AVISO A NAVEGANTES: Si crees que me conoces no sigas leyendo, seguramente habré logrado engañarte. Si la curiosidad te vence, pues nada, encantado de haberte conocido porque yo soy así. Si no me conoces... ¿seguro que no tienes algo más interesante que hacer?
martes, 10 de marzo de 2015
Los cojones con comer trigo
viernes, 6 de marzo de 2015
Donde muere la civilización
domingo, 7 de julio de 2013
Cleopatra
lunes, 3 de octubre de 2011
El rapto de las Sabinas
lunes, 15 de agosto de 2011
Asurbanipal
sábado, 25 de junio de 2011
Lucio Cornelio Sila
domingo, 13 de marzo de 2011
Nerón Claudio César Augusto Germánico (de todos los santos)
domingo, 30 de enero de 2011
Akenatón

Una de las cosas cojonudas de ser faraón es que podías tener todos los nombres que te diera la gana, incluso si el que tenías no te gustaba lo cambiabas y te quedabas tan pancho. Por ejemplo, que no te gusta llamarte Robustiano, pues te lo cambias a Robustianamón y le cuentas a la gente que significa “robusto sea el ano del hombre que evacua en el nombre de Amón”, así de fácil. Akenatón antes se llamaba Amenofis IV, algo así como “Amón está satisfecho”, pero ese era solo uno de sus cinco nombres, otro de ellos era Kanajt Qayshuty, que venía a ser algo como “toro potente de Amón”, no le pegaba nada. Si algo bueno tenía Akenatón es que no iba de macho man, iba de sí mismo y por eso podemos dar fe mirando su iconografía de que tenía pinta de blandito. Al llamarse Akenatón, “agradable a Atón” o Meriatón, “amado de Atón”, lo dejaba claro.
Además, si algo tenía la religión egipcia hasta la época es que era un auténtico putiferio, montones de dioses cada uno con sus propias cosillas y con su propio clero. Akenatón, como buen Tebano, hubiera debido rendir culto a Amón, un dios raro al que llamaban “el oculto”, y no, juro por mi honor que ZP no es la reencarnación de Amón a pesar de que nadie sepa dónde se encuentra desde hace tiempo. Por eso todo valía, si la competencia achuchaba se podían fusionar dioses como Ra y Amón, dando lugar a Amón-Ra, mitad halcón y mitad carnero, porque esa era otra, se adoraba a cualquier cosa, era lo que había, lo mismo te arrodillabas delante de un chacal, que de una vaca, que de un hipopótamo; con vestirles como para salir de domingo te quedaban de lo más presentable y apañado. Era un sinvivir, templo para aquí, templo para allá, todo el día picando piedra para hacer esculturas y jeroglíficos, y menos mal que los monjes vestían con dos collares y un taparrabos, que si no Zara se hubiera inventado en Egipto hace tres mil quinientos años.
Pero el caso es que había demasiados monjes y con demasiado poder, así que Akenatón usando el sucio y viejo truco de la conversión decidió sacarles el dedo corazón a todos y hacerse seguidor en el Nilebook de Atón, el disco solar, dejándoles con dos palmos de narices. Ellos se vengarían más tarde borrándole el perfil y la cuenta de correo, pero a Akenatón ya le dio igual porque estaba muerto. Para que corriese el aire y le dejasen hacer decidió pirarse de Tebas y fundar su propia capital, algo muy típico de los reyes de la antigüedad, una forma como otra cualquiera de reactivar el negocio del ladrillo y de hacerse eterno. Pero hay que pensarse bien dónde pone uno su capital, porque por mucho que trates de construirla anónimamente tarde o temprano se van a acabar enterando de su paradero los monjes de Amón o lo que es infinitamente peor, tu suegra, en Egipto es fácil, tienes el Nilo infestado de cocodrilos para que te saquen del apuro librándote de ella, pero aquí ¿dónde montas el chiringuito?, ¿cerca de Doñana?, pues lo tienes claro, acabas en la cárcel o en el destierro por una denuncia de Green Peace por tratar de envenenar a las garzas y a las culebras.
