viernes, 8 de octubre de 2010

El puto payaso


Es evidente que no estoy pasando por mi mejor momento creativo, bueno, tampoco es eso, directamente no estoy pasando por mi mejor momento y ya está. Sin embargo aun queda algo que me mantiene activo y en perfecto estado de revista, la ira. El proyecto absurdo comienza a extender sus tentáculos por todas las partes de mi vida, llegando a lugares que en principio le deberían estar vetados, como por ejemplo el terreno personal, porque sí, al final uno cumple su contrato de esclavitud a tiempo parcial solo para pagar cosas banales como la hipoteca o la factura del supermercado, nada del otro mundo, no deja de ser más que un intercambio de tiempo por dinero que no me debería afectar, me guste o no es otro vulgar caso de comercio injusto.

Pero ahora te tengo a ti y has cambiado mi vida, puto payaso, eres una inmunda cucaracha que, con tus correos trasatlánticos, me amargas el café todos los días. Hasta tu aparición estelar mis mañanas eran rutinarias y tranquilas, aguantaba el atasco con la misma paciencia que un monje tibetano, llegaba a mi sitio saludando a los sitios vacíos de mis compañeros, encendía el ordenador entre bostezos esperando la grata compañía con la que tomo el primer café, con sabor a veneno, de la mañana. Recuerdo ese tiempo no muy lejano con nostalgia, pero tú me lo has robado, ¡oh, puto payaso!, yo te maldigo, maldigo los sucios y grasientos dedos con los que llenas de blasfemias y mentiras mi pantalla, ya tienes suficientes años para ser tan chivato, acusica y traidor, porque sí, puto payaso, eres un cobardica que va quejándose a quien no debes porque no te hago caso, no te ajunto y no quiero ser amigo tuyo, pero claro, asqueroso reptil, luego ocultas que eres un parásito que vive del esfuerzo de los demás, qué vergüenza, a tu edad, tan mayorcito y meándote en los pañales.

Por tu culpa no duermo tranquilo, me quitas el sueño porque sé que mientras que yo descanso tú estás maquinando los más sucios trucos y perpetrando las mayores de las villanías. Desayuno rápido y me ducho a toda leche, no me afeito, conduzco como poseído por el espíritu de Lewis Hamilton, adelantando hasta por las incorporaciones, ficho a la carrera y subo las escaleras de dos en dos para encender el portátil, que ya ni apago, simplemente lo dejo en modo de suspensión para ganar unos minutos al crono, y cuando por fin abro mi bandeja de entrada allí está tu correo spam, esperándome agazapado, como tendiéndome una emboscada. Y lo leo entre insultos y mueras, cagándome en san pito pato y en la tara genética que debes tener, repugnante batracio, en la cabeza. Lo que más me pone es sentir tu errónea sonrisa de triunfo desde diez mil kilómetros de distancia mientras trato de recordar tu mirada bovina y tu cara de no haber roto nunca un plato, pero eso se va a acabar, te voy a arrancar la sonrisita junto con tu peludo mostacho, te voy a hacer migas y vas a arrepentirte de haberme conocido.

Tanto me absorbes que me tienen que arrancar del teclado para tomar café, y es que mi jornada solo tiene sentido para vengarme de ti. Porque con lo que no contabas, puto payaso, es que cuando alguien me la hace me la paga, y no me vale con devolver el golpe y terminar en tablas, no, para mí la única solución posible es la aniquilación, soy rencoroso hasta decir basta y voy a por ti. He estudiado minuciosamente tu modus operandi para darte donde más te duele y poco a poco sabes que te he ido acorralando, nunca contestas si sabes que estoy todavía delante del teclado, y lo sabes porque te lo recuerdo con correos estúpidos vacíos de contenido, alargo la jornada y justo antes de irme lanzo mi carga de profundidad que debe dejarte desconcertado, lo sé y me alegro. Vuelvo a casa relamiéndome y al acostarme desearía ser un ingeniero de avatar y manejar un Juanjo por control remoto de dos metros y medio que a base de puñetazos en los higadillos te enseñara modales y buenas maneras.

Pero ni eso me va a hacer falta, puedo contigo en cualquiera de las facetas, mosquita muerta, mido metro ochenta y cinco, calzo un cuarenta y cinco y peso más de cien kilos, tengo suficiente momento de inercia como para de una patada hacer orbitar tus pelotas alrededor del sol, si es que no las tienes huecas. Tampoco estaría mal meterte la cabeza en el inodoro, todavía caliente, recién usado por uno de los cerdipótamos que con nosotros conviven en la empresa, para pillártela con la tapa y tirarme el estilo bomba encima de ella, después bastaría con tirar de la cadena porque no tienes que tener ni sangre en las venas. Y si me buscas el pico vas dado, vete cavando el hoyo donde enterrar tus desvergüenzas. Hoy no has contestado y crees que con eso me voy a conformar, ¡lo llevas claro!, con los calzones en las manos me vas a tener que pedir una tregua, y no la vas a tener, habértelo pensado antes de declararme la guerra.

4 comentarios:

Gordipé dijo...

Me encanta este Juanjo que no conocía aunque preferiría que no hubiera tenido que salir, porque se nota que estás sufriendo.

Newland23 dijo...

Sí Gordi, pero imagino que todos en cierto grado sufrimos, la diferencia es que no todos tienen donde escribirlo y no les importa que se les note.

Besos

Anniehall dijo...

No te dejes, no me dejes huérfana en los cafés... que no te quite los pocos buenos momentos también. Ánimo que coraje ya veo que no te hace falta.

Newland23 dijo...

Tranquila Annie, que el café no nos lo va a quitar, por cierto ¿vas el lunes?, pienso llevar una tortilla de patata para el tentempié de las 11 :)