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viernes, 10 de enero de 2014

Mañana va a ser un gran día


Mañana es un gran día para todos los que tenemos el corazón teñido de rojiblanco, para todos los que somos soñadores e idealistas, para los que nos cuesta creer que todo en la vida se mide en dinero, para los que hemos elegido el camino más difícil siendo conscientes de que merecía la pena hacerlo, para los que somos pequeños pero valientes, para los que nunca perdemos el aliento, para los que vivimos permanentemente esperanzados.

Mañana no será un día como los demás y me levantaré contento. Será un día de mirar el reloj cada cuarto de hora y de echar cuentas del tiempo que queda para el inicio del partido, mañana será un día en el que encima de la ropa de abrigo luciremos orgullosos la camiseta colchonera y nos anudaremos las bufandas al cuello esperando el momento de cantar un gol y agitarlas al cielo de Madrid, fundiendo nuestro aliento cálido con el frío relente del Manzanares hasta caldearlo.

Mañana saldré temprano hacia el estadio, sabiendo que seré la envidia de muchos que se crucen conmigo y con los que, probablemente, compartiré unas palabras de ánimo. Mañana montaré en el metro ya nervioso, como si en lugar del metro fuese un vehículo que me lleva a un mundo mágico. Saldré de él y me mezclaré con la gente que como un río de montaña desemboca, entre risas y cánticos, en el campo.

Mañana me asomaré al césped y será como si fuese la primera vez, se me pondrá la carne de gallina al ver las gradas repletas de gente que en ese momento está sintiendo lo mismo que yo, y me uniré a ellos para cantar nuestro himno como si formase parte de un conjuro de hermanamiento que nos convierte en familia hasta que todo termine con el pitido del árbitro. Y me dejaré la voz animando a los muchachos del escudo de las siete estrellas que tantas alegrías nos están dando.

Mañana será un gran día para ser rebelde, para ser feliz, para disfrutar durante dos horas como sólo sabemos hacerlo nosotros, andando en el alambre que separa el éxito del fracaso, ese alambre del que tantas veces nos hemos caído y al que tantas veces nos hemos vuelto a subir sin admitir nunca que estábamos derrotados. Y es que así somos, inasequibles al desaliento, humildes pero orgullosos, conscientes de nuestra locura imposible de entender para quien no la ha experimentado.

Pero es que además mañana va a ser nuestro día, porque esta vez perder el partido no entra ni en el más remoto de nuestros cálculos, porque nada nos va a amedrentar por muy fiero que nos parezca el contrario, que lo es. Porque nos merecemos esa alegría después de haber atravesado el desierto y la vamos a tener. Porque ser del Atleti es una religión y el Calderón es un templo en lugar de un estadio. Y allí estaré, rezando súplicas paganas para que un balón entre en una portería de 7,32 metros de largo por 2,44,de alto.

miércoles, 29 de junio de 2011

No es importante, es sólo fútbol, es sólo el Atleti

Existen cosas importantes y cosas que no, el mundo es así de sencillo. Existen cosas que nos importan y cosas que no, curiosamente no tienen por qué coincidir con las primeras, tal vez es ahí cuando el mundo empieza a parecer más complicado. Existen cosas que son importantes para mí que no lo son para ti, cosas que van de lo material a lo etéreo, de lo objetivo a lo abstracto. Cosas que puestas en una clasificación son absurdas, sobre todo cuando piensas que cada día hay gente que sufre, que está enferma, que no llega a fin de mes, cosas que, por comparación, te hacen sentir banal e insensible.

Cada valiente que se atreva a leer este lamento estará pensando en su preocupación insustancial, yo de hecho tengo varias, pero aquí a veces escribo de la tontería del fútbol, de esa estupidez a la que etiqueto como sentimiento atlético. Posiblemente la primera estupidez es esa, llamarla sentimiento, y lo es desde el mismo momento en que por su culpa ríes y lloras, cuando es capaz de amargarte una cena, cambiarte de humor y hacer tonterías como subirte de madrugada a un autobús para hacerte en un día 1300 kilómetros, ver perder a tu equipo y luego irte a trabajar con la forma de la ficha verde del Tetris y cara de tonto.

Y es que hacer hueco en tu corazón a unos tíos que corren detrás de un balón, efectivamente, es de ser tonto, si además se lo haces a unos tíos que llevan franjas rojas y blancas y de propina eres inasequible al desaliento, creo que de propina también eres gilipollas. Algunos dirán que el fútbol es un arte, y muchos hasta lo dirán convencidos de estar en lo cierto, y claro, si cualquier cosa es elevada a la categoría de arte ya podemos justificarlo, más en este país en el que sabemos hacer arte con una espada y un trozo de trapo. Yo ya no soy uno de ellos.

Pero lo era, hasta hace muy poco, y no sé si algún día volveré al camino de los que creyeron, pero hoy solo veo negocio, un negocio que por cierto es un timo. ¿Cómo se puede llamar a un espectáculo, porque un espectáculo sí que es, en el que te hacen pagar sin saber qué es lo que vas a ver? Y además con muy malas formas, negando la evidencia de que esto es un cierre por derribo y que se está ordeñando a la vaca hasta dejarla tiesa, lo cual no tendría mayor importancia si yo no fuese parte de la vaca, si tuviera todavía en mi cuenta corriente algunos cientos más de euros.

