Hace unos años me encargaron diseñar
cómo llevar unos barquitos de papel de una piscina a otra. Aunque
pueda parecer poca cosa no es fácil manejar los barquitos de papel,
así que nos pasamos más de un año pensando en la mejor forma de
hacerlo, siguiendo los criterios de los dueños del canal que une las
dos piscinas, que por cierto son municipales. Ellos tampoco lo tenían
que tener muy claro porque nos cambiaron los criterios de operación
cerca de treinta veces, en una de ellas, casi terminando el plazo,
redujeron a la mitad el número de compuertas, aunque luego
rectificaron... para mí que no tenían muy claro si les iba a llegar
el dinero. Ya se sabe, comenzaba la crisis y debían a pensar que les
faltaría el crédito. Al final, debieron de pensar que de perdidos
al río y compraron el paquete completo
De todo se sale, pensarían.
Fuimos tres grupos de amiguetes los que
presentamos nuestras propuestas, nosotros y unos colegas americanos
decidimos que nos consideraríamos bien pagados con cuatro millones y
medio de piruletas, otros chavales del barrio (a partir de ahora
OCDB), decidieron que si les daban poco más de tres millones de
piruletas se tiraban a la piscina, los señores de los barquitos (a
partir de ahora SDLB) que se pensaban gastar tres millones y medio
estuvieron encantados.
Fue una decepción para todos, menos
para los OCDB. Nadie se podía explicar cómo podrían conseguirlo,
algunos llegaron a pensar que se habían olvidado de una de las
piscinas. Además, los SDLB, que son gente muy seria, nos habían
dicho que lo más importante era hacer las cosas bien, que por dinero
no iba a ser, que en llevar barquitos de papel entre dos piscinas se
jugaba el futuro de la humanidad y de su barrio. Para que quedasen
las cosas claras, los SDLB dijeron que, además de costar menos
piruletas, la propuesta de los OCDB era la más molona y que nadie
sabía manejar mejor que ellos los barquitos de papel. Los chicos
americanos no se lo podían creer, gritaban como poseídos que
aquello no era posible, que ahí había tongo, que something smelled
like toasted, o algo parecido.
Un lío.
Los chicos americanos llegaron incluso
a llamar a sus padres para que los SDLB deshicieran el entuerto, pero
ni por esas los SDLB se bajaron de la burra y con mucha pompa y boato
ordenaron a los OCDB que comenzasen las obras del canal. La suerte
estaba echada.
Pasó el tiempo y ya casi me había
olvidado del tema, entretenido como estaba en crear la máquina de
los terremotos, cuando unos sicarios de los OCDB me hicieron una
propuesta que, afortunadamente, si pude rechazar. Querían saber cómo
había pensado mover los barquitos, querían que me convirtiese en
uno de ellos. Yo estaba patidifuso porque si los SDLB habían jurado
por Snoopy y Winnie Pooh juntos que nadie lo hacía mejor que los
OCDB ¿qué podía haber pasado?
Un misterio emergía ante mis ojos,
alguien tal vez no había dicho toda la verdad, alguien podría haber
tratado de ganar de cualquier manera sin haber contado bien todas las
piruletas y los SDLB empezaban a no parecerme tan inmaculados como
habían pretendido cuando fui a hacerle unas preguntillas y me
colocaron delante una taquígrafa y un notario.
Ahora, los OCDB dicen que o les dan
otro millón y medio de piruletas o que los barquitos de papel ya los
pueden llevar los SDLB en brazos. Los muy cabritos ahora piden más
piruletas que nosotros al principio, alegando que los SDLB les tienen
manía y que una colonia de gatos se ha cagado en la arena con la que
iban a hacen el canal que une las piscinas. Los SDLB dicen que esas
cosas las deberían haber previsto, que a cualquiera se le caga un
gato en la arena y que de más piruletas nada, que se les van a caer
los dientes por golosos.
Algunos nos reímos maliciosamente de
ver tanta justicia universal materializada en desdicha ajena, porque
si esto fuese una película se debería llamar “Entre pillos anda
el juego”.
Pero se nos ha congelado la sonrisa en
la cara cuando nos hemos enterado de que los profesores de los OCDB,
que también son los profesores nuestros y de muchos más niños de
los alrededores, se habían comprometido con los SDLB a pagar de su
bolsillo todas las piruletas que pudieran faltar, algo tan
improbable, según ellos, como que Selena Gómez no encontrase en mi
clase pareja para ir al baile de fin de curso. El problema es que ese
bolsillo que tan ligeramente comprometen, lo hemos ido llenando de
piruletas entre todos con muchísimo trabajo.
Son cosas de las bandas de chicos
malos, que siempre acaban ganando, tal vez porque han amenazado con
contar cosas malas de los profesores, tal vez porque les han regalado
un equipo de música y una tele para su cuarto.




