sábado, 1 de enero de 2011

La gran melopea


No recuerdo cual fue el año, ¡cómo para recordarlo!, pero si me acuerdo que la mayor borrachera de mi vida coincidió con un día como hoy, en una fiesta de fin de año, debía tener 22 o 23 años. Imagino que es algo poco original y que perdurará por los siglos de los siglos, aunque hace algunos años que no salgo en nochevieja para comprobarlo, el caso es que todas las ilusiones de ligar para los troles de las praderas se concentraban en aquella noche, y quiero remarcar la palabra ilusión, porque la realidad es demoledora, era más fácil encontrar trazas de inteligencia en un consejo de ministros que ligar en nochevieja, pero intentarse se intentaba. Si no, ¿qué hacía un pintamonas del otro lado de la vía de Alcorcón vestido de traje y corbata?, ¡manda huevos!, si ahora no me pongo una chaqueta ni a punta de pistola.

Aquel año tocó ir a Leganés, en concreto a una macrofiesta en una carpa dentro de Parquesur, por entonces allí había un pequeño parque de atracciones, del que solo llego a recordar una mini montaña rusa y unos coches de choque, ambos artilugios son parte importante de esta historia. Con la entrada podías montar gratis en las atracciones que se mantuvieron abiertas toda la noche, o eso me han contado. La verdad es que es una gran idea mezclar atracciones con alcohol, no puede existir nada más divertido que ver a la peña potar los cubatas desde lo alto de los vagones y vamos si ponen a una pareja de la guardia civil a hacer un control en los coches de choque hubiéramos reventado el alcoholímetro. Sí, definitivamente era una idea cojonuda.

La verdad es que hubiera sido otra noche sin pena ni gloria de no ser por el azar, y el ron con cola, claro. La chica que me gustaba de la pandilla bebía los vientos por otro amigo mío que tuvo el detalle de presentarnos en aquella fiesta, y por sorpresa, a nueva novia, su actual esposa. Alguien con más luces que yo habría visto en aquello una oportunidad, pero ahora me alegro de ser tan memo porque así conseguí retrasar un par de años el día en el que la bruja despechada me arrancó el corazón y lo pasó por la túrmix, pero esa es otra historia que me llevaré a la tumba, yo hablaba del azar. En plena fiesta me encontré con A, buen amigo y compañero de fatigas universitarias, no tenía ni idea de que iba a ir a la misma fiesta, pero allí estaba con sus hermanos y su grupo de amigos, la verdad es que eran un plan mucho más interesante que el mío, por lo menos había grano nuevo que trillar.

Comenzó así una fiesta de idas y venidas de un grupo a otro, algo de lo más inofensivo si no fuera porque en cada grupo tenía mi copa que iba apurando como si no existiera un mañana con la excusa de ir a por algo y cambiar de compañía, porque la bruja, aunque luego recuperaría su esplendor, aquella noche estaba hecha unos zorros llorando por los rincones. Mucho más mona e interesante era una amiga del hermano de A, de la que solo recuerdo un tremendo pelazo negro y el abrigo con la que la vi llegar a la fiesta, cinco o seis dedos más largo que su minifalda. Mi último pensamiento consciente de aquella noche fue, cocido como un piojo, abordar a la carrera el coche de choque en el que iba montada, curiosamente me aceptó a bordo en lugar de atropellarme y denunciarme por acoso en el puesto de vigilancia.

Y hasta ahí puedo leer, porque la siguiente vez que abrí los ojos había cambiado mucho el panorama, la morena era un tío feo con bata y el coche de choque, como si le hubiera tocado la varita de un hada, se había transformado en una camilla de urgencias hospitalarias. “¿Has bebido mucho?”, fue la pregunta del millón que me hizo el tío feo, imagino que esas cosas se deben preguntar pero yo no le pregunté a él obviedades del tipo “¿jode estar tratando borrachos en nochevieja?”, además, con una insistencia absurda, me preguntaba qué había bebido, joder, si me habían llevado allí inconsciente agua con gas no iba a ser, estaba yo con el dolor de cabeza que tenía para hacer memoria... pero al minuto me habían dado de alta porque supongo que estaría aquello de gente peor aún que se petaba.

Al salir del hospital recuerdo que mis amigos estaban esperándome mucho más borrachos que yo, menos nueva novia, tan pijilla ella, que no sabía en la que se había metido, además le tocó conducir aunque afirmaba que no había cogido un coche desde que se sacó el carnet hacía ya una pila de años. No sé ni como llegamos a casa, ella a 40 por la autopista negándose a quitarse los tacones, y los otros cuatro borrachos y descojonados. Me dejaron en un estado lamentable, tan lamentable que me pusieron delante de la puerta, tocaron el timbre y salieron corriendo. A mi padre se le pusieron los ojos como platos al verme, y eso que sé que ha sido cocinero antes que fraile, mi madre entró en éxtasis místico, aunque tuvo los suficientes reflejos como para sacar corriendo a mi hermana pequeña de mi cama al grito de “Jose saca a la niña de la cama que el borracho éste la aplasta”, y mis abuelos me miraban con recochineo mientras murmuraban entre ellos en voz baja. Era la primera vez que me veían así, porque yo siempre he sido muy discreto para estas cosas, fue duro para ellos comprobar que el hijo modelo era en realidad bastante golfo, y eso que lo del hospital no se enteraron hasta pasados diez años.

El despertar fue lamentable, aunque quedé con mis amigos aquella noche para recapitular datos porque no me acordaba absolutamente de nada, el resumen fue éste:

- La morena existió, llevaba minifalda y no se llamaba Manolo.

- El alcohol pudo con mi miedo a las montañas rusas, unas fotos lo demostraban.

- En esas fotos también se demostraba que, como afirmaba mi madre, yo de casa salí con una corbata.

- A las cuatro y media me vieron irme de la fiesta con la morena.

- A las seis me encontraron recostado, inconsciente, contra un seto.

- A las siete y media salimos del hospital, no sé que me pusieron pero era bueno.

- A las nueve y algo me dejaron en casa, solo ante el peligro.

- Mi madre aún me lo reprocha

- No he vuelto a beber ron blanco.

2 comentarios:

Gordi dijo...

Si cambiamos la morena por la rubia (yo) podría contarte varias de este tipo jijiji.

Un beso. Y feliz año nuevo, de corazón.

Juanjo ML dijo...

Gordi, lo contrario me habría desilusionado ;)

Un beso y feliz año nuevo también para ti