Veo lo que están haciendo con mi equipo y se me cae el alma a los pies, y no es una cuestión de ser buenos o malos, es una cuestión de ser dignos, si a estas alturas nos importaran más los resultados que las formas ya hace tiempo que no existiríamos. Por eso dudo de nuestra propia existencia, aunque la vea con mis propios ojos cada dos domingos, a lo mejor solo somos muertos vivientes que sin saberlo vamos al campo para aplaudir a ídolos mercenarios mientras que comemos bolsas de pipas esperando el descanso para sacar del papel de aluminio el bocadillo de tortilla.

Me duele que me roben algo que para mí era bonito, las tardes en familia, la ilusión de llevar a mi niño al campo junto con su padre, su abuelo, su tío y su primo, verle crecer allí como he visto crecer a tantos niños a lo largo de los muchos años que llevo siendo abonado, se me quitan las ganas de inculcarle algo que ahora me parece una mierda y de lo que seguramente nunca va a disfrutar. Me fastidia estar tan desilusionado y que de alguna forma me afecte, sobre todo al ver el mundo real desmoronarse a mi alrededor, cosas serias de las que ya escribe mucha gente con bastante más criterio que el mío.

domingo, 20 de marzo de 2011

Lo que no me gusta del fútbol

Ayer volví de nuevo del Calderón cabizbajo, qué ironía del destino fue situar el campo en el paseo de los melancólicos, por varios motivos, evidentemente el principal es que volvimos a perder una vez más, y ya he perdido la cuenta de cuantas van, con el rico y poderoso equipo del norte, solo queda felicitarlos por ser ricos y poderosos, es lo que hay y vamos a tener que irlo asumiendo, aunque ayer me llamaron casi de todo por intentar mantener la ilusión y ser rebelde, es lo que tiene.

Otra cosa es que vayamos por la vida de pobrecitos y desgraciaditos, porque no lo somos, ya quisieran muchos ser como nosotros, tener lo que tenemos, sentir lo que sentimos, ser inasequibles al desaliento. Gestionar tan mal todo eso no tiene perdón de Dios, y nosotros estamos muy mal gestionados, es más, afirmo que son una panda de inútiles, por no querer pensar cosas más graves y delictivas para las que no tengo en principio fundamentos, no tiene sentido el dinero que se mueve en el fútbol y que además esté tan mal repartido, son cosas de este país bipolar en el que todo es rojo o azul, blanco o negro.

Tras leer esto muchos pensarán que cuando hablo del Atleti se me pira la pinza, que solo es fútbol, que no me dan de comer, que me lo tomo demasiado en serio. Y les doy la razón, pero en un mundo en el que no se puede ya creer en nada solo quedan los sentimientos, aunque puedan parecer postizos, y que una docena de días al año me emocione con el fútbol no le hace daño a nadie ni me priva de otras aficiones y afectos. Vale, es un poco tonto poner las ilusiones propias en los pies de soldados mercenarios que corren por un sueldo, adoptarlos como ídolos y beberles los vientos, pero uno es como es y ya va peinando suficientes canas en los lugares que van quedando pelos.

Dicho esto, quiero explicar por qué volví ayer tan triste del partido, no soporto la mala educación, los insultos, las agresiones, aunque sean verbales, los malos modos. No los soporto en general, y cuando los veo en un grupo que no me representa pero si que me identifica, siento bastante asco y desprecio. No me gusta escuchar desearle la muerte a nadie, y cuando digo a nadie es a nadie, ni a un asesino ni a un violador, menos a un futbolista que solo cumple con su trabajo, si me parece un estúpido es otro tema que no viene a cuento. No soporto el racismo, ni en la más mínima expresión, que llamen a alguien gitano por ser portugués, hay que joderse, qué gran insulto, habrá que pedir disculpas a los gitanos por la barbaridad y a los portugueses por la intención. No sé, es vergonzoso, para colmo, y demuestra gran inteligencia viendo la piel de algunos jugadores, llaman mono a un brasileño por ser negro, siento un asco tremendo.

Pero siendo grave no es lo peor, lo peor es que he visto a la multitud intentar agredir a un padre y un hijo que, llevados por sus colores, han celebrado un gol de los de blanco, no ha sido la acción más inteligente del mundo pero estaban en su derecho, no me gustaría verme nunca en esa situación con mi hijo, y no quiero que mi hijo vea tanta intolerancia como algo natural, asumible, cotidiano. Mira que me fastidia pero estando así las cosas no pisa un campo de fútbol hasta que tenga dieciocho años. Algún forofo me dirá que no pasa nada, que pasa en todos los sitios y mil excusas más que no me valen, porque a mí me duele lo mío, no quiero que se me juzgue como un impresentable más que calla, porque callar es ser cómplice y no me da la gana.

Si por mi fuese, y aunque me duela, cerraba unos partidos el campo y después ponía en la puerta un control de alcoholemia, para que aprendamos, para que echemos a esa panda de borregos que utilizan la multitud como refugio de sus repugnantes actos, para que no demos cobijo a los violentos entre los que queremos ser normales, porque no quiero seguir sintiendo vergüenza ajena y propia, porque se puede hacer a poco que se intente, porque tienen nombre, cara y por desgracia un número de abonado rojiblanco.

martes, 1 de febrero de 2011

Fe, fútbol, religión


Hoy he vuelto a casa con un dolor de cabeza de mil demonios, lo más triste es que ya salí con él de casa y no he conseguido que se olvide de mí en todo el día. Creo que ha sido un castigo divino, por ateo, por descreído y por ser del atleti.