Al final, él se instaló en Amarna, un desolado rincón del desierto entre Menfis y Tebás, desde allí prohibió todos los cultos, menos el de Atón, claro, y se hizo nombrar único representante del dios en la tierra, algo así como el Papa pero con un gorro mucho más chulo y sin aguantar al clero. Eso le hizo muy poderoso pero no muy popular, porque cuando llevas miles de años adorando a un gato y a un buitre necesitas seguir haciéndolo, la nueva religión era demasiado conceptual para un pueblo acostumbrado a sus imágenes, ¿qué haríamos nosotros sin nuestro Jesús del Gran Poder y sin el Cristo de los Gitanos?, yo no quiero ni pensarlo. El resultado fue que, entre confabulaciones y enfermedades, ni Akenatón ni el cisma duraron mucho tiempo. Akenatón tiene pinta de haber sido un político hábil pero para nada un buen guerrero, por eso, y ya que dominaba un imperio con posesiones en Egipto, Libia y oriente medio, decidió no complicarse la vida y mantener el statu quo a base de firmar tratados de paz y de calmar a los posibles enemigos con dinero.
No le fue del todo mal, hasta que se encontró con un enemigo inesperado, la peste. La peste asoló Amarna y de paso se llevó por delante, casi con seguridad, a su madre, a la gran esposa real, Nefertiti, y a cuatro de sus hijas, evidentemente no se sabe qué enfermedad asoló la nueva capital, pero lo que sí se sabe es que faltó el tiempo para afirmar que la enfermedad era un castigo que habían enviado el halcón, la vaca, el hipopótamo y el carnero. Aunque las bodas entre padres e hijos no eran lo más habitual, a Akenatón se le piró un poco la cabeza y se casó con su hija, Meritatón haciéndola Gran Esposa Real, posiblemente en un intento de mantener el poder, ya que los derechos sobre el trono se transmitían por línea materna, incluso tuvo una hija con ella. Poco tiempo antes de morir hizo corregente a Semenejkara, del que casi nada se sabe y que le sucedería como faraón, como ya he dicho que Akenatón era un tío majo le cedió a Meritatón como esposa y se casó con otras de sus hijas de la que también tuvo descendencia Anjesenpaatón. Un horror, pero si eso lo pilla telecirco le da el culebrón para rellenar la parrilla de varios años, en fin, la vida era así de curiosa junto al Nilo, peor que un culebrón caribeño.
Akenatón murió en el año 17 de su reinado, siendo un treintañero. Le sucedió Semenejkara, que no duró ni un par de crecidas del Nilo, al cual sucedió un tal Tutankatón, un faraón niño al que los monjes comieron la oreja y volvió al redil del carnero; se cambió el nombre y por Tutankamón, le conocemos. Los monjes tebanos, que eran unos rencorosos, hicieron borrar todo rastro del paso de Akenatón por este mundo, pero afortunadamente algo nos ha llegado, nosotros le conocemos por el faraón hereje, el único faraón monoteista, una anécdota curiosa de la historia que seguro que no gustó mucho a Osiris, dios de los muertos. Imagino que le hizo un corte de mangas al encontrarle y le mando a tomar el sol fuera de su reino eterno.
domingo, 26 de diciembre de 2010
El mensaje navideño del ser superior

El ser superior comienza a hablar, le miro atento, le escucho, trato de entender lo que dice pero me cuesta trabajo, me concentro hasta establecer una conexión cerebral con su imagen pregrabada, entonces lo consigo, pero no solo comprendo sus palabras, también comprendo lo que representa. Escucho su arenga desvergonzada, quiere ser mi hermano pero no vamos a cenar juntos por año nuevo, quiere que compartamos con entereza nuestras penurias, pero yo solo quiero compartir las suyas, o por lo menos hacer la media, me habla de esfuerzo y de sacrificio, de que somos grandes y de que saldremos adelante, me habla de reformas, a mí, que he jugado siempre siguiendo las reglas que otros como él me impusieron, a mí, que he pasado siempre por el aro, a mí, que no entiendo que he hecho mal para que ahora tenga que arreglarlo. Echo de menos que regañe a los que la jodieron, pero antes resucitará el cochinillo que se tuesta en el horno, antes resucitarán al alimón todos los cochinillos que se asan en todos los hornos del planeta, antes llegarán saltando los besugos del barrio de Salamanca al Tajo y de allí al océano Atlántico, antes el turrón crecerá en los almendros y el mazapán florecerá el mes de marzo.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Tamerlán

Tamerlán es el nombre occidentalizado de Timur Lang. En unos lados he leído que significaba Timur el Tuerto y en otros Timur el Cojo, espero por su bien que solo tuviera uno de los dos problemas, aunque ya igual le da, porque si de verdad era cojo y tuerto debía ser un espectáculo andante. Sé que es cruel, pero mi profesor de máquinas eléctricas era cojo y tuerto y le llamábamos el Fistro, no digo más, corría la leyenda de que algún chirifú le había pegado un linternazo, y yo me la creo, aunque en su defensa diré que era un profesor estupendo, gracias a sus lesiones cambié la alta tensión por los miliamperios. Yo no tengo ni idea de si Tamerlán era cojo o tuerto, pero un fistro desde luego que no era, por si acaso vamos a zanjar el asunto llamándole Timur el Grande.
