martes, 1 de diciembre de 2009

No me gusta diciembre



No me gusta diciembre, es un mes tan falso como su nombre, va disfrazado de diez y es el último huevo de la docena. Diciembre es el final de nada, es igual que la ilusión óptica de los círculos que parecen espirales, cuando los miras fijamente te das cuenta del truco y de que te han engañado, sigues uno con la mirada y comienzas una nueva vuelta sin ir a ningún sitio. Eso es diciembre, un mes que promete una catarsis y devuelve una desilusión.

En diciembre comienza el invierno, y el invierno es algo más que una estación del año, es el frío y es la oscuridad, son los días en los que conduces de noche para ir y para volver del trabajo, son los atascos en los días de lluvia y en los días de compras, son las tardes de fútbol debajo de una manta y de un paraguas, son los domingos grises encerrado en casa jugando al escondite con las manecillas del reloj, el invierno es el aislamiento y es la soledad. Seguro que en este mes se venden más antidepresivos que figuritas de mazapán y apostaría a que más de uno ha incluido una caja de Prozac en su lista de los reyes magos.

Diciembre es una falsa promesa y yo las odio, me han hecho demasiadas en la vida como para ir aprendiendo a reconocerlas. Me prometieron que si estudiaba tendría un buen trabajo y dinero, ¡mentira!, me prometieron que si era buena persona me iría bien y me recompensarían por ello, ¡y un huevo de pato!, las falsas promesas traen falsas esperanzas y la desilusión que provocan se me ha ido clavando en el corazón con espinas de acero. Menos mal que lo de la vida eterna no me lo he tragado nunca porque sería ya lo que me faltaba, además ya lo cantaba Queen, “Who wants to live forever?”, yo no.

Diciembre promete felicidad y días de fiesta, pero es una felicidad falsa comprada a golpe de talonario. Bueno, si eres gente de posibles y de pequeño te enseñaron a esquiar seguramente que es un mes estupendo, pero si toda la nieve que has visto ha sido la que has recogido de los parabrisas de los coches para tirarte unos bolazos con los colegas del barrio la verdad es que los deportes de invierno te la traen al pairo. Lo único bueno de diciembre es la paga extra, y menos mal, porque con la que se nos viene encima falta nos hace, cenas, regalos, lotería, castañas asadas, un chollo.

Y es que las cenas con los amigos y familiares son inexcusables, no existes socialmente si no tienes por lo menos tres o cuatro cenas de compromiso que no encajan en el calendario. Vaya por delante que yo hace tiempo que dejé de ir a cenas de compromiso por lo cual a las cenas que voy es porque me apetece, que nadie me lo eche en cara, pero preferiría que fuesen en otro momento y bajo otras circunstancias, porque diciembre no es el mejor mes para disfrutar de la noche y además la comida suele ser una mierda y encima te clavan. De propina están las comidas de empresa, gran momento para confraternizar con el enemigo porque con los que son amigos ya hemos comido por lo menos cien veces ese año y no sentimos la necesidad de escenificarlo públicamente.

Diciembre es el mes de las excusas y de los buenos propósitos, es el momento para dejar todo a un lado porque ya llegará enero para arreglarlo, tenemos patente de corso para comer como auténticos cerdos y engordar diez kilos porque ya los perderemos en enero, es el momento de decidir ir al gimnasio y de aprender chino y ruso. Sabemos que es mentira pero todos lo hacemos y vivimos felices en nuestra mentira, seguramente el año que viene estaremos más gordos, no habremos pisado un gimnasio y el único chino que hablaremos será “pollo de Si Chuang”

5 comentarios:

alpla dijo...

Y lo bonito que es que tu mujer/novia se te arrejunte y te abrace para pasar el frío?

Harry dijo...

Tio, Diciembre era el mes diez hasta que el ortera de Julio Cesar dijo que Julio y Agosto eran pa el...

y no iba a poner su nombre a los meses más fríos!!

la verdad es que no sé si esto es cierto, pero bueno, pasar de Camaron a Harry deja su huella!!

Juanjo ML dijo...

Yo creo que patinas amigo Harry!!!

Anónimo dijo...

Me uno totalmente a este manifiesto, aunque no lo ejecute en todos sus puntos. Yo solo ver las luces de navidad (que por lo menos se han esperado a finales de noviembre)en los centros comerciales me entra un escalofrío....buffff.

Juanjo ML dijo...

Que conste que en las navidades en si mismas no he querido entrar, me relamo de placer pensando en el día que les dedique un monográfico.