¿Por qué? Pues porque ayer me congelé en esa cámara frigorífica que se llama estadio del Manzanares, un sitio como otro cualquiera en el que poner un campo de fútbol si lo que quieres es putear hasta lo inimaginable a la parroquia que fielmente paga una entrada cada dos domingos. Ese frío húmedo que viene directamente del río, además de sus posibles trazas de radiación, se cuela en los huesos y no te lo quitas ni tras una ducha bien caliente. Creo que el plan preconcebido era matarnos de frío en dos o tres generaciones hasta hacer desaparecer la mutación cerebral que nos hace colchoneros, pero con lo que no contaban era con nuestra capacidad de adaptación y de sufrimiento, vamos, que por ese lado les ha salido el tiro por la culata. Debe ser por eso que, además de por frío, tratan de acabar con nosotros por otros medios, como la esquizofrenia, el ataque al corazón o el suicidio colectivo fichando a los peores tuercebotas a los que ingenuamente algunos llamamos ídolos. Está claro, un ser superior me está castigando.

Como ya debo haber contado mil veces los domingos voy al fútbol con mi padre y mi hermano, tal vez alguna vez ampliaremos la pandilla con mi hijo y mi sobrino, aunque no sé, igual no es una enfermedad de transmisión hereditaria. Ir con ellos es posiblemente más importante que el fútbol en sí mismo, es una de esas cosas que llevas haciendo años y a la que te aferras como símbolo de normalidad, de continuidad. Además forma parte de mis acuerdos prematrimoniales y es algo a lo que no pienso renunciar. Es del dominio público que no nos va muy bien, al equipo, que os veo venir, pero este mes vamos claramente a peor, y me he dado cuenta porque ayer mi hijo antes de irme, con la inocencia de sus tres años, me dijo que a ver si el tío y yo no perdíamos, que siempre perdemos. Debe pensar el pobre que nos vestimos de corto y paseamos nuestras panzas por el campo, lo más triste es que a lo mejor no desentonaríamos mucho entre tanto vago.

Mi hermano y yo siempre hacemos la misma broma, si el partido es malo siempre nos queda el bocadillo al descanso para llevarnos un buen recuerdo, porque nosotros no nos andamos con chiquitas en los bocatas, son verdaderas obras de arte del saber popular culinario, tiernos filetes de lomo, jugosas tortillas de patata, aceitosos pimientos, jamones ibéricos y buenos quesos suelen acompañarnos para disfrute nuestro y envidia del personal. Pero ayer jugábamos a las cinco, un horror, ni bocadillo ni nada que llevarse a la boca, y por eso lo veía venir, ni ese capricho nos íbamos a dar. Para colmo la tarde amagaba tormenta aunque eso nos da igual porque vamos al campo con un chubasquero que ni la capa de la antigua benemérita, podríamos con él pescar bonitos en el Cantábrico sin mojarnos, pero algo malo rondaba, se mascaba en la atmósfera, y efectivamente, acerté con la premonición, todo lo malo que podía suceder sucedió, perdimos el partido, no hubo bocadillo y tras el segundo gol del rival le dije a mi hermano “solo falta una señal del cielo y que se ponga a diluviar...”

Fue decirlo y comenzar a descargar el averno, en unos segundos caía tal tromba de agua no que podía ver ni las porterías, la gente empezó a huir despavorida por los vomitorios hasta casi vaciar el campo, no me mojaba, no, pero sentía el agua correr encima de mí como si fuese un río, tanto llovió que la grada no pudo evacuar el agua y comenzó a subir el nivel hasta cubrirnos los zapatos, y entonces miré a mi alrededor, y desperté del sueño, no era más que un imbécil muriéndose de frío y empapándose los pies mientras que unos tíos le daban patadas a un balón. No sé si fue una señal, tampoco tengo ya claro si existe alguien que se entretiene jugando con nosotros, pero de repente noté que había perdido la fe, que me importaba un carajo lo que allí pasase, como si la gélida lluvia hubiera arrastrado mis sentimientos. Me sentí ridículo por estar allí, vacío, absolutamente tonto, como si se hubiera terminado el amor, como si ya nunca fuera a ser igual, mi fe se había diluido y se ahogaba rodeada de cáscaras de pipas y vasos de refresco.

Miré a mi padre y a mi hermano y les dije que yo me iba, que no aguantaba ni un segundo más, y me miraron como si no me conociesen, porque yo nunca me voy por mal que esté la cosa, a las duras y a las maduras jamás me muevo del asiento. Faltaban veinte minutos y me levanté y me fui cabizbajo camino del metro, sin ganas de mirar atrás, sin ganas de volver, desengañado de esa religión, ese sentimiento completamente irracional que aquí llamo sentimiento atlético. Llegué a casa pensando en un baño caliente y un pijama seco cuando Dani me hizo la pregunta del millón: ¿papá, el tío y tú habéis ganado hoy?, le miré con resignación para decirle que habíamos perdido otra vez, ¿y sabéis lo que me dice?, cuando sea grande y fuerte voy a ir con vosotros para que no perdáis nunca más. ¡Vaya con el enano! ¿Ahora qué hago?

