martes, 7 de enero de 2014

Había una vez... un barquito chiquitito


Hace unos años me encargaron diseñar cómo llevar unos barquitos de papel de una piscina a otra. Aunque pueda parecer poca cosa no es fácil manejar los barquitos de papel, así que nos pasamos más de un año pensando en la mejor forma de hacerlo, siguiendo los criterios de los dueños del canal que une las dos piscinas, que por cierto son municipales. Ellos tampoco lo tenían que tener muy claro porque nos cambiaron los criterios de operación cerca de treinta veces, en una de ellas, casi terminando el plazo, redujeron a la mitad el número de compuertas, aunque luego rectificaron... para mí que no tenían muy claro si les iba a llegar el dinero. Ya se sabe, comenzaba la crisis y debían a pensar que les faltaría el crédito. Al final, debieron de pensar que de perdidos al río y compraron el paquete completo

De todo se sale, pensarían.

Fuimos tres grupos de amiguetes los que presentamos nuestras propuestas, nosotros y unos colegas americanos decidimos que nos consideraríamos bien pagados con cuatro millones y medio de piruletas, otros chavales del barrio (a partir de ahora OCDB), decidieron que si les daban poco más de tres millones de piruletas se tiraban a la piscina, los señores de los barquitos (a partir de ahora SDLB) que se pensaban gastar tres millones y medio estuvieron encantados.

Fue una decepción para todos, menos para los OCDB. Nadie se podía explicar cómo podrían conseguirlo, algunos llegaron a pensar que se habían olvidado de una de las piscinas. Además, los SDLB, que son gente muy seria, nos habían dicho que lo más importante era hacer las cosas bien, que por dinero no iba a ser, que en llevar barquitos de papel entre dos piscinas se jugaba el futuro de la humanidad y de su barrio. Para que quedasen las cosas claras, los SDLB dijeron que, además de costar menos piruletas, la propuesta de los OCDB era la más molona y que nadie sabía manejar mejor que ellos los barquitos de papel. Los chicos americanos no se lo podían creer, gritaban como poseídos que aquello no era posible, que ahí había tongo, que something smelled like toasted, o algo parecido.

Un lío.

Los chicos americanos llegaron incluso a llamar a sus padres para que los SDLB deshicieran el entuerto, pero ni por esas los SDLB se bajaron de la burra y con mucha pompa y boato ordenaron a los OCDB que comenzasen las obras del canal. La suerte estaba echada.

Pasó el tiempo y ya casi me había olvidado del tema, entretenido como estaba en crear la máquina de los terremotos, cuando unos sicarios de los OCDB me hicieron una propuesta que, afortunadamente, si pude rechazar. Querían saber cómo había pensado mover los barquitos, querían que me convirtiese en uno de ellos. Yo estaba patidifuso porque si los SDLB habían jurado por Snoopy y Winnie Pooh juntos que nadie lo hacía mejor que los OCDB ¿qué podía haber pasado?

Un misterio emergía ante mis ojos, alguien tal vez no había dicho toda la verdad, alguien podría haber tratado de ganar de cualquier manera sin haber contado bien todas las piruletas y los SDLB empezaban a no parecerme tan inmaculados como habían pretendido cuando fui a hacerle unas preguntillas y me colocaron delante una taquígrafa y un notario.

Ahora, los OCDB dicen que o les dan otro millón y medio de piruletas o que los barquitos de papel ya los pueden llevar los SDLB en brazos. Los muy cabritos ahora piden más piruletas que nosotros al principio, alegando que los SDLB les tienen manía y que una colonia de gatos se ha cagado en la arena con la que iban a hacen el canal que une las piscinas. Los SDLB dicen que esas cosas las deberían haber previsto, que a cualquiera se le caga un gato en la arena y que de más piruletas nada, que se les van a caer los dientes por golosos.

Algunos nos reímos maliciosamente de ver tanta justicia universal materializada en desdicha ajena, porque si esto fuese una película se debería llamar “Entre pillos anda el juego”.

