sábado, 23 de octubre de 2010

El cavernícola


Podríamos decir que el cavernícola es un señor, o un hombre, o simplemente un ser humano, pero pese a las apariencias no da las características mínimas para ser incluido en cualquiera de esos grupos, por lo menos no para mí que desde esta trinchera me siento libre para juzgarlo. Increíblemente él se considera gracioso y ocurrente, tanto como para despreciar a parte del género humano, para comenzar a la mitad de él por razón de su sexo, pero desprecia a muchísima gente más, como por ejemplo a mí mismo porque no pienso como él cree que se debe pensar, y eso, desde su estrechez de miras, debe ser considerado como una desviación o una enfermedad mental.


El cavernícola es el adalid del pensamiento único, pero para su desgracia vive dentro de una sociedad en la que ciertos comportamientos no son tolerados, eso le desconcierta. A él le gustaría vivir en el mundo sin colores de la letra con sangre entra, ese mundo que ha conocido y que tanto añora, los buenos tiempos seguro que los llamaría. Pero como todo eso se ha terminado, afortunadamente, el cavernícola se ha ido adaptando al medio hasta llegar a ser un profesional, tanto como para poder vivir de ello disfrazado de demócrata. Va por la vida representando una función, con mucho arte y salero, escondiendo a regañadientes sus verdades universales en función de lo políticamente correcto.


Pero a veces no se da cuenta y baja la guardia, es entonces cuando sale el verdadero cavernícola, cuando se junta con otros cavernícolas que le ríen los chistes y le jalean las gracias. Entonces suelta sus exabruptos sin pensarlo mucho, encantado de haber encontrado un púlpito desde el cual vocear sus proclamas, y es entonces cuando nos hiela la sangre y la esperanza. Porque nos creíamos libres de especímenes como él y nos asustamos de ir respirando el mismo aire que antes su venenoso riego pulmonar ha ensuciado, en primer lugar por si se nos pega algo, aunque es complicado, en segundo lugar porque no se le arranca de su poltrona como a la mala hierba, como se extirpa un tumor, de raíz y sin contemplaciones, sin disculpas, sin excusas. Porque para muchos como yo, que además no podemos ser acusados de progresistas de salón o pesebreros, eso marca una gran diferencia, no se puede poner al mismo nivel la torpeza con la indecencia, la incompetencia con la intolerancia.


Por eso, cuando el cavernícola mete la pata se siente dolido, principalmente por lo injusto que le parece no poder expresar libremente su ideario, para él no deberíamos ser iguales ni ante la ley, pero, como es sibilino, cuando ve que su trono corre el riesgo de moverse recurre inmediatamente a falsas disculpas que esconden aun más veneno del que ya había soltado, en el fondo debe pensar que los demás somos gilipollas, y cuando ya no le queda más remedio que meter la cabeza debajo del ala, solo entonces, se confiesa traicionado por sus palabras, lo cual es muchísimo más terrible. A ver, cavernícola, no nos importa lo que sueltas por tu sucia boca, entérate bien, lo que nos preocupa eres tú, tu miserable existencia, los pensamientos que habitan dentro de ti, el problema no es que digas lo que piensas, el problema es que lo piensas, el problema es que existe alguien tan mezquino que todavía piensa así.


Después de escucharle no me extraña que en su microscópico mundo monocolor tenga pesadillas con hordas de mujeres feladoras que amenazar con arrebatarle el puesto, no da para más, no me extraña que tenga miedo del reparto de preservativos a diestro y siniestro, de las clases de educación sexual, total, si lo que espera de una mujer es que esté con la pata quebrada y en casa, y si está preñada mejor, poco importan los embarazos no deseados o evitar un aborto, eso le es indiferente, simplemente es el justo castigo a las mujeres pecadoras que irán derechitas al infierno. Y lo que más me apena es que en lugar de correrle a gorrazos desde el Pisuerga al Duero muchas de ellas le votaran, disculpándole por solo ser un muchacho travieso.


3 comentarios:

Explorador dijo...

No podría estar más de acuerdo. A pocos kilómetros de ese señor, en mi ciudad gobierna un tipo exactamente igual (a veces pienso que quieren demostrar hasta que punto deberían caer para perder unas elecciones, y creo que tienen razón, si presentaran a un gato (con mis respetos a los gatos) para la alcaldía, el gato sería alcalde. Y no diría antas chorradas.

El análisis es completo, pero yo añadiría una sola cosa: la facilidad para presentarse como víctimas, creer que tras las críticas hay motivos espurios, se les quiere silenciar, el pensamiento único, etc...en fin. Ha sido divertido, pese a lo deprimente que es el tema. Me alegra verte en forma

Un abrazo :)

Juanjo ML dijo...

Pues si pueden presentar a un gato y ganar no sé a qué están esperando, si no es el gato ese que quieren echar a agua :)

Pero no es solo una crítica política, es más bien social, estoy seguro que bajo disfraces más progresistas existe gente similar. Si yo dijese algo así de mis compañeras de trabajo a lo mejor terminaba con un ojo morado, ¿cual es la diferencia?

Explorador dijo...

Sí, seguro que esto no es cosa de color político. Pero la impunidad y los votos asegurados crean monstruos, es muy tétrico así dicho, pero es así. La diferencia es esa, creo. El señorito del cortijo, o la dehesa, vamos