miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sit tibi terra levis


Tiene frío, tiene miedo, sabe que hoy puede morir.

Siente el bullicio a su alrededor y el vino mezclado con agua en su estómago, le reconforta. Recuerda sus últimos días en Roma pero no los echa de menos, a fin de cuentas es mejor la vida de soldado que terminar apaleado como un perro en cualquier rincón del Subura, el barrio más populoso de Roma. Allí, en sus estrechas calles, donde se hacinan los más miserables, los matones y las meretrices, allí creció, donde brillan los puñales en cada tabernae y donde se escucha blasfemar en mil lenguas a los esclavos traídos de todos los confines de la república, sin una familia, sin una madre, sobreviviendo como un ratero, esquivando las cuchilladas del hambre. Vivo o muerto no piensa volver jamás, es un buen pensamiento, eso hace renacer la esperanza dentro de él, o puede que sea el vino o puede que sean los primeros rayos de sol que acompañan al alba.

No se arrepiente de haberse alistado en las legiones huyendo de su pasado y del hambre, aunque fuese como un miserable soldado auxiliar, eso es lo de menos, no quiso matar a ese hombre pero ya es tarde para arrepentimientos, está seguro que es mejor morir en combate que crucificado, y sabía que si le atrapaban iba a ser crucificado. No le importa ser poco más que escoria para el legado que, con cara de desprecio, les da las últimas órdenes a lomos de su caballo, ¡estúpido niño barbilampiño! Le devuelve con frialdad la mirada mientras que una oleada de orgullo es bombeada por su corazón, tiene miedo pero al mismo tiempo está deseando demostrar su valía en el campo de batalla. Repasa con detenimiento su armamento, mira la jabalina, acaricia el filo de su espada corta, el gladius, sabe perfectamente lo que tiene que hacer con ambas a pesar de llevar poco tiempo alistado, él es un matón de la calle y no ha necesitado mucha instrucción para aprender a sobrevivir entre los soldados.

Los toques de las cornetas le devuelven a la realidad, ya es completamente de día y el general les ordena formar, si hay suerte hoy el enemigo les presentará batalla. Mientras alcanza su puesto entre las primeras filas piensa en la guerra y no se asombra al llegar a la conclusión de que no la entiende, no sabe por qué lucha y no siente ningún tipo de odio o rencor contra sus enemigos. Las razones de la guerra son de otros, piensa, él solo se contenta con sobrevivir a un nuevo día y llevarse su parte del botín, al pensarlo esboza una sonrisa, el general siempre es generoso con quien le sirve bien. Cuando por fin alcanza su posición se sorprende ante el sentimiento de excitación que le provoca verse cara a cara con la muerte, si sobrevive se promete gastar algún as con aquella muchacha siria que, como muchas otras, sigue a las legiones en búsqueda de fortuna y mejor vida. Si consigue que le licencien con un pedazo de tierra se casará con ella.

A pesar del frío comienza a sudar, vuelve a sentir miedo, desde su posición en lo alto de la colina puede ver los millares de bárbaros formando, parecen enormes, parecen fieros, por supuesto que no disponen de su equipamiento y de su formación pero aun así son peligrosos. Repasa con su mirada el horizonte y queda aterrado cuando sus cuentas mentales le dicen que son inferiores numéricamente al enemigo por lo menos tres a uno. Sin embargo el general nunca ha sido derrotado y eso le hace sentir mejor. El terreno para plantar batalla es bueno, despejado de obstáculos para que las legiones puedan maniobrar sin problemas y decididamente cuesta abajo, sí, es un buen terreno para combatir, además tienen el sol a su espalda y los germanos llegarán al choque ciegos y extenuados. Agarra con fuerza la jabalina al sentir gritar con furia a los guerreros germanos, su respiración se acelera al escuchar el estruendo que provocan al salir en estampida corriendo hacia ellos, la tierra al temblar le hace recordar a Anibal y a sus elefantes aunque nunca los ha visto, a pesar de ello no puede evitar sentir una gran admiración al pensar en los soldados que se enfrentaron a él.

Ve a los germanos acercarse mientras que con el rabillo del ojo observa las primeras escaramuzas de las unidades de caballería por los flancos, dependen de esa caballería para alcanzar la victoria y los germanos son excelentes jinetes, no lo tiene claro. Y los germanos siguen avanzando, ya casi puede ver sus rostros, el legado jura por Marte que destripara él mismo al primero que lance una jabalina antes de tiempo, para no tener barba tiene coraje el niñato. Levanta el brazo, bascula la jabalina y escucha la orden de arrojarla, lo hace con todas sus fuerzas para seguirla con la mirada hasta ver como atraviesa la garganta de uno de sus enemigos. Pero no tiene tiempo de celebrarlo. Con rapidez sujeta su escudo y su espada tratando de dejar el menor hueco entre sus compañeros de los lados.