Pero se nos ha congelado la sonrisa en la cara cuando nos hemos enterado de que los profesores de los OCDB, que también son los profesores nuestros y de muchos más niños de los alrededores, se habían comprometido con los SDLB a pagar de su bolsillo todas las piruletas que pudieran faltar, algo tan improbable, según ellos, como que Selena Gómez no encontrase en mi clase pareja para ir al baile de fin de curso. El problema es que ese bolsillo que tan ligeramente comprometen, lo hemos ido llenando de piruletas entre todos con muchísimo trabajo.


Son cosas de las bandas de chicos malos, que siempre acaban ganando, tal vez porque han amenazado con contar cosas malas de los profesores, tal vez porque les han regalado un equipo de música y una tele para su cuarto.

miércoles, 1 de enero de 2014

El cero y el infinito


Este mes, en el Club de Lectura 2.0, hemos leído a propuesta de Carmen “El cero y el infinito”, una novela fantástica de Arthur Koestler publicada en 1940. Es tan fantástica que puede haber conseguido lo inimaginable, que todos los miembros del club nos pongamos de acuerdo, parece que para bien. Si no os lo creéis corred a leer reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo; después elevad vuestras manos al cielo y gritad a pleno pulmón !milagro!

Con esto podría terminar la reseña y habría cumplido, y es que es un alivio escribir sabiendo que no vas a tener que batirte a capa y espada con alguien de más criterio (chicos os estoy mirando de reojo); porque hablar de “El cero y el infinito” es casi tan fácil como pescar en una pecera, es una apuesta más segura que jugarse cien euros a ver si Mila Kunis y Megan Fox son capaces de ligar en una clase de tercer curso de ingenieros aeronáuticos. Pero el deber es el deber, así que voy a decir cuatro cosas más para entrar en calor porque con la miga que tiene la novela donde hay que darlo todo este mes es en el blog del club. Allí nos veremos.

“El cero y el infinito”narra la historia de Rubashov, un dirigente del partido comunista soviético en los tiempos de la revolución caído en desgracia bajo el mandato de Stalin y llevado por ello a prisión. Realmente nunca se nombra por su nombre ni a Rusia, ni a la Unión Soviética ni al mismo Stalin, pero no cabe duda de que el libro nos habla de la purga sufrida en el partido comunista durante los años 30, una purga que culmino en los conocidos Juicios de Moscú, en los que muchos dirigentes del partido fueron expulsados, deportados e incluso ejecutados. No vamos a decir ahora en que grupo tenemos que incluir a Rubashov.

El libro se centra en dos cosas, en las propias reflexiones de Rubashov y en los preparativos del juicio, siendo parte de los mismos los interrogatorios marcados por la tortura psicológica que Rubashov recibe hasta forzar una confesión de culpabilidad basada en pruebas falsas y fabricadas. Todo esto enmarcado en una lucha a vida o muerte entre el individuo y la sociedad, como Koestler nos dice el mayor crimen de Rubashov “es poner la idea del hombre por encima de la idea de la humanidad”, porque de eso se trata, del dilema de buscar lo mejor de la humanidad aún a costa de hacer infelices a los individuos que la componen, llegando a la deshumanización más absoluta.

Un contexto en el que la vida humana no vale nada, un pensamiento único en el que el fin justifica los medios de manera que la disidencia se extirpa sin miramientos, un sistema en el que se dice “sustituir la dignidad por la razón” de manera errónea, un caldo de cultivo perfecto para que los seres más crueles y desprovistos de imaginación medren mientras que la inteligencia y el pensamiento libre son condenados a la marginalidad y la disidencia. Y en esa dicotomía Koestler trata de explicar cómo hombres de principios sólidos, tenaces y de fuerte personalidad, fueron capaces de aceptar ante un tribunal cargos que insultaban su inteligencia, que no la inteligencia de la masa informe.

Porque según el relato que hace Koestler, Rubashov parece aceptar su destino con la mansedumbre de un cordero que va al matadero, algo que en un hombre de su posición, capaz de jugar en otros tiempos con la vida ajena, me sorprende. Y es la única duda que me deja “El cero y el infinito”, la de saber si Rubashov acepta su papel en la trama reconociendo que forma parte de algo superior y más importante, lo cual me resulta difícil de aceptar, o si simplemente el Rubashov del final de la novela es un hombre torturado que ha perdido la voluntad.


