Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de marzo de 2015

Los cojones con comer trigo

Lo han vuelto a hacer, ahora los salvajes han destrozado Dur Sharrukin, el palacio de Sargón II, rey de los asirios. Ellos no sabrían quién era ese señor, pero les da igual, a mí no y quiero que a vosotros tampoco os dé lo mismo. Sargón II se llamó así en honor de Sargón, rey de los acadios, que había vivido sobre el año 2200 a.c. Unos 1500 años antes que él, ahí es nada, y es que la antigüedad es mucho más extensa de lo que nos parece. ¿Por qué era importante Sargón? Pues porque fundo el imperio acadio, que fue el primer imperio del que tenemos constancia por esas tierras, hasta ese momento cada ciudad era un estado y los acadios terminaron con ello. Además los acadios fueron los primeros en tener la idea de que los dioses estaban para ayudar a los hombres y no lo contrario, algo que los salvajes están muy lejos de comprender a pesar de que hayan pasado otros 2500 años.

Os presento a Sargón. Admirad su barba porque es maravillosa:


Los asirios siempre se habían considerado sucesores de los acadios, una idea tan absurda como si nosotros nos considerásemos sucesores de los visigodos, pero Sargón II tomo el nombre como muestra de poder y tal vez porque ambos Sargones habían llegado al trono de manera ilegítima, total ¿qué más da? A mi lo que me importa es que fue precisamente Sargón II el que comenzó lo que hoy conocemos por la biblioteca de Asurbanipal, uno de sus futuros sucesores, un conjunto de 22000 tablillas en las que se habla de ciencias, de matemática, de astronomía, de religión, de comercio, de geografía, etc. que apareció enterrada en la ciudad de Ninive, que será la próxima en caer, y que nos ha permitido conocer el mundo mesopotámico como no hemos conocido ningún otro mundo de la antigüedad. Este era Sargón II saludando posiblemente a uno de sus generales:


Todo lo que hemos conocido de la antigüedad gracias a ellos tiene un valor incalculable, no es que haya que atribuirles un mérito directo, porque sus actos no eran para la posteridad, pero por suerte parte de su legado fue cubierto por la arena y el barro y nos ha llegado intacto hasta nuestros días. Siempre hacía la broma con mi amigo Antonio, cuando nos decidimos a hacer historia por la UNED, que los malvados ingleses, franceses y alemanes habían expoliado todo el oriente medio, y menos mal, porque era mucho más fácil ir a Londres que a Mosul. Al final los salvajes han conseguido que tipos del siglo XIX con más sentido de la aventura que escrúpulos, hayan salvado a Sargón y los suyos de una muerte definitiva. Qué pena.

Pero desgraciadamente, tengo que sumar algo más a mi pena, el uso torticero que de estos crímenes se hace. Hace unos días leí en tuiter esto que me llenó de indignación porque es hacer demagogia con el tema hasta las trancas:


Pero es que hoy me encuentro con esto que me parece infinitamente peor por ventajista y sectario de alguien que no me lo esperaba, es lo que se llama fuego amigo:


Esta claro que ya vale todo con tal de arrimar el ascua a tu sardina, de cualquiera, porque si lo que se quiere es llamar talibán a Montoro o a Wert existen formas mucho más elegantes y menos populistas de ajustarles cuentas, como por ejemplo recordándoles lo nefasto de su mandato. Porque nada tienen que ver los cojones con comer trigo.

viernes, 6 de marzo de 2015

Donde muere la civilización





Cuando los amantes de la historia pensamos en el origen de la civilización, inevitablemente volvemos nuestros ojos a esa tierra bañada por los ríos Tigris y Eúfrates que ha sido llamada Mesopotamia desde la antigüedad. Desgraciadamente, y por una especie de ironía macabra, todos, amantes de la historia o no, volvemos los ojos al mismo lugar cuando pensamos en la más absoluta barbarie, un lugar donde miles de años después esa misma civilización corre el riesgo de ser destruida. Hoy a esa tierra entre ríos la llamamos Iraq y la estamos dejando morir al otro lado del televisor, como si no fuera más que un plató de cine en el que pelean buenos y malos.

Así, sentado en mi sillón, he podido ver como unas alimañas han destruido la ciudad de Nimrud, una de las cuatro capitales asirias, y se me ha roto el corazón, la pena que siento es tan grande que me obliga a escribir estas líneas para cambiar por letras mis lágrimas. Al que crea que exagero le invito a leer este otro post que escribí hace ya casi cuatro años, cuando era inimaginable, al menos para mí, que la barbarie pudiese llegar tan lejos. Y siento más pena todavía por toda esa gente atrapada en el infierno sólo por haber nacido en un lugar tan maravilloso en un tiempo equivocado, escribiría por ellos también, pero lo que mis tripas quieren decir mis dedos se niegan a teclearlo.

He tenido la suerte de conocer esos dos ríos en mis viajes por Turquía, los turcos me pasearon por el Eúfrates y los kurdos por el Tigris para enseñarme una ciudad muy pequeñita llamada Hasankeyf que, según me dijeron tenía una antigüedad de 10000 años. Pocas veces he sido más feliz que ese día, mirando esas aguas de un azul turquesa y su puente roto que tantos habían contemplado antes de mí allí mismo. Gente de diferente color de piel, gente que en multitud de idiomas habrían adorado allí mismo a dioses olvidados y a dioses modernos, gente como tú y como yo, cuyos descendientes se sentían orgullosos de mostrarme su herencia milenaria, a pesar de la decadencia visible. Habría que ser muy cretino para en ese momento no sentir otra cosa que un profundo respeto.

Por eso, yo, que soy consciente de lo circunstancial del lugar de mi nacimiento, soy capaz de hacer parte de mí lo suyo, soy capaz de comprender que cuando decimos que un lugar es patrimonio de la humanidad es porque realmente es parte de nuestra herencia colectiva como seres humanos, y siento que me agreden cuando destrozan un Lamassu unos desgraciados que ni siquiera saben qué significa aquello que están destruyendo, tanto como si volasen por los aires el acueducto de Segovia o la catedral de Santiago de Compostela. Porque en esto no debe existir ni la distancia ni la indiferencia, pensar que el problema es de otros, escurrir el bulto y mirar a otro lado nos hace a todos más miserables y a este mundo peor.

Quiero que el mundo al que pertenezco combata esta lacra hasta las últimas consecuencias, porque si hace tres mil años los asirios no hubieran imaginado que existiría una declaración universal de los derechos humanos yo ahora no puedo aceptar que en el mismo lugar del mundo que fue su imperio esa declaración en el 2015 sea papel mojado. No puedo aceptar que nadie mueva un dedo con verdadera determinación para que se cumpla porque, nos guste o no, estamos perdiendo esta guerra y algún día, avergonzados, diremos que se puedo hacer más, que se reaccionó tarde, que había demasiados intereses enfrentados que nos ataban de pies y manos. No puedo aceptarlo, me niego, son fanáticos, no tienen cabida en el mundo y sin complejos hay que exterminarlos.


Y mientras, con el corazón en un puño buscando un falso consuelo, me repito que las esculturas que tanto admiré sólo eran piedra, sólo eran piedra, como sus corazones. Malditos sean.

domingo, 7 de julio de 2013

Cleopatra


La antigüedad era una cosa muy chunga, pero chunga de narices, tan chunga debía ser que están todos muertos. No, en serio, en la antigüedad lo de envejecer estaba muy sobrevalorado, y si no que se lo pregunten a Cleopatra VII, Cleopatra para los amigos y la historia, última reina del Egipto Ptolemaico, una satrapía macedónica con capital en Alejandría, cuyo primer rey fue uno de los diádocos de Alejandro Magno, Ptolomeo I Sóter (el salvador). Cleopatra era hija de Ptolomeo XII Auletes (el que toca la flauta), una mierda de sobrenombre, porque ya es triste que tu dinastía comience por el salvador y tú seas como Bartolo y acabes tocando la flauta de un agujero sólo.

Auletes, además de tocar la flauta, se dedicó a tocar las narices a su pueblo. Por lo visto era un pájaro que, mientras que la gente las pasaba moradas, se dedicaba a ir de fiesta, emborracharse y matar elefantes, perdón, a matar elefantes no, que me lío. Tan mal lo debió ver que pensó que era buena idea pedir a los romanos que le ayudasen a no perder el empleo, y los romanos encantados porque eran fáciles de sobornar para después, si hacía falta, decir si me has sobornado no me acuerdo. Por eso, untó de lo lindo a un tal Pompeyo y a un tal César, ¿os suenan?, el primero era rico y codicioso, el segundo listo pero más tieso que la mojama. Auletes se dejó así un ojo de la cara y la isla de Chipre, que ocuparon los romanos, para disgusto de los egipcios que no pensaron aquello de más se perdió en Cuba y se sublevaron. Son un pueblo de tradiciones estos egipcios.

Auletes se fue a Roma y esta vez ya tuvo que empeñar hasta los dientes de oro para que los romanos le reconociesen su derecho al trono... y nada más, porque no le prestaron ni un miserable soldado. Mientras, en Egipto, reinaba su hija mayor Berenice, nombre molón donde los haya, y mala hija si nos atenemos a las circunstancias. Auletes, como vio que en Roma no se comía un colín, se fue a Éfeso para sobornar al procónsul de Siria, que sí que le prestó un ejército con el que volvió a Egipto y le rebano el pescuezo a su díscola hija, nombrando poco tiempo antes de morir a Cleopatra corregente del Reino. Y se murió, y Cleopatra reinó a los 17 años, por la obra y gracia de Serapis, dios híbrido venerado por egipcios y macedonios junto, con su hermano y marido Ptolomeo XIII Filópator I (el que ama a su padre), nombre muy piadoso vistos los antecedentes familiares de los Ptolomeos.

