Este
mes, los resignados miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “La larga marcha”, de Rafael
Chirbes, a partir de ahora EHQNALPYA (el hombre que no amaba los
puntos y aparte) a propuesta de Paula, una novela, desde mi punto de
vista algo fallida, que nos habla de la España de la dictadura
franquista. EHQNALPYA, además de no incluir un miserable punto y
aparte, algo que voy a reproducir en este post para que veáis en
primera persona lo agotador que resulta, recurre a algo tan socorrido
como es repasar historias en paralelo que van tejiendo el mensaje de
la novela hasta que confluyen, inevitablemente, al final. Como ya es
costumbre en estas reseñas voy a copiar lo que nos dice el editor
como resumen: “La mirada narrativa de Rafael Chirbes pone en
evidencia los oscuros e incómodos mecanismos personales y colectivos
de nuestra historia durante la posguerra española y la resistencia
antifranquista de los años sesenta. Dos generaciones caminan delante
de un espejo que no devuelve imágenes gratas o autocomplacientes.
Hombres y mujeres que se reparten el dolor y la humillación de la
derrota mientras aprenden la dura tarea de sobrevivir. La juventud
universitaria que intenta tomar conciencia mientras aprende a
construirse contra un pasado que inevitablemente forma parte de su
herencia. Estamos frente a una de esas novelas que los lectores
reclaman a los autores de su tiempo, frente a una de esas novelas que
se esperan.” Y efectivamente, se trata de una novela que los
lectores reclamaríamos, porque muchos tenemos necesidad de
enfrentarnos a los fantasmas que nos han enseñado nuestros mayores,
tal vez como refuerzo de una identidad que en algún momento yo creí
que formaba parte de mi genética, tal vez para poder estar en la
piel de los que crecí considerando malvados por vocación, sin
conocer sus motivos, sin tener la oportunidad de despreciarlos, a
ellos y a sus motivos, al menos con conocimiento. Por eso “La larga
marcha” ha tenido momentos puntuales en los que me ha emocionado,
porque habla de la gente corriente de los dos bandos a los que,
simplemente, les tocó estar ahí, sin mucha convicción, la justa
para justificar sus actos; dividiendo el libro en dos partes, una
primera que cuenta la historia de los que tuvieron que sobrevivir en
la postguerra y una segunda que es la de sus hijos en los años
sesenta. La diferencia es clara, la primera es una generación
desgastada que se conforma simplemente con sobrevivir, y la novela
juega a enseñarlos siempre en tinieblas, rodeados de palabras a
media voz que tratan de evitar la atención de quien pueda
escucharlas, la segunda es una generación que aunque ha vivido esa
miseria, tanto física como moral, no siente la guerra como algo
propio y quiere un cambio, de nuevo nos encontramos ese ambiente
medio clandestino pero con diferente motivación, los padres tienen
necesidades materiales, los hijos creen necesitar la libertad. Los
que hayáis llegado hasta aquí pensaréis que la novela me ha
gustado, pero os equivocáis de pleno, bueno, para lo que es el nivel
del club aprueba, pero en general se me ha hecho pesada y difícil de
seguir, especialmente la primera parte que no es más que una
colección de retratos de época a los que, una vez dibujados,
EHQNALPYA trata de sacar partido sin darse cuenta de que tienen ya
menos jugo que el hueso de jamón de un cocido. Además, como si de
la misma carne de ese hueso se tratara, las historias, tal vez por
haber intentado morder más de lo que se podía tragar, se van
haciendo hebras que cuesta trabajo masticar, hasta hacerse algo de
bola. Por momentos la novela se hace confusa, teniendo que poner el
lector todo de su parte para saber donde está cada uno y qué
narices está pasando. Después, cuando EHQNALPYA, enhebra todas las
historias, todo mejora, siendo los capítulos finales los mejores,
como si hubieras encontrado algo de agua tras atravesar el desierto.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Livia
y Bichejo,
que me temo van a ser de lo más diversas, recorriendo el amplio
espectro que va del amor al odio, pasando por la indiferencia y la
ovación afectuosa pero no por ello apasionada. Y además, en unos
días todo esto lo debatiremos en el podcast del club, sí, con
sonido en alta felicidad y risas garantizadas.
