales son molonas, muy molonas. Con ellas podemos dar rienda suelta a dos de nuestras más oscuras pasiones, el exhibicionismo y el voyeurismo, además de todas sus posibles combinaciones. A la gente, en general, nos flipa observar y ser observados, unos por el placer de despellejar, otros por pura perversión, muchos para alimentar nuestro exorbitante ego y desatar nuestra imaginación.
 
Por eso, unos señores y señoras, y donde digo señores y señoras quiero decir unos putos genios*, han desarrollado una red social profesional, ahí queda eso, un Facebook para las cosas del trabajo, como dicen campechanamente algunos de mis allegados. Y es un invento del carajo, justo lo que necesitábamos en estos momentos de incertidumbre y altas tasas de paro, un lugar de encuentro para que todos compartamos nuestra vasta** experiencia laboral y presumamos de títulos, másteres y demás méritos varios.
 
Y ahí estoy yo, en Linkedin, que es el nombre del chisme en cuestión, porque alguien que sabe mucho de estas cosas una vez me dijo que es es donde hay que estar si quieres ser un profesional (AKA currante) “en el mercado”***. Me he elaborado un perfil estupendo, que no os pienso pasar, y hasta me he puesto una foto en la que demuestro que yo currando para enriquecer a mis jefes lo doy todo. Me he apuntado a grupos que mantienen unos debates tan apasionantes como ver copular a dos erizos de mar, he seguido a empresas charcuteras que viven del negocio de la carne picada y, sobre todo, he conectado con amigos, compañeros y conocidos extendiendo mi red profesional.
 
Y he flipado. He flipado en colores. Casi he levitado.
 
No me extraña que en este país vayamos a la quiebra, aquí no curra nadie, la inmensa mayoría de mis contactos son, o pretenden ser, jefes de algo. Sólo entre mis contactos, y no son muchos, tenemos líderes, que es algo cojonudo ser líder y que te paguen por ello, managers, de todos los tipos y colores, suppot manager, commercial manager, technical manager, project manager, general manager, loquetesalgadelaspelotas manager. Creo que manager debe ser estadísticamente el empleo más demandado de este país. También existen los “head of” que se debe traducir como jefe, imagino, los gerentes, más de lo mismo, los superintendentes, los directores adjuntos (deputy director y no es un false friend), los directores y en la cumbre de la piramide el que va de CEO, aunque tal vez en su empresa trabajen él y un primo suyo que llegó a tercero de empresariales.
 
Un vistazo rápido de toda esta fauna da para unas buenas risas y para comprobar que puestos a mentir en el CV mejor que sea a lo grande. Muchos de los logros que he leído hacen que el milagro de los panes y los peces parezca cosa de un becario.
 
Ante tanto fuego de artificio, y tanto entusiasmo, casi da vergüenza escribir que tú solo sabes trabajar en algo concreto a cambio de dinero, así que existe una digna segunda división en la que nos refugiamos los coordinadores, los supervisores, los responsables y los especialistas. Porque ahora se llama coordinar y supervisar a lo que antes era trabajar, y todos podemos ser responsable de algo, si sirves cañas en un bar siempre podrías ser responsable de distribución final de bebidas derivadas de la fermentación de la malta que es mucho más jactancioso. Yo también he elegido ser responsable, porque mis padres me educaron para ser una persona responsable y a mucha honra.
 
Así me va.
 
Y hay mucho más, el que va de ingeniero senior y no sabe hacer la o con un canuto, te digo una cosita, senior serás por los años cabrón porque eres zoquete y morirás zoquete, aunque también está su antítesis, los que son ingenieros senior con treinta años y cinco de experiencia, vamos, lo que se ha llamado de toda la vida un puto trepa. Por si fuera poco, además está el tema del inglés, la gente se curra unos CV bilingües que flipas. Gente que aprendió la lengua de Chéspir como yo, escuchando a los Toreros Muertos, gente con la que has compartido reuniones con infieles y balbuceaban más que la duquesa de Alba repitiendo un trabalenguas, los que ponen su nombre en minúsculas y con faltas de ortografía pero después son executive manager. Olé sus huevos toreros.
 