En aquella época, ser rey de Egipto no equivalía a ser faraón, hasta que llegó Cleopatra, que era más lista que el hambre, con cierto don de gentes y que hablaba varios idiomas, entre ellos el egipcio antiguo. Eso le abrió el corazón de los sacerdotes, que la nombraron reina y faraona, y de paso le dieron su influencia y su dinero, pero las cosas no iban bien. Los hermanos se llevaban como el perro y el gato, el Nilo no se desbordaba como debía por lo que la gente de Alejandría pasaba hambre y los romanos les sacaban hasta los higadillos. Tan mal iba todo que los consejeros del rey el eunuco Potino y el general Aquilas hacen que Cleopatra tenga que exiliarse en Siria, donde busca la protección de los romanos.

Los romanos tampoco pasaban por su mejor momento. César había derrotado a Pompeyo en Farsalia y éste corrió a buscar refugio a Egipto donde el Filópator I le cortó la cabeza para mandársela a César. Un error enorme del chaval, porque los romanos se podían cortar la cabeza entre ellos pero no iban a consentir que un extranjero se tomase la justicia por su mano por muy fugitivo que fuera Pompeyo. Así que César se presentó con un pequeño ejército en Alejandría a ver qué pasaba, de momento no iba a cargarse al chaval pero le tomó la matrícula. Además de general victorioso, César era el testamentario de Auletes, que había encargado a Roma velar por el cumplimiento de su testamento y por el bien de Egipto, sabiendo todos que eso suponía que el gobierno de facto en Egipto era de los romanos, y los romanos de donde entraban ya no se iban jamás.

César consiguió forzar un acuerdo entre los cuatro hermanos que quedaban, Ptolomeo XIII y Cleopatra gobernarían en Egipto, mientras que los hermanos menores Ptolomeo XIV Filópator II y Arsinoe IV gobernarían en Chipre. Dicen las malas lenguas que por entonces César y Cleopatra eran algo más que amigos y residentes en Alejandría, por lo que Filópator el mayor se sublevó junto con Arsinoe, que no se quedaba atrás de ninguno de sus hermanos si lo que estaba en juego era un cetro real. Reunieron un ejército que por poco no derrota a los acorralados amantes, pero al final César consigue algunos refuerzos y se lleva la victoria. En la huida la barcaza de Filópator encalla y éste muere ahogado, y voy yo y me lo creo, mientras que Arsinoe es mandada a Roma como prisionera de César. De esa manera Cleopatra, con la protección de César queda como reina indiscutible de Egipto y se casa con su segundo hermano, un niño de 10 años.

Cleopatra está plenamente enamorada del aura de César, al que considera casi como un Dios, tanto es así que tiene un hijo con él, Ptolomeo XV Cesarión. César también está encantado de la vida en Alejandría, pero ser el primer hombre de Roma es algo complicado y pronto debe partir a combatir y derrotar a Farnaces rey del Ponto. Tras ello, vuelve a Roma a donde le sigue Cleopatra que vive allí como concubina suya, para escándalo de los romanos que nunca la aceptan y ningunean cuanto pueden. Eso incluye a Calpurnia, la mujer de César, y a su amante, Servilia (madre de Bruto y hermana de Catón el joven), porque según la mentalidad romana cuernos extranjeros eran menos cuernos, y, además, hasta una reina egipcia era inferior a la última de las romanas. Eran orgullosos estos romanos.

Para colmo, ningún rey podía entrar en Roma, aunque fuese un rey de importación, por lo que la pobre Cleopatra vivía en las afueras de Roma más aburrida que una ostra sin poder ir a los espectáculos y teniéndose que conformar con las escasas visitas que César podía hacerle, porque las cosas no le iban muy bien a él tampoco. Sus enemigos políticos le hacían la vida imposible, tanto que un día con un poco de mala uva le asestan 23 puñaladas contra las que no puede hacer otra cosa que morirse y convertirse en dios  Si ya os advertí que la antigüedad era algo muy chungo. Cleopatra, con el corazón partío y muerta de miedo, se vuelve a Egipto con Cesarión, aunque todavía no había dicho su última palabra.

lunes, 3 de octubre de 2011

El rapto de las Sabinas



Que desciendas de un héroe troyano como Eneas y un dios como Marte no es garantía de inteligencia, así fueron, son y serán las cosas, posiblemente por culpa de la endogamia, porque claro si se pasaban todo el día retozando por los bosques dioses, sátiros y ninfas, al final como no eran muchos lo mismo te parían un Aquiles, que unos Titanes que unas Gorgonas. Igualito que ahora. Por cierto, es falso que las Gorgonas se llamasen Medusa, Esteno y Euríale, estudios recientes y muy documentados han comprobado que sus nombres verdaderos eran Simoneta, Cayetana y Elena.

Todos sabemos ya que Rómulo y Remo fundaron Roma ellos solitos y que no se pusieron muy de acuerdo en cómo había que diseñar la ciudad. Dice la leyenda que ambos se subieron a la colina del Palatino en busca de una señal y que ambos vieron sendas bandadas de buitres volando en direcciones opuestas, o eso es lo que se pensaba hasta ahora, porque al igual que ha sucedido con lo de las Gorgonas la historia se ha revisado. Parece ser que lo que Rómulo vio pasar era el consejo de administración del banco vaticano huyendo a un paraíso (fiscal) y que le ofrecieron a precio de ganga un préstamo para urbanizar el Palatino, el Quirinal y al Aventino. Remo no tuvo tanta suerte, él lo que en realidad vio fue una bandada de gaviotas con cabeza humana que le prometieron todo tipo de rebajas fiscales e incentivos para la contratación, vamos, caca de la vaca. Por eso, al final Rómulo se llevó el gato al agua y un TDT para sintonizarlo, mató a Remo e hizo la ciudad como le salió de las pelotas.

Todo eso estaba muy bien, pero tener una ciudad para ti solo es un puto coñazo, puedes hacer todo lo que quieras con ella, vamos, como si fueses el mismísimo Gallardón, pero sin mano de obra inmigrante y sin tuneladoras. Tienes aires de grandeza y un préstamo con el que te puedes endeudar durante generaciones pero no tienes vecinos a los que molestar y desangrar con tasas e impuestos, no mola nada. Por eso un día decidió abrir las puertas y el cortijo se le llenó de vagos y maleantes, es decir, desterrados, esclavos, fugitivos y demás gente de mal vivir que hicieron prosperar mucho a la ciudad pero que se tenían que jugar a los dados cada noche quiénes iban a morder las almohadas y quiénes iban a soplar las nucas. Eso desde un punto de vista demográfico era insostenible, necesitaban mujeres y estaban dispuestos a conseguirlas, a cualquier precio.

La primera idea que tuvieron fue genial, crearían la mujer a partir de la costilla de uno de ellos, en concreto del más lento que fue el que se dejó atrapar para el experimento, pero la cosa no funcionó y al décimo intento desistieron porque por pura selección natural el resto ya corría como gamos. Después probaron a ducharse y a ponerse calzones limpios para ir a ligar a los pueblos de los vecinos, unas pocas pedradas después descubrieron que era tan difícil como ir a ligar a un pueblo del Toledo profundo siendo forastero, unos terminaron ahogados en el pilón, otros invitando a copas y la mayoría murieron descalabrados en mitad de los viñedos. Como todavía faltaba mucho tiempo para la invención de la tele no se les ocurrió realizar el concurso Romano busca esposa, pero si que se les ocurrió una estratagema que no podía fallar.

Cuando llegó la festividad del dios de origen etrusco Consus, encargado de proteger las cosechas de cereales, montaron unos juegos en Roma para celebrarlo. Invitaron a pasar el día en familia a sus vecinos, unos de los cuales eran los Sabinos, famosos por la belleza de sus mujeres de abundantes pechos. ¿Leyenda urbana?, pues no, sabemos que no es un mito porque se han hecho pruebas genéticas que han refutado que Sabina Salerno desciende de ellos. Cuando todos estaban cocidos como piojos ejecutaron su astuto plan, raptaron a las Sabinas y salieron corriendo. Sabinos y sabinas reaccionaron de forma muy distinta. Las sabinas se acojonaron mucho al principio, sobre todo porque no se fiaban de las intenciones de esa panda de facinerosos que eran los romanos, hasta que se dieron cuenta de que tantos años de morder almohadas y soplar nucas les había transformado en una pandilla de gatitos mimosos a los que podían mangonear a su antojo. Los sabinos al principio estaban encantados, podían quedar con los amigos para tomarse unas cervezas sin preocuparse de cómo y a qué hora volvían a casa, iban hechos unos adanes sin que nadie se lo reprochara disfrutando de su soltería.

