domingo, 26 de diciembre de 2010

El mensaje navideño del ser superior


Pongo la tele, es víspera de navidad y todavía no he cenado, lo digo para dejar claro que lo que a continuación sucedió no fue fruto ni del alcohol ni de una mala digestión, simplemente así ocurrió. Un supuesto ser superior me mira a la sobra de un árbol navideño, tiene mala cara, claro, que yo también la tendría si tuviera que pasar año tras año la misma papeleta. El ser superior está hinchado, tiene ojeras, balbucea, y al hacerlo deja entrever unos dientes que seguro que conocieron mejores tiempos, me recuerda a un roedor, me disgusta, a fin de cuentas yo soy republicano.

El ser superior comienza a hablar, le miro atento, le escucho, trato de entender lo que dice pero me cuesta trabajo, me concentro hasta establecer una conexión cerebral con su imagen pregrabada, entonces lo consigo, pero no solo comprendo sus palabras, también comprendo lo que representa. Escucho su arenga desvergonzada, quiere ser mi hermano pero no vamos a cenar juntos por año nuevo, quiere que compartamos con entereza nuestras penurias, pero yo solo quiero compartir las suyas, o por lo menos hacer la media, me habla de esfuerzo y de sacrificio, de que somos grandes y de que saldremos adelante, me habla de reformas, a mí, que he jugado siempre siguiendo las reglas que otros como él me impusieron, a mí, que he pasado siempre por el aro, a mí, que no entiendo que he hecho mal para que ahora tenga que arreglarlo. Echo de menos que regañe a los que la jodieron, pero antes resucitará el cochinillo que se tuesta en el horno, antes resucitarán al alimón todos los cochinillos que se asan en todos los hornos del planeta, antes llegarán saltando los besugos del barrio de Salamanca al Tajo y de allí al océano Atlántico, antes el turrón crecerá en los almendros y el mazapán florecerá el mes de marzo.

Sus palabras resuenan vanas, a mentirijillas, sé que le han escrito el guión, pero uno en la vida es reo de sus palabras, por muy postizas que sean, por eso el ser superior piensa “Señor perdónalos porque no saben lo que me escriben”, y lo más triste es que aunque lo supieran él no lo entendería porque desde su árbol de navidad los corderos se atisban más tiernos y más blancos. En esas estamos los dos, en medio de nuestra mutua incomprensión, cuando pienso en cuantas veces a lo largo del tiempo nos habremos (des)engañado, me siento mal y la cabeza comienza a darme vueltas, al principio despacio, más tarde rápido, más rápido, muy, muy, muy rápido. Y cuando todo para el ser superior ya no es el ser superior, es el rey Alfonso XI el que se lamenta, y yo sigo siendo un mindundi, por lo menos eso deduzco de mi vestimenta de harapos.

Alfonso me habla también de la crisis, a pesar de que echando unas cuantas rápidas parece que murió hace más de seiscientos años. Me cuenta que vivimos en una crisis global que asedia a toda Europa, en pleno siglo XIV, nos cuenta que cada vez más difícil alcanzar el equilibrio entre producción de alimentos y población, y más en plena reconquista. Me habla de hacer reformas estructurales porque el sistema agrícola tradicional se está viniendo abajo, me habla de que él y los nobles se van a dedicar a criar ovejas porque es la forma más fácil de ganar dinero en el floreciente mercado de la lana, convirtiendo a Castilla en un país sin industria, dominado por una aristocracia rural y dependiente del exterior en todos los productos manufacturados.

Como es un rey bueno nos cuenta que está muy preocupado por la situación de los pequeños campesinos, que son los que más sufren la crisis y son los más indefensos frente a la inflación y al alza de la presión fiscal, porque con todo el dolor de su corazón ha decidido que la reforma debe incluir privilegios a los nobles ganaderos en detrimento de los agricultores y del pueblo llano, pero por nuestro bien, que no nos enteramos, nosotros solo debemos mirar al frente y tener altitud de miras mientras que nos siguen desvalijando. Nos pide fortaleza, aunque no podemos seguir cultivando nuestras tierras y caemos en el desamparo y en la mendicidad, también nos pide que ignoremos el hambre de nuestros hijos no haciéndonos bandoleros ni provocando desórdenes sociales, como hacen los buenos cristianos. Porque a pesar de todo, y por mucho que le duela, él tiene pensado seguir comiendo caliente todos los días y no va a reparar en gastos, y como él los suyos, los nobles y la iglesia, que tienen consentidos los malos usos, ya sean indignos e infrahumanos, y añade que al que a pesar de todo se rebele, le cuelga, bondadosamente, para que deje de pasar penurias y malos ratos.

En esas estaba cuando el himno nacional me ha despertado, atónito ante todo lo que acababa de escuchar y vivir, ebrio de indignación y muerto de vergüenza ajena. Menos mal que la primera canción de Raphael me ha recordado que de Alfonso XI a Alfonso XIII, o a su nieto, que tanto monta o monta tanto, en este país va solo un salto.

5 comentarios:

Anniehall dijo...

Si es que a quién se le ocurre ver y tratar de entender el mensaje del rey.

Terrible.

Sil dijo...

A mí lo que me indigna es cómo al día siguiente los diferentes partidos tratan de apropiarse el discurso como justificación de sus ideas o para atacar al contrario. El rey ni pincha ni corta, por eso no puede tomar partido tirando de las orejas de nadie de manera clara. Es un elemento figurativo que hace de diplomático y que gana una pasta de todos los españoles, como la ganaría igualmente un presidente de la república, creo yo. O como la ganan todos los puñeteros políticos del congreso de los diputados que sí son los verdaderos responsables de nuestro devenir. Porque, ideologías al margen, nadie cuando vota busca esta situación. El ya expresidente de la Generalitat de Catalunya tenía un sueldo superior al del Presidente del Gobierno. Y ahora, que se va a jubilar, no vayas a creer tú que su pensión va a ser de chicha y nabo. Lo mires por donde lo mires, sólo puedes sentir vergüenza. Y así con todos, porque lo que estarán robando en la Comunidad Valenciana a manos llenas no lo sabe nadie tampoco... En fin, que me he liado xD Un besito, guapo.

Juanjo ML dijo...

Annie, a mí y a los becarios que se quedan de guardia en las redacciones :(

Sil, pues más razón no puedes tener, pero por lo menos permíteme tener derecho al pataleo. Eso sí, mejor un presidente de la república al que podamos dar la patada cada equis años, y sin prole que alimentar. Por cierto, lo de Valencia apesta desde aquí, el día que de verdad se meta mano van a salir sapos y culebras...

el chico de la consuelo dijo...

Qué bonita la democracia: puedes votar al presidente, al diputado, al senador, al alcalde de tu pueblo, al de la comarca, al presidente de la comunidad de vecinos, al delegado local de tu partido,al presidente de la diputación,al delegado sindical, al de empresa,al vocal de la junta de distrito, al vocal de la asociación empresarial que se constituye en confederación,votas al diputacdo provincial, al autonomico, al presidente de tu nacionalidad o regionalidad en su caso, al de la asociación vecinal y al de tu ong antidemocrática ...y sin embargo no puedes botar a nadie.

Juanjo ML dijo...

Aquí (y no me refiero a este blog) lo único que se botan son los barcos, y si es con una buena madrina muchísimo mejor.