lunes, 7 de diciembre de 2009

Atila, rey de los hunos



Atila fue el último rey competente de un pueblo de “bárbaros” ortográficamente poco correctos, los hunos. Como ya conté en los albores de este blog yo soy de romanos, soy pero que muy fan, vamos que veo un casco de pretoriano con su penacho rojo y me lo hago encima, seguro que por eso mismo adoro a todos aquellos valientes que en un momento u otro les pusieron las pilas. Atila fue uno de ellos.

Los romanos llamaban bárbaros a todos los que no hablaban latín y griego, sin importarles mucho su grado de desarrollo, debe ser cosa de los imperios tenérselo tan creído. Hoy en día los emperadores del mundo, sí, esos de las barras y las estrellas, también tachan de bárbaros a todos los que no hablan inglés con acento de Carolina del Norte sin importarles mucho si en Carolina del Norte te puede freír a tiros un psicópata de la asociación del rifle al que luego, faltaría más, pueden ajusticiar con una inyección letal último modelo.

Pero vale, aceptaremos pulpo como animal de compañía, los hunos eran unos bárbaros del copón y Atila además de bárbaro era un salvaje, no digo más, le llamaban “el azote de Dios”. Y entonces ser el azote de Dios era ser alguien en la vida, no como ahora que hasta un tío tan triste como Zapatero lo es para los obispos, hay que ver con que facilidad se desvirtúan las palabras y los títulos honoríficos.

El origen de los hunos es ciertamente desconocido, se cree que vinieron de Asia central, posiblemente eran de origen mongol, y se instalaron por la Europa central al otro lado del Danubio. Entonces las emigraciones eran otra cosa, a falta de cayuco y patera se recorrían distancias kilométricas a base de caballo y sandalia. Cuando llegaron a Europa se encontraron un imperio romano que ya realmente eran dos y a otros bárbaros, que ya habían hecho el mismo viaje antes que ellos, asentados en las fronteras del imperio y en algunos casos viviendo plácidamente dentro de él.

Era costumbre de la época intercambiar jóvenes nobles en las cortes para, a modo de rehenes, evitar traiciones a los tratados de paz y los conflictos, la verdad es que me parece una buena idea. Por ejemplo yo a nuestro príncipe, en lugar de haberle mandado a estudiar a Canadá, le hubiera mandado a Marruecos hasta el día que Ceuta y Melilla desaparezcan sumergidas en las aguas, hubiera sido una buena manera de no verle envejecer a costa de los presupuestos. A Atila le mandaron unos añitos a Roma y como era diez millones de veces más inteligente que Curri Valenzuela tomo buena nota para el futuro, no hay nada como saber los puntos débiles de tu enemigo para luego pasártelo por la piedra. Atila lo tuvo claro, los romanos eran unos decadentes

De vuelta a casa le tocó reinar con su hermano Bleda hasta que el incauto murió de forma “accidental” en una cacería por una ingesta masiva de flechazos, alguien le tendría que haber dicho que es una regla de oro no ir a sitios donde te puedan asaetar si compartes un trono. Tras esto Atila tuvo el mérito de unir bajo un mando poderoso, el suyo, a un montón de tribus nómadas, hábiles con el arco y con el caballo, y así poder extorsionar a los débiles y decadentes romanos. Comenzó de esa manera un claro ejemplo de comercio justo, tú me das ese oro y yo no te corto la cabeza.

Pero al final de todo te aburres, unos de dar oro y otros de no cercenar cabezas, así que un día como en los mejores matrimonios surgió una chispa que hizo arder el fuego de la discordia. Atila se dedicó entonces a darles una soberana, nunca mejor dicho, paliza a los romanos. A los de oriente les zumbó hasta llegar a la misma Constantinopla que, afortunadamente para ellos, no era fácil de tomar por las bravas, así que Atila se conformó con una indemnización y plegó velas camino de occidente. En occidente se fue a la Galia donde vivían por entonces los Visigodos con la complacencia romana. A estos también les dio lo suyo y lo de su prima, así que tapándose la nariz visigodos y romanos se unieron para plantar cara a Atila. Y lo hicieron y además se la partieron en los Campos Cataláunicos que para disgusto de Carod Rovira están en Francia.

Atila se volvió a casa pero no estaba ni mucho menos derrotado, a fin de cuentas los Visigodos podrían pelear por sus territorios en Francia pero no irían a defender a nadie a Italia. La excusa para vengarse no pudo ser más simple, la hermana del emperador, Honoria, era un poco díscola para la época y al no aceptar un matrimonio de conveniencia con un noble, seguramente gordo y decadente, pidió ayuda a Atila. Éste se lo tomó como una propuesta de matrimonio y se fue a Rávena, que había sustituido a Roma como capital del imperio, a por su dote. Como era usos y costumbres Atila saqueó y arrasó todo lo que se le puso por delante hasta que llegó al río Po. Allí cuenta la leyenda que el Papa León I le convenció para que se retirara y se volviese a casa (vaya mierda de azote de Dios) aunque yo no me lo creo. Puede ser que alguna epidemia o la amenaza de algún ejército capaz de pararle los pies le hiciesen cambiar de idea. Total que dejó a Honoria compuesta, sin novio e imagino que con una buena tunda de su hermano.

Atila murió poco tiempo después la noche de su boda con una jovenzuela goda llamada Ildico, las crónicas de la época dicen que de una hemorragia nasal, la verdad es que tuvo que ser una buena juerga después de la que cual tuvo la mala suerte de contar con peores médicos que el hortera de Marichalar. Su muerte supuso la desintegración de su reino y prácticamente su desaparición. Atila ha pasado a la historia como un bruto y un asesino pero a mí me queda la sensación de que tuvo que ser un gran hombre con un departamento de prensa muy malo, y es que no hay desgracia mayor que la de ver tu vida contada por tus enemigos.

3 comentarios:

alpla dijo...

que pena que Atila no contara con un "Hurdaci" de época para cantarle gestas... al fin y al cabo la historia es lo que se escribe de lo que ocurrió (al menos la historia que llega a las tertulias de peluquería). Más muertos hubo a espaldas de Cesar en Galia que a espaldas de Atila, quedando el primero como conquistador y el segundo cual Terminator de época. El azote de Dios lo llamaron, y es que es fácil culpar a otros de la decadencia propia. He dicho.

Juanjo ML dijo...

Uy, es que César no se va a librar de mí. Eso si, a éste no le hacía nadie que contase sus batallitas, ya lo hacía el mismo.

Explorador dijo...

Pena quela historia la escribiesen quienes...sabían escribir. Me he divertido un montón leyendo ajajajajaj, menudo azote de Dios, sí.

ndo leyendo una historia de la caída del imperio romano, acaban de aparecer los hunos, se dice que hay una teoría (indemostrable), en los archivos imperiales de China aparecen unas tribus nómadas muy belicosas en los márgenes occidentales del Imperio, los Haung-shus, o alguna pijada así, no recuerdo el nombre. En el 44 d.C, creo, tras una alianza con otra tribu nómada, parecen ser derrotados...y no vuelven a aparecer. 3 siglos después, llegan a Europa los hunos. Es posible que no tenga nada que ver...pero mola imaginarlo :)

Saludos