En la foto Arteche, uno que no se encogía jamás, aunque diluviase

miércoles, 19 de enero de 2011

Sí, es difícil, pero... ¿por qué no?


Sí, ya se que no es fácil, pero si te gustasen las cosas fáciles seguramente ahora estarías en otro sitio y pensando en otra cosa, desde pequeño ir contracorriente ha sido siempre lo tuyo y no te vas a dejar llevar arrastrar por el pesimismo ahora, ni de coña, ahora precisamente no, si mañana tiene que pasar que pase, pero hoy no, hoy estamos vivos y vamos a pelearlo.

Nunca has considerado imprescindible la victoria, se pierde y se gana porque así es el juego y así es la vida, por eso mismo no necesitas de éxitos ficticios para ser feliz, con los tuyos te basta y lo demás son sentimientos que solo compartes con los que cada tarde, haga frío, llueva o nieve, te acompañan. Vale, siempre es mejor ganar que perder pero no de cualquier manera, no por costumbre, mucho menos por necesidad, eso, después de haber perdido tanto, te la chufla, no, no serías el mismo si no conocieses el gusto a hiel, si no te hubieran tirado al suelo mil veces y no te hubieses levantado al menos novecientas noventa y nueve, más una.

Eres un soñador que cree en imposibles, en la rebelión de los débiles, en la caída de los poderosos, que sueña con ver a los ricos desplumados por los indios de la ribera, que brinda por otra copa y una revancha que siempre amaga y la muy puñetera nunca llega. Pero eso es el pasado porque hoy no cabe la resignación, ni la derrota, por muy honrosa que parezca y por mucho que esté envuelta en un halo romántico que a veces te hipnotiza y que a veces te ciega. Hoy toca disfrutarlo, pase lo que pase, porque estás vivo y el mañana no existe, porque todos los hombres son iguales vestidos de corto por mucho dinero que los de blanco tengan y valgan, porque hoy no vale rendirse y aunque solo sea por invocar al espíritu de la justicia poética hay que dejarse el alma en el intento.

Así que prepara los bocatas y manda el mito del pupas a la mierda. Húndete en tu gorro hasta las cejas y ponte la bufanda de rayas, porque va a hacer un frío húmedo que hasta en los huesos se te va a meter, y déjate la garganta cantando, aunque no escuches tu voz, fúndete con miles de los tuyos y siente dentro de ti la vibración invisible que transmite la pasión de la masa. Y si se pierde pues se pierde y punto pelota, se felicita al rival y a otra cosa mariposa, porque la vida sigue y habrá otra oportunidad, has llegado al mil uno y del cien mil seguro que no pasa.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Estimado Neptuno


Estimado Neptuno, o Poseidón, señor de los mares y océanos, patrón de los atleticos:

Como ya debes saber mañana es el derby, día funesto para los atléticos los últimos años, y, por desgracia, no me da muy buen rollo tampoco este año. O mucho me equivoco o nos van a volver a curtir el lomo porque no veo a los muchachos de las rayas rojas y blancas muy inspirados, desafortunadamente, por lo menos en lo referente al deporte del balompié, aunque a lo mejor lo suyo es la petanca y todavía no nos hemos enterado, desde luego para la petanca sí que apuntan maneras, o para lanzar huesos de aceitunas, o para jugar al tute en el hogar del jubilado. No, no les veo, pero para nada, y mira que me toca las narices tener esta sensación de cordero que va al matadero, pero me parece que no nos libra ni la madre que te parió, la señora Rea, ni su madre, tu señora abuela, la diosa de la tierra Gea, a la que devotamente hemos consagrado a nuestro portero, David, para mayor gloria de vuestro linaje.

Hago énfasis en lo de “como bien debes saber” porque llevas una década tocándote las pelotas a dos manos, cuidado con el tridente que los carga Urano. A lo mejor, cansado de nuestro juego que aburre hasta a las sirenas, te has hecho del Barcelona aprovechando que, además, tiene puerto de mar. No es que te lo reproche, futbolísticamente hablando, más bien alabaría tu buen gusto, pero si es así, maldito renegado, podrías haber avisado y nos hubiéramos ido a celebrar la Europa League a Sol con la estatua del oso y el madroño, nuestro héroe, el único que lleva sudando la camiseta casi cien años. Nosotros, los que cada dos domingos vamos a la orilla del río con fe inquebrantable, preferiríamos que aun sigas siendo uno de los nuestros, pero el movimiento se demuestra nadando.

Honestamente creo que no tienes sangre en las venas, pasas de nosotros cuando a unos centenares de metros se descojona de ti la dama de blanco. Ya debería hacértela hervir, la sangre, que confundan a la advenediza con tu madre, y se hable de la diosa Rea/Cibeles, ¡qué barbaridad!, vamos, es como confundir a la Macarena con la Esperanza de Triana, o viceversa que no se me enfade nadie, por mucho que las dos sean madres de Jesús y procesionen en viernes santo. A mí se me caería la cara de vergüenza si una diosa frigi(d)a me hiciese una colosal peineta dos veces al año, delante de tu sobrino Apolo que, algún partido de estos, de un ataque de risa se va a caer del pedestal de su fuente y va a terminar hecho pedazos. Claro, que a lo mejor te da miedo que de la carroza de la frígi(d)a tiren dos majestuosos leones a los que llaman Higuaín y Ronaldo, mientras que de tu concha marina tiran dos putos caballitos de mar, ¡hay que joderse!, llamados Perea y Valera, la verdad es que es para echarse a llorar, y tú mientras con cara de póker mirando para otro lado.