AVISO A NAVEGANTES: Si crees que me conoces no sigas leyendo, seguramente habré logrado engañarte. Si la curiosidad te vence, pues nada, encantado de haberte conocido porque yo soy así. Si no me conoces... ¿seguro que no tienes algo más interesante que hacer?
lunes, 1 de diciembre de 2014
domingo, 30 de noviembre de 2014
Fútbol, asco y rabia
Hoy no he podido ir al Calderón porque
estoy enfermo y en mi lugar ha ido mi hijo lleno de emoción por
poder pasar una mañana viendo jugar a su equipo con su tío y con su
abuelo. Tiene sólo siete años y vive en un mundo en el que el odio
todavía no tiene cabida, es feliz porque para él todo lo malo está
todavía por descubrir y en su cabeza no hay sitio ni para la malicia
ni para la crueldad. Podéis imaginar lo que he sentido cuando al
encender la tele para ver el partido en casa me he enterado de la
nueva hazaña de los malnacidos que se aprovechan del fútbol para
dar rienda suelta a su violencia.
He sentido tristeza y también
vergüenza simplemente de pensar que la masa enfurecida me relacione
de cualquier manera con ellos. He sentido rabia al pensar que a pocos
metros de esa gentuza estaba mi hijo esperando pasar una mañana
divertida y que miles de personas le estarían incluyendo en sus
insultos mientras que él, en su inocencia, estaría esperando ver la
última genialidad de Arda Turan para poder contársela mañana a sus
amigos en el recreo.
Después he pensado en ese hombre, casi
de mi edad, con un hijo, como yo, que se dejaba la vida en la orilla
del Manzanares, ¿por qué?, qué forma tan estúpida de morir, ¿qué
le contarán algún día a ese niño que deja huérfano?, espero que
una mentira piadosa hasta que tenga edad de asimilarlo que no de
entenderlo. Porque quién puede entender que gente que no se conoce
de nada, que tal vez nunca se haya cruzado una mirada, quede antes de
un partido de fútbol para abrirse la cabeza. Es tan absurdo.
¿Cómo es posible que grupos radicales
del Atleti y del Sporting por un lado y del Deportivo, el Rayo y el
Alcorcón por el otro, queden para matarse en una fría mañana de
invierno como si fuese algo natural? ¿Cómo nadie sabe nada de esto
y hace algo por impedirlo?¿Cómo cojones se puede actuar con tanta
impunidad cuando todo el mundo sabe lo que se cuece en cada casa
desde hace tanto tiempo? Porque no es cosa de un día, es algo que se
consiente haciendo la vista gorda y de lo que nos escandalizamos sólo
cuando pasa algo.
Y que pase algo tarde o temprano sólo
tiene que ver con la probabilidad si no se limitan los factores de
riesgo. Pienso de verdad que esto poco tiene que ver con el fútbol
en sí mismo, pero no me valen las excusas de que es algo inevitable
y que se tratan de poner todos los medios porque es mentira. Casi
todos los clubes, y el primero el Atleti, les dan cobijo y hasta
presumen de ellos, por tanto es un problema del fútbol y ya vale de
poner excusas señores Gil Marín y Cerezo.
Porque
aunque no todos los días se mata a alguien, sí que es el pan
nuestro de cada día la mala educación, los insultos, las
agresiones, aunque sean verbales, y los malos modos. No es extraño
que se coree desear la muerte a alguien, y si no defiendo la muerte
ni para un asesino ni para un violador, menos se la deseo a un
futbolista o un entrenador que solo hace su trabajo. No soporto el
racismo, ni en la más mínima expresión, que llamen a alguien
gitano por ser portugués, que se coree que El Retiro no es un parque
de Ecuador, como si fuera una gracia cuando es vergonzoso, que se le
llame mono a un jugador por ser negro. No soporto ver símbolos nazis
en las gradas sin que nadie los retire, escuchar mofarse de Juanito,
de Puerta y de Zabaleta como si no tuvieran una familia que les llora
cada día, escuchar cantar el Cara al Sol y callar por miedo
avergonzado.
No quiero seguir escuchando a los
forofos que dicen que no pasa nada porque pasa en todos los sitios y
mil excusas más que no me valen, porque a mí me duele lo mío, no
quiero que se me juzgue como un impresentable más que calla, porque
callar es ser cómplice y no me da la gana. Si por mí fuese, y
aunque me duela, cerraba unos partidos el campo, para que aprendamos,
para que echemos a esa panda de hijos de puta que utilizan la
multitud como refugio de sus repugnantes actos, para que no demos
cobijo a los violentos entre los que queremos ser normales, porque no
quiero seguir sintiendo vergüenza ajena y propia, porque se puede
hacer a poco que se intente, porque tienen nombre, cara y muchos, por
desgracia, un número de abonado rojiblanco.