Timur nació en 1336, 40 años después de que los cristianos abandonaran definitivamente tierra santa, cerca de Samarkanda, en la actual Uzbekistán. Era de origen turco y mongol, ambos pueblos llegados del centro de Asia, no hay que olvidar que por entonces en la actual Turquía a duras penas el imperio bizantino, cristiano, resistía a los otomanos, musulmanes, al igual que lo era Tamerlán. Tras la muerte de Gengis Kan, el imperio mongol se había desintegrado en una serie de kanatos, uno de ellos era la Transoxiana, allí creció la criatura. Tamerlán era de origen noble y naturaleza trepa, de manera que se declaró heredero sanguíneo del bueno de Gengis Kan. Por supuesto, a la hora de reclamar reinos, cualquiera podía decir que era descendiente de quien le viniera en gana, a falta de pruebas de ADN estoy seguro de que a Gengis Kan le salieron más hijos bastardos que al Cordobés y a Maradona juntos.
Tamerlán, con solo 26 añitos, dio lo que ahora llamamos un golpe de estado, parece ser que a su propio suegro, porque las familias reales de entonces no eran tan amorosas como las de ahora, posiblemente no todos cobraban de los presupuestos generales del kanato. Tras eso, y tras eliminar a todos los posibles rivales, se proclamó Emir en 1370 y fijó su capital en Samarkanda. A partir de ahí todo fue coser y cantar, guerreando y conquistando territorios con una fiereza y eficacia que en nada tenían que envidiar a su supuesto ancestro , todo ello con la idea de devolver su esplendor al imperio mongol y emular, de paso, a Alejandro Magno. Porque oye, era nacer entre el Indo y el Orontes y a cualquier gobernador, rey o emir le daba por fundar un imperio al estilo del rubiales macedonio de cabeza leonina.
Apoyado por un ejercito brutal y sanguinario, en unos 25 años había conquistado territorios desde la actual Turquía hasta la India, luego se dio una vuelta por las estepas rusas y más tarde se encaminó a Siria, siendo recordadas con pavor las tomas de Bagdad y Damasco, ciudades que ya habían sido un siglo antes conquistadas a los mamelucos y destruidas por otro supuesto nieto de Gengis Kan, llamado Hulagu Kan. Está claro que vivir en la antigüedad era un sinvivir, si es que vivías, porque las tropas de Tamerlán agradecían la resistencia de los sitiados separándoles de forma traumática la cabeza del resto del cuerpo y después, con las cabezas decapitadas, se entretenían haciendo macabras pirámides que servían de aviso a navegantes. Obviamente, como ya me he cansado de repetir en otros post, la vida humana no valía un pimiento, y más la de los enemigos, la palabra genocidio prácticamente significaba defensa propia, acompañada de ese término, ahora tan de moda, que es la guerra preventiva.
Llegado a este punto, Tamerlán se encontró con que el único imperio que le podía hacer algo de sombra era el otomano, y entonces si alguien te hacía sombra debía ser eliminado. Por supuesto que los otomanos pensaron lo mismo, y la cagaron, pero a base de bien. Los otomanos estaban a punto de hacer caer al imperio bizantino, de hecho poco más que la misma Bizancio les quedaba a los romanos de oriente, los otomanos se habían hecho ya con los territorios de Anatolia y de los balcanes cuando se enfrentaron a Tamerlán. En 1402 hubo una batalla tremenda, llamada de Angora (Ankara), en la que pudieron combatir cerca de medio millón de soldados, eso para la época es una auténtica barbaridad, tanto que a mí me cuesta creerlo, allí el genio militar de Tamerlán le dio la victoria y los otomanos fueron arrasados. Imagino que los bizantinos estaban esperando su turno para ser conquistados cuando Tamerlán dio media vuelta y puso rumbo a China. De esa forma Bizancio resistió aún cien años a los otomanos que al final se acabaron recuperando y los conquistaron.