Por supuesto también hay algunos que de verdad no tienen trabajo y ven Linkedin, pero hasta eso parece ser maravilloso y en lugar de un correcto “en proceso de búsqueda de empleo” se está “en búsqueda de nuevos retos profesionales”, algo que deduzco que no debe funcionar muy bien salvo que lo que vayas buscando sea ser portamochilas de Dora la Exploradora. Tampoco hace falta ir de sobrado y escribir que tu empresa actual es el INEM, que lo he visto, porque es de ser ya demasiado sobrado y asustas a los headhunters, que como Buffy o lo que es peor, como Esperanza Aguirre, cuchillo en mano van cazando talento, los pobres.
 
Pagaría dinero por ser uno de ellos.
 
* valore el lector la bondad del castellano en la formación del género de algunos plurales.

** me moría por utilizar vasto/a en un post.

*** y oye, a veces me llega algún correo ofreciéndome trabajo.

jueves, 7 de marzo de 2013

Un matrimonio feliz

Este mes, o el pasado, porque me he dormido un poco, en el Club de Lectura 2.0 nos han obsequiado con una lectura dolorosa pero hermosa al mismo tiempo “Un matrimonio feliz”. Como desde el principio se cuenta que Margaret, la protagonista de la historia, a su pesar, muere de un cáncer terminal, no hay forma de que destripe mucho la historia, aunque como siempre yo aviso, si sigues leyendo es por tu cuenta y riesgo.
La historia en sí no es nada del otro mundo, chico conoce a chica, se enamoran, se casan, tienen hijos, él la engaña, se arrepiente y se convence de que es la persona con la que quiere envejecer, hasta ahí nada especialmente extraño. Pero como la vida además de efímera es cruel, cuando ellos han sido capaces de reconducir su relación, cuando de verdad llegan a ser ese matrimonio feliz que nos anticipa el título, ella enferma de cáncer y muere. Ese es el punto en el que arranca la historia, en parte autobiográfica, en el momento en el que ella decide programar su muerte una vez que es consciente de que cualquier otra alternativa no le lleva más que a una dolorosa y absurda agonía.
El libro nos cuenta como Margaret, con la ayuda de Enrique, su marido, planifica, con precisión casi milimétrica, la despedida de sus familiares y amigos. Y mientras esto pasa, Enrique va relatando su historia común, una historia que comienza en el Nueva York de los setenta, cuando ambos son jóvenes y están llenos de proyectos de futuro que, de alguna manera, se ven truncados por los hijos, la rutina y la convivencia. Esos son los episodios que más me gustan, con mucha diferencia, cuando todo es futuro, descubrimiento y libertad. Después viene el desgaste de la relación que yo veo de forma asimétrica; mientras que Margaret nunca llega a perder ese impulso inicial, él sí que se va dejando domar, como un zapato al que Margaret y las circunstancias van amoldando a su horma.
Eso le lleva a pasar de una sensación de inferioridad y de perplejidad, por el hecho de que ella se sienta atraída por él, a un odio rebelde que tiene mucho de justificación de su propio fracaso personal y profesional. Al principio Margaret era una especie de diosa del amor:
“Lo que lo tenía temblando era saber que cuando ya no tuviera nada más que decir, tendría que pasar a hacer el amor. Y no solo el amor. Tendría que saciar sexualmente a esa criatura, que le parecía más hermosa e inteligente a cada minuto que pasaba, quizá una hembra humana, pero de una categoría tan superior que una mutación de la especie tan soberbia como esa debía de pertenecer a otra clasificación.”
Pero, sorprendentemente dada la pasión inicial, el matrimonio la convierte en esto:
“Él era la víctima y ella, la asesina, y Enrique era lo bastante joven como para creer que esa distinción poseía una trascendencia moral.”