Pero yo a pesar de todo no lo voy a dar todo por perdido, quiero creer en un milagro, y para ello cuento contigo. Si Goku, que era medio gilipollas, pudo con Célula y Freezer, si Oliver batió a Benji y no media casi un palmo, ¿no va a poder Agüero ganarle al abuelo de Carvallo un mano a mano? Sí, yo sigo teniendo fe, pero necesito tu ayuda, necesito que vuelva Forlán y se vaya a su casa su hermano gemelo, ese que lleva un par de meses arrastrándose por el campo, necesito un cerebro para Reyes, valor y unas gotas de 3 en 1 para Simao y un corazón para Tiago. Necesito que convoques a las nubes y a la lluvia, señor de las aguas, hasta formar un tornado de manera que el banquillo de los suplentes vuele por los aires y le caiga encima a Cristiano Ronaldo, que le siga una tormenta de esa de mil millones de litros por metro cuadrado, para que Marcelo y Ramos suban la banda en piragua, para que Özil nade a braza y Khedira a mariposa mientras que jugamos al waterpolo con Casillas meneando los pies mientras que el bueno de Assunçao le muele a pelotazos.

Creo que no es mucho pedir, como diría el Papa Roma, en verdad es justo y necesario. Si sigues siendo de los nuestros, si de verdad quieres darnos la alegría que ya nos merecemos, si quieres domar a los leones y levantarle las faldas a tu vecina, haz que el cielo se junte con la tierra, haz que el Manzanares se desborde inundando la Castellana y Concha Espina, haz que el agua espabile a los nuestros, les insufle fuerzas y sabiduría mientras que aturde y ahoga a los de blanco.

viernes, 27 de agosto de 2010

Súper Campeones



Y que nos quiten lo bailao ;)





jueves, 20 de mayo de 2010

Barcelona rojiblanca


Jueves 20 de mayo, tres de la mañana, el autobús ha pegado un frenazo y me he despertado sobresaltado, en mi mp3 suena la versión del Romeo y Julieta de The Killers, me hace sonreír, sin embargo he perdido la noción de dónde estoy y por qué me encuentro dormido dentro de un autobús, con el cuerpo rígido imitando la forma de la ficha verde del Tetris. El conductor nos pide que nos bajemos porque va a repostar, poco a poco me desperezo y bajo al área de servicio, llevo puesta mi camiseta del glorioso y fuera hace frío, busco con que abrigarme y aunque me da pena ocultarla me enfundo una sudadera que me devuelve a la realidad. Vengo de Barcelona, de ver la final de copa y me he dejado la garganta y un trocito del alma animando a mi equipo.

Dos horas antes acababa de montarme en ese mismo autobús, un autobús que llevaba una hora buscando entre miles de almas ambulantes y cansadas que también buscaban el suyo, almas errantes, después de todo un día de viaje y de emociones fuertes, buscando el refugio que nos devolviese a casa. Cincuenta mil ilusiones volando al cielo de Barcelona, tan preciosa como siempre, acogedora como nunca la había visto, una ciudad que por unas horas fue nuestra, no como invasores sino como invitados a los que todo el mundo quería agradar. Todo el día me pasé hablando con gente de allí que nos deseaba lo mejor y que con ojos atónitos nos veía desfilar cantando y riendo por las puertas de sus casas, uniéndose muchos a la fiesta por las aceras y otros saludándonos al pasar desde los balcones de la Rambla de Brasil y el Carrer de Sants, repletos de colchoneros de punta a punta. Inenarrable

Y recuerdo el final del partido y me vuelven las lágrimas a los ojos al sentir la vibración y el sentimiento que transmite una multitud canalizando junta su entusiasmo, quien no lo ha vivido no puede saber de lo que hablo, pero es así, existe algo que conecta a todos los seres humanos y a lo que no somos inmunes, un sentimiento de pertenencia a un colectivo que no sé explicar con palabras. Y vuelve a arderme la garganta solo de recordar como todos, bufandas al viento, comenzamos a animar al final del partido a los nuestros, al grito de campeones, porque esta vez no nos han fallado y nos han hecho sentirnos orgullosos de ellos, aunque hayamos perdido, porque sí, esta noche hemos perdido, pero solo un partido de fútbol, nada importante. Sin embargo hemos ganado más, hoy hemos vuelto a recordar lo que fuimos y lo que somos, hemos hecho que los niños tengan claro por qué son del Atleti, hemos hecho llorar a los jugadores, que ricos y millonarios como son, creo que han entendido que su trabajo no es dar patadas a un balón, sino hacer felices a la gente, y se han sentido pobres y en deuda con nosotros por haber perdido, aunque se equivocan, ya es un regalo el haber llegado.