Pero fue camino de China, en 1405, donde Tamerlán sufrió su primera y última derrota, y no fue en el campo de batalla. Timur estaba maquinando cómo hincarles el diente a los chinos, que ya debían ser una legión, más o menos por la actual Kazajistán, cuando le dio un chungo que se lo llevó por delante, desgraciadamente para él en eso sí que se pareció a Alejandro, porque lo más normal en esos casos era morir por una ingesta masiva acero forjado. También era normal que los imperios creados por el carisma personal se desintegrasen a la muerte de su conquistador, y aquí se confirmó la regla, los sucesores de Tamerlán se repartieron los pedazos para gran alivio de chinos y otomanos.
Tamerlán fue un pieza, sin duda, pero la vida entonces era así. En su haber podemos poner que en sus territorios floreció la economía, que se reactivaron rutas comerciales como la de la seda, que era un amante del arte y que la cultura conoció una época de esplendor. Como siempre me queda la duda de si habría que admirarlo o que despreciarlo, es difícil. De cualquiera de las maneras imagino que Alá ya le habrá juzgado.
martes, 9 de noviembre de 2010
Interpretaciones bíblicas (I)

Yo, que todo lo idealizo, me quedé algo chafado al contemplar los páramos yermos que rodean a ambos ríos, puras piedras entre las que unas famélicas cabras buscaban unas briznas de vegetación con la que calmar su hambre atrasada, no había más que mirar sus huesos desprovistos de carne. Sin embargo, en la antigüedad, todo aquello se llamó el creciente fértil, o la media luna fértil, una región que abarcaba la actual Iraq, el sur de anatolia, Siria y parte de lo que conocemos por Israel. Desde allí se accedía a la otra gran civilización de la época, la egipcia, porque entonces las grandes civilizaciones crecían en las riberas de los ríos. El sistema de irrigación de los mesopotámicos y las crecidas del Nilo hicieron que ambas civilizaciones fueran capaces de cultivar una cantidad suficiente de cereales y legumbres como para hacer frente a un gran crecimiento demográfico y por supuesto urbano, de esa manera aparecieron las primeras ciudades, surgió la cultura, nació la escritura.
De los egipcios lo sabemos prácticamente todo, durante siglos fueron considerados la gran civilización de la antigüedad, de los mesopotámicos casi no se sabía nada, unas cuantas referencias en los relatos bíblicos, que además no les dejaban muy bien parados, porque como en muchos de los temas de la Biblia se confundía, y se sigue confundiendo, la realidad con la leyenda. Pero la explicación para su olvido era muy simple, mientras que los egipcios habían construido su mundo en piedra los mesopotámicos lo habían construido en barro, mientras que las pirámides se mantenían orgullosamente en pie, los zigurats y los templos no eran más que un montón de barro camuflado en el relieve. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando se solucionó el enigma. Expediciones francesas, inglesas y más tarde alemanas comenzaron a desmontar esos montes, que los nativos llamaban tell, para, asombrados, encontrar todas esas ciudades legendarias, Ninive, Babilonia, Ur, Uruk, Lagash, Mari... Tras unos 2500 años de olvido volvieron a la actualidad, y a los museos, sumerios, akadios, asirios y babilonios. Además de encontrarse magníficas obras de arte y espectaculares palacios se encontró algo más, pequeñas tabletas de arcilla cocida llenas de símbolos extraños, era la escritura cuneiforme, al descifrarla el pasado se hizo presente para sorpresa de propios y extraños.