“¿Había otro escape del campo de concentración del matrimonio que no fuera permanecer soltero?”
“Margaret era egoísta de la única manera eficaz en que la gente puede ser egoísta, totalmente convencida de que su manera de vivir es la mejor y obrando en consecuencia.”
Y hay que ser valiente para admitirlo y para confesarlo, porque no es fácil. Desde mi punto de vista supone admitir nuestra imperfección, nuestra inmadurez, nuestra falta de perspectiva, nuestra confusión de lo que es amor y no, de lo fácil que es llamar con nombres falsos al amor, al cariño y al deseo:
“Todo lo que comprendía en ese momento, mientras ella lo acariciaba y resonaba en su cabeza la extraña confesión de que a ella le gustaba, pero no lo amaba, era que esa distinción significaba algo para ella. No obstante, para él no tenía ningún sentido, pasar de que Margaret le gustara a amarla había sido un proceso sin transición alguna.”
Y claro que no había transición, porque no había amor, simplemente había deslumbramiento, aunque, afortunadamente, muchas veces no es algo irreversible porque los caminos del amor son como los del Señor, inescrutables; yo creo que hay gente que es capaz de andarlos simplemente por puro convencimiento hasta llegar a un destino que parece de verdad por mucho que en realidad sea como los decorados de cartón piedra. Ellos llegaron.
Es un lugar cómodo, y hasta puedes pensar que puedes habitar allí para siempre, pero no, ¿y entonces qué? He pensado mucho en ello desde que leí el libro y no quiero estar nunca en el pellejo de Enrique, no quiero pasar por esto:
“Hiciera lo que hiciera, se sentía culpable y avergonzado. Ella iba a morir y él no; en la guerra no declarada del matrimonio, era una victoria atroz.”
“La vida después de esas últimas dos semanas de existencia de Margaret no tenía forma ni sonido.”
Y yo no quiero vivir en un mundo que no tenga forma ni sonido. Es el sentimiento más duro al que me enfrenta el libro. Al de la pérdida.
'Un matrimonio feliz' es un libro que te deja lleno de preguntas existenciales: ¿Por qué amamos? ¿Por qué nos sacrificamos? ¿Qué nos lleva a sufrir hasta el límite cuando sabemos que el límite es la propia vida? ¿Por qué no nos rendimos si al fin y al cabo todo tiene que terminar y nada tiene un sentido objetivo?
Yo sólo encuentro una respuesta, tonta pero que me resuelve la papeleta, por puro idealismo, por simple justicia poética, por llenar de sentido al sinsentido, por estar contigo hasta el último segundo que pueda estar, simplemente porque existes y has elegido estar conmigo.
“Enrique estaba sin habla, consolado hasta lo más hondo al oír que estar con él y sus hijos era la alegría mas grande de la vida de Margaret. Si un desconocido le hubiera preguntado, en cualquier momento de su matrimonio, aquel día incluido, qué le había dado a Margaret como marido, jamás se le habría ocurrido mencionar el placer de su compañía. Imaginaba que tampoco era nada descabellado, pues Margaret había decidido pasar la vida con él, pero nunca se le había ocurrido.”
Es tan sencillo y tan complicado darse cuenta de que el simple hecho de haber elegido con quien estar, de aguantar con él o con ella las calmas y las tormentas, que vendrán, es la declaración de amor más profunda que existe, aunque sea una declaración sorda que se solo se alimenta de hechos cotidianos. Hechos por los que nunca morirá de amor ningún príncipe ni ninguna princesa de cuento.

lunes, 25 de febrero de 2013

Imagina, banaliza, improvisa, arriesga

 
Una vez leí un libro que hablaba de unos ratones y un queso que no me gustó nada. Seguro que todos ya sabéis cuál es, y no, no me gustó.
 