Aprieta sus pies contra el suelo mientras siente el calor de su propia orina recorrer sus piernas, el choque es brutal, un calambre recorre el brazo que sujeta el escudo a la vez que retrocede medio metro. Nota el olor del primer enemigo a tan solo unos centímetros, pero no le ve, siente como le comprime contra las filas traseras que, afortunadamente, no ceden terreno, es momento de reaccionar. Busca los huecos entre los escudos y comienza a acuchillar, al principio al vacío, toma aire y localiza de nuevo a su presa, vuelve a lanzar el brazo y esta vez encuentra su objetivo, nota chocar la punta de la espada con los huesos del germano y como va desgarrando los tejidos cuando trata de sacarla.

Repite el gesto mecánicamente hasta que el legionario de al lado cae entre alaridos de dolor, un nuevo compañero ocupa rápidamente su puesto, pero para él ya es demasiado tarde. Uno de los germanos, aprovechando el espacio, ha lanzado su espada contra su muslo y le ha alcanzado. Nota como esta vez las que se abren son sus carnes y como la sangre fluye a borbotones hasta dejarle sin fuerzas para seguir luchando. Sabe que su batalla ya ha terminado, aunque afortunadamente no está muerto, lo último que nota es como le arrastran a la retaguardia mientras que unos auxiliares tratan de hacerle un torniquete llamando a voces a uno de los médicos. Entra en un duermevela mientras piensa en su futura casa en Hispania, y en los ojos de la muchacha siria de la que no recuerda su nombre, nunca se lo ha preguntado.

Y ya no tiene frío, ya no tiene miedo, ya no siente nada.

11 comentarios:

molinos dijo...

Dime que has visto "Roma"....

Juanjo ML dijo...

La segunda parte todavía no y la primera hace ya algunos años. Pero he leído tanto de romanos que sé hasta a qué saben :)

molinos dijo...

Tienes que ver la segunda parte...es buenísima.

Yo tengo pendientes de leer una serie que ha leído el ingeniero...unos que son 6...los estoy viendo ahora en la estanteria..pero me da pereza levantarme a ver los títulos...estoy en modo pereza absoluto :)

el relato muy bueno..como siempre, maldito.

Juanjo ML dijo...

La tengo en el disco duro, pero me da como un poco de pena verla y que se me pase la ilusión de saber que la tengo pendiente, raro que es uno.

Cuando abandones la pereza me dices cual es la colección. Si es la de Colleen McCullough te puede dar para un año, aunque es fantástica :)

molinos dijo...

Sip..es esa colección...¿ un año?.....mmm..no creo, cuando me pongo en modo máquina de leer me los ventilo rápido..pero los dejaré para empezar el año que viene, ahora tengo otras cosas entre manos.

Juanjo ML dijo...

Te va a llevar unos meses, eso seguro. Por cierto dile al ingeniero que ya ha salido el séptimo!!!

Anniehall dijo...

Me da miedo entrar en este chat tan íntimo e iniciado en lides romanas. ¿Y dices que este relato era de los malos? Jodo.

molinos dijo...

Annie no es íntimo ni para iniciados..compartimos desconocimientos: yo no he leído la serie de libros de la que habla él y él no ha visto la segunda parte de la serie que digo yo. :)

Juanjo ML dijo...

Annie, éste es el que hice en menos de hora y media, aunque siendo de romanos no tiene mucho mérito.

Y como dice moli el chat no es íntimo, solo es de ponernos un poco los dientes largos ;)

Explorador dijo...

Tienes que ver oma, desde luego ;)

Pienso en que la frase "que buen vasallo si hubiese buen señor" es universal y atemporal, leyéndote, y el fragor y la furia son muy vívidos. Me mola. Por cierto...¿Teutoburgo?

Un abrazo :)

Juanjo ML dijo...

Claro que tengo que ver la segunda parte, pero la tengo guardada como un tesoro, el día que la vea perderé la ilusión :)

No, no puede ser Teutoburgo porque aquello fue una caza de conejos, ¡pobre Varo!, más bien tendría que ser una de las primeras incursiones de César cuando los germanos eran más confiados, en cuanto vieron como se la gastaban las legiones se les quitaron las ganas de batallas en campo abierto.

Gracias por pasarte, un abrazo