viernes, 1 de enero de 2010

Escáner corporal


Si existe una cosa poco apetecible en este mundo es volar a los Estados Unidos, a mí eso de que me tomen por terrorista hasta que no se demuestre lo contrario me toca mucho las narices. Y sé de lo que hablo, no es que haya viajado muchas veces allí pero con las que me ha tocado ir creo que tengo suficientes para toda la vida. Entiendo que tiene que ser un golpe muy duro que unos hijos de puta te revienten el salón de casa y te dejen en evidencia delante de los vecinos, pero de eso a la absoluta prepotencia que demuestran hacia los demás va un trecho muy grande, como cantaban los Beatles: “And in the end the love you take is equal to the love you make”. Y es una pena porque el país es fascinante.

La primera vez que pisé allí tuve “gratas” experiencias en el aeropuerto de Newark. Pese a intentar ser lo más amable y educado que pude acabé encañonado por un angelito de la Guardia Nacional que ni se molestó en retirar el dedo del gatillo. ¿Mi crimen?, pues llevar un diccionario de inglés en el trolley que el gañan del escáner no supo interpretar. La escena vista ahora es hasta graciosa, un abuelete mirando el escáner y un chavalín de ayudante, miran la pantalla y al ver mi libro se ponen a dar gritos como monos, en dos segundos ya tenía un cañón apuntándome mientras me pedían abrir el trolley muy despacio. “Granpa it’s just a book”, dijo el jovenzuelo mientras se descojonaba al ver el diccionario, pero ni por esas me libré de ser encañonado, hasta que no me descalzaron, me medio desvistieron, me hicieron encender el ordenador y me pasaron el detector de explosivos no me dejaron en paz.

Podría contar varias experiencias por el estilo pero no voy a hacerlo porque no pretendía hablar de ello hoy, simplemente me he dejado llevar por la indignación contenida, de lo que iba a hablar es del escáner corporal, ¡acojonante! Para evitar que algún malaje se cuele forrado de explosivos en un avión mientras que silba haciéndose el despistado “soy barrenero porque a mí nada me espanta”, van a instalar unos escáneres que literalmente te desnudan. Ya hay quien ha puesto el grito en el cielo clamando por la falta de intimidad que eso supone, pues sí, tienen toda la razón, aunque a mí me la sopla, el momento del escaneo va a ser mucho más traumático para el que me vea desnudo que para mí. Y no porque sea un Rocco Siffredi (¡jo, ese si que tiene que pasar orgulloso por el arco!), ¡qué va!, es que mis michelines son dignos de un campeonato del mundo y difíciles de ver.

Afortunadamente aún no han descubierto un escáner que desnude los cerebros en los aeropuertos, eso sí que sería a la vez vergonzoso y pornográfico. Si se llegara a inventar el cacharro podríamos hacer una versión tipo radiografía del cerebro de Homer Simpson. Al bueno de Homer por lo menos le vieron un cerebro, pequeño, sí, pero por pequeño que sea un cerebro es un cerebro. Lo digo porque si me pasaran ese escáner a mí, lo más que verían sería el vacío absoluto, lo que yo tengo dentro de la cabeza debe ser una especie de agujero negro que se ha ido tragando toda mi materia gris. No debo ser el único, otros enseñarían orgullosos su relleno de paja, de serrín, de pajaritos o de mariposas.

Pero el escáner que a mí me encantaría que pusieran en los aeropuertos sería aquel que desnudara los pensamientos, a pesar de que, aunque parezca mentira, yo saldría peor parado que en el escáner corporal. Y eso que existe gente a la que no le hace falta ningún aparato para saber que piensan en cada momento. Tengo fichadas dos modalidades, están los palizas que les preguntas la hora y terminan contándote hasta de que color llevan la ropa interior (yo mismo soy un poco así) y están las radios humanas. Un terrorista paliza no tendría mucho futuro, le preguntas si se ha quitado el cinturón y te acaba contando hasta lo que cenó anoche Bin Laden, la putada es que esta gente como no da perfil de terrorista acaban convirtiéndose en tu tía la pesada, en el pescadero insoportable o se montan un blog. Las radios humanas funcionan sin pilas, son peores que el conejo de duracell, son personas que tienen la necesidad de ir narrando sin parar lo que les pasa por la cabeza, “verás como se tropieza”, “¡coño, cómo quema!”, “me pica un huevo”, todo lo radian, si fueran mudos se morirían de un shock fulminante, pero como no lo son los que corremos el riesgo de morir de un shock por soportarlos somos nosotros.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Por eso te montaste un blog?? Jajajajaja
Gracias por los buenos deseos de año nuevo que me enviaste en tu entrada anterior.
Abrazos

Anniehall dijo...

Si hacen lo del escáner de pensamientos yo me pido escaneador. Sí así de cotilla soy.

Juanjo ML dijo...

Ese puesto me pertenece :))))
Y los motivos de tener un blog los explico en mi primer post, pero se resume en que estoy bastante loco...

Anónimo dijo...

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