miércoles, 3 de marzo de 2010

DLG



Si digo que la primera vez que vi a DLG me impresionó mentiría como un bellaco, es más, me pareció un poco el repelente niño Vicente, pero pronto me demostró lo contrario. Creo que no tardó ni una semana cuando con ardor guerrero se recorrió medio polígono de Azuqueca de nave en nave preguntando por unos enanos, que evidentemente no eran unos señores bajitos, los tenía bien puestos. Curiosamente el día que le conocí estábamos en Alcalá, cosas de la vida, él que es más alcalaíno que los Santos Niños y que ha conseguido que a todos los que nos consideramos amigos suyos nos guste Alcalá, porque es bonita pero también porque él es de allí.

Cuando nos conocimos éramos un par de pipiolos que tuvieron la mala suerte de caer en las garras del malvado JAN, algo que sin saberlo iba a comprometer nuestro futuro cercano y, aunque no lo podíamos imaginar entonces, también el lejano. Y así es como comenzaron nuestras penurias compartidas, los viajes a Valencia en el 205 que amenazaba ruina, los portes y mudanzas en furgonetas de alquiler, las broncas y amenazas de los clientes, esas cosas del inframundo que tanto unen a los que las comparten. Éramos jóvenes y tontos, nos dejábamos llevar por el entusiasmo del que hace algo que le gusta, aunque en los ratos que nos quedaban, en un hostal al que llamábamos “casa”, nos lamentábamos de que así no iba a haber forma ni de tener vida social ni de echarnos novia. Nos equivocábamos, al final hay tiempo para casi todo.

Como buenos titiriteros que éramos nos tocó peregrinar de obra en obra, de ciudad en ciudad y también de país en país. Siempre puteados y siempre con problemas, durmiendo mal y con el estómago a punto de decir basta, pero siempre cumpliendo y siempre sacándonos las castañas del fuego, reflexiva y recíprocamente. Y eso no quiere decir que nuestra convivencia laboral haya sido idílica, porque más de una vez poco nos debe haber faltado para terminar a tortazos, pero nunca llegó la sangre al río, al contrario, nuestra relación siempre ha salido reforzada. Porque DLG es una de esas personas que tienen sentido de la responsabilidad y yo estaba convencido de que nunca me dejaría con el culo al aire y no me he equivocado.

Esa rutina duró unos años, hasta que él no aguantó más y se largó. Yo me alegré infinitamente, porque se merecía algo mucho mejor de lo que tenía, pero me quedé huérfano y llorando por las esquinas. A él le sentó fenomenal, fue justo en esa época cuando conoció a su princesa, a la que tanto había buscado y a la que tanto sigue queriendo. Comenzaron sus años hidráulicos en los que dejó el listón bien alto porque él le pone pasión a todo lo que hace, puede parecer si no le conoces un poco trepa pero es un error de bulto, le gusta lo que hace y no se anda con remilgos, seguirle el ritmo es jodido pero por lo menos no te llena la cabeza de zarandajas y de política, lo que hay que hacer se hace, punto pelota.

Su aventura acuática después me vino muy bien a mí, cosas de la vida, porque cuando yo tampoco pude ya más en la empresa patera allí estaba él para lanzarme un cabo que tenía el otro extremo en Turquía, me agarré tan fuerte a ese cabo que me cambió la vida y yo, que soy un chico agradecido, no lo olvido. Recuerdo las palabras de nuestro nuevo jefe común: “con que seas la mitad de bueno de lo que dice DLG o con que seas la mitad de bueno que él a mi me basta”, ni me hizo la entrevista, por teléfono lo arreglamos todo. Y aún nos iríamos juntos una vez más con la música a otra parte para que el muy mamón pueda darse el gusto de tocarme las pelotas diciéndome que le persigo.

Porque él es así, un chinche y un tocapelotas, le encanta, no lo puede evitar, además pone una cara de niño travieso digna de su nombre, pero se le perdona porque con una sonrisa te desarma y sabes que en el fondo es buena persona y tiene buen corazón, en el sentido metafórico, porque a su corazón físico debería cuidarle más para ahorrarnos disgustos y preocupaciones. DLG es un buen amigo de sus amigos, le gusta rodearse de ellos y hacer mil planes, lo mismo te implica en un concurso de tortillas que en un viaje a la Patagonia, del que por supuesto traerá unas fotos perfectas que serán la envidia del personal.

DLG y yo tenemos muchas cosas en común, a los dos nos encanta lo que hacemos aunque muchas veces juremos en arameo, los dos somos unos rojos de mierda como alguien nos llamó una vez y los dos somos del Atleti aunque él no lo sepa y se crea merengue. No sé si podría decirle muchas de estas cosas a la cara sin que nos descojonáramos antes de la risa, pero para algo tengo un blog, DLG eres un tío estupendo, me alegro de haberte conocido, ¡feliz cumpleaños!

3 comentarios:

alpla dijo...

este es el mejor regalo de cumpleaños que un amigo puede recibir!! mil puntos!

Juanjo ML dijo...

Sí, a ver si se invita a unas cervezas por lo menos...

Anónimo dijo...

Tajine????