miércoles, 30 de junio de 2010

La Excelencia


Excelencia (Del lat. excellentĭa).

1. f. Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo.

2. f. Tratamiento de respeto y cortesía que se da a algunas personas por su dignidad o empleo.


El concepto de la excelencia me da mucha grima, en cualquiera de las dos acepciones del diccionario. La segunda por motivos evidentes, imagino que debido a mis orígenes obreros y proletarios, eso de que unas personas tengan más dignidad que otras, generalmente por motivos de nacimiento, me toca (con perdón) los huevos. Mayormente porque todos nacemos por el mismo y peludo lugar, y creo que con eso está todo dicho. Como excepción solo voy a disculpar a Julio César, si es que es verdad que nació por cesárea, aunque personalmente no me lo creo.

Excelencia es una de esas palabras que de vez en cuando se ponen de moda, lees la prensa, escuchas la radio o simplemente miras la web corporativa y allí está, a todas horas. Si lo piensas bien, este tipo de palabras realmente no significan nada, o por lo menos no pueden concretar nada, pero su mera presencia parece envolver al asunto de referencia de un halo de respetabilidad o de transcendencia. Yo, en cuanto las veo aparecer por el horizonte siento lo mismo que Spiderman cuando presiente un peligro, me pongo en guardia y pienso por donde me la van a intentar clavar, si las escucho me pitan los oídos y si las leo las veo parpadear en negrita y rojo intenso.

Mi relación con la excelencia comenzó en la universidad. Antes, viviendo en el barrio del otro lado de la vía, la excelencia solo se encontraba en el diccionario. Como por entonces era un poco vago y un poco flojo, ir de Alcorcón a la Castellana, para hacer algo tan absurdo como estudiar, me parecía una odisea digna del mismísimo Marco Polo. Así que termine en Leganés, en la Carlos III, una universidad que presumía de excelencia y de ser la pública diferencia. No niego que hoy, casi veinte años después, no lo hayan conseguido, que no lo sé, pero por entonces cada vez que escuchaba al Magnífico (también conocido por pecesbarba) hablar de la excelencia, yo no llegaba a entender por qué si éramos tan excelentes estábamos apiñados 50 cachorrillos en un aula sin mesas en un edificio provisional. Algo no cuadraba. Pero de aquello aprendí dos cosas, la primera fue a escribir en una silla para diestros, la segunda que ser un padre de la constitución no te libraba de ser un tirano y un mentiroso.

Y podría añadir una tercera, el concepto de lo intangible, la versión timo del tocomocho de todas esas cosas que se supone que disfrutábamos y nunca llegábamos a ver. O yo nunca llegué a ver, porque mi paso por la universidad fue cualquier cosa menos excelente, y mi transición sin anestesia a la empresa patera tampoco. Allí algo excelente hubiera sido haber pasado una fregona por el baño en los cuatro años que estuvimos en la nave de Azuqueca, algo excelente hubiera sido tener algún tipo de calefacción que en invierno hubiera hecho subir la temperatura de cinco grados, algo excelente hubiera sido tener la acometida eléctrica legalizada y no tener que escondernos cada vez que pasaban a leer los contadores los de Iberdrola, no sé, a lo mejor soy un poco tiquismiquis pero desde luego un premio a la excelencia empresarial seguro que no nos llevábamos.

Porque ese es otro concepto que me flipa, la excelencia empresarial, si tu empresa busca la excelencia lo siento, estás jodido amigo. Yo quiero una empresa que no me venda el camelo de que busca la excelencia, bueno, si me dicen que tienen una responsabilidad social ya es que me descojono, yo quiero una empresa que me diga a las claras que busca ganar pasta, que soy una herramienta para conseguirlo y me pague religiosamente por ello. Me gusta sentirme un mercenario y alejarme de sentimentalismos y falsos conceptos, que es lo que es la excelencia, una mierda que no es nada cuantificable disfrazada espíritu de superación e intentar ser el mejor, y esto vale para cualquier ámbito de la vida donde la apliques. Mentira podrida, un huevo de pato, a otro perro con ese hueso. La excelencia es el Tío Gilito contando billetes, es el ansia desmedida por ganar a cualquier precio, la excelencia es un lobo con piel de cordero deseando calmar su apetito mordiéndonos en el cuello.


3 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Hoy vamos de definiciones...

Yo mi paso por la universidad tampoco lo considero nada excelente. Es cierto que excelente ya no significa nada. Entras en el VIPS y pone en la puerta 'madrid excelente' cuando la comida está mucho peor de lo que estaba. Si eso es ser excelente, prefiero ser mediocre.

Por cierto... ¿a qué no molaría ser magnífico? A mí de todas esos nombramientos el que me gustaría es el de magnífico.

Juanjo ML dijo...

Lo de ser excelente hoy en día es un camelo, y me molesta mucho porque me jode que me tomen el pelo. Si a mí con que me devuelvan algo que sea coherente con lo que pago me sirve, no hace falta que me lo disfracen de nada.

Y sí, lo de Magnífico es lo mejor del mundo

Anniehall dijo...

Magnífico es como ser súper héroe. Imagínate que tus hijos se enteran de que eres magnífico. Seguro que les mola mucho más que que seas excelencia.