Hasta que empezaron a tener picores en el bajo vientre y comenzaron a sacar los dados y las almohadas, entonces se dieron cuenta de que los habían timado y trataron de recuperar el terreno. Se enfrascaron en una guerra sin vencedor durante la cual las sabinas comenzaron a tener hijos romanos, eso cabreó mucho más a los sabinos que decidieron acudir también a las malas artes. Su rey Tito Lacio, el monarca que nunca usó champú con acondicionador para lavarse el pelo, sobornó a una tal Tarpeya prometiéndole oro y joyas para que durante la noche les abriese las puertas de la ciudad, y así lo hizo, pero en lugar de joyas la tiraron desde una roca abriéndole la cabeza. Y es que los traidores nunca leen los libros de leyendas. En esas estaban, en una feroz batalla en la que no iba a quedar ni el Tito ni el Tato, cuando las mujeres sabinas se interpusieron para forzar un acuerdo entre sus padres y hermanos por un lado y sus maridos e hijos por el otro. De esa manera se impuso la paz, por el bien común, de forma que sabinos y romanos firmaron una alianza y desde entonces fueron un mismo pueblo. Yo no me lo creo, el bien común no le importa a nadie, mi suposición es que los romanos la tenían más grande y eso sí que es una razón de peso.

lunes, 15 de agosto de 2011

Asurbanipal



Yo soy de romanos, eso lo sabe ya hasta el Tato, lo que no sé si he contado, y es que soy de memoria distraída, es que además de romanos soy de asirios, muy de asirios, a pesar de que eran una pandilla de asesinos sanguinarios que se pasaron por la piedra a babilonios, elamitas, mitanos, sirios, judíos, egipcios y hasta al apuntador, a sangre y fuego, como se hacían las cosas en la antigüedad. Tampoco hay que llevarse las manos a la cabeza, las cosas de la guerra eran así, a lo mejor porque escribir una declaración de los derechos humanos en cuneiforme debía costar un huevo y la yema del otro y, total, todos sabemos para lo que sirve una declaración de los derechos humanos incluso en la actualidad, para limpiarse las posaderas. Por eso, teniendo en cuenta lo que rasca el barro cocido, decidirían que era mejor no intentarlo y hacer las cosas a su manera. Pero sobre todo soy de asirios porque me enamoré de sus palacios, de sus imponentes esfinges, de su escultura, de sus relieves, y sobre todo de las escenas de caza de leones de un rey llamado Asurbanipal que durante más de dos milenios reposó oculto en el barro.

Asurbanipal (y lo voy a escribir así, de la manera más sencilla, porque con él pasa como con Benicasim, que nadie sabe cuantas eses, emes y enes hay que poner) fue el último gran rey de los asirios, su nombre significa el heredero de Asur, el dios oficial, del imperio, aunque había muchos otros, tantos como hicieran falta para justificar el funcionamiento del mundo. Una cosa curiosa de los asirios, y posiblemente heredada de sus parientes los acadios, es que para ellos el hombre no estaba al servicio de los dioses, sino al contrario, una postura más que inteligente y que asustaba mucho a sus vecinos. De hecho el propio rey era un dios más, porque a fin de cuentas siempre acojona más matar a un dios que a un Borbón, por ejemplo, solo hay que observarle cazar leones como el que se toma un tinto de verano, una mano en el cuello del animal y la otra soltando un mortal espadazo. Es de lo más natural que los reyes sean así de majestuosos, bien con leones bien disparando a osos borrachos, la cosa es y era intentar impresionar al personal, aunque a la hora de la verdad la experiencia nos dice que en una corte con varias esposas y numerosos aspirantes al trono la vida es y era cosa de no tomársela muy en serio.

Asurbanipal no era el príncipe heredero al trono, su padre, llamado Asarhadon, nombró heredero a su hermano mayor que, curiosamente, murió ese mismo año, siempre hay una historia de un hermano mayor que debió reinar... Tras tan desafortunada pérdida Asurbanipal fue proclamado heredero a pesar de tener todavía otro hermano mayor al que hicieron rey títere de Babilonia, su nombre era Shamash-shum-ukin, pero no le duró mucho el chollo porque se rebeló contra su hermano y fue escabechado, ríete tú del bodrio ese de Enemigos Íntimos y de las Azúcar Moreno. Y alguno se preguntara ¿cómo sabemos estos sucesos de hace 2700 años?, pues porque a los asirios les gustaba escribir las cosas, increíblemente, Asurbanipal sabía leer y escribir, algo rarísimo sobre todo teniendo en cuenta lo complicada que era la escritura cuneiforme y los años de estudio que su aprendizaje requería, gracias a él hoy en día conocemos qué paso durante tanto tiempo entre las orillas del Tigris y el Eúfrates ya que entre las ruinas de su palacio en Nínive apareció su biblioteca personal con más de diez mil tablillas de barro cocido, una cápsula del tiempo esperando el momento oportuno para hablarnos.

A la muerte de Asarhadon, Asurbanipal subió al trono como “Rey del Universo”, ahí queda eso, si Felipe II hubiera sabido de su existencia se habría sentido un pobre hombre, fue un militar implacable y lo primero que hizo fue seguir con la guerra que su padre dirigió contra la otrora gran potencia de la antigüedad, Egipto, no paró de zumbar a egipcios y nubios hasta que Tebas y Menfis cayeron en sus manos, por eso no es de extrañar lo de rey del universo, porque Asurbanipal llegó a tener el control de Asiria, Media, Persia, Aramea, Fenicia, Israel, Judea, Asia Menor, norte de Arabia, gran parte de la península de Anatolia y Chipre, vamos, el mundo mundial, a esas alturas los Griegos estaban tirándose pedruscos y los Romanos etruscos. Solo quedaban por someter sus vecinos del sureste, los elamitas, que trataron de apoyar la rebelión del hermano de Asurbanipal en Babilonia y, como ya he contado antes, lo pagaron caro, los asirios tomaron su capital, Susa (no confundir con la cantante brasileña que hablaba con un topo), unas de las ciudades más antiguas que se conocen, y acabaron como reino vasallo de asiria.

Tras ello, Asurbanipal reino más o menos en paz hasta completar cuarenta y dos largos años de reinado, una buena cifra para un rey de la antigüedad. Sin embargo a su muerte se sucedieron una serie de guerras civiles que debilitaron mucho al imperio, tanto que en apenas dos décadas sucumbió a manos de una coalición de medos y babilonios. Y así pasaron los asirios a la historia, viendo como sus palacios y ciudades desaparecían bajo el fango, odiados por casi todos, y es que se lo habían ganado a pulso. Por ejemplo, una de las costumbres de la época, además de sembrar la muerte y destrucción, era deportar a los derrotados de maneras que perdieran sus raíces y fueran integrándose en su nueva tierra de acogida, lo cual debía funcionar bastante bien pero generaba gran odio y resentimiento entre los que se quedaban. Por ello, como venganza póstuma, los enemigos de Asurbanipal le rebautizaron como Sardanápalo y contaron de él que era un rey que vivía rodeado de lujo, cobarde y pusilánime que se suicido al ser derrotado, así se escribe la historia, si no has vencido en vida siempre puedes difamar en la muerte, sin ir más lejos Babilonia pasó a la historia judeocristiana como la gran puta de la antigüedad y la destrucción de Nínive fue celebrada en el antiguo testamento, Asurbanipal esté donde esté se debe estar descojonando.

sábado, 25 de junio de 2011

Lucio Cornelio Sila

Hubo un tiempo y un lugar en el que pertenecer a la gens Cornelia era un símbolo de riqueza y poder, casi como ser de la casa de Alba pero con palacios en el Palatino en lugar de en Medina Sidonia, la diferencia es que los Cornelios fueron, mientras que duró la Roma republicana, cuna de políticos y generales, vamos, que partían el bacalao. Sin embargo, los Cornelio Sila eran una rama de la familia venida a menos, con la pasta muy justa como para darle una educación digna al joven Lucio Cornelio Sila, que si por linaje estaba destinado a alcanzar las más altas magistraturas de la república, a la hora de la verdad no tenía recursos ni para entrar en el senado, ya lo dijo el bueno de Quevedo “don sin din, cojones en latín”.

Dicen las malas lenguas que su padre contrajo un matrimonio de conveniencia con una mujer rica, eso era normal en Roma, lo de apañar matrimonios por los más diversos motivos, y que con ese dinero Sila pudo tener una educación apañadita en la que aprendió un buen latín y un excelente griego ático. Pero poco más, en una edad en la que debía estar aprendiendo las reglas de la política y de la retórica, además de recibir una educación militar, él se pasaba los días visitando los bajos fondos, en compañía de gente de teatro, vividores y prostitutas. Y como Sila era un tío guapetón, de ojos azules penetrantes, tez blanca y pelo de un rojo dorado, una de las más famosas cortesanas de Roma, llamada Nicópolis, cayó rendida a sus pies. También dicen las malas lenguas que tras la muerte de su padre él se instaló en concubinato con su propia madrastra y con Nicópolis, y que, de manera muy oportuna, ambas murieron en extrañas circunstancias, tal vez asesinadas por él, legándole sus fortunas.

Y no sería el oro y el moro, pero sí lo suficiente como para entrar en el senado y comenzar a la tardía edad de 30 años su recorrido en el Cursus Honorum, esa sucesión de cargos electos que culminaban en el consulado, sin más experiencia que la adquirida entre actores y rameras, especialmente con un actor llamado Metrobio que, probablemente, fue el amor de su vida, porque Sila era seguidor de las teorías de Gorostiza, aquel que dijo “donde veas pelo, ¡atiza!”. Como primer destino fue asignado a Cayo Mario, que era el hombre del momento, para actuar como cuestor, vamos el que repartía la pasta, en la guerra contra Yugurta, rey de Numidia, y como Sila era un lince Mario pronto se alegraría de tenerlo a su lado. Si algo tenía Sila es que se movía como pez en el agua en el mundo de las intrigas, algo así como Kiko Matamoros en Sálvame, pero sin rivales de pacotilla, por eso aplicó la regla del divide y vencerás, ofreciéndole a Boco, rey de Mauritania, el oro y el moro (valga la redundancia), de manera que éste traicionó a Yugurta y Sila se lo llevó a Roma para ser parte del desfile triunfal de Cayo Mario.