Pensando en ello vuelve a ser la una de la mañana, y vuelvo a ese autobús desde el que veo pasar la gente a su alrededor, cientos, miles, todos ellos con una mirada orgullosa del que se sabe parte de algo tan grande que no tiene sentido, algo que escapa de toda lógica humana y que entra dentro de la mística y la sinrazón, pero algo que te atrapa y de lo que te enamoras desde el primer momento que lo has vivido. Tengo grabada en el corazón la imagen de un niño llorando desconsolado abrazado a su padre, un niño que ya sabe que ganar no es lo más importante porque otro niño sevillano ríe en su lugar y es cuestión de tiempo que se cambien el puesto. Y sobre todo no puedo quitarme de la cabeza la cara de una chica, de unos veinte años, que ha cruzado sus ojos llorosos con los míos a través de la ventanilla del autobús, y de cómo me ha salido una sonrisa de ánimo dedicada a ella, una desconocida, porque su pena me dolía como propia, y me he alegrado cuando me ha devuelto esa sonrisa llena de consuelo, ha sido un segundo pero no se me va a olvidar en tiempo.

Es triste volver seiscientos kilómetros sabiéndote derrotado, pero hoy no ha sido el caso, hoy me he sentido tremendamente afortunado de poder haberlo vivido, de haberlo compartido con mi padre y guardar para siempre esta buena experiencia. ¿Qué quería ganar?, pues claro, si soy feliz así ganando hubiera sido la leche, lo sé porque hace una semana ya lo descubrimos a costa de unos ingleses que seguro que no se merecían sentir la pena que yo ahora siento. Cosas de la fortuna, cosas del fútbol, cosas del Atleti, ya lo decía el gran Sabina: “Qué manera de subir y bajar de las nubes, ¡qué viva mi Atleti de Madrid!”

miércoles, 12 de mayo de 2010

Ahora es la hora


Estoy que me como las uñas, miles de mariposas surcan mi estómago y casi me cuesta teclear. Vaya, dicho así cualquiera dría que estoy enfermo, pero no, además de la pertinaz sinusitis nada perturba mi ánimo. Lo que me pasa es que hoy juega el Atleti, y no es un partido cualquiera, total, de esos ya los tengo todas las semanas, no, hoy mi Atleti juega una final, y además en Europa, ¡jo!, es la bomba. Casi nadie entiende que por algo tan tonto como un partido de fútbol se puede sufrir tanto, ¡coño!, ni yo tampoco, pero es un sentimiento que no puedo controlar, ni falta que hace.

Llevo un par de semanas esperando el partido, casi pensando en que no existe, deseando que no llegue porque a veces las cosas se disfrutan más antes que sobre todo durante, muerto de miedo porque sé que somos capaces de lo mejor y de lo peor, andando siempre por el filo de una cuchilla. Hoy me he despertado como si fuera un día normal, no he escuchado la radio en el coche y al llegar al trabajo he tratado de concentrarme en las interesantísimas reuniones que el destino me deparaba, incluida una de siete horas con tortilla y croquetas frías de regalo. Y lo he conseguido, he pasado las siete horas hablando del sexo de los ángeles sin caer en la debilidad y doblegarme ante los sentimientos. Luego de propina me ha caído una teleconferencia con unos señores de San Diego que por lo menos ha sido para hablar del sex of the angels, vamos, el mismo coñazo pero en inglés. Misión cumplida.

Volviendo a casa ya no he podido más y he cambiado de veces de emisora escuchando a locutores mercenarios animar a mi equipo porque es lo que toca. Genial. A pesar de ello, y de que mañana haré el mismo trayecto de vuelta vaya usted a saber con qué cara, me he emocionado escuchando y cantando el himno a voz pelada, es un ejercicio estupendo para sobrellevar el atasco de la M40. Un pijo en un Golf me ha pitado y me ha gritado sin que aún sepa por qué, seguramente le moleste la gente feliz que canta dentro de un Citroën, o se la he liado llevado por la emoción del momento, me da igual, peor para él, me he consolado pensando que seguramente el domingo no tendrá nada que celebrar en una fuente decorada con una diosa frígida, perdón, quería decir una diosa frigia, acompañada por unos leones.

Y aquí estoy, descontando los minutos para que empiece el partido, tratando de convencerme de que lo bonito ha sido llegar, que eso ya no hay quién nos lo quite, pero esta vez me niego, hoy quiero ganar, lo deseo con todo mi corazón, quiero saltar de alegría, quiero ir a bañarme a la fuente de Neptuno, aunque sea a una fuente pequeñita con un Neptuno que tenemos en Alcorcón, quiero llegar mañana al trabajo y que todo el mundo me felicite, colgar mi bufanda del perchero y a cada ratito acordarme de todos los goles que estoy a puntito de ver. Hoy es el día, y ahora es la hora, ¡vamos a ganar y vamos a celebrarlo!, porque sí.

