viernes, 25 de febrero de 2011

A veces pierdo el norte

A veces pierdo el norte, pero mucho, de muy mala manera.

A veces se me olvida lo importante, como si fuera un niño pequeño que no es responsable de sus actos, que no sabe lo que es la vida. Y la vida no puede ser lo que yo hago de ella, no la puedo tratar con tanto desprecio, a golpes, a patadas, como si la vida no fuera yo mismo, como si fuera un ser prescindible, como si no me quisiera nadie, como si yo no quisiera a nadie. Y la vida continuará sin mí, pero qué más dará si yo no estoy aquí para verla, para disfrutarla, para compartirla con los que quiero.

No ha sido un año fácil, todo lo contrario, ha sido horrible y en cierto sentido continúa siéndolo porque todo flota en el aire, como esos platos que bailan en un palo. Y yo me mato por ir corriendo a volver a darles impulso cuando están a punto de caer, pero seguro que alguna vez llegaré tarde y alguno se estrellará. ¡Qué error tan lamentable!, yo solo no puedo, no podría matar al León de Nemea ni capturar al Jabalí de Erimanto, yo no soy Hércules, ni Atlas, el mundo no depende de mí, son muy pocas cosas las que dependen de mí y la principal soy yo y me estoy descuidando, mucho.

Hoy he recogido los resultados de unos análisis y como ya esperaba, y no podía ser de otra forma, tenían más estrellas que la bandera de la unión, pero no la europea, sino la norteamericana. De propina me ha caído hacerme un escáner, por otro tema, que será una bobada, pero del que llevo pasando por lo menos dos años con la excusa de que siempre hay algo más urgente, más importante, algo que ni siquiera me gusta, algo que no tiene que ver absolutamente nada conmigo, que no es más que dinero, con la excusa de arreglar los problemas de los demás antes que los míos, por más que me duelan, por más que ellos sí que tengan mucho que ver conmigo.

Ya he hablado de ello mil veces, mis problemas se traducen en una especie de castigo que me autoimpongo, dejo de cuidarme, y yo para no engordar tengo que cuidarme a rajatabla, es una putada, pero es así, es un tema del metabolismo y contra el metabolismo no se puede hacer nada de nada. Solo con verme se puede saber cómo estoy, soy transparente y no necesito un psicólogo para saber cómo estoy, yo tengo suficiente con una báscula. Pero no es una cuestión de estética, es una cuestión de vida o muerte, y estoy avisado, pero es como dejarse arrastrar por un sumidero hasta aterrizar en medio de una cloaca.

Siempre es igual, lo tengo delante de mis narices y lo veo, pero lo ignoro, como si me hiciera daño a propósito, como si necesitara sentir ese dolor que me rodea en mis propias carnes, o a lo mejor me sirve de excusa pretendiendo que no me quiero. Hasta que ya no puedo más y suena el despertador, entonces me asusto y me llevo las manos a la cabeza pensando en la tontería que estoy haciendo, pongo distancia y pienso en mí, y me cuido, y adelgazo, y me siento bien, y no existe análisis que me tumbe, y soy yo mismo, y me gusto. Pero ¿por qué esta vez no suena el despertador?

A veces me hago daño y soy mi peor enemigo.

5 comentarios:

Gordi dijo...

Uf... te respondería muchas cosas , se me ocurren muchas cosas sobre todo lo que has dicho pero todas son políticamente incorrectas y probablemente no servirían para animarte.

Si no suena el despertador, cambia la pila. Pide ayuda.

Anniehall dijo...

¿Y esto mismo no es el despertador sonando? Yo creo que sí.

Juanjo ML dijo...

Gordi, tú puedes ser todo lo políticamente incorrecta que quieras, es más te lo agradecería bastante.

Annie, no lo creas, no me apetece hacer absolutamente nada, solo lo escribo porque ahora tengo un blog.

Explorador dijo...

Uf, es duro leer estas cosas. De todas formas, si corres tras los platos y te angustias, quizá es porque eres mucho más responsable de lo que te atribuyes. Sólo puedo pedirte que sigas escribiend, compartiendo el camino, si te hace bien, luchando...y que las cosas mejoren. Y que te cuides, coño, que tú lo vales, estoy seguro.

Un abrazo fuerte.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no olvides que tú también eres tu mejor amigo. Si no lo haces tú por ti, nadie lo hará.

No te conozco mucho todavía, pero creo que no mereces sufrir tanto.