martes, 8 de febrero de 2011

De la vergüenza y de las miradas


Cada mirada esconde un enigma, una historia, un pensamiento oculto.

O eso creo yo, porque la mirada es posiblemente uno de los rasgos más característicos de una persona, una mirada bonita mejora infinitamente cualquier rostro, lo hace automáticamente más agradable, y no tiene que ver con la belleza de los ojos, tiene que ver más con lo que los ojos son capaces de transmitir; no hay nada más bonito que unos ojos que ríen y no hay nada más triste que unos ojos que lloran, aunque estén vacíos de lágrimas. Es evidente que los ojos son el balcón desde el que miramos al mundo, pero además no tienen una tarea fácil, tienen que captar lo que pasa y hacerlo de una manera rápida y precisa, tenemos que interpretar lo mejor posible lo que nos rodea para sobrevivir, incluyendo las otras miradas.

Existen miradas cómplices que nos ahorran todo lo demás, incluyendo las palabras, miradas amenazantes, que dan miedo y transmiten ira, miradas inquisitivas, de deseo, provocadoras, miradas que provocan pena o ternura, miradas de desprecio y miradas de censura, miradas falsas e incluso miradas mal entendidas. Una mirada puede desencadenar en nosotros un torrente de preguntas sin respuestas, buscando una explicación a la forma en la que hemos sido mirados (¿me quiere?, ¿me odia?, ¿me ha mirado mal?, ¿me estaba mirando a las piernas?) o no mirados (me ignora, soy invisible, no existo, soy un gusano). Todos hemos pasado alguna vez por esa centrifugadora y le hemos dado una importancia de vida o muerte, cuando a lo mejor ni siquiera era a nosotros al que estaban mirando o no mirando.

A mí me gusta la gente que mira de frente, la que es capaz de sostener la mirada, por eso mismo yo pongo especial cuidado en mirar atentamente a las personas cuando hablo, y por el mismo motivo cuando algo o alguien no me interesa evito mirarlo, es el mayor desprecio que puedo llegar a hacer, y funciona. Por la misma regla de tres es importante para mí que me devuelvan la mirada, notar la atención del otro, que se establezca un contacto visual que considero tan importante en la comunicación como las propias palabras, o más, porque mirando a los ojos se pueden adivinar muchas cosas que nunca se descubrirían de otra forma. A lo mejor por eso no me fío del que al hablarme no me mira, del que a los dos segundos de mirarme siente la necesidad de desviar la vista, del que mira como a ráfagas y nervioso y sobre todo del que mira de reojo cuando cree que no le miro.

Pero estoy aturdido, porque he encontrado a la horma de mi zapato, hay una persona que cada vez que se para a hablar conmigo me hace sentir como si estuviera absolutamente desnudo, que me intimida, que parece que al hablarme está a un milímetro de mi cuerpo y que podría ser capaz de leer hasta el último de mis pensamientos. No lo entiendo, no me había pasado nunca y me sorprende, es más, me intimida mucho porque soy incapaz de fijar una barrera que hasta el momento de conocerla siempre había sido capaz de interponer, y no es que sea una barrera que me hace hermético, qué va, simplemente me da la seguridad de poder mostrarme hasta donde yo quiero, algo como la mítica frase del 1,2,3 “y hasta aquí puedo leer”, un seguro de privacidad muy necesario que estoy perdiendo.

Y el hecho de que sea una mujer, aunque debería ser anecdótico, me desconcierta aun más, porque evidentemente sobra decir que no es algo afectivo, pero yo soy un cenutrio tratando con las mujeres y admito que consigue hacerme sentir muy inseguro, me hace sentir transparente y vulnerable, y me da mal rollo, bueno no, lo que me da realmente, además de eso, es vergüenza, tanto que cuando me cruzo con ella siento el impulso de dar media vuelta y huir, pero no sería justo, porque lo mismo que la belleza reside en los ojos que miran las paranoias también, y yo debo estar paranoico perdido... ¿o tal vez no soy el único que siente ese tipo de vergüenza cuando al mirarle se siente observado?

14 comentarios:

molinos dijo...

Lo mejor es cuando te encuentras con alguien que te "ve".

Anniehall dijo...

Es que una cosa es mirar y otra escrutar ¿no?

No era una mierda.

Juanjo ML dijo...

moli, te ha quedado un comentario muy de Avatar :) Te ha faltado decirme "me he pasado, te he leído y te veo". Tienes razón, no es lo mismo ver que mirar, nos pasamos la vida mirando a cosas y a gente sin llegar a ver absolutamente nada.

Annie, sí, son dos cosas muy distintas, pero no tengo yo la sensación de que nadie me escrute. Simplemente me desarma y ya está. Eso me ha recordado la frase de alguna amiga que me ha contado que fulanito la miraba como si fuese comida. No es el caso!!!

Ah, y gracias, me he quedado un rato pensando el por qué de la última frase. Ce n'est pas une grand chose...

pseudosocióloga dijo...

A mi eso me pasa cuando me gusta el que está enfrente, creo que me va a adivinar el pensamiento y querría poner tierra de por medio y lo único que consigo es no sostener la mirada.

Explorador dijo...

A mí me cuesta mucho mirar demasiado rato a los ojos, pero creo que es una sensación general, hay demasiadas cosas en ellos, y a veces me avergüenza...así que trato de mirar un rato y descansar...no apartar la mirada bruscamente pero sí unos segundos cambiar a otro sitio. Y cuando no soy capaz, también me avergüenzo a veces. Es curioso lo de la vergüenza, por cierto, es un sentimiento devastador, pero parece que nunca se cuenta entre los peores...pero uf, es horrible.

Saludos :)

Gordi dijo...

Supongo que soy de las raras que no ven mucho a través de los ojos. O es que me han engañado demasiadas veces y ya no confío en mi criterio.

Juanjo ML dijo...

pseudosocióloga, creo que eso me pasaría si me gustase tanto como para pensarme si huir con ella a una isla desierta, y creo que ya no va a pasar, ya no quedan islas desiertas :) ¿O es otro tipo de gustar?

Explorador, yo nunca había tenido la necesidad de apartar la mirada, me he sentido siempre segurísimo al mirar a los ojos, salvo ahora. Me has hecho pensar que a lo mejor siempre existe uno que intimida al otro y a lo mejor yo siempre era el intimidador, es una teoría estúpida y descabellada, pero...

Gordi, no te creo, llevo muchas horas de vuelo leyéndote, te he leído a ti más que a Cervantes :) Eres muy observadora, muchísimo, otro tema es que no te interese ver algunas cosas, eso sí que te lo compro.

Gordi dijo...

No es cuestión de interés, simplemente, las miradas no me dicen nada. No sé leer lo que expresan, o lo interpreto mal.

Explorador dijo...

Coincido con Gordi, tampoco veo tantas cosas...pero cuando me miran creo que me escrutan demasiado, es raro.

Tu teoría es curiosa, quizá sea todo cuestión de roles...pero sinceramente, espero que no sea así... :)

Juanjo ML dijo...

Vale, será como decís los dos, pero escribiendo tenéis pinta de observadores, de no dejaros nada. A lo mejor no lo entiendo porque yo soy todo lo contrario, me fío de lo que veo e interpreto en una mirada, a lo mejor me equivoco pero me da confianza.

Gordi dijo...

Es que una cosa es poder hacer una radiografía y otra saber interpretarla.

Juanjo ML dijo...

Touché!!!

pseudosocióloga dijo...

Oye, ¿y esos ojos son los tuyos?.

Juanjo ML dijo...

Me temo que sí