Pero si a pesar de todo perdemos aún repetiré las mismas emociones la semana que viene, eso si hoy no caigo fulminado por un infarto, y repetidas millones de veces, porque la semana que viene me voy a Barcelona a ver la final de copa, tengo mis entradas y mis billetes guardaditos esperando a que llegue el día. Y si entonces también perdemos aun me quedará el año que viene, y el otro, y el siguiente, porque quien lo ha probado no se cansa nunca de ser colchonero.

domingo, 17 de enero de 2010

La vida es un partido de fútbol


A mucha gente no le gusta el fútbol, es de lo más normal, a mí tampoco me gustan montones de cosas que hacen furor entre las masas, los detractores del balompié lo reducen todo a una frase tan simple como que solo son veintidós tíos en pantalón corto corriendo detrás de un balón. Es cierto, no voy a poner ni una objeción…, bueno sí, una, si juega el Atleti corren menos de veintidós, seguro. Si alguien no ha ido a ver un partido a un estadio se lo recomiendo porque la sensación de ver, sentir y escuchar a decenas de miles de personas a la vez pone la carne de gallina. Aunque esto no tiene que ver con el fútbol, tiene que ver con la fe, también se me puso la carne de gallina escuchando una misa cantada en la basílica de Santa María en Trastevere a pesar de que tengo rotas las relaciones diplomáticas con la iglesia desde que tengo uso de razón.

Sin embargo que te guste el fútbol y que seas capaz de vivir y de malvivir siguiendo las desventuras de tu equipo es una de esas cosas irracionales que le dan gracia a la vida, y hablo de pasar el rato y poder charlar luego con los amigos de ello, porque reconozco que si llevas la ropa interior con su escudo es para hacértelo mirar (que conste que a mí me gustaría también hablar de la guerra del Peloponeso pero mis contertulios, los muy ladinos, se hacen los suecos). Se me ocurren unas cuantas cosas que pocos se atreven a cuestionar y que nos dan mil quebraderos de cabeza mucho peores, como por ejemplo el amor. Porque el amor no deja de ser algo estúpido que trae más sinsabores que recompensas, estar enamorado es una enajenación mental transitoria de impredecibles y dolorosos efectos. Incluso el sexo, que es capaz de arrastrar a las mayores miserias humanas y personales, nos gusta a todos.

No entiendo por qué, pero siempre he preferido a los perdedores y los antihéroes, a lo mejor es porque me siento más identificado con ellos que con los ganadores o a lo mejor es que soy masoquista por naturaleza. Y si existe algo en el mundo que desafíe al destino y a la buena suerte eso son los colores rojiblancos. Mucha gente ha tratado de explicar por qué se es del Atleti y nadie lo ha conseguido, es un misterio tan grande como el de las pirámides, pero si eres del Atleti una cosa tienes clara, la fatalidad existe y tarde o temprano te darás con ella de bruces. Y por si esto parece poco vivimos bajo el embrujo de una maldición que nos hace siempre pensar que la felicidad es efímera. Incluso en los mejores momentos de la vida, en esos en los que luce el sol, la brisa es fresca y los pájaros cantan, nosotros creemos que algo nos arrebatará la felicidad y además de la manera más cruel y despiadada.

Con el Atleti nada es evidente ni obvio, la palabra relajación nos es desconocida, siempre hay que estar en tensión a la espera de acontecimientos, normalmente negativos. Yo lo resumo en una frase, vivir apretando el culo, porque desde que te sientas en una butaca del Manzanares tu destino es vivir con el culo apretao. Hasta que no pita el árbitro el final no podría introducirse por el ano de los asistentes ni el pico de un colibrí picolanza mayor, somos ventosas humanas adheridas a nuestros asientos en los que hemos provocado el vacío. Sospecho que un día de tanto apretar y apretar se va a provocar una alteración espaciotemporal de manera que el graderío se transformará en un agujero negro que no solo absorberá la luz, sino que también engullirá el estadio, Madrid y la galaxia entera.

Por eso me atrevo a decir que la vida es como un partido de fútbol si el que juega es el Atleti. Es sufrimiento continuo, es un sin vivir, es riesgo y es emoción, y es meter la pata de la manera más ridícula de vez en cuando, y es saber que no debes rendirte jamás ni en los días que te sientes pequeño y todo a tu alrededor parece burlarse de ti, y es volver a levantarse después de tropezar porque piensas que algún día te sonreirá la suerte, y si ese día llega, ¡uy, si ese día llega!, te sientes un triunfador por unos segundos, te sientes parte de algo que flota como la magia y que te hace abrazarte con un tío que se sienta al lado de ti y al que no conoces de nada, pero que por unos instantes es tu hermano del alma.

Y después todo se pasa, y vuelves a ponerte en tensión esperando el gancho de izquierdas que te devuelva a la lona, o a la luna. Me voy al fútbol.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Había una vez un circo


Los domingos por la tarde, cada dos semanas, repito la misma liturgia, me preparo para ir al circo. Y no es un circo cualquiera, es el circo más grande del mundo, pero de una sola pista, además es un circo al aire libre y sin calefacción al lado de un río. Para ir a ese circo tienes que disfrazarte con una camiseta de rayas, ponerte una bufanda a juego e incluso un gorro de colores con cascabeles de bufón si te apetece.

El circo al que yo voy hace reír y llorar, a veces lloras por no reír y a veces ríes por no llorar. Lo que nunca te deja es indiferente, cada tarde que vas a verles tienen un espectáculo nuevo y aunque parezca imposible superarlo en la siguiente función ellos casi siempre lo consiguen. Nuestro circo es un circo cosmopolita y solidario, es cosmopolita porque tenemos artistas de todas las nacionalidades y colores, incluso merecería el título de “Gran Circo Mundial y Galáctico”, pero lo de galáctico ya lo tienen patentado unos vecinos que tienen su propio circo que, por cierto, no es ni la mitad de divertido. Y es un circo solidario porque en cada función invitan a unos artistas nuevos de fuera y siempre les hacen quedar bien y les dejan llevarse los mejores aplausos y ovaciones.