Matices que iremos debatiendo a lo largo del mes en el blog del club de lectura, allí nos leemos.

martes, 31 de diciembre de 2013

Mi lista de 13 cosas buenas del 2013

Este mes de diciembre mi adorada Gordi nos ha pedido que escribamos cosas buenas en un blog que termina hoy mismo llamado 13 Cosas, en el que hemos ido poniendo todo lo que nos ha hecho felices en el 2013. Y eso he hecho, y lo ha publicado aquí, y tanto me ha gustado juntar las cosas que quiero tenerlas aquí también para leerlas los días de tormenta. Ojalá me pudiera traer también los comentarios que son estupendos.

Estas son mis 13 Cosas buenas del 2013:

1. Mi club de lectura, porque son geniales, cariñosos, generosos, brillantes, locos, porque me hacen la vida más divertida, porque saben hacer de cada votación un caos, porque me hacen sentir bien, porque me hacen sentir que soy parte de algo estupendo. Y por extensión sus parejas que tanto nos animan a que lo dejemos, o todo lo contrario. 

2. John Irving, como continuación de lo anterior, un descubrimiento tardío que ha conseguido evadirme de muchos malos momentos, que ha hecho que me ría un poco de toda esa gente que no para continuamente de decirnos cómo nos debemos comportar, qué es bueno y malo, qué es aceptable, a quién debemos amar y con quién nos debemos acostar. 

3. El Atleti, el gol de Miranda en la final de copa que me hizo llorar de ilusión, el gol de Diego Costa unos meses mas tarde que celebré con mi padre y una tabla de ibéricos en un palco del Bernabéu. 

4. Mis compañeros de trabajo, que me hicieron sentirme muy querido en uno de los peores días de mi vida. Como escribí hace siglos en el blog tener amigos en general es maravilloso, pero tener amigos en el trabajo es como encontrar agua en el desierto, como ligar con el guapo de la discoteca a las cinco de la mañana y que además sea inteligente, cariñoso y sensible, tener amigos en el trabajo es como un día de sol en pleno invierno. 

5. El nuevo disco de Extremoduro, que no es el mejor, vale, pero que a mí me siguen emocionando tanto como cuando tenía veinte años: “Quiero decirte en silencio que sobran palabras, que faltan momentos, que no siento nada, que vengo a buscarte y que nunca te encuentro”.

6. Llegar a los 40 y vivir para contarlo, llegar a los 40 con la depresión pasada, descubrir que los 40 es una edad cojonuda y que mi cabeza no es muy distinta de la de hace 20 años. Algo que no puedo decir de mi cuerpo, pero bueno, para eso me he apuntado otra vez al gimnasio. 

7. La guitarra eléctrica que me acabo de comprar y que tengo que aprender a tocar a pesar de mis oídos de corchopán. Que es una gilipollez pero que antes no la hubiera hecho. Tener el firme propósito de hacer a partir de ahora lo que me apetezca siempre que no sea ilegal o engorde (mucho). 

8. El ridículo que ha hecho el imbécil de mi alcalde con Eurovegas, saber que nuestro barrio seguirá siendo el mismo, que Alcorcón seguirá siendo la misma ciudad de siempre, porque como también escribí hace años yo quiero a Alcorcón y además mucho. Aquí crecí y estudié, hice a mis amigos y también a algunos perdí, me enamoré en sus bares y me rompieron el corazón en sus cafeterías, me emborraché en sus parques y vomité en sus aceras, perdí la virginidad y me casé, vi tropezar por primera vez a mi hijo y le vi aprender a levantarse. 

9. Rodríguez y Searching for Sugar Man, que me emocionaron hasta el tuétano que me enseñaron que puede ser duro y ser frágil al mismo tiempo, se puede ser sensible cuando todo lo que conoces está rodeado por la injusticia y la miseria, se puede ser tierno cuando las cosas van mal y se puede mirar hacia delante cuando lo que dejas a tu espalda es el fracaso. 

