viernes, 8 de enero de 2010

Perseverar


Según la RAE: perseverar. (Del lat. perseverāre).
1. intr. Mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión.
2. intr. Durar permanentemente o por largo tiempo.

Ahora que han terminado la navidades llega la hora de los propósitos de año nuevo, en mi casa tenemos la costumbre (desde el año pasado porque somos gentes de tradiciones arraigadas) de escribir en un papel un deseo y un propósito. Mi deseo del año pasado fue que el Atleti ganase la copa de Europa, nunca desearía nada que se pueda cumplir y además soy un cachondo mental. El propósito era que tenía que adelgazar, aunque fuese un poquito. Hasta las navidades no iba mal, había recuperado un par de tallas de pantalones pero ha sido llegar las navidades y venirse todo abajo. ¡Si es que me he comido hasta al reno Rudolph! Cada vez lo tengo más claro, no se come con la boca, se come con la cabeza.

Pero esto de los deseos y los buenos propósitos es un chollo, si no los cumples pues vuelves a renovarlos. Como bajé dos tallas y solo he recuperado una pues he cumplido, y con volver a mi yo prenavideño volveré a cumplir y estaré estupendo, unas menestras por aquí, un pescado a la plancha por allá y prueba superada. Es lo bueno de ser un gordo profesional, una vez que asumes que por muchos kilos que pierdas serás gordo hasta el día de tu muerte todo es más fácil, es como ser alcohólico, aunque lleves veinte años sin beber tienes que asumir que lo sigues siendo. Yo juré, como Escarlata, que nunca más volvería a tener más de una talla 50 y en eso estoy, no por nada, pero la sección de las tallas grandes no la vuelvo a pisar, ni muerto.

Tener propósitos es maravilloso, aunque no se cumplan, creo que es de lo más humano querer algo pero no tener la suficiente fuerza de voluntad para conseguirlo, por eso admiro a la gente que la tiene porque a mí me es imposible. Mis proyectos a largo plazo siempre se desmoronan como castillos de arena, el que más me duele de todos es el de estudiar historia, sé que ya no será posible, me falta una cualidad que se llama perseverancia, por eso admiro y envidio al cabronazo de mi amigo A que acabará consiguiéndolo. Pero no es el único, también está lo de aprender francés, lo tomé con muchas ganas pero cada vez me veo más flojo, ¿qué por qué estudio francés?, pues por una especie de apuesta, y ya llevo creo que cuatro años dándole al tema, sí, soy inconstante pero tengo amor propio. Lo dejaría, pero cada vez que pienso en ello veo a mi diccionario cantarme cual Jacques Brel de bolsillo eso de:

« Ne me quitte pas
Je t'inventerai
Des mots insensés
Que tu comprendras »

Y es que me he dado cuenta que lo único que me mueve a hacer algo es la curiosidad, pensar en descubrir algo que no conozco activa mi sistema sensorial como un peligro activa el sentido arácnido de Spiderman. Pero en cuanto ya me lo sé o descubro el truco se acabó lo que se daba, pierdo repentinamente el interés y ya no hay manera de recuperarlo. Y me puede pasar en cualquier momento, incluso en medio de una conversación, algo hace clic en mi cabeza y me desconecto, mis hermanos le llaman hacer un Juanjo, a veces se ríen y a veces se ofenden. Que conste que no lo hago por maldad, simplemente pasa, después, cuando me doy cuenta, me quedo de lo más abochornado.

También me encantaría escribir un libro pero soy consciente de mi incapacidad para hacerlo, siempre digo que ya escribí el proyecto fin de carrera, pero no cuela. Como sucedáneo escribo este blog, que es la prueba de fuego a mi perseverancia, llevo ya casi cinco meses juntando palabras y aún me apetece seguir juntando más. El día que suene el clic se acabará, pero de momento aguanto porque es una terapia maravillosa aunque con fecha de caducidad. El día que al pinchar en la página aparezca el error 404 más de uno respirará aliviado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustan los gorditos.
No soy la única, la hija de una amiga una niña de 13 años, está enamorada del gordito de su clase que de paso ha pasado a ser el objeto del deseo de muchas de las niñas de su clase.
Cuando un novio que tuve bajó de peso, ya no tenía ese no se qué, que era su encanto, su atractivo a mis ojos, se veía muy bien pero yo me enamoré de él tal y como lo conocí, y me parecía guapísimo tal y como lo conocí, y mi yo egoísta quería que fuera el mismo por dentro y por fuera!!
Saludos. Alejandra.

Anónimo dijo...

Bueno, Bueno...yo creo que deberías escapar del mundanal ruído de las tallas y las marcas y fugarte con algo o con alguien...como sé que no lo vas a hacer, siempre te quedan el cine y la literatura como vías de escape.
C. Olenska.

Juanjo ML dijo...

Los gorditos ahora son objetos de deseo? Cómo está cambiando el mundo!!!!!
Y estimada Olenska como en el fondo soy muy Newland posiblemente tenga usted razón, aunque nunca se sabe :))

Anónimo dijo...

Mmmmm, o sea que no te fugarías (virtualmente) conmigo? ;) jajajajajaja
Besitos. Alejandra.