martes, 10 de agosto de 2010

Verdades infantiles (como puños)


Admito que no soy un padre del otro mundo, es más, debo ser un padre bastante deficiente, porque no siento dentro de mí esa pasión desbocada que veo en otros padres de mi alrededor. Por supuesto que no tiene que ver nada con el cariño, ni mucho menos, yo por mi hijo mato, y aclaro que es por lo único que mataría, sin embargo ser padre no es el fin de mi vida, me explico, seguramente sea la faceta más importante y la que más me preocupa pero necesito de más cosas para ser yo mismo, a lo mejor muchos me toman por alguien horrible pero es lo que hay, además es recíproco, si alguien me dice lo contrario tampoco me lo creeré y le tomaré por algo psicópata.

Dicho esto tengo que decir que no me merezco la suerte que tengo, primero porque es un niño fuerte y sano, el mes que viene cumple tres años y por lo más grave que hemos pasado ha sido un catarro, después porque es más listo que el hambre, y eso no es amor de padre, es un hecho, y además es guapo a rabiar, vamos, de llamar la atención, lo cual además de un hecho sí que es amor de padre. Ha tenido la suerte de heredar la delgadez de su madre y la belleza de mi padre, afortunadamente, porque mi padre es guapísimo (bueno dicen que es atractivo lo cual es mejor), tanto que mis amigas de adolescencia venían a casa por verle y, lo que es peor, me pedían que les enseñara fotos suyas de cuando era más joven. Es un trauma que llevo con dignidad porque a la fuerza ahorcan, sin embargo gracias a mi hijo he podido comprobar que yo no era adoptado, eso de que la genética se salta una generación es verdad, para desgracia de mis nonatos nietos.

Pero al grano, que me pongo a teclear y suelto el sermón de la montaña, esta mañana Dani se ha levantado antes de que me fuese a trabajar, algo raro. Al verme se ha debido pensar que era fin de semana y se ha desilusionado bastante al verme coger el portátil y ponerme los zapatos, la conversación quitando su lengua de trapo ha sido esta:

Papi, ¿a dónde vas?

A trabajar cariño.

No vayas. (Él realmente dice no vayes)

Hijo tengo que ir para ganar dinerito para comprar la comida.

Yo te doy dinerito.

No Dani, hace falta mucho dinerito, tú no tienes tanto.

Esto no le ha debido dejar muy conforme porque tras pensarlo un rato ha insistido y me ha soltado:

Papi no puedes ir a trabajar.

¿Por qué Dani?

Porque en el trabajo hay muchos monstruos.

No he podido evitar sonreír y contestar:

Sí, Dani, cariño, no lo sabes tú bien.

2 comentarios:

Anniehall dijo...

Tu Dani es precioso y es listísimo. Eso lo digo yo que no soy su padre.

Y yo también necesito algo más que la maternidad para ser yo.

Juanjo ML dijo...

Gracias Annie :)