Tal vez el protagonismo de Sila en la captura de Yugurta fue el principio de la enemistad entre Sila y Mario, pero siguieron formando tándem demoledor en la guerra contra la invasión de los germanos, dirigiendo a dúo los dos ejércitos consulares romanos, lo cual les llevaría a las más altas cotas del poder. La realidad es que Sila todavía no era cónsul, y el ejercito estaba al mando de un tal Lutacio Cátulo, pero de facto Sila fue su general, consiguiendo una fama militar que comenzó a hacer sombra a la del propio Cayo Mario. Tras unos años de dejarse ver por Roma consiguió ser elegido pretor y más tarde se trasladó a anatolia como gobernador de Cilicia, allí tuvo gran éxito poniendo en su sitio a los reyezuelos locales que se entretenían invadiéndose los unos a los otros lo que a fin de cuentas no era bueno para los asuntos del dinero, y por tanto para nadie. Sila fue el primer romano que llegó con un ejército hasta el río Eúfrates, firmando un tratado de paz muy ventajoso con los temidos partos.

De esa manera regresó cubierto de gloria, y de oro, a Roma, porque para eso se iba uno de gobernador de una provincia, para enriquecerse lo máximo posible, algo que se daba por supuesto y que nadie criticaba, er buenos tiempos para las gentes amantes de los trajes y el lujo, por eso se quedó con dos palmos de narices cuando fue acusado de corrupción y de aceptar sobornos del rey capadocio Ariobarzanes, lo cual seguramente era verdad pero iba en el cargo. Estaba claro que eran agentes de Cayo Mario los que le acusaban, y, aunque finalmente no fue condenado, su dignitas quedó tan entre dicho que tuvo que retirarse de la circulación durante unos años. Y es que el tema de la dignitas no era baladí entre los romanos, y no se refería solo a la dignidad, sino a un compendio de la reputación, los logros personales y el honor adquiridos en el tiempo, vamos que un hombre valía lo que su dignitas y por preservarla se podía llegar al asesinato e incluso al suicidio por perderla. Sila, que a pesar de su vida disipada era muy conservador, se pasó al bando de los optimates, cuyo fin era preservar el poder en mano de la aristocracia y el senado, en contra de los populares, partidarios de que legislase la asamblea del pueblo y de la extensión de la ciudadanía romana a los aliados itálicos, digamos que entonces los populares estaban a la izquierda y su líder era Mario (no confundir con Mariano).

A partir de ahí las cosas le fueron mucho mejor, cuando los aliados itálicos de Roma se sublevaron al no conseguir la ciudadanía, lo cual se llamó guerra social pese a no ser más que una especie de guerra civil, Sila tomó el mando de las operaciones, dirigiendo una brillante campaña militar que culminó con la consecución de la corona de hierba, la más alta distinción militar romana. Al finalizar la guerra se casó con Cecilia Metela Dalmática, perteneciente a una de las familias más aristocráticas de Roma, afianzando su posición el los optimates, y fue elegido cónsul, Sila estaba en la cima. Tanto que fue elegido para dirigir las legiones que habían de enfrentarse al rey del Ponto, Mitridates VI, que aprovechando que los italianos estaban en guerra había invadido las provincias orientales llegando a la mismísima Grecia.

Pero eso era algo que Mario, que deseaba dirigir la guerra a pesar de su avanzada edad y a que estaba más para allá que para acá, no podía consentir. Cuando Sila estaba a punto de embarcar con seis legiones hacia Grecia, la asamblea de la plebe le retiraba el mando para dárselo a Mario, que tenía dinero e influencia como para comprar las voluntades necesarias, entonces pasó algo que cambió la historia de Roma para siempre, Sila agarró a sus seis legiones y se fue c­on ellas a Roma liándola parda. Nunca nadie había usado al ejército contra Roma, y Sila no se lo pensó, entró en la ciudad a sangre y fuego dando un golpe de estado, Mario y su camarilla salieron por patas, siendo declarados enemigos del estado y Sila legisló a su favor, quitando poder a las asambleas del pueblo. Tras ello partió por fin a Grecia con sus legiones, lo que evidentemente aprovechó Cayo Mario, junto con el otro cónsul Cinna y su hijo el joven Mario, para regresar con un ejército formado en gran parte por esclavos liberados y arrasar de nuevo Roma. Tuvo que ser el horror, pues todos los partidarios de Sila fueron ejecutados y sus cabezas cercenadas fueron exhibidas en el foro. A los pocos días murió Mario.

Sila tenía clarísimo que si quería volver a Roma debía ser convertido en un héroe militar, de tal manera que pudiese reconquistar el poder con la fuerza de sus entrenadas legiones. La campaña en Grecia no fue buena, debido a la falta de suministros que hicieron a su ejército pasar grandes penurias, pero como no hay mal que por bien no venga la dependencia de los botines para su subsistencia, incluyendo los tesoros de los templos, le hicieron combatir con bravura. Sila arrasó la región del ática y puso sitio a su capital, Atenas, en eso estaba cuando por falta de higiene contrajo la sarna y la enfermedad le desfiguró su antes apuesto rostro. Sila hizo caer Atenas, además de ganar a los partidarios de Mitridates un par de batallas decisivas en Queronea y Orcomeno, mientras tanto el gobierno de Roma había mandado un par de legiones para hacer la guerra por su cuenta contra el Ponto, tropas que se amotinaron bajo el mando de un tal Fimbria y sembraron el terror por Asia. Sila y Mitridates firmaron un tratado de paz por el Roma recuperaba los territorios asiáticos y se cobraba una generosa indemnización, con la condición de que Sila antes hiciera fiambre con Fimbria, y así fue. Con las cosas en orden Sila puso rumbo a la Roma de los cónsules Cinna y Carbón.

Fue la locura conejil, aunque al principio los cónsules trataron de negociar para evitar la guerra civil la muerte de Cinna en un motín hizo que las fuerzas populares se vinieran abajo. Las expertas legiones de Sila le dieron a Carbón y al hijo de Mario lo suyo y lo de su prima, más cuando Sila contaba entre sus filas a gente tan válida como los futuros triunviros Pompeyo y Craso. La última batalla se libró a las puertas de Roma y los populares fueron derrotados y miles de ellos ejecutados. Sila no dudó en nombrarse dictador y en imponer un régimen del terror, en el que listas de proscritos aparecían todos los días, casi todos ellos senadores y caballeros acaudalados. Estos eran inmediatamente ejecutados, y en caso de que escaparan cualquiera estaba autorizado a matarlos y cobrar una recompensa del estado, y todos sus bienes eran confiscados para subastarse por dos duros entre los partidarios de Sila que se enriquecieron escandalosamente. Además, Sila legisló de manera que todo el poder volvió a manos del senado, eliminando la promulgación de leyes en las asambleas del pueblo, quitando todo el poder a los tribunos de la plebe y machacando a los caballeros a los que se expulsó de los jurados que quedaron conformados solo por senadores.

En un par de años puso patas arriba a Roma, y cuando él creyó que su labor había terminado, para sorpresa de todos, dejó voluntariamente el cargo y se retiró a una villa en el campo. Que se sepa es el único dictador en toda la historia que una vez tomado el poder por la fuerza renuncia voluntariamente al cargo. Allí, anciano y enfermo, paso los últimos años de su vida, junto a su nueva esposa, Valeria Mesala, de la que dicen que era escandalosamente joven y escandalosamente bella, montando fiesta tras fiesta junto a una corte de mujerzuelas, bufones y borrachos, artistas de todo tipo y tal vez con su amado Metrobio. Desde allí escandalizó a la recatada Roma, riéndose de la obra que les había legado. Dicen que su muerte fue dolorosa y atroz, muy propia de un hombre que hizo de su vida una tragicomedia, de uno de los personajes históricos más importantes de la antigüedad, cuya influencia fue tan grande que tal vez sin él la historia que conocemos habría cambiado.

La caricatura la he bajado de aquí http://www.toonpool.com/artists/Xavi_739 me ha encantado

domingo, 13 de marzo de 2011

Nerón Claudio César Augusto Germánico (de todos los santos)

Nerón me cae bien, el simple hecho de que haya pasado a la historia como un gran villano le hace a mis ojos atractivo e interesante. Atractivo en un sentido metafísico no en el físico, es evidente, más si tenemos en cuenta que esculpir mal al emperador podía acarrear una muerte por acumulación de objetos metálicos en los pulmones, por eso esas orejas de soplillo resultan muy reveladoras. Las tonterías que se han escrito de Nerón son también muy reveladoras, mis favoritas son la alimentación a base de carne cristiana de los leones y las persecuciones por las catacumbas, cualquiera que haya pasado un par de niveles de los Lemmings sabe de lo que hablo. También dicen que mató a su madre y a su hermanastro, pero entre reyes y emperadores eso le puede pasar a cualquiera, y que tocaba el arpa mientras que Roma ardía, ¿y qué? aquí otros tocan los huevos mientras que tenemos más de cuatro millones de parados y les votamos. Evidentemente debió ser todo un pieza, pero como casi siempre solo conocemos la versión de los que le odiaron, eso de manera más directa, porque en general los relatos de gran consumo sobre Nerón son de varios cientos de años después de su muerte, seguramente en su mayoría fábulas para meter miedo a los niños descarriados.

