jueves, 4 de febrero de 2010

De cómo nació Dani (I)



Dani nació una noche a principios del otoño, seguramente quería regalarnos otra primavera para hacernos olvidar que los días empezaban a ser más cortos y las noches más largas y frías. Con él los días eran eternos y las noches también, pero daba igual, a lo mejor por eso nació a las cinco de la mañana, como símbolo de todas las cinco de la mañana que a partir de entonces íbamos a compartir y que aún seguimos compartiendo. Supongo que algún día cuando pase las noche fuera de casa, vaya usted a saber con quién y haciendo qué, echaré de menos las noches de insomnio y las mañanas en la oficina bostezando.

Todo comenzó a las doce de una noche en la que una luna llena grande como una galleta presidía el cielo:

- Creo que estoy de parto
- ¿Has roto aguas?
- No, pero estoy de parto
- Vale, seguro que la M30 está vacía, no perdemos nada yendo (gran momento de sensibilidad por mi parte)

Y es que si una mujer dice que está de parto es que está de parto. Punto pelota.

Llegamos a la clínica enseguida, era privada y no había nadie, eso nos mosqueo un poco pero en el fondo era mejor, nos atenderían bien, ¡ja! La recepcionista estaba físicamente sopa (no diré literalmente sopa para que Anniehall no la visualice nadando entre fideos), mientras se desperezaba hizo la pregunta del millón:

- ¿Qué os pasa?
- Pues nada, venimos a la una de la mañana para putearte y no dejarte dormir.
- ¡Ah!, vale, no os preocupéis, llamo a la matrona y sigo durmiendo.
- Gracias.

La matrona apareció al cuarto de hora y tenía menos sensibilidad que las piernas de la momia de Lenin, ¡menuda hijaputa estaba hecha!, con cara de mosqueo porque debería estar en un cuarto viendo la teletienda y habíamos osado molestarla con nuestras menudencias nos volvió a preguntar:

- ¿Qué os pasa?
- Pues nada, venimos a la una de la mañana para putearte y no dejarte ver la teletienda.
- Eso decís todas, seguro que es una falsa alarma.

Entonces desaparecieron y allí me quedé esperando como un bobo. La siguiente noticia que tuve fue que la falsa alarma eran cuatro centímetros de dilatación y vi pasar a la hijaputa corriendo como una gacela en busca del anestesista. Por poco no llegan a tiempo de poner la epidural. Una vez puesta me dejaron entrar a mí. Creo, sin tratar de ofender a nadie, que la epidural es el mejor invento de la humanidad, y no soy mujer, lo de parir con dolor está muy bien si es una decisión personal pero me parece un error. Por la misma regla de tres deberíamos operarnos de apendicitis sin anestesia ni nada, no entiendo a quien hace del sufrimiento virtud, pero eso es otro tema.

A partir de ese momento todo era más divertido, los dos como tontos mirando el monitor para ver llegar las contracciones, porque de sentirlas nada, a cada rato venía la matrona a medir la dilatación y por fin llego nuestro ginecólogo que debo decir que es un señor estupendo. Al principio nos daba ciertos reparos porque es grande como un oso, sus cejas son densas y pobladas y con sus manos se podría jugar al tenis sin raqueta, un niño promedio de tres kilos puede perfectamente dormir la siesta en la palma de una de sus manos, pero como médico es un artista y además muy campechano. No se me olvidará nunca esta conversación:

- Quiero que mi marido asista al parto.
- Por supuesto (M).
- ¿Es obligatorio?
- Si no entras por propia voluntad te meto a hostias (M).
- Viendo tus manos entonces es obligatorio.

Y no me arrepentí, ha sido la experiencia más alucinante de mi vida.

3 comentarios:

Anniehall dijo...

Panda de cobardones sois todos... No lo has podido evitar, la recepcionista ha nadado entre fideos, qué bueno.

Viva la epidural!!!

El niño desgraciaíto dijo...

Annie, te recuerdo que cuando le pinché le dedo el otro día a tu hija dijiste que menos mal porque tú no habrías podido. Y puestos a comparar entre un picotacito en un dedo y el torrente de sangre que vi yo...

Juanjo ML dijo...

Es que lo del parto es inevitable, por mucho que digamos nosotros la protagonista es la madre y es la única invitada fija al evento.
Pero claro, al que le tocó entrar a urgencias el otro día y ver como le ponían una vía al peque fui yo, para ella era algo insoportable.
De todas formas cuando cuelgue la segunda parte desvelaré más cosas :)