Como ya he dicho antes los judíos pusieron a parir a los babilonios en la Biblia, era su forma de vengarse de ellos por haber osado destruir el templo de Jerusalem en el siglo VI a.c., el mismo templo que había construido Salomón hace ya 3000 años. Por si no fuera poco, tras el saqueo del templo y conquista de Judea, Nabucodonosor II, sí, el de la ópera de Verdi, decidió deportar a las famosas tribus perdidas de Judea a Mesopotamia. Era práctica común de la época, y además bastante eficaz, llevarte a la gente problemática de un sitio para que en pocas generaciones se difuminara con la población local y terminar con el problema, de paso se repoblaban sus tierras con población leal a la causa, creo que los judíos lo aprendieron bien y con la misma táctica acabarán por quedarse con palestina. Sin embargo con los judíos no funcionó, porque el judaísmo además de una religión es una cultura y una forma de ver la vida, llevaron consigo a su dios único y además de la transmisión oral encontraron una forma más poderosa de no perder sus raíces, escribieron un libro en el que plasmar sus creencias y tradiciones, además lo fueron ampliando con el tiempo, es un libro maravilloso, digno de ser leído y releído, nosotros le llamamos Antiguo Testamento.
¿Cómo se llegó de ahí a nuestra versión del cristianismo? Pues fue una jugada maestra, la cuadratura del círculo, tan bien lo hicieron que dos mil años después somos cientos de millones los católicos, me incluyo porque estoy bautizado, que poblamos el mundo. Tras un par de siglos preocupados por sobrevivir, nada más, de repente el cristianismo era la religión del imperio, y claro cuando todo el mundo es de los tuyos llega la hora de dar explicaciones, ¿qué hacemos con Jesús?, porque ser mesías es estupendo, pero es mejor ser Dios en primera persona. Un tal Arrio dijo que Jesús no podía ser Dios, fundo el arrianismo, otros, llamados encarnacionistas, dijeron que Jesús siempre había existido como creación divina y que simplemente había descendido de los cielos para hacerse hombre. Tras un par de concilios en Nicea y Constantinopla ganaron los segundos, era mucho más práctico, la Santísima Trinidad se oficializó y asunto resuelto. Obviamente es difícil de creer, aunque vamos a respetar la fe de cada uno, y resulta algo forzado, pero de esa forma se unieron antiguo y nuevo testamento para conformar la Biblia tal y como la conocemos, más o menos.
Con el paso de los siglos la gente se fue olvidando de esto, la Biblia se convirtió en la palabra de Dios y punto pelota, dictada directamente por él en la oreja de los que la escribieron. Las historias antiguas se difuminaron con el tiempo sin que se tuviese una base histórica que las confirmase o que herejemente las desmintiese, hasta que se descifró la escritura cuneiforme, y en parte también la jeroglífica. Increíblemente esas tablillas hablaban de los hechos bíblicos, con nombres y apellidos, fue todo un golpe para la mentalidad de la época y para la iglesia encontrar las mismas historias, o muy similares, escritas por los enemigos de los creyentes, pueblos con su propia cosmogonia y decenas de dioses paganos, de repente los olvidados, los enterrados en barro y arena tomaban la palabra. Pero esas historias paralelas que me encantan las voy a dejar para otro día, si os apetece, porque me está quedando el post un poco largo.
Nota: La foto es el estandarte de Ur, una pieza preciosa que se puede admirar en el Museo Británico.
viernes, 15 de octubre de 2010
La guerra de Troya

Ayer por la tarde noche libré, cual moderno Agamenón, mi propia versión de la guerra de Troya. Como el único Homero que existe a este lado del teclado soy yo mismo paso a contaros los detalles de mi Iliada particular.
El desencadenante de esta guerra ha sido el rapto de mis tildes a manos de Kryptik el troyano, posible descendiente binario de Paris, caprichoso ladrón de doncellas griegas (o mejor dicho Helenas) por los dioses ayudado. Antes de que se me olvide, y aunque no venga a cuento, quiero decirle al mundo que el tal Paris era un pringao, pero de los grandes, un tío que puede elegir entre tener sabiduría, poder o el amor de la mujer más bella del mundo y escoge lo último es para darle con un calcetín sudao, máxime si todavía no había nacido Michelle Pfeiffer, y encima vas y montas una guerra persiguiendo princesas, para matarte. Lo mismo le debieron preguntar a nuestro príncipe, oye Felipe, que si quieres inteligencia, poder o a Leti(z)ia, perdón, ¿me repites la pregunta?, sí, ¿que dónde te dejamos la Leti(z)ia?