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¿Para qué una etiqueta?
sábado, 1 de noviembre de 2014
El sentido de un final
Este
mes, los muy intrépidos miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “El sentido de un final”, de
Julian Barnes a propuesta de Bichejo, que a su vez recogió el guante
que tal vez le lanzó Saramaga, a la que aprovecho para saludar
afectuosamente y a la que AGRADEZCO haber traído a nuestras vidas un
libro de sólo doscientas páginas, con amor se lo digo, porque si lo
bueno breve dos veces bueno, os podéis imaginar lo que se agradece
la brevedad si el libro es “tan bueno” como éste.
Curiosamente,
trasteando por las páginas que comentan libros, algo que suelo hacer
para poder encontrar mi lugar en el mundo, me he encontrado numerosas
reseñas que destacan la complejidad argumental del mismo, algo que
me sorprende profundamente, porque aunque se trata de una novela con
un potencial tremendo, a poco que hubiera estado bien desarrollada,
el resultado final es menos profundo que los charcos que se forman en
la pista de fútbol sala de un colegio. Y es que veo que en la
mayoría ni siquiera aciertan con la intención del título,
relacionándolo o con el propio protagonista o con lo que voy a
llamar “el golpe de efecto”, lo que me hace pensar que muchos
ínclitos blogueros (y no os deis ninguno de mis queridos lectores
por aludidos) lo que se merecen es un buen golpe de remo.
Admito
que la novela cuenta con un comienzo más que prometedor que, poco a
poco, se va diluyendo en lo anodino hasta terminar provocando algo
parecido al desinterés, a pesar de los fuegos de artificio con los
que Julian Barnes trata de disfrazar sus miserias que no son otras
que haber fiado el interés de la historia en algo que para nada
cambia la vida de sus personajes, en algo que en el fondo da igual
tanto a sus criaturas como a sus lectores, algo que en mi pueblo
llamamos un camelo. Y lamento aquí no poder entrar en muchos
detalles porque se trata de un libro que con poco que de él se
cuente ya se destroza la trama, lo que dice mucho de por qué mi
comentario del párrafo anterior,
así que, como en otras muchas ocasiones, voy a recurrir a ese
recurso tan socorrido que es copiar lo que nos dice el editor para
tratar de vendernos la burra:
“Tony
Webster y su pandilla conocieron a Adrian en el instituto.
Hambrientos de sexo y literatura, atravesaron juntos la adolescencia
y se prometieron seguir siendo amigos para siempre. Pero cuando la
vida de Adrian dio un vuelco trágico, todos, especialmente Tony,
miraron hacia otro lado, se alejaron. Ahora Tony vive solo en un
pacífico y próspero retiro, tras una vida opaca que poco tiene que
ver con la que fantaseaba en su juventud. Y un día recibe una carta
de un abogado: Sarah Ford, la madre de Veronica, su primera novia, le
ha legado quinientas libras y un sobre con un manuscrito. Le entregan
el dinero y una carta de Sarah, pero el manuscrito nunca llega. Y
Tony averigua que son los diarios de Adrian, que ahora están en
manos de Veronica y no piensa entregárselos. Y estos diarios son el
oscuro, enigmático corazón de una novela espléndida, premiada con
el prestigioso Man Booker.”
¡Premio
Man Booker! Te cagas.
Como
ya he dicho, y lo repetiré hasta la extenuación, Julian Barnes,
tras empezar a contar la historia de unos adolescentes que llegan a
la juventud, y que funcionaba perfectamente y que tenía un potencial
buenísimo, de repente decide terminar con ella para comenzar una
peregrinación absurda por los cerros de Úbeda, haciéndose trampas
al solitario porque nos intenta persuadir de que nos cuenta una
historia que ni si quiera podía ser importante para su
protagonista, una historia que no es más que un yogur caducado que,
por casualidad, un día aparece en el fondo de la nevera porque una
señora que una vez paso por casa lo puso allí sin que nosotros lo
supiéramos. Es más, trata de convencernos de lo trascendentes que
en la vida de Tony fueron unos hechos ante los que él, y cualquier
ser humano adulto y en su sano juicio, ya habría pasado página. Por
ejemplo, mucho más interesante me parece la relación del personaje
protagonista con su ex-mujer, una relación de verdad importante en
su vida y por la que pasa prácticamente de puntillas. En fin.