Desde luego motivos para ser digamos que inestable no le faltaban, su padre era un Domicio Ahenobarbo, familia de la nobleza plebeya de rancio abolengo, y por lo visto era pendenciero, adúltero y traidor, vamos, justo lo necesario para sobrevivir en la corte de Calígula, ya que estaba casado con su hermana Agripina la menor. Es curioso que mientras que los nombres de los hijos varones variaban y estaban ya asignados según el orden de nacimiento generación tras generación, todas las hijas se llamaban igual y se las diferenciaba como la mayor, la menor, o diferentes diminutivos tipo Agripinilla. Agripina es de sobra conocida por haber intentado matar a su hermano, casarse después con el emperador Claudio, y ser asesinada por su hijo Nerón, una biografía de lo más estimulante. Realmente Agripina tuvo que pensar aquello de cría cuervos, porque de no ser por ella Nerón jamás hubiera reinado, ya que logró convencer a Claudio de que le adoptase y le nombrara heredero por encima de su propio hijo Británico, dicen que después, con los papeles ya arreglados, Agripina le asesinó para que gobernase su hijo, Nerón era emperador a los 16 años.

Al principio las cosas parecían ir bien, asesorado por Séneca y Burro, aunque con la sombra de su madre siempre planeando. El gobierno era eficaz y trataba razonablemente bien a las provincias y, lo que era mucho más importante, al senado, porque si eras simpático a los senadores tu esperanza de vida se volvía más grande el ego de Saurón y Mouriño juntos y elevados al cuadrado. Casado con su propia hermanastra, Octavia, pronto parece que comenzó a aburrirse de ella, provocando algún que otro escándalo cortesano para disgusto de su madre que entre eso y que no le dejaban rascar bola, poco a poco, comenzó a alejarse de él, tanto que se dice que empezó a conspirar a favor de Británico, pero mejor le hubiera dejado en paz al chiquillo que murió de un oportuno ataque epiléptico el día antes de ser declarado mayor de edad, tenía solo 14 años. Ya te puedes llamar Nerón o Aníbal Lecter, pasarte la vida mandando asesinar y evitando ser asesinado debe afectar seriamente al sistema nervioso, hoy en día se hubiera pasado el día matando mujaidines en la videoconsola, pero entonces no existían tamaños adelantos y se le fue pirando la olla.

Por eso Nerón comenzó a acumular poder mientras que Burro y Séneca fueron perdiendo influencia, tomando el papel de pepito grillo o dicho más vulgar de moscas cojoneras. Nerón se encaprichó de una tal Popea Sabina, esposa del futuro y fugaz emperador Otón, quería casarse con ella pero su madre no le dio la bendición, así que la mató, algo deplorable porque si eso no se hace ni con una suegra menos se hace con una madre, seguramente existía un motivo mayor pero es pura especulación y nunca lo sabremos. El hecho es que del joven emperador del principio iba quedando poco y si algo le faltaba era un éxito militar y lo tuvo, aunque realmente no fue para tanto, tras unos años de guerrear con el reino de los Partos, la otra gran potencia de la época situada al este del río Eúfrates, consiguió un tratado de paz favorable a Roma, que aumentaba su poder en oriente, aseguraba el suministro de grano y evitaba muertes innecesarias, algo muy apreciado por las clases bajas que lo ensalzaron, también contuvo una revuelta de los britanos. Ese populismo no le gustó mucho a un senado resentido porque los muy pardillos creían que Nerón les devolvería a los tiempos republicanos, pero como hoy sabemos lo llevaban claro.

Nerón se decantó claramente por intentar satisfacer a un pueblo que le adoraba, bajó los impuestos y se dedicó a hacer obras públicas y espectáculos que fueran de su agrado, especialmente los juegos con gladiadores y el teatro, actividad considerada indigna por las clases más altas. En una época en la que no hubo grandes conquistas militares que llenaran el tesoro la situación se encaminó sin remedio a la bancarrota, ¿a que también nos suena? Él mismo destinó parte del tesoro imperial para sufragar los gastos, pero de paso aumento los impuestos a los ricos que ya decididamente le odiaban. Si algo faltaba fue el gran incendio del año 64, que duró cinco días y arrasó media ciudad, no me trago la historia del arpa, yo me creo que Nerón hizo lo posible por paliar sus efectos, pero claro, luego las malas lenguas afirmaron que Nerón culpó del incendio a los cristianos, ¿y qué?, ahora se culpa de todos los males a los inmigrantes y ni nos inmutamos. Tras el incendio puso todo su empeño en reconstruir Roma, edificando de paso su famosa Domus Aurea y el coloso a su imagen y semejanza que se situaba en los terrenos del actual Coliseo, de ahí su nombre.

Para entonces parece ser que Nerón había perdido completamente el norte, daba recitales, participaba como actor en obras de teatro, como conductor de carros en los juegos olímpicos, con la mala fortuna de caerse y romperse el espinazo, seguro que arrojo y talento no le debían faltar, pero a la corte no le hacía mucha gracia, vamos, que ni aunque hubiera sido Estefanía de Mónaco le habrían perdonado, por eso conspiraron para eliminarlo. Un tal Cayo Calpurnio Pison se puso al frente de los conspiradores con la excusa de volver a los valores republicanos y blablabla pero les pillaron con el carrito del helado y fueron ejecutados, Séneca, que algo tenía que ver en el asunto se suicidó antes de ser suicidado, a partir de ahí fue el despiporre y las rebeliones se generalizaron. La que acarreó el fin de Nerón fue la de Cayo Julio Vindex, gobernador de la Galia, que pidió a su vez la ayuda de Galba, gobernador de la Hispania Tarraconense. A Vindex se lo escabechó el gobernador de Germania, un tal Rufo, pero Galba fue proclamado emperador por el senado, las cosas se le ponían verdaderamente feas a Nerón.

Sobre todo cuando la Guardia Pretoriana, que aceptaba los sobornos encantada, se sublevó, capturando a Nerón y le obligaron a suicidarse, un final de culebrón para un emperador histriónico y desequilibrado. Si los senadores creían que con ello se volvería a los viejos tiempos de la república es que no sabían nada de nada, el tiempo de la palabra en Roma había pasado de largo hacía mucho tiempo y lo que mandaban eran las armas. Cuatro emperadores hubo en un año, hasta que Vespasiano, uno de mis emperadores favoritos se hizo con el poder y supo retenerlo, la dinastía Julio-Claudia llegaba a su fin, había comenzado la dinastía Flavia.

domingo, 30 de enero de 2011

Akenatón


En general, los faraones no me caen bien, a lo mejor por eso de que soy republicano, y la verdad, he de reconocerlo, es que los pobres no tienen la culpa, a fin de cuentas eso del gobierno del pueblo por el pueblo se inventó muchos años después, tan después que todavía no lo hemos asimilado. Ya le di lo suyo y lo de su prima al farsante de Ramsés II, que era un buen pájaro. Sin embargo el bueno de Akenatón despierta en mí sentimientos contrarios, me cae bien, me parece un tío como Atón manda, sencillo y bastante campechano. Por lo menos esa es la imagen que transmite el arte de su época, naturalismo, tanto desde el punto de vista formal como desde el punto de vista humano. Con Akenatón podemos ver por primera vez un faraón físicamente imperfecto, con los rasgos propios de su raza, grandes ojos rasgados, labios y nariz prominentes, hasta con cierta barriga y un poco calvo, es un dios pero también es hombre, por eso no solo se le inmortalizo escamochando enemigos, sino que se le puede ver en tiernas escenas familiares como la que adorna este post, jugando con sus hijas y con la maciza de Nefertiti, más guapa que una princesa Disney de aquí a Nubia.

Una de las cosas cojonudas de ser faraón es que podías tener todos los nombres que te diera la gana, incluso si el que tenías no te gustaba lo cambiabas y te quedabas tan pancho. Por ejemplo, que no te gusta llamarte Robustiano, pues te lo cambias a Robustianamón y le cuentas a la gente que significa “robusto sea el ano del hombre que evacua en el nombre de Amón”, así de fácil. Akenatón antes se llamaba Amenofis IV, algo así como “Amón está satisfecho”, pero ese era solo uno de sus cinco nombres, otro de ellos era Kanajt Qayshuty, que venía a ser algo como “toro potente de Amón”, no le pegaba nada. Si algo bueno tenía Akenatón es que no iba de macho man, iba de sí mismo y por eso podemos dar fe mirando su iconografía de que tenía pinta de blandito. Al llamarse Akenatón, “agradable a Atón” o Meriatón, “amado de Atón”, lo dejaba claro.

Además, si algo tenía la religión egipcia hasta la época es que era un auténtico putiferio, montones de dioses cada uno con sus propias cosillas y con su propio clero. Akenatón, como buen Tebano, hubiera debido rendir culto a Amón, un dios raro al que llamaban “el oculto”, y no, juro por mi honor que ZP no es la reencarnación de Amón a pesar de que nadie sepa dónde se encuentra desde hace tiempo. Por eso todo valía, si la competencia achuchaba se podían fusionar dioses como Ra y Amón, dando lugar a Amón-Ra, mitad halcón y mitad carnero, porque esa era otra, se adoraba a cualquier cosa, era lo que había, lo mismo te arrodillabas delante de un chacal, que de una vaca, que de un hipopótamo; con vestirles como para salir de domingo te quedaban de lo más presentable y apañado. Era un sinvivir, templo para aquí, templo para allá, todo el día picando piedra para hacer esculturas y jeroglíficos, y menos mal que los monjes vestían con dos collares y un taparrabos, que si no Zara se hubiera inventado en Egipto hace tres mil quinientos años.