En general, no soporto los libros de motivación y autoayuda, leo y leo y sólo me quedo con un blablabla de filosofía barata muy poco aplicable a la vida real. Y la reconozco al instante porque es muy parecida a la misma mierda que yo escribo en este blog de vez en cuando, a partir de ahora MMQYEEEBDVEC. Un servidor, la autoayuda, siempre la ha encontrado escuchando rock and roll y bebiendo un poco más de la cuenta (*), y no me ha ido tan mal.
 
A lo que voy, ese libro hablaba del miedo al cambio, que es algo que nos sucede a todos, los cambios nos aterrorizan y quien más y quien menos alguna vez ha dicho en su vida aquello de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, es muy humano. Pero si eres una persona normal, siempre serás capaz de asumir que la vida es continuo cambio y que más vale irte adaptando a las circunstancias o estás muerto. Ya lo dijo Heráclito de Éfeso: “Todo cambia, nada permanece” ( MMQYEEEBDVEC), unas de mis citas favoritas.
 
Cuando las cosas eran de color de rosa, cuando las mentiras que descubrimos hoy nos parecían verdades, igual sí que funcionaba no hacer nada, pero ahora, si no quieres asumir que las cosas cambian lo llevas más crudo que el desayuno de un esquimal. Esto es así y por eso me sorprende tanto encontrarme rodeado por personas que no saben qué hacer cuando no tienen perfectamente identificados todos los factores de la ecuación. Gente que es incapaz de improvisar, gente que es incapaz de imaginar escenarios diferentes a partir de la poca información que posee, gente completamente asustada por tener que incorporar a sus vidas el factor riesgo.
 
Y la vida es riesgo, y no pasa nada, porque además, lo más chocante, es que es esta misma gente la que se cree que todo es a vida o muerte, cuando la realidad es que la mayoría de las cosas que hacemos son banales y insignificantes, que el mundo no se termina en un error, porque el mayor error posible es no hacer nada ante la posibilidad de ser imperfectos (más MMQYEEEBDVEC). Detrás de cada decisión no tomada o delegada en los demás hay un miedo enorme al fracaso y una falta total de imaginación que lo realimenta.
 
Lo peor, es que esta gente, desde su perpetuo miedo, desde su duda, desde el bloqueo mental que les lleva a la inacción, nos arrastran con ellos como si fuesen unos zapatitos de hormigón de los que no nos podemos liberar. Son gente que lastra nuestra vida, nuestro trabajo, incluso nuestro ocio y son muy peligrosos porque en lo más profundo de su ignorancia piensan que tienen razón, que los locos somos los demás y que el mundo debería funcionar así. Yo los odio.
 
(*) Bebe con moderación, es tu responsabilidad.

domingo, 24 de febrero de 2013

Soneto para Desgraciaito

Si por el Blasco pasas por delante,
ves la figura de un hombre sin par
que acodándose en la barra del bar
bebe gin-tonics con aire galante.
 
Si sospechas que no es muy interesante,
su aspecto formal no te ha de engañar,
que un club de tortura osa regentar
con menos comedia que la de Dante.
 
Desgraciaito es su nombre de guerra,
llamarle Bosco paréceme afrenta,
aunque como crítico algunas yerra.
 
Hoy, que este señor, nos cumple cuarenta,
camino maduro en la vida perra,
espero seguirle hasta al menos noventa.

sábado, 9 de febrero de 2013

Banderas que insultan a la inteligencia

 
Os prometo que cuando decidí abrir de nuevo el blog no era para pasarme el día refunfuñando, que no, que yo no soy así, que yo me río hasta de mi sombra. Pero es que, como dicen mis amigos argentinos, me llenaron las bolas estos pendejos.

