martes, 26 de enero de 2010

Ingeniero multiusos

Como ingeniero responsable de que todas las hojas de papel tengan dos caras en los proyectos en los que participo la vida no es ni completamente aburrida ni tampoco trepidante, voy revisando hoja a hoja a un ritmo que considero aceptable y así voy pasando los días. De vez en cuando alguien quiere que primero revise sus hojas o de repente unas hojas son importantísimas y hay que dejar todo para atenderlas porque fueron mal revisadas. Ni fu ni fa, soy uno más de departamento de revisores de hojas y mi meta es pasar lo más desapercibido posible. Tampoco soy bueno en este oficio, solo tengo un par de años de experiencia y casi todo el mundo sabe más de hojas que yo, por eso solo me dejan revisar las hojas A4 mientras que algunos de mis compañeros se atreven hasta con las A1.

Hoy, de repente, tengo complejo de navaja suiza multiusos, o eso es lo que me haría falta para que una horda de descuartizadores me desmembrase y me repartiese por medio mundo. Me explico. Desde hace un año me encargo de que un proyecto de almacenamiento de gas submarino disponga de hojas debidamente homologadas para su correcta ejecución. Es un trabajo más importante de lo que puede parecer porque gracias a ello las ancianitas de este país tendrán asegurado suministro de gas en sus cocinas para hacerse una sopita caliente los días de invierno y estarán calentitas los días de nieve, si es que la pensión les da para pagar la factura de la caldera. Creo que es el mejor trabajo que he tenido nunca y poco a poco le voy pillando el tranquillo, ya no titubeo cuando me hablan de anversos y de reversos (aunque sean tenebrosos).

Como me tomo mi trabajo muy a pecho se debe haber corrido la voz de que no se me pasa ni una hoja sin sus dos caras reglamentarias y todo el mundo me trae tacos de hojas para revisar. Hace un año eche una mano en un proyecto en un país del otro lado del charco, lo pasé genial allí aunque las hojas tienen otro formato y al principio me costó trabajo adaptarme. Lo pasé tan bien que me han homologado como revisor oficial del reino azteca. Además de seguir preocupándome por el bienestar de mis abuelitas debo preocuparme de que no se nos haya pasado ni una hoja mala en una oferta de algo que llaman gasolinas limpias. Yo lo de gasolinas limpias no lo acabo de entender pero debe ser una frase del rollo “guerra preventiva”, bueno, es lo de menos, mi empresa me da la oportunidad de participar en tan insigne misión, Juanjo ML suma y sigue, puede con eso y con más. De donde saco el tiempo para hacerlo es un secreto que me llevaré a la tumba. ¡Para que luego digan que un hombre no puede hacer dos cosas a la vez!

Pero todo esto no es nada, antes de que me dieran licencia para revisar trabajaba haciendo una oferta para hacer navegar barquitos de papel por un canal que atraviesa un país centroamericano. Pasé un año de mi vida estudiando como transportar los navíos papirofléxicos de un océano a otro, por eso no peco de falsa modestia si hoy me puedo considerar un experto mundial en la materia y no es un tema baladí, si no tienes cuidado la nao puede hundirse por exceso de agua o volcar si ha quedado en el dique seco, debe ser muy desagradable que le pase algo así a una embarcación de papel de 400 metros. Desafortunadamente nuestro sistema de pasar barquitos por ese canal era más caro que el que idearon otros niños más listos que nosotros y nos quedamos sin jugar, o no, de repente nos han pedido ayuda para diseñar el juego porque debe ser muy difícil, espero que solo sea una broma de niños traviesos y al final se vayan con su canal a otro parque.

Y hay más, no me había repuesto aún del susto acuático cuando he recibido una llamada de un desconocido de otro departamento. A sangre fría me ha demandado un CV para la oferta en un país arábigo (de esos que construyen rascacielos de un kilómetro de alto e islas con forma de palmeras) para hacer un aeropuerto en el que despegarán y aterrizarán sin parar aviones de cartulina. Ha sido el colmo, pase lo de los barcos, vale, pero lo de los aviones ni hablar, además mis aviones de cartulina siempre caen en picado y no vuelan nada, creo que no tengo bien depurada la técnica de los flaps.

Sin yo buscarlo comienzo a dar vueltas en una especie de ruleta de la fortuna con casillas llenas de trampas y con paradas en diferentes continentes. Qué me hará parar en una de ellas es una cuestión de azar lejos de las reglas del entendimiento humano. Seguiremos informando.

2 comentarios:

molinos dijo...

ohhh...tu trabajo parece casi tan chulo como el mio con los libros de colores...que suerte tenemos. :)

Juanjo ML dijo...

Siiiiiiiiiiii, es que los ingenieros de la NASA no existen ;)