Pero el caso es que había demasiados monjes y con demasiado poder, así que Akenatón usando el sucio y viejo truco de la conversión decidió sacarles el dedo corazón a todos y hacerse seguidor en el Nilebook de Atón, el disco solar, dejándoles con dos palmos de narices. Ellos se vengarían más tarde borrándole el perfil y la cuenta de correo, pero a Akenatón ya le dio igual porque estaba muerto. Para que corriese el aire y le dejasen hacer decidió pirarse de Tebas y fundar su propia capital, algo muy típico de los reyes de la antigüedad, una forma como otra cualquiera de reactivar el negocio del ladrillo y de hacerse eterno. Pero hay que pensarse bien dónde pone uno su capital, porque por mucho que trates de construirla anónimamente tarde o temprano se van a acabar enterando de su paradero los monjes de Amón o lo que es infinitamente peor, tu suegra, en Egipto es fácil, tienes el Nilo infestado de cocodrilos para que te saquen del apuro librándote de ella, pero aquí ¿dónde montas el chiringuito?, ¿cerca de Doñana?, pues lo tienes claro, acabas en la cárcel o en el destierro por una denuncia de Green Peace por tratar de envenenar a las garzas y a las culebras.

Al final, él se instaló en Amarna, un desolado rincón del desierto entre Menfis y Tebás, desde allí prohibió todos los cultos, menos el de Atón, claro, y se hizo nombrar único representante del dios en la tierra, algo así como el Papa pero con un gorro mucho más chulo y sin aguantar al clero. Eso le hizo muy poderoso pero no muy popular, porque cuando llevas miles de años adorando a un gato y a un buitre necesitas seguir haciéndolo, la nueva religión era demasiado conceptual para un pueblo acostumbrado a sus imágenes, ¿qué haríamos nosotros sin nuestro Jesús del Gran Poder y sin el Cristo de los Gitanos?, yo no quiero ni pensarlo. El resultado fue que, entre confabulaciones y enfermedades, ni Akenatón ni el cisma duraron mucho tiempo. Akenatón tiene pinta de haber sido un político hábil pero para nada un buen guerrero, por eso, y ya que dominaba un imperio con posesiones en Egipto, Libia y oriente medio, decidió no complicarse la vida y mantener el statu quo a base de firmar tratados de paz y de calmar a los posibles enemigos con dinero.

No le fue del todo mal, hasta que se encontró con un enemigo inesperado, la peste. La peste asoló Amarna y de paso se llevó por delante, casi con seguridad, a su madre, a la gran esposa real, Nefertiti, y a cuatro de sus hijas, evidentemente no se sabe qué enfermedad asoló la nueva capital, pero lo que sí se sabe es que faltó el tiempo para afirmar que la enfermedad era un castigo que habían enviado el halcón, la vaca, el hipopótamo y el carnero. Aunque las bodas entre padres e hijos no eran lo más habitual, a Akenatón se le piró un poco la cabeza y se casó con su hija, Meritatón haciéndola Gran Esposa Real, posiblemente en un intento de mantener el poder, ya que los derechos sobre el trono se transmitían por línea materna, incluso tuvo una hija con ella. Poco tiempo antes de morir hizo corregente a Semenejkara, del que casi nada se sabe y que le sucedería como faraón, como ya he dicho que Akenatón era un tío majo le cedió a Meritatón como esposa y se casó con otras de sus hijas de la que también tuvo descendencia Anjesenpaatón. Un horror, pero si eso lo pilla telecirco le da el culebrón para rellenar la parrilla de varios años, en fin, la vida era así de curiosa junto al Nilo, peor que un culebrón caribeño.

Akenatón murió en el año 17 de su reinado, siendo un treintañero. Le sucedió Semenejkara, que no duró ni un par de crecidas del Nilo, al cual sucedió un tal Tutankatón, un faraón niño al que los monjes comieron la oreja y volvió al redil del carnero; se cambió el nombre y por Tutankamón, le conocemos. Los monjes tebanos, que eran unos rencorosos, hicieron borrar todo rastro del paso de Akenatón por este mundo, pero afortunadamente algo nos ha llegado, nosotros le conocemos por el faraón hereje, el único faraón monoteista, una anécdota curiosa de la historia que seguro que no gustó mucho a Osiris, dios de los muertos. Imagino que le hizo un corte de mangas al encontrarle y le mando a tomar el sol fuera de su reino eterno.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El mensaje navideño del ser superior


Pongo la tele, es víspera de navidad y todavía no he cenado, lo digo para dejar claro que lo que a continuación sucedió no fue fruto ni del alcohol ni de una mala digestión, simplemente así ocurrió. Un supuesto ser superior me mira a la sobra de un árbol navideño, tiene mala cara, claro, que yo también la tendría si tuviera que pasar año tras año la misma papeleta. El ser superior está hinchado, tiene ojeras, balbucea, y al hacerlo deja entrever unos dientes que seguro que conocieron mejores tiempos, me recuerda a un roedor, me disgusta, a fin de cuentas yo soy republicano.

El ser superior comienza a hablar, le miro atento, le escucho, trato de entender lo que dice pero me cuesta trabajo, me concentro hasta establecer una conexión cerebral con su imagen pregrabada, entonces lo consigo, pero no solo comprendo sus palabras, también comprendo lo que representa. Escucho su arenga desvergonzada, quiere ser mi hermano pero no vamos a cenar juntos por año nuevo, quiere que compartamos con entereza nuestras penurias, pero yo solo quiero compartir las suyas, o por lo menos hacer la media, me habla de esfuerzo y de sacrificio, de que somos grandes y de que saldremos adelante, me habla de reformas, a mí, que he jugado siempre siguiendo las reglas que otros como él me impusieron, a mí, que he pasado siempre por el aro, a mí, que no entiendo que he hecho mal para que ahora tenga que arreglarlo. Echo de menos que regañe a los que la jodieron, pero antes resucitará el cochinillo que se tuesta en el horno, antes resucitarán al alimón todos los cochinillos que se asan en todos los hornos del planeta, antes llegarán saltando los besugos del barrio de Salamanca al Tajo y de allí al océano Atlántico, antes el turrón crecerá en los almendros y el mazapán florecerá el mes de marzo.

Sus palabras resuenan vanas, a mentirijillas, sé que le han escrito el guión, pero uno en la vida es reo de sus palabras, por muy postizas que sean, por eso el ser superior piensa “Señor perdónalos porque no saben lo que me escriben”, y lo más triste es que aunque lo supieran él no lo entendería porque desde su árbol de navidad los corderos se atisban más tiernos y más blancos. En esas estamos los dos, en medio de nuestra mutua incomprensión, cuando pienso en cuantas veces a lo largo del tiempo nos habremos (des)engañado, me siento mal y la cabeza comienza a darme vueltas, al principio despacio, más tarde rápido, más rápido, muy, muy, muy rápido. Y cuando todo para el ser superior ya no es el ser superior, es el rey Alfonso XI el que se lamenta, y yo sigo siendo un mindundi, por lo menos eso deduzco de mi vestimenta de harapos.

Alfonso me habla también de la crisis, a pesar de que echando unas cuantas rápidas parece que murió hace más de seiscientos años. Me cuenta que vivimos en una crisis global que asedia a toda Europa, en pleno siglo XIV, nos cuenta que cada vez más difícil alcanzar el equilibrio entre producción de alimentos y población, y más en plena reconquista. Me habla de hacer reformas estructurales porque el sistema agrícola tradicional se está viniendo abajo, me habla de que él y los nobles se van a dedicar a criar ovejas porque es la forma más fácil de ganar dinero en el floreciente mercado de la lana, convirtiendo a Castilla en un país sin industria, dominado por una aristocracia rural y dependiente del exterior en todos los productos manufacturados.

Como es un rey bueno nos cuenta que está muy preocupado por la situación de los pequeños campesinos, que son los que más sufren la crisis y son los más indefensos frente a la inflación y al alza de la presión fiscal, porque con todo el dolor de su corazón ha decidido que la reforma debe incluir privilegios a los nobles ganaderos en detrimento de los agricultores y del pueblo llano, pero por nuestro bien, que no nos enteramos, nosotros solo debemos mirar al frente y tener altitud de miras mientras que nos siguen desvalijando. Nos pide fortaleza, aunque no podemos seguir cultivando nuestras tierras y caemos en el desamparo y en la mendicidad, también nos pide que ignoremos el hambre de nuestros hijos no haciéndonos bandoleros ni provocando desórdenes sociales, como hacen los buenos cristianos. Porque a pesar de todo, y por mucho que le duela, él tiene pensado seguir comiendo caliente todos los días y no va a reparar en gastos, y como él los suyos, los nobles y la iglesia, que tienen consentidos los malos usos, ya sean indignos e infrahumanos, y añade que al que a pesar de todo se rebele, le cuelga, bondadosamente, para que deje de pasar penurias y malos ratos.