Ayer volvía del trabajo cabreado porque a un miserable kilómetro de mi casa me van a montar un quilombo llamado Eurovegas, que el que lo quiera por mí que lo reclame para su pueblo a ver si aún está a tiempo de llevárselo, cuando de repente veo aparecer por el horizonte una bandera de España que hacía parecer enanos a los autobuses de la compañía de Blas & CIA (aka Blasas). Me he quedado tan flipado que casi me como a un pobre señor al incorporarme a la A5, extasiado por la presencia de 30m2 de bandera rojigualda en canal.

Al llegar a casa he mirado a cuento de qué venía esto y he encontrado este enlace del ayuntamiento http://www.ayto-alcorcon.es/portal/noticias?detalle=37303 En el nuestro Alcalde afirma sin que se le caiga la cara de vergüenza que: “el Ayuntamiento tiene por objeto reflejar el amor, el orgullo y el respeto que todos los españoles tenemos a nuestro país y a nuestros símbolos nacionales. Son muchas las ciudades, en todo el mundo, que lucen en sus calles, plazas y parques la enseña nacional y los vecinos se sienten muy orgullosos". Cierto es, por ejemplo esta bandera de Cuba que luce orgullosa en La Habana http://es.123rf.com/photo_8653083_la-habana-cuba--enero-de-2009-bandera-cubana-y-la-escultura-del-che-guevara-en-la-fachada-del-minist.html

No tengo nada en contra de nuestra bandera, ni de nuestros símbolos nacionales, al contrario, la educación que recibí en los años mal llamados de la transición (permitidme que lo escriba en minúsculas) hace que se me salte una lágrima cada vez que veo a un español subido en un podio. Así somos los rojos del siglo XXI. Por eso me toca mucho la moral que un político use trucos propios de una dictadura bananera en mi nombre. A ver, señor alcalde, yo puedo estar muy orgulloso de mi bandera, a fin de cuentas es algo íntimo y personal, pero insulta a mi inteligencia el uso que usted hace de ella, por mí se la puede meter por el recto entera, o en cómodos trapos de un metro cuadrado, incluyendo el mástil de 16m que es lo que más disfrutará.

Alcorcón, por si alguien no lo sabe, tiene una deuda de 612 millones de euros, ahí es nada, la mayoría achacables a las aventuras circenses del anterior alcalde del PSOE, el ahora senador y diputado regional Enrique Cascallana al que como dicen en mi pueblo “no le comió la mano un guarro”. Echad un vistazo al enlace, no tiene desperdicio, tenemos un circo a medio terminar a pesar de que nos sobran los payasos. Fue el mismo señor que proyectó desde la empresa municipal de la vivienda un proyecto llamado Distrito Norte en los mismos terrenos en los que ahora se va a perpetrar Eurovegas. Son tan, pero tan chapuzas que el enlace lleva años en la página del ayuntamiento que desde dos años regenta (va a ser un verbo muy de moda en Alcorcón ahora) el PP.

Hemos pasado de esto de los parques tecnológicos a los casinos, aunque es de justicia decir que los que lo prometían lo más tecnológico que habían visto en su vida es uno de los botijos que se hacían en la Calle de los Alfares. Y no me parece justo que los que somos alcorconeros desde niños tengamos que tragar por cojones con esto, que va a cambiar nuestras vidas, ojalá me equivoque, a peor. Si un par de centros comerciales de poca monta colapsan ya la ciudad no quiero imaginar qué va a suceder a partir de ahora.

Y frente a todo esto la solución es una bandera, una bandera infinita que oculta que nuestras calles cada vez están más sucias, que los ambulatorios funcionan cada vez peor y que a los colegios se les quitan la mayoría de las ayudas, este año ya he firmado más peticiones en contra de algún recorte que autógrafos Cristiano Ronaldo. Una bandera utilizada de manera vil y partidista que me parte el alma y me avergüenza tanto que me concentro en las líneas de la carretera para no mirarla cuando paso a su lado.

martes, 5 de febrero de 2013

Con la que está cayendo

Con la que está cayendo: Muletilla utilizada sin pudor para justificar cualquier tipo de tropelía, injusticia o coacción cometida al amparo de la recesión económica.