Aunque
si habéis llegado a leer hasta aquí pensaréis que el libro del mes
ha sido en vano, tampoco quiero que quede esa sensación porque no es
cierta, bueno sí, es cierta salvo algunas cosas, que diría
Caraplás. Porque la novela, al menos, puede abrir un buen debate
referente a la realidad de nuestros recuerdos, a su veracidad, a cómo
tendemos hacia la auto-justificación hasta el punto de moldear a
nuestro gusto y conveniencia nuestro pasado sólo para hacernos
sentir mejor, hasta el punto que, como el protagonista, es capaz de
crearse un pasado hacho a la medida de sus remordimientos. Y éso sí
que me interesa, y mucho, es una lástima que Julian Barnes no haya
sido capaz de perseverar más en ese camino.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Livia
y Bichejo,
que me apuesto algo por una vez a que van en la misma línea que la
mía. Y además, como gran novedad estrenamos podcast del club, sí,
lo habéis leído bien, a partir de este mes podréis disfrutar de
estas concienzudas reflexiones en dolby surround 5.1, porque los
miembros del club somos así en el sufrimiento, uno para todos y
todos para uno.
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Club de lectura 2.0
miércoles, 1 de octubre de 2014
La posibilidad de una isla
Este
mes, los nunca suficientemente desdichados miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “La posibilidad de una isla”, de
Michel Houellebecq a propuesta mía. La verdad es que yo quería leer
“El mapa y el territorio” pero varios miembros del club ya lo
habían leído, sin embargo, como el hecho de elegir a Houellebecq
había provocado esa reacción galdosiana resumida en emocionados
“es Houellebecq, es Houellebecq”, decidí seguir adelante con el
autor y propuse otro título.
En
qué mala hora.
Porque
he llegado a odiar el libro, pero con un odio visceral, de hecho si
no lo hubiera leído con el libro electrónico creo que lo hubiera
quemado. ¿Es feo quemar libros? Sí, pero más feos es perpetrarlos,
y venderlos. De hecho, hasta me repugna escribir una reseña de esta
estupidez, pero no me queda más remedio porque en el fondo soy un
profesional y me debo a mi club.
Vamos
con el resumen de la editorial para ponernos en situación:
La
posibilidad de una isla es la historia de Daniel, famoso por sus
monólogos cáusticos en los que mezcla la provocación con una
visión fría y cruel de la existencia. protagonista narra los
últimos años de su vida, sus relaciones sexuales amorosas con
Isabelle y con Esther, su contacto con una secta cuyos miembros
aseguran que el ser humano alcanzará la inmortalidad. Temas
filosóficos, sociales, políticos científicos, clonación y sexo,
juventud y vejez, violencia y deseo… Toda la fuerza del pensamiento
de Houellebecq se cruza en una trama donde las ideas tiran a dar.
Simplemente
con leer estas pocas líneas ya habréis pensado que menudo
batiburrillo, y efectivamente, lo es. Houellebecq nos cuenta la
historia de Daniel, un imbécil del presente, y la de sus clones dos
mil años en el futuro, unos seres que son como el detergente en
polvo, que a pesar de tener una receta mejorada a los ojos del
observador siguen siendo siempre el mismo polvo blanco e insulso.
Tanto como los personajes arquetípicos y previsibles del presente,
con un protagonista que conduce al vómito continuo, pasado de rosca,
más inestable que un átomo de plutonio 240.
Ser
un “enfant terrible” en este caso se convierte en ser un
gilipollas integral y, posiblemente, en estos momentos no esté sólo
pensando en el personaje. Y si la historia se quedase en la
prescindible vida de Daniel, tal vez no estaríamos hablando más que
de una mala novela, pero no, Houellebecq tenía que tomar atajos
recurriendo a la ciencia ficción para poder poner en contexto a sus
elucubraciones, y es ahí donde más hacer el ridículo. Porque la
historia de la secta es inverosímil y estúpida, y no me vale decir
que en el fondo es ciencia ficción, porque el primer deber de una
historia de ciencia ficción es ser creíble una vez establecidas las
reglas del juego, y esto no te lo puedes tomar en serio ni después
de haberte esnifado una raya de coca del tamaño de la muralla china.
Pero
siendo todo esto malo lo peor viene con la parte de ciencia ficción,
con esos neohumanos clónicos y aislados entre ellos, tan
interesantes como jugar una partida de ajedrez contra un paramecio.