En esas estaba cuando el himno nacional me ha despertado, atónito ante todo lo que acababa de escuchar y vivir, ebrio de indignación y muerto de vergüenza ajena. Menos mal que la primera canción de Raphael me ha recordado que de Alfonso XI a Alfonso XIII, o a su nieto, que tanto monta o monta tanto, en este país va solo un salto.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Tamerlán


Después del gran y anónimo post que le dediqué a Atila, que si no habéis leído ya le podéis dar al hipervínculo, a medio petición del Explorador hoy voy a atreverme a hablar un poco de otro de esos personajes cuya mera mención hacían que le temblaran las canillas a media antigüedad. Asombrosamente, para liarla lo parda que la lió, es un gran desconocido para el gran público, y no se lo merece en absoluto, porque fue capaz de montarse un imperio, eso sí, a base de cortar cabezas, allí donde hoy en día los marines fracasan, su nombre es Tamerlán.

Tamerlán es el nombre occidentalizado de Timur Lang. En unos lados he leído que significaba Timur el Tuerto y en otros Timur el Cojo, espero por su bien que solo tuviera uno de los dos problemas, aunque ya igual le da, porque si de verdad era cojo y tuerto debía ser un espectáculo andante. Sé que es cruel, pero mi profesor de máquinas eléctricas era cojo y tuerto y le llamábamos el Fistro, no digo más, corría la leyenda de que algún chirifú le había pegado un linternazo, y yo me la creo, aunque en su defensa diré que era un profesor estupendo, gracias a sus lesiones cambié la alta tensión por los miliamperios. Yo no tengo ni idea de si Tamerlán era cojo o tuerto, pero un fistro desde luego que no era, por si acaso vamos a zanjar el asunto llamándole Timur el Grande.

Timur nació en 1336, 40 años después de que los cristianos abandonaran definitivamente tierra santa, cerca de Samarkanda, en la actual Uzbekistán. Era de origen turco y mongol, ambos pueblos llegados del centro de Asia, no hay que olvidar que por entonces en la actual Turquía a duras penas el imperio bizantino, cristiano, resistía a los otomanos, musulmanes, al igual que lo era Tamerlán. Tras la muerte de Gengis Kan, el imperio mongol se había desintegrado en una serie de kanatos, uno de ellos era la Transoxiana, allí creció la criatura. Tamerlán era de origen noble y naturaleza trepa, de manera que se declaró heredero sanguíneo del bueno de Gengis Kan. Por supuesto, a la hora de reclamar reinos, cualquiera podía decir que era descendiente de quien le viniera en gana, a falta de pruebas de ADN estoy seguro de que a Gengis Kan le salieron más hijos bastardos que al Cordobés y a Maradona juntos.

Tamerlán, con solo 26 añitos, dio lo que ahora llamamos un golpe de estado, parece ser que a su propio suegro, porque las familias reales de entonces no eran tan amorosas como las de ahora, posiblemente no todos cobraban de los presupuestos generales del kanato. Tras eso, y tras eliminar a todos los posibles rivales, se proclamó Emir en 1370 y fijó su capital en Samarkanda. A partir de ahí todo fue coser y cantar, guerreando y conquistando territorios con una fiereza y eficacia que en nada tenían que envidiar a su supuesto ancestro , todo ello con la idea de devolver su esplendor al imperio mongol y emular, de paso, a Alejandro Magno. Porque oye, era nacer entre el Indo y el Orontes y a cualquier gobernador, rey o emir le daba por fundar un imperio al estilo del rubiales macedonio de cabeza leonina.

Apoyado por un ejercito brutal y sanguinario, en unos 25 años había conquistado territorios desde la actual Turquía hasta la India, luego se dio una vuelta por las estepas rusas y más tarde se encaminó a Siria, siendo recordadas con pavor las tomas de Bagdad y Damasco, ciudades que ya habían sido un siglo antes conquistadas a los mamelucos y destruidas por otro supuesto nieto de Gengis Kan, llamado Hulagu Kan. Está claro que vivir en la antigüedad era un sinvivir, si es que vivías, porque las tropas de Tamerlán agradecían la resistencia de los sitiados separándoles de forma traumática la cabeza del resto del cuerpo y después, con las cabezas decapitadas, se entretenían haciendo macabras pirámides que servían de aviso a navegantes. Obviamente, como ya me he cansado de repetir en otros post, la vida humana no valía un pimiento, y más la de los enemigos, la palabra genocidio prácticamente significaba defensa propia, acompañada de ese término, ahora tan de moda, que es la guerra preventiva.

Llegado a este punto, Tamerlán se encontró con que el único imperio que le podía hacer algo de sombra era el otomano, y entonces si alguien te hacía sombra debía ser eliminado. Por supuesto que los otomanos pensaron lo mismo, y la cagaron, pero a base de bien. Los otomanos estaban a punto de hacer caer al imperio bizantino, de hecho poco más que la misma Bizancio les quedaba a los romanos de oriente, los otomanos se habían hecho ya con los territorios de Anatolia y de los balcanes cuando se enfrentaron a Tamerlán. En 1402 hubo una batalla tremenda, llamada de Angora (Ankara), en la que pudieron combatir cerca de medio millón de soldados, eso para la época es una auténtica barbaridad, tanto que a mí me cuesta creerlo, allí el genio militar de Tamerlán le dio la victoria y los otomanos fueron arrasados. Imagino que los bizantinos estaban esperando su turno para ser conquistados cuando Tamerlán dio media vuelta y puso rumbo a China. De esa forma Bizancio resistió aún cien años a los otomanos que al final se acabaron recuperando y los conquistaron.

Pero fue camino de China, en 1405, donde Tamerlán sufrió su primera y última derrota, y no fue en el campo de batalla. Timur estaba maquinando cómo hincarles el diente a los chinos, que ya debían ser una legión, más o menos por la actual Kazajistán, cuando le dio un chungo que se lo llevó por delante, desgraciadamente para él en eso sí que se pareció a Alejandro, porque lo más normal en esos casos era morir por una ingesta masiva acero forjado. También era normal que los imperios creados por el carisma personal se desintegrasen a la muerte de su conquistador, y aquí se confirmó la regla, los sucesores de Tamerlán se repartieron los pedazos para gran alivio de chinos y otomanos.

Tamerlán fue un pieza, sin duda, pero la vida entonces era así. En su haber podemos poner que en sus territorios floreció la economía, que se reactivaron rutas comerciales como la de la seda, que era un amante del arte y que la cultura conoció una época de esplendor. Como siempre me queda la duda de si habría que admirarlo o que despreciarlo, es difícil. De cualquiera de las maneras imagino que Alá ya le habrá juzgado.

martes, 9 de noviembre de 2010

Interpretaciones bíblicas (I)


Los antiguos llamaban Mesopotamia a las fértiles tierras que quedaban entre los ríos Tigris y Eúfrates, según la Biblia por allí debía quedar el paraíso, aunque ahora de miedo ir a pisarlo. Sin embargo, yo he visto ambos ríos, trabajé en las centrales hidráulicas turcas del Eúfrates, incluso por accidente caí en sus gélidas aguas a cuatro grados, también tuve la suerte de que unos operarios kurdos que nos habían tomaron cariño nos llevaron a conocer el Tigris, concretamente fuimos a Hasankeyf, donde pude ver con lágrimas en los ojos, y es que uno es así de sentimental, sus casas de hace muchos, pero muchos, miles de años excavadas en los meandros del río, los pilares de su milenario puente derribado para contener una invasión, su ciudadela ya en ruinas... Increíblemente tanta riqueza cultural iba a ser inundada para construir una presa con fondos europeos, aunque afortunadamente el proyecto se ha parado. Lo que voy a contar puede que tenga algún error, porque mi memoria no es muy buena, pero a mí me parece fascinante, digno de ser compartido, tal vez leyéndome a alguien le pique la curiosidad y se interese por el tema.

Yo, que todo lo idealizo, me quedé algo chafado al contemplar los páramos yermos que rodean a ambos ríos, puras piedras entre las que unas famélicas cabras buscaban unas briznas de vegetación con la que calmar su hambre atrasada, no había más que mirar sus huesos desprovistos de carne. Sin embargo, en la antigüedad, todo aquello se llamó el creciente fértil, o la media luna fértil, una región que abarcaba la actual Iraq, el sur de anatolia, Siria y parte de lo que conocemos por Israel. Desde allí se accedía a la otra gran civilización de la época, la egipcia, porque entonces las grandes civilizaciones crecían en las riberas de los ríos. El sistema de irrigación de los mesopotámicos y las crecidas del Nilo hicieron que ambas civilizaciones fueran capaces de cultivar una cantidad suficiente de cereales y legumbres como para hacer frente a un gran crecimiento demográfico y por supuesto urbano, de esa manera aparecieron las primeras ciudades, surgió la cultura, nació la escritura.

De los egipcios lo sabemos prácticamente todo, durante siglos fueron considerados la gran civilización de la antigüedad, de los mesopotámicos casi no se sabía nada, unas cuantas referencias en los relatos bíblicos, que además no les dejaban muy bien parados, porque como en muchos de los temas de la Biblia se confundía, y se sigue confundiendo, la realidad con la leyenda. Pero la explicación para su olvido era muy simple, mientras que los egipcios habían construido su mundo en piedra los mesopotámicos lo habían construido en barro, mientras que las pirámides se mantenían orgullosamente en pie, los zigurats y los templos no eran más que un montón de barro camuflado en el relieve. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando se solucionó el enigma. Expediciones francesas, inglesas y más tarde alemanas comenzaron a desmontar esos montes, que los nativos llamaban tell, para, asombrados, encontrar todas esas ciudades legendarias, Ninive, Babilonia, Ur, Uruk, Lagash, Mari... Tras unos 2500 años de olvido volvieron a la actualidad, y a los museos, sumerios, akadios, asirios y babilonios. Además de encontrarse magníficas obras de arte y espectaculares palacios se encontró algo más, pequeñas tabletas de arcilla cocida llenas de símbolos extraños, era la escritura cuneiforme, al descifrarla el pasado se hizo presente para sorpresa de propios y extraños.

