viernes, 19 de marzo de 2010

Valoraciones laborales


Es época de valoraciones y subidas en el departamento de revisores de hojas de papel. Yo que antes trabajaba en una empresa en la que lo único que se valoraba era la supervivencia no dejo de sorprenderme del ritual. Nuestras valoraciones eran muy sencillas, para mi ex jefe solo existían dos tipos de trabajadores, los putos esclavos que tragaban con todas las tropelías que su mente de traficante de esclavos podía imaginar y los putos esclavos que acababan rebelándose y a los que se refería en privado como vagos, ingratos y cabrones. A los primeros nos engatusaba con falsos variables que por motivos cada año más rocambolescos nunca llegábamos a cobrar, a los segundos les amargaba la vida hasta que terminaban yéndose, porque las palabras despido improcedente no existen en el mundo de los traficantes de esclavos.

Fue allí donde comprendí que el sueldo era algo relativo y sobre todo que el sueldo en un trabajo no es ni de lejos ni lo más importante. Y vale, sí, yo no trabajo gratis y no me considero mal pagado, aunque bien tampoco, es lo que hay, pero la única cuenta que me hago mes a mes es si lo que ingreso es más o menos lo que gasto, sin lujos y sin grandes despilfarros. ¿Qué llega?, pues de puta madre. Cuando digo que el sueldo es relativo me refiero a que si cuando trabajaba en la empresa patera hubiera dividido la nómina entre las horas que allí pasaba creo que un vendedor de cartones le sacaba más rendimiento que yo a sus horas actuales y a las invertidas en su formación, por supuesto. Y digo que el sueldo no es lo más importante porque la sensación de despertar y no soportar la idea de ir al trabajo no tiene precio.

Por eso, ahora que tengo la suerte de estar en una empresa donde se vive relativamente bien y donde se te valora como un ser humano, ciertas actitudes del personal me desconciertan, sobre todo la poca predisposición a tomar cualquier tipo de decisión e implicarse en su trabajo y la susceptibilidad de muchos. De la subsección de escaqueados dentro del organigrama de los revisores no voy a entrar aunque les admiro en silencio. Y como somos susceptibles y parece que hemos salido de una sociedad secreta el tema de los aumentos de salario se lleva con una discreción digna de la mafia calabresa. Por parte de los jefes y por parte de los empleados.

A mí me hace gracia, porque todos tenemos ojos en la cara y sabemos lo que hacemos en las horas de esclavitud comprometidas por contrato. Yo cuando no estudiaba no esperaba aprobar por la gracia divina, con el trabajo es lo mismo, cuando no curro no espero reconocimiento, cuando curro sí. Pero no es lo normal, para muchos. En mi humilde opinión las subidas de sueldo y las valoraciones se tenían que colgar en un corcho, se acabarían muchas gilipolleces, por parte de los jefes y de los empleados, habría menos enchufados y menos escaqueados, además todo el mundo mataría por saber cuánto le han subido al vecino. Tú también.

Este año, como he sabido dar el pego de que reviso las hojas hasta sin darlas la vuelta, mi jefe me ha catalogado como revisor de hojas cum laude, pero mejor que no se lo diga a nadie, mi subida porcentual tras arduas averiguaciones y torturas, es un punto mayor que un revisor de hojas medio, pero tampoco debería saberlo nadie. La alta dirección presupone que debo estar muy contento por ello, y como soy un membrillo, y es a lo máximo que con mi condición de plebeyo puedo aspirar, seguiré a lo mío hasta repetir la escena el año que viene con más ilusión que la noche de reyes. Prometo no defraudar.

Sin embargo he estado haciendo cuentas y estos son los resultados del precio de ese punto adicional. Me da cierta vergüenza. Horas invertidas de más al año, unas 400, salario a percibir por ese punto libre de impuestos, unos 300 euros, cantidad a percibir más al mes, 25 euros, precio por hora extra, 75 céntimos. Ese es el rendimiento que le saco a mi sobresfuerzo. Aprendí a resolver ecuaciones diferenciales en derivadas parciales para esto, cómo se debe reír de mí hasta el cartonero. Pero soy feliz porque me encanta revisar hojas de papel, soy un afortunado.

Para celebrarlo me he comprado una cámara réflex divina de la muerte que con mi subida no pagaría ni en un año, porque yo lo valgo. Me voy de puente a fotografiar olivares con ella, nos vemos a la vuelta.

2 comentarios:

Explorador dijo...

Enhorabuena :) , si el trabajo "te gusta" (relativamente al menos) y las condiciones son más o menos agradables, se tiene mucho ganado. Yo también creo que el sueldo es muy relativo...como el dinero, vamos, aunque esta crisis nos haya enseñado que el consumismo no es un modo de vida, sino una obligación :D .

Pero en los trabajos que he tenido, me he dado cuenta de que 1, la gente no madura con los años necesariamente, y 2, todos quieren (queremos) ser mártires de su esfuerzo imaginario, la mayoría de las veces. Así que el humor y el desenfado se agradecen sobremanera, claro que sí.

Un saludo.

Juanjo ML dijo...

Yo me siento muy afortunado, no sé lo que es pasar un día en el paro y mi trabajo me gusta relativamente, es verdad :)
Pero como yo digo, cada uno tiene el derecho de vivir sus dramas personales a su medida, en el trabajo se tiende a ser muy extremista, todos nos sentimos injustamente tratados, bueno, casi todos.