10. El mundo 2.0 que va dejando de serlo. La pequeña familia que hemos ido formando estos últimos años y que cristaliza en cosas tan chulas como este blog, en cenas en las que te mueres de risa, en correos electrónicos que te alegran el alma un día jodido, en canciones compartidas que son casi como un te quiero. 

11. D, que ganó el campeonato de judo de su gimnasio haciéndome sentir por unos momentos como la madre de la Pantoja. Mi sobrino M que cada día es más divertido y que me tiene loco. Mi sobrino A que está en camino y al que estoy deseando besar, abrazar y hacer socio del Atleti para que dentro de unos años vaya al estadio con su padre, su abuelo, su tío y sus primos. 

12. Mis hermanos, que no han dejado que me hunda ni un día por muy jodido que haya sido, y ha sido un año de muchos días jodidos. Mi padre, que sigue siendo el ancla al que todos tratamos de agarrarnos para no ir a la deriva cuando el viento sopla más fuerte que de costumbre. 

13. E, que ha sido fuerte y valiente, que también ha cumplido 40 y que sigue contra todo pronóstico a mi lado.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El tuit de John Lennon


Esta mañana he leído este tuit de una persona (que prefiere mantenerse en el anonimato) a la que admiro y aprecio, sobre todo por su inteligencia y sentido del humor, a pesar de que ideológicamente somos polos opuestos:

“Hoy hace 30 años que mataron a John Lennon. El que le mato, todavía está en la cárcel. Y ahora, imaginen como le hubiera ido en España.“

Yo sé lo que quiere decir, y tiene razón, si el zumbado de Chapman hubiera matado a John Lennon en Villanueva de los Infantes su representante estaría ahora mismo negociando el precio de una entrevista con Telecinco. Es así y es vergonzoso. Pero sabiendo cómo se las gastaba John Lennon es un tuit chocante, y mas al utilizar la palabra “imaginen”,tan suya, porque automáticamente me pongo a pensar que a John no le gustaría ni este mundo, ni España, ni los Estados Unidos. Y es que estamos hablando de un tipo que dijo: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día.“ Casi nada.

Por eso he contestado:

“Imagine all the killers spending life in jail... Creo que a John Lennon no le gustaría esa letra.”

Una bobada medio en broma medio en serio que tiene una contestación lógica, no sabemos que pensaría John Lennon si pudiese contarlo, aunque seguramente su pacifismo se habría atenuado. Porque sí que sabemos lo qué piensa su viuda, no quiere ver al asesino de su marido libre, algo lógico, y debe ser lo mismo que sienten todos los familiares de las víctimas que ven como, de repente, unas decenas de malnacidos pasean por las mismas calles que ellos. Un horror.

Pero en el caso de John Lennon hay más, porque también he escuchado a su viuda estos días denunciarlo, desde que su marido murió decenas de miles de norteamericanos han muerto por armas de fuego. Lleva treinta años denunciándolo.

Es una barbaridad que no sabemos justificar desde nuestra óptica europea y de la que ya he hablado aquí. Por eso creo que mi comentario “en España afortunadamente cualquier pirado no puede comprar una pistola en el súper, no es oro todo lo que reluce.” era oportuno y en ningún momento estaba pensando en pirados (aka hijos de puta) que asesinan en el nombre de una bandera. Simplemente quería manifestar que, en algunas cosas, los EEUU no son muy ejemplares.

Y vuelve a ser una cuestión cultural y de concepto, porque según nuestra constitución “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”, algo en la teoría estupendo, como muchas de las cosas vanas que dice nuestra carta magna, algo que deberíamos defender a las duras y a las maduras. Sin embargo, al otro lado del charco, o al menos eso me parece a mí, el concepto de justicia va más asociado al concepto de venganza y de satisfacción de la víctima, tanto es así que son capaces de freír la cabeza a un fulano delante de los familiares del asesinado. Es lo que hay, por mucho que a mí me parezca asqueroso e inhumano.

