miércoles, 16 de diciembre de 2009

Había una vez un circo


Los domingos por la tarde, cada dos semanas, repito la misma liturgia, me preparo para ir al circo. Y no es un circo cualquiera, es el circo más grande del mundo, pero de una sola pista, además es un circo al aire libre y sin calefacción al lado de un río. Para ir a ese circo tienes que disfrazarte con una camiseta de rayas, ponerte una bufanda a juego e incluso un gorro de colores con cascabeles de bufón si te apetece.

El circo al que yo voy hace reír y llorar, a veces lloras por no reír y a veces ríes por no llorar. Lo que nunca te deja es indiferente, cada tarde que vas a verles tienen un espectáculo nuevo y aunque parezca imposible superarlo en la siguiente función ellos casi siempre lo consiguen. Nuestro circo es un circo cosmopolita y solidario, es cosmopolita porque tenemos artistas de todas las nacionalidades y colores, incluso merecería el título de “Gran Circo Mundial y Galáctico”, pero lo de galáctico ya lo tienen patentado unos vecinos que tienen su propio circo que, por cierto, no es ni la mitad de divertido. Y es un circo solidario porque en cada función invitan a unos artistas nuevos de fuera y siempre les hacen quedar bien y les dejan llevarse los mejores aplausos y ovaciones.

Además de todo esto, que no es poco, es un circo itinerante. Las semanas que abandonan a su fiel público es porque parten de turné a devolver la visita a esos chicos tan simpáticos que tanto disfrutaron cuando les visitaron. Y como son buenos buenísimos nunca tratan de hacerles sombra delante de su público y nunca roban ni aplausos a los artistas ni alegría a los niños que van a verlos. El Circo Rojiblanco, que así se llama el circo del que soy fan, viaja por toda España repartiendo ilusión, pero no solo han arrastrado sus carromatos y roulottes por el suelo patrio, sir ir más lejos han repartido carcajadas y sonrisas por Europa. Incluso en Chipre, que saben muy poco de circo, quedaron contentos y satisfechos con su actuación.

Los dueños del Circo Rojiblanco son muy majos y simpaticones, sus nombres de guerra son “El pelucas” y el “Cara torcida”. Ellos nunca faltan a su palabra cuando cada vez que contratan a un nuevo artista que amplíe el repertorio anuncian a bombo y platillo ante los medios de comunicación que es un artista consagrado y de fama internacional. Es verdad, todos los nuevos ya en su primera función dan claros síntomas de su clase, es verles salir a la pista y la gente se levanta de sus asientos para alabar su buen hacer y mandar recuerdos a la madre que los parió. Es marca de la casa, y es de agradecer, que aunque pasen los años y cambie el elenco el espectáculo nunca se resiente. “The Show Must Go On”.

En nuestro circo tenemos malabaristas del balón incapaces de dar dos toques seguidos antes de caerse y/o enviar el balón a la grada ante la algarabía del personal. Tenemos a una fiera venida de Argentina que antes daba miedo pero que ahora no tiene dientes y ya no asusta ni aun niño, tenemos un hombre bala que antes lanzaba proyectiles de cañón a toda velocidad contra una red y siempre acertaba pero que este año ha cambiado su actuación y se las lanza al público que asiste perplejo a su transformación. Tenemos payasos de todas las clases, tenemos al que le echan agua con una flor, al que le dan todas las tartas en la cara y el que hace de mimo, los tenemos todos. También tenemos un joven prestidigitador de gran éxito, es el único que logra arrancar aplausos sentidos de sincera admiración, pero todos creemos que el año que viene actuará en otro circo y traerán nuevos payasos y malabaristas que cubran su puesto.

En el Circo Rojiblanco cuando acaba la función es costumbre de los espectadores despedir a la trouppe con pitos y pañuelos como reconocimiento por no haber defraudado a sus expectativas. Por eso a las dos semanas volveremos llenos de ilusión, llueva, nieve o truene, porque los seguidores del Gran Circo Rojiblanco somos así y no le tememos a nada, juntos volveremos a cantar nuestro himno que dice:

Había una vez un circo
que jugaba en el Calderón
lleno de color un mundo de ilusión
pleno de agonía y de emoción
Había una vez un circo
que perdía siempre en el Calderón
sin temer jamás al frío o al calor
El circo daba siempre su función.
Siempre pifiar siempre cantar
pasen a ver el circo
otro país otra ciudad
pasen a ver el circo
es magistral sensacional
pasen a ver el circo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, tengo que reconocerlo.
Te debia la visita.
Madridista Indracita
(añadido a mis RSS)

Juanjo ML dijo...

Ya te lo dije :)