Hace tiempo, en los tiempos felices en los que ZP nos regalaba nubes de algodón de 400€, si escuchabas a alguien pronunciar esta frase y mirabas al cielo normalmente llovía. Sin embargo, ahora, si escuchas la frasecita de los cojones o estás a punto de que te la metan si no es que ya te la han metido, hasta la bola.

Con la que está cayendo es el bálsamo de Fierabrás del mal gobernante, del político corrupto, del empresario chanchullero, del jeta, del sinvergüenza y, en resumen, de todo aquel aprovechado sin escrúpulos al que no le importa sacar tajada de las penurias de los demás.

Nunca jamás cinco palabras fueron tan poderosas para justificar que alguien mangonee en lo que por derecho es tuyo. Cualquier tipo de queja o reivindicación cae inmediatamente fulminada ante tal expresión fruto del victimismo interesado, y somos tan gilipollas que las hemos asimilado y aceptado como si formaran parte del nuevo catecismo de los que no tienen derecho a tener derechos. Además las hemos aceptado como si lo que es normal ahora fuese excepcional, hasta la culpabilidad, hasta los remordimientos.

En los tiempos que corren, con la que está cayendo, cualquiera se queja de su trabajo, ¿con qué derecho?, si tienes un trabajo, aunque trabajes por un salario de miseria y hagas cada día un par de horas extras no remuneradas. Cualquiera pide un aumento de sueldo, con la que está cayendo, al contrario da gracias de que no seas tú el que tenga que pagar una indemnización a la empresa que con tanto esfuerzo se lucra por tu trabajo. Además, con la que está cayendo, es buen momento para que te manden a trabajar a un lugar exótico, pero sin rechistar, que hay millones envidiando que te pueda asaltar, violar o ametrallar un grupo armado por una dieta diaria de 30 o 40 euros.

Con la que está cayendo nos suben el IRPF y lo llaman “recargo temporal de solidaridad”, de solidaridad con los mangantes, digo yo, porque esto es como el anuncio aquel “del mar a la mesa” pero versión “de tu nomina a mi sobre”. Con la que está cayendo nos suben el IVA que es el impuesto que pagamos por sobrevivir (AKA malvivir), tengamos trabajo o no, nacionalizan el banco malo, nos suben la luz, el agua, el IBI, la gasolina, el transporte público, las matrículas universitarias, nos hacen repagar las medicinas, las muletas, las ambulancias, la quimioterapia y hasta la puta madre que los pario, con la que está cayendo.

Es asombroso el poder de esta frase que nos mantiene a todos sumisos y acojonados mientras que cuatro listos se apropian de nuestra educación, nuestra sanidad y todo aquello que nuestros mayores se ganaron con mucho esfuerzo. Ante el menor símbolo de rebelión o disconformidad, sólo hay que pronunciarla para que caiga todo su poder sobre nosotros, como una fina lluvia de pesimismo que nos diluye el ánimo y nos pellizca en el estómago hasta hacernos temblar de miedo. La puta frase de marras es la madre de la desesperanza y del inmovilismo, es lo que nos hace mirar hacia otro lado cuando la cosa no parece ir con nosotros mientras rezamos aquello de virgencita que me quede como estoy, que en el fondo no estoy tan mal, que todavía me llega para comer sin acercarme al banco de alimentos.

Porque parece que todo lo que nos sucede, todo lo que nos cae, es fruto de una maldición bíblica en la que no hay responsables pero de la que todos somos culpables, aunque no tengamos ni puñetera idea de lo que hemos hecho. Son malos tiempos, sobre todo si eres de los que simplemente aspiran a vivir con un mínimo de dignidad, pero no te atrevas a decirlo en voz alta porque te arriesgas a que el viento de responda: ¿Vivir? Optimista. Con la que está cayendo.