Esta mañana sólo quería dar a entender eso, nada más, no estaba pensando en doctrinas Parot ni en nada por el estilo. Aunque también tengo una opinión al respecto, que tal vez no tendría si a mi padre le hubieran pegado un tiro, porque imagino que en ese caso pensaría hasta en tomarme la justicia por mi mano, algo que afortunadamente nuestras leyes tratarían de impedir. Por eso mismo opino que las leyes se deben cumplir, nos gusten o no y que es una vergüenza que sea el propio gobierno, éste o el anterior, el tramposo, por muy repugnante que sea ver a toda esa gentuza en la calle, porque si no somos mejores que ellos, si no somos ejemplares, entonces nos habrán ganado, y si las leyes son malas se deben cambiar para que estas cosas no vuelvan a pasar, aunque duela.

Y eso es perfectamente compatible, y ahora no me estoy dirigiendo al autor del tuit, con que ver a esos cabrones libres me joda y me duela, algo también muy propio de este país en el que o eres mi amigo o estás contra mí.


Qué pena.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Las lunas de Júpiter


Este mes en el Club de Lectura 2.0 hemos leído “Las lunas de Júpiter” de Alice Munro, flamante ganadora del premio Nobel. La verdad es que esta buena mujer escribir, lo que se dice escribir, escribe muy bien, pero que muy bonito, otra cosa es que esta serie de relatos cortos no cuente nada, pero qué bonitos oye. Y prometo por la mano incorrupta de John Irving que yo he puesto de mi parte, que hasta me he leído algunos de ellos dos veces, pero nada, mi cerebro ha retenido menos que la vejiga de Concha Velasco, ¿y por qué? os preguntaréis, pues porque este libro no cuenta absolutamente nada interesante, está más hueco que un buñuelo de viento, es tan vano y tan vacío pero tan bello que se ha ganado por unanimidad el primer premio del Certamen de Literatura Sofía Mazagatos.

Dicho todo esto, y es bastante más que lo que el libro merece, debería despedirme y terminar el post aquí, pero claro, no estaría a la altura de lo que este glorioso club espera de mí, así que tendré que contar algunas cosas más. La primera es que el libro nos habla de la vida de varias mujeres en Canadá, un país maravilloso en el que debe hacer un frío de mil demonios, tal vez por eso esta mujer y sus protagonistas son tan planas, porque se les ha escarchado la sangre en las venas, y mira que Alice se empeña en que parezca que sus vidas son chungas de la muerte, pero “nasti de plasti”, dan pena pero más por pavas que por otra cosa, sus tribulaciones son tan interesantes como detenerse a mirar como crecen los pelos del pecho y la acción tan trepidante como ver saltar a la comba a las dos neuronas que habitan en el cerebro de Ana Botella.

Pero no todo es malo, por lo menos es un libro corto, solo doscientas y pico páginas que me han ayudado a comprender ciertos conceptos de la relatividad, del espacio y del tiempo. Está claro que si Einstein hubiera tenido a mano este libro, hubiera demostrado en medio segundo que el concepto de espacio y tiempo no puede entenderse como algo plano, porque leerlo acorta la vida y estira el tiempo; además, los cabezazos que he pegado durante su lectura explican de manera empírica la teoría de la relatividad especial que trata de la física del movimiento de los cuerpos en ausencia de fuerzas gravitatorias. Si no tengo una almohada a mano juro que me hubiese desnucado y nunca nadie os habría contado esto. Por cierto, ¿os he hablado ya de Canadá? Está lleno de castores, son unos animalitos muy simpáticos.

Volviendo al libro, hay que dar a Alice, que es una escritora estupenda, el mérito que tiene, porque ha conseguido vivir del cuento, algo que yo nunca conseguiré, tal vez porque Alcorcón no es Ontario y yo no he nacido en una granja en la que aprender a relatar historias de gente atrapada en el tiempo, de perdedores absolutos a los que se les escapa la vida a base de consumir monotonía, algo que para Alice debe ser un drama vital jodidísimo que no sabe transmitir al sufrido lector que, si tiene dos dedos de frente, pasará de sus personajes y acabará los relatos con la única esperanza de ver si se tiran desde la torre más alta de Toronto, esa desde la que se ve Toronto entero. Porque ese es el mayor problema de este género, que se queda en nada, que no te da tiempo ni a engancharte a una historia ni a tomar simpatía por los personajes, por mucho empeño que pongas.