Desolador, pero volvamos al tema, antes las guerras empezaban por ir persiguiendo macizas, ¡ya hubiera querido un servidor que mis desventuras hubieran comenzado por perseguir damas ligeras de ropa por la red! Eso hubiera cambiado mi ira por resignación, a fin de cuentas el porno cibernético es una actividad de riesgo y una excusa para las infecciones no venéreas, vamos, que habría asumido las consecuencias de mis actos. Pero ni para eso Kryptik el troyano ha tenido honor, estaba el tío disfrazado en un pdf que pretendía hacer una comparación entre los mejores directores de cine de la historia, ¡el cacho cabrón!, eso no es digno ni de un virus. Siento el peso de la vergüenza lastrar mis dedos al escribirlo, una infección cultureta, lo que me faltaba, aunque ¡eureka!, puedo arreglarlo, diré que buscaba a los mejores directores porno de la historia porque ya es hora de reivindicar al creador de “Si no soy Curro Jiménez, ¿qué hago con este trabuco?”, sea quien sea. Muera Bergman (que es insoportable), viva Curro y su trabuco.
De ese modo, investigando sobre el cine porno (ya me lo voy creyendo), me encontré frente a frente con Kryptik el troyano. Aunque había contratado los servicios de un software que, por cuarenta eurazos, me garantizaba la ayuda de Odiseo y Aquiles a la hora de la verdad me encontré solo. Odiseo estaba haciéndose el loco plantando sus campos de sal y le tuvo que pillar Kryptik cagando detrás de un olivo, Aquiles, que tenía un ramalazo de drag queen, debía estar en el vestidor de la casa de su madre disfrazándose de la esposa del primero, con su bolso de piel marrón y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo. ¡Mierda de aqueos!, ya no sois lo que erais, ¿dónde están los auténticos lacedemonios?, ¿qué queda de ellos?, ¿a eso le llamáis Smart Security señores de ESET?, con el Norton vivíamos mejor. Lo que más me duele es el descojone de mi hermano al recordarme lo pardillo que soy al comprar un software en lugar de piratearlo, soy el hermano mayor menos ejemplar del mundo.
Como yo por mis tildes mato le puse asedio a Troya dispuesto a aniquilar todo lo que se moviese, al principio confiando en el antivirus lo hice por la buenas, una limpieza de disco duro, agua, luego indignado una más a fondo al grito de ¿dónde está el virus?, ¡sal cobarde!, más agua. Me sentí derrotado. Pasé todos los spywares, malwares, suputamedrewares que recomendaban en los foros y nada, Kryptik, Héctor y Paris se burlaban en mi cara. Pero para los que crecimos usando el DOS la palabra derrota no existe, tenemos más tiros pegaos que la bandera de la legión, me lancé de cabeza a mirar el registro de inicio, en algún lugar tenía que esconderse. Tras horas de minuciosa lectura del regedit y comparación con lo que encontraba en el disco duro creí ver a Kryptik escondido bajo un nombre que ya no recuerdo, puse el nombre del ejecutable en google y mis temores se confirmaron, era él y me la habían colado. Le borré con saña, del registro y del disco duro, pero cada vez que reiniciaba volvía a la vida, si mataba a Cicno me la clavaba Eneas, si daba con Eneas salía al quite Príamo, maté y maté pero nunca era suficiente, en cada inicio un nuevo guerrero se levantaba para luego morir, Caronte debía estar haciendo horas extras descojonado. Pensé en cómo sería la vida sin tildes y en un vietnamita limpiándome la cuenta del banco, ambos me parecieron motivos con suficiente fundamento como para seguir intentándolo.
Hasta que a la una de la mañana Troya se rindió, volví a iniciar y a dar al teclado esperando encontrar por enésima vez “´´o” en lugar de “ó”, pero no, la tilde estaba donde debía estar, probé con “á”, con “é”, y sí, todo estaba en su sitio, miré el registro y las líneas malditas se habían volatilizado, confieso que nunca sentí tanto placer por algo tan simple, pero puedo afirmar y afirmo que fue mejor que un orgasmo. Hoy con gran satisfacción estoy aquí para anunciar que la guerra de Troya ha terminado, todos los troyanos han sido aniquilados y de Troya no quedan ni las ruinas. Vivo con el temor de que alguno siga vivo y agazapado, pero si alguno de ellos ha escapado a la matanza espero que haya sido Eneas, a fin de cuentas es el fundador de Carthago.








