miércoles, 1 de enero de 2014

El cero y el infinito


Este mes, en el Club de Lectura 2.0, hemos leído a propuesta de Carmen “El cero y el infinito”, una novela fantástica de Arthur Koestler publicada en 1940. Es tan fantástica que puede haber conseguido lo inimaginable, que todos los miembros del club nos pongamos de acuerdo, parece que para bien. Si no os lo creéis corred a leer reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo; después elevad vuestras manos al cielo y gritad a pleno pulmón !milagro!

Con esto podría terminar la reseña y habría cumplido, y es que es un alivio escribir sabiendo que no vas a tener que batirte a capa y espada con alguien de más criterio (chicos os estoy mirando de reojo); porque hablar de “El cero y el infinito” es casi tan fácil como pescar en una pecera, es una apuesta más segura que jugarse cien euros a ver si Mila Kunis y Megan Fox son capaces de ligar en una clase de tercer curso de ingenieros aeronáuticos. Pero el deber es el deber, así que voy a decir cuatro cosas más para entrar en calor porque con la miga que tiene la novela donde hay que darlo todo este mes es en el blog del club. Allí nos veremos.

“El cero y el infinito”narra la historia de Rubashov, un dirigente del partido comunista soviético en los tiempos de la revolución caído en desgracia bajo el mandato de Stalin y llevado por ello a prisión. Realmente nunca se nombra por su nombre ni a Rusia, ni a la Unión Soviética ni al mismo Stalin, pero no cabe duda de que el libro nos habla de la purga sufrida en el partido comunista durante los años 30, una purga que culmino en los conocidos Juicios de Moscú, en los que muchos dirigentes del partido fueron expulsados, deportados e incluso ejecutados. No vamos a decir ahora en que grupo tenemos que incluir a Rubashov.

El libro se centra en dos cosas, en las propias reflexiones de Rubashov y en los preparativos del juicio, siendo parte de los mismos los interrogatorios marcados por la tortura psicológica que Rubashov recibe hasta forzar una confesión de culpabilidad basada en pruebas falsas y fabricadas. Todo esto enmarcado en una lucha a vida o muerte entre el individuo y la sociedad, como Koestler nos dice el mayor crimen de Rubashov “es poner la idea del hombre por encima de la idea de la humanidad”, porque de eso se trata, del dilema de buscar lo mejor de la humanidad aún a costa de hacer infelices a los individuos que la componen, llegando a la deshumanización más absoluta.

Un contexto en el que la vida humana no vale nada, un pensamiento único en el que el fin justifica los medios de manera que la disidencia se extirpa sin miramientos, un sistema en el que se dice “sustituir la dignidad por la razón” de manera errónea, un caldo de cultivo perfecto para que los seres más crueles y desprovistos de imaginación medren mientras que la inteligencia y el pensamiento libre son condenados a la marginalidad y la disidencia. Y en esa dicotomía Koestler trata de explicar cómo hombres de principios sólidos, tenaces y de fuerte personalidad, fueron capaces de aceptar ante un tribunal cargos que insultaban su inteligencia, que no la inteligencia de la masa informe.

Porque según el relato que hace Koestler, Rubashov parece aceptar su destino con la mansedumbre de un cordero que va al matadero, algo que en un hombre de su posición, capaz de jugar en otros tiempos con la vida ajena, me sorprende. Y es la única duda que me deja “El cero y el infinito”, la de saber si Rubashov acepta su papel en la trama reconociendo que forma parte de algo superior y más importante, lo cual me resulta difícil de aceptar, o si simplemente el Rubashov del final de la novela es un hombre torturado que ha perdido la voluntad.


Matices que iremos debatiendo a lo largo del mes en el blog del club de lectura, allí nos leemos.

4 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Yo creo que lo acepta. Primero Ivanof le hace ver que desde el punto de vista del Partido tiene que darse cuenta de que él está en el error y luego con Gletkin, cierto es que torturado, termina viendo la necesidad de representar el mal absoluto para la tranquilidad de las masas y la confianza en la infalibilidad del Partido, aun cuando ahora dice lo contrario de lo que decía en tiempos de Rubachof.

Carmen J. dijo...

Yo creo que lo acepta por coherencia, y también como un modo de expiar sus propias culpas, que las tiene.

Debatiremos (o no) en el blog del club, que luego el mes se hace muy largo.

Un gran post, Juanjo.

Bichejo dijo...

Yo creo que acepta, porque se convence de lo necesario de su sacrifio. O le convencen. O asume que total, le van a matar igual...

Pau dijo...

Jooooo, no es que no haya seguimiento aquí, es que se ha comido mi comentario!
El problema es que no se sabe qué es exactamente disentir, las normas cambian cada 15', o no, y así no hay manera de acertar... Hace unos años trabajé en una cooperativa (aka "infierno") en la que se funcionaba a base de "esto está muy bien/mal visto" y poco más ¡eras una cooperativa! ¡Todos éramos iguales!... al final siempre gana el culto al líder, el problema es que en la URSS, a diferencia de la cooperativa, cambiaba de vez en cuando y encima , como la ideología a veces lo pudre todo, son capaces de convencer DE LO QUE SEA a los convencidos
Tenéis que leer Koba, el temible