Por eso, os recomiendo la lectura de cualquier otra cosa que no sean los relatos de esta buena mujer, me agradeceréis el consejo. Pero como para gustos los colores, y de eso sabemos mucho en este sufrido club, os recomiendo que leáis las reseñas de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo, a lo mejor ellos, con su verbo fácil, son capaces de arrastraros por el camino que va de Winnipeg a Júpiter pasando por la perdición.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Por un plato de lentejas

Por un plato de lentejas le vendió Esaú a su hermano Jacob parte de su porvenir, por un plato de lentejas Jacob estaba dispuesto a aprovecharse de su hermano, es una historia estupenda, como casi todas las del Antiguo Testamento. Una historia que nos habla de lo que seríamos capaces de hacer cuando lo que está en juego es la propia supervivencia, porque Esaú renunció a lo que por derecho era suyo simplemente por sobrevivir otro día, porque de nada le servía lo material si estaba muerto y ese plato de lentejas representaba seguir viviendo. Una historia que también nos habla de lo mezquino que es el ser humano, de cómo alguien puede aprovecharse de la necesidad ajena en su propio beneficio, un beneficio puramente material, incluso si la persona que te pide ayuda es tu propio hermano.

Es escalofriante ver como varios milenios después algunos seguimos peleándonos y vendiéndonos por ese plato de lentejas, un plato de lentejas para nosotros y no por un puchero del que todos podamos comer; y es más que triste observar como algunos nos indignamos al ver como otros tratan de defender su supervivencia con todos los medios que tienen a su alcance, aunque temporalmente nos causen un perjuicio que está a años luz de su sufrimiento.

Porque además ellos no son los culpables, a pesar de que muchos los señalen con el dedo para que no se vea la propia porquería del acusador, utilizando todos los medios que tienen los poderosos a su alcance, mintiendo, manipulando y dividiendo todo lo que pueden a una sociedad dormida, tanto que casi sin darnos cuenta igualamos a víctimas y verdugos, al que pelea para no perder su piso y al que pelea para poder comprarse una casa de lujo en La Moraleja. Y lo consiguen.

Por eso el problema es que ya no los vemos como unos de los nuestros, el problema es que nos parece secundario lo que ellos van a padecer cuando lo comparamos con nuestro bienestar inmediato, el problema es que a algunos todo se lo perdonamos y consentimos, incluso cuando nos hacen comulgar con ruedas de molino, y a otros, que suelen ser los más débiles, los más castigados y los más indefensos, les exigimos un comportamiento intachable aún cuando lo que se están jugando son sus lentejas y las de sus hijos, un comportamiento, por cierto, que la mayoría no nos exigimos ni para nosotros mismos.

Y es de estar muy ciego no comprender que su lucha es la nuestra, que cuando ellos caigan no quedará más que desierto, un desierto en el que los trenes pasarán cada vez más tarde, peor mantenidos y oliendo a perros muertos, un desierto lleno de bolsas de basura recogidas en días alternos, un desierto en el que miles de muertos en vida harán cola esperando una operación que llegue antes de que sus huesos sean descarnados por los buitres, un desierto lleno de niños maleducados y medio analfabetos.