¿Qué es esa patraña de la inmortalidad a través de unos clones y
del relato del primero de ellos? ¿qué inmortalidad es ésa? Eso no
vale ni para dormir a un niño. Los personajes me recuerdan mucho,
diría que incluso sospechosamente, a los de “El
sol desnudo” de Asimov, que por cierto le da a esta novela mil
vueltas, pero sin nada de su fuerza, incapaces ni de amar ni de tener
empatía con los demás, huecos, vanos, innecesarios, seres que más
que ser inmortales de mentirijillas merecerían estar muertos.
Por
eso, toda la fuerza del pensamiento de Houellebecq diría yo que se
queda en un pedo elocuente, que trata de convencernos de su sonoridad
hasta que llegamos a la conclusión de que en el fondo huele a
mierda. Y es una pena, porque es capaz de poner varios objetivos en
la diana, como la libertad, el existencialismo, la bioética, el
derecho a una muerte digna... pero todo lo jode por sobrado, por
creerse el más listo de la clase, por escribir desde la superioridad
moral pontificando, por ser un petardo, en definitiva.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Livia
y Bichejo,
seguramente más positivas que las mías. Porque así es el club,
diverso e impredecible, leyendo siempre en el filo de la navaja.
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Club de lectura 2.0
lunes, 1 de septiembre de 2014
Lugares donde se calma el dolor
Este
mes, los más valientes que nunca miembros del Club
de Lectura 2.0, hemos leído “Lugares donde se calma el dolor”
de César Antonio Molina, sí, habéis leído bien, ese señor que
tuvo la osadía de ser ministro de cultura en un gobierno de
Zapatero. Y caramba, vive Dios que a este hombre se le cae la cultura
cuando a escribe de la misma manera que a Chaves se le caían
bellotas cuando hablaba. Me imagino que antes y después de los
consejos de ministros hablarían de las inclemencias del tiempo.
“Lugares
donde se calma el dolor” es un cuaderno de viajes que recorre
ciudades, países y continentes, aportando la experiencia personal de
Molina, de manera que, al mismo tiempo que nos describe lo que ve,
nos cuenta la historia de los personajes que en algún momento allí
habitaron, todo ello hilvanado por sus opiniones y por su visión del
mundo. La editorial nos resume todo esto de la siguiente manera:
“¿Existen
lugares donde estamos libres del dolor, lugares donde no nos puede
alcanzar la muerte? Acercarnos a ellos es entrar en contacto con
espacios donde el tiempo se detiene a la manera de una especie de
limbo a salvo de todo. Puntos de la tierra donde dialogamos con
nuestro pasado y los viejos maestros. A lo largo de la historia de la
literatura muchos escritores en sus obras han hablado de la
fascinación y magia de estos enclaves, a veces de una manera
secreta. El autor de este libro los rastrea de una forma original y
apasionante. La búsqueda se inicia en una de las zonas más bellas y
míticas del mundo, la colina de Posillipo (el lugar que calma el
dolor), frente a la bahía de Nápoles, junto a Cumas, donde
desembarcó el Eneas de Virgilio, y el Averno. Luego continúa a lo
largo de varios continentes.”
He
de confesar que, a pesar de que todo parecía a priori que iba a
terminar en un desastre, he disfrutado mucho con la lectura del
libro. Porque de primeras son 800 páginas que echan para atrás,
porque yo soy un lector básicamente de novelas y no me suelo
enganchar mucho a los demás géneros, porque Molina se empeña en
exhibir tanto sus conocimientos que por momentos se pone insoportable
y farragoso y sobre todo porque esa forma de escribir a base de
abusar hasta el infinito de las frases cortas y el punto seguido, al
principio me resultaba insoportable y no me permitía alcanzar un
ritmo aceptable de lectura.
Pero
ante todo esto, que ya a la mayoría habrá hecho desistir de pensar
en leerse el libro, se eleva un monumento al humanismo que por
momentos me ha emocionado. Porque Molina no ha podido estar más
acertado al elegir el nombre de su libro, ya que consigue llevarnos a
lugares en los que el tiempo se ha parado, en los que el dolor no
existe, en los que no importa nada más que lo que allí sucedió,
dando igual que juzguemos los acontecimientos con ojos antiguos o
modernos, porque se nos presentan los lugares y personajes como si
fueran atemporales, como si nos pertenecieran desde el mismo momento
en el que nos interesamos por ellos