Como ya he dicho antes los judíos pusieron a parir a los babilonios en la Biblia, era su forma de vengarse de ellos por haber osado destruir el templo de Jerusalem en el siglo VI a.c., el mismo templo que había construido Salomón hace ya 3000 años. Por si no fuera poco, tras el saqueo del templo y conquista de Judea, Nabucodonosor II, sí, el de la ópera de Verdi, decidió deportar a las famosas tribus perdidas de Judea a Mesopotamia. Era práctica común de la época, y además bastante eficaz, llevarte a la gente problemática de un sitio para que en pocas generaciones se difuminara con la población local y terminar con el problema, de paso se repoblaban sus tierras con población leal a la causa, creo que los judíos lo aprendieron bien y con la misma táctica acabarán por quedarse con palestina. Sin embargo con los judíos no funcionó, porque el judaísmo además de una religión es una cultura y una forma de ver la vida, llevaron consigo a su dios único y además de la transmisión oral encontraron una forma más poderosa de no perder sus raíces, escribieron un libro en el que plasmar sus creencias y tradiciones, además lo fueron ampliando con el tiempo, es un libro maravilloso, digno de ser leído y releído, nosotros le llamamos Antiguo Testamento.

¿Cómo se llegó de ahí a nuestra versión del cristianismo? Pues fue una jugada maestra, la cuadratura del círculo, tan bien lo hicieron que dos mil años después somos cientos de millones los católicos, me incluyo porque estoy bautizado, que poblamos el mundo. Tras un par de siglos preocupados por sobrevivir, nada más, de repente el cristianismo era la religión del imperio, y claro cuando todo el mundo es de los tuyos llega la hora de dar explicaciones, ¿qué hacemos con Jesús?, porque ser mesías es estupendo, pero es mejor ser Dios en primera persona. Un tal Arrio dijo que Jesús no podía ser Dios, fundo el arrianismo, otros, llamados encarnacionistas, dijeron que Jesús siempre había existido como creación divina y que simplemente había descendido de los cielos para hacerse hombre. Tras un par de concilios en Nicea y Constantinopla ganaron los segundos, era mucho más práctico, la Santísima Trinidad se oficializó y asunto resuelto. Obviamente es difícil de creer, aunque vamos a respetar la fe de cada uno, y resulta algo forzado, pero de esa forma se unieron antiguo y nuevo testamento para conformar la Biblia tal y como la conocemos, más o menos.

Con el paso de los siglos la gente se fue olvidando de esto, la Biblia se convirtió en la palabra de Dios y punto pelota, dictada directamente por él en la oreja de los que la escribieron. Las historias antiguas se difuminaron con el tiempo sin que se tuviese una base histórica que las confirmase o que herejemente las desmintiese, hasta que se descifró la escritura cuneiforme, y en parte también la jeroglífica. Increíblemente esas tablillas hablaban de los hechos bíblicos, con nombres y apellidos, fue todo un golpe para la mentalidad de la época y para la iglesia encontrar las mismas historias, o muy similares, escritas por los enemigos de los creyentes, pueblos con su propia cosmogonia y decenas de dioses paganos, de repente los olvidados, los enterrados en barro y arena tomaban la palabra. Pero esas historias paralelas que me encantan las voy a dejar para otro día, si os apetece, porque me está quedando el post un poco largo.

Nota: La foto es el estandarte de Ur, una pieza preciosa que se puede admirar en el Museo Británico.

viernes, 15 de octubre de 2010

La guerra de Troya


Ayer por la tarde noche libré, cual moderno Agamenón, mi propia versión de la guerra de Troya. Como el único Homero que existe a este lado del teclado soy yo mismo paso a contaros los detalles de mi Iliada particular.

El desencadenante de esta guerra ha sido el rapto de mis tildes a manos de Kryptik el troyano, posible descendiente binario de Paris, caprichoso ladrón de doncellas griegas (o mejor dicho Helenas) por los dioses ayudado. Antes de que se me olvide, y aunque no venga a cuento, quiero decirle al mundo que el tal Paris era un pringao, pero de los grandes, un tío que puede elegir entre tener sabiduría, poder o el amor de la mujer más bella del mundo y escoge lo último es para darle con un calcetín sudao, máxime si todavía no había nacido Michelle Pfeiffer, y encima vas y montas una guerra persiguiendo princesas, para matarte. Lo mismo le debieron preguntar a nuestro príncipe, oye Felipe, que si quieres inteligencia, poder o a Leti(z)ia, perdón, ¿me repites la pregunta?, sí, ¿que dónde te dejamos la Leti(z)ia?

Desolador, pero volvamos al tema, antes las guerras empezaban por ir persiguiendo macizas, ¡ya hubiera querido un servidor que mis desventuras hubieran comenzado por perseguir damas ligeras de ropa por la red! Eso hubiera cambiado mi ira por resignación, a fin de cuentas el porno cibernético es una actividad de riesgo y una excusa para las infecciones no venéreas, vamos, que habría asumido las consecuencias de mis actos. Pero ni para eso Kryptik el troyano ha tenido honor, estaba el tío disfrazado en un pdf que pretendía hacer una comparación entre los mejores directores de cine de la historia, ¡el cacho cabrón!, eso no es digno ni de un virus. Siento el peso de la vergüenza lastrar mis dedos al escribirlo, una infección cultureta, lo que me faltaba, aunque ¡eureka!, puedo arreglarlo, diré que buscaba a los mejores directores porno de la historia porque ya es hora de reivindicar al creador de “Si no soy Curro Jiménez, ¿qué hago con este trabuco?”, sea quien sea. Muera Bergman (que es insoportable), viva Curro y su trabuco.

De ese modo, investigando sobre el cine porno (ya me lo voy creyendo), me encontré frente a frente con Kryptik el troyano. Aunque había contratado los servicios de un software que, por cuarenta eurazos, me garantizaba la ayuda de Odiseo y Aquiles a la hora de la verdad me encontré solo. Odiseo estaba haciéndose el loco plantando sus campos de sal y le tuvo que pillar Kryptik cagando detrás de un olivo, Aquiles, que tenía un ramalazo de drag queen, debía estar en el vestidor de la casa de su madre disfrazándose de la esposa del primero, con su bolso de piel marrón y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo. ¡Mierda de aqueos!, ya no sois lo que erais, ¿dónde están los auténticos lacedemonios?, ¿qué queda de ellos?, ¿a eso le llamáis Smart Security señores de ESET?, con el Norton vivíamos mejor. Lo que más me duele es el descojone de mi hermano al recordarme lo pardillo que soy al comprar un software en lugar de piratearlo, soy el hermano mayor menos ejemplar del mundo.

Como yo por mis tildes mato le puse asedio a Troya dispuesto a aniquilar todo lo que se moviese, al principio confiando en el antivirus lo hice por la buenas, una limpieza de disco duro, agua, luego indignado una más a fondo al grito de ¿dónde está el virus?, ¡sal cobarde!, más agua. Me sentí derrotado. Pasé todos los spywares, malwares, suputamedrewares que recomendaban en los foros y nada, Kryptik, Héctor y Paris se burlaban en mi cara. Pero para los que crecimos usando el DOS la palabra derrota no existe, tenemos más tiros pegaos que la bandera de la legión, me lancé de cabeza a mirar el registro de inicio, en algún lugar tenía que esconderse. Tras horas de minuciosa lectura del regedit y comparación con lo que encontraba en el disco duro creí ver a Kryptik escondido bajo un nombre que ya no recuerdo, puse el nombre del ejecutable en google y mis temores se confirmaron, era él y me la habían colado. Le borré con saña, del registro y del disco duro, pero cada vez que reiniciaba volvía a la vida, si mataba a Cicno me la clavaba Eneas, si daba con Eneas salía al quite Príamo, maté y maté pero nunca era suficiente, en cada inicio un nuevo guerrero se levantaba para luego morir, Caronte debía estar haciendo horas extras descojonado. Pensé en cómo sería la vida sin tildes y en un vietnamita limpiándome la cuenta del banco, ambos me parecieron motivos con suficiente fundamento como para seguir intentándolo.

Hasta que a la una de la mañana Troya se rindió, volví a iniciar y a dar al teclado esperando encontrar por enésima vez “´´o” en lugar de “ó”, pero no, la tilde estaba donde debía estar, probé con “á”, con “é”, y sí, todo estaba en su sitio, miré el registro y las líneas malditas se habían volatilizado, confieso que nunca sentí tanto placer por algo tan simple, pero puedo afirmar y afirmo que fue mejor que un orgasmo. Hoy con gran satisfacción estoy aquí para anunciar que la guerra de Troya ha terminado, todos los troyanos han sido aniquilados y de Troya no quedan ni las ruinas. Vivo con el temor de que alguno siga vivo y agazapado, pero si alguno de ellos ha escapado a la matanza espero que haya sido Eneas, a fin de cuentas es el fundador de Carthago.