Entonces, llegados a ese punto, los que todavía sigan en pie, disfrutando de sus vidas intactas se aislarán en un gueto y hablarán de caridad con los que ahora, a costa de su sueldo, muertos de miedo y pasando noches en vela pendientes de su futuro, defienden el plato de lentejas de su familia con uñas y dientes porque están en su derecho.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Doña Perfecta

Este mes en el Club de Lectura 2.0 nos hemos leído “Doña Perfecta”, una novela maravillosa de Benito Pérez Galdós. Un libro que recuerdo siempre rodando por las estanterías de la casa de mis padres hasta que lo acabé leyendo con apenas quince años y del que nada recordaba. Y no me extraña, porque mi yo imberbe de entonces era poco pollo para tanta Doña, yo creo que no debí entender casi nada. Como casi siempre, tengo que avisar que a partir de ahora el que quiera seguir leyendo lo haga sabiendo que es imposible hablar de “Doña Perfecta” sin destripar su trama, así que si no habéis leído el libro yo pararía de leer este post aquí porque la novela merece la pena.

No sé bien si “Doña Perfecta” pertenece al genero costumbrista o al realista, o a los dos a la vez, porque aunque la novela describe con precisión de cirujano la realidad de la España del siglo XIX, vista hoy, con ojos disléxicos(1), queda una representación un tanto teatral de esas dos Españas tan arraigadas y tan difíciles de hermanar. No hay que olvidar que “Doña Perfecta” está escrita en 1876, una fecha más cercana al 36 que el año en el que vivimos, justo el año en el que terminaban las Guerras Carlistas. Y es que, sin poner en duda que hemos avanzado mucho, queda en nosotros mucho de lo que Galdós con contaba en esta historia de buenos y de malos, de tradicionalismo frente al incipiente liberalismo, de falsas apariencias y de sentimientos exacerbados que son capaces de culminar en un frío asesinato.

Algo que al principio del libro nadie imaginaría, cuando vemos al pobre Pepe Rey llegar a Orbajosa para casarse con su prima Rosario, que las cosas llegarían tan lejos, un matrimonio que han pactado sus padres como forma de unir fortunas, un matrimonio que resulta a priori desigual entre un hombre culto y de ya cierta edad, ingeniero educado en Madrid, y una joven que no conoce más vida que la que encierran los muros de Orbajosa. Con este punto de partida Galdos va desarrollando los hechos de una forma magistral, con una sencillez que sólo puede enmascarar en parte lo florido de su lenguaje típico del XIX, poco a poco vamos viendo cómo caen las máscaras hasta que cada uno de ellos se muestra tal cual es, por convicción o por dejarse llevar por los más perversos instintos humanos.

Vemos como Rey cae en una telaraña de incomprensión una vez que de manera inocente revela con naturalidad su naturaleza de hombre de progreso, algo que ni su tía ni su cómplice Inocencio el Penitenciario, cura del pueblo están dispuestos a permitir cohabitar en su mundo tradicionalista y de cómodo aislamiento. Esto es parte fundamental de la obra, y de la España rural y conservadora de entonces, la resistencia a reconocer lo de fuera, empezando por la ley que se rige por una suerte de derecho consuetudinario basado en la autoridad moral de la iglesia y en el ojo por ojo, de manera que al final de la novela nadie sale verdaderamente ganando.

Un mundo de clientelismo, de matones dispuestos a tomar las armas para defender lo que creen justo, dejándose llevar como marionetas por personajes oscuros y mezquinos, tan ruines como Inocencio y su sobrina María Remedios, que no buscan más que su beneficio personal al frustrar ese matrimonio. Vemos a los buenos caer en el juego de los malos, sacando la parte oscura que todos llevamos dentro, sabiendo que ganar de esa manera es perderse, pero asumiendo el riesgo. Vemos a los malos despojarse de toda humanidad, tratando de conseguir la victoria para su causa a cualquier precio, y vemos como después de cometer su abyecto crimen tratar de lavar su conciencia con misas y con dinero. Porque ese es parte del dilema, saberse malo cuando uno creía que era bueno.

Es difícil no caer en la tentación de comparar la España de entonces con la de ahora, terriblemente difícil, sobre todo cuando vemos cada día reproducirse ese tipo de comportamiento, por eso se puede decir que pese a los años que tiene “Doña Perfecta” es una novela actual, que mantiene intacto su mensaje social y que francamente os recomiendo.

Podréis encontrar otras fantásticas reseñas aquí: Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo , no os las perdáis.

(1) Quien descubra el porqué de esa dislexia tendrá post de premio.