Además de todo esto, que no es poco, es un circo itinerante. Las semanas que abandonan a su fiel público es porque parten de turné a devolver la visita a esos chicos tan simpáticos que tanto disfrutaron cuando les visitaron. Y como son buenos buenísimos nunca tratan de hacerles sombra delante de su público y nunca roban ni aplausos a los artistas ni alegría a los niños que van a verlos. El Circo Rojiblanco, que así se llama el circo del que soy fan, viaja por toda España repartiendo ilusión, pero no solo han arrastrado sus carromatos y roulottes por el suelo patrio, sir ir más lejos han repartido carcajadas y sonrisas por Europa. Incluso en Chipre, que saben muy poco de circo, quedaron contentos y satisfechos con su actuación.

Los dueños del Circo Rojiblanco son muy majos y simpaticones, sus nombres de guerra son “El pelucas” y el “Cara torcida”. Ellos nunca faltan a su palabra cuando cada vez que contratan a un nuevo artista que amplíe el repertorio anuncian a bombo y platillo ante los medios de comunicación que es un artista consagrado y de fama internacional. Es verdad, todos los nuevos ya en su primera función dan claros síntomas de su clase, es verles salir a la pista y la gente se levanta de sus asientos para alabar su buen hacer y mandar recuerdos a la madre que los parió. Es marca de la casa, y es de agradecer, que aunque pasen los años y cambie el elenco el espectáculo nunca se resiente. “The Show Must Go On”.

En nuestro circo tenemos malabaristas del balón incapaces de dar dos toques seguidos antes de caerse y/o enviar el balón a la grada ante la algarabía del personal. Tenemos a una fiera venida de Argentina que antes daba miedo pero que ahora no tiene dientes y ya no asusta ni aun niño, tenemos un hombre bala que antes lanzaba proyectiles de cañón a toda velocidad contra una red y siempre acertaba pero que este año ha cambiado su actuación y se las lanza al público que asiste perplejo a su transformación. Tenemos payasos de todas las clases, tenemos al que le echan agua con una flor, al que le dan todas las tartas en la cara y el que hace de mimo, los tenemos todos. También tenemos un joven prestidigitador de gran éxito, es el único que logra arrancar aplausos sentidos de sincera admiración, pero todos creemos que el año que viene actuará en otro circo y traerán nuevos payasos y malabaristas que cubran su puesto.

En el Circo Rojiblanco cuando acaba la función es costumbre de los espectadores despedir a la trouppe con pitos y pañuelos como reconocimiento por no haber defraudado a sus expectativas. Por eso a las dos semanas volveremos llenos de ilusión, llueva, nieve o truene, porque los seguidores del Gran Circo Rojiblanco somos así y no le tememos a nada, juntos volveremos a cantar nuestro himno que dice:

Había una vez un circo
que jugaba en el Calderón
lleno de color un mundo de ilusión
pleno de agonía y de emoción
Había una vez un circo
que perdía siempre en el Calderón
sin temer jamás al frío o al calor
El circo daba siempre su función.
Siempre pifiar siempre cantar
pasen a ver el circo
otro país otra ciudad
pasen a ver el circo
es magistral sensacional
pasen a ver el circo

domingo, 8 de noviembre de 2009

I have a dream



I have a dream (Con permiso de Martin Luther King Jr., qué seguro habría sido colchonero)

Yo tengo un sueño, que un día este equipo se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que no es imposible ganar al Madrid.

Yo tengo un sueño, que un día en las rojiblancas colinas de San Isidro los hijos de los atléticos y los hijos de los madridistas serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño, que un día incluso el estadio del Manzanares, un estadio desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño, que mis hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por ser del Atleti sino por el contenido de su carácter.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño, que un día, allá en Chamartín, con sus vikingos despiadados, con unos aficionados cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Chamartín pequeños niños atléticos y pequeñas niñas atléticas serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño, que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la meta de Casillas será perforada, y toda la grada gritará al unísono.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al Calderón. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra afición en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de animar juntos, de luchar juntos, de ir a Neptuno juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día ganaremos al Madrid.

Este será el día, este será el día en que todos los niños atléticos serán capaces de cantar con un nuevo significado: "Mi estadio, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres sufrieron, tierra del orgullo del colchonero, desde cada grada, dejen resonar la libertad". Y si el Atlético de Madrid va a convertirse en un gran equipo, esto debe convertirse en realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Peñalara. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas del Siete Picos. Dejen resonar la libertad desde los túneles de Somosierra. Dejen resonar la libertad desde los picos nevados del Monte Abantos. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de Navacerrada. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de La Pedriza. Dejen resonar la libertad de la montaña de la Bola del Mundo. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Madrid, desde cada ladera, ¡dejen resonar la libertad!

Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada fondo y cada graderío, desde cada estadio y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los colchoneros, hombres buenos y hombres santos, jóvenes y mayores, de la capital y de la periferia, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual atlético: "¡Por fin hemos ganado al Madrid! ¡Por fin hemos ganado al Madrid! Gracias al Kun todopoderoso, ¡por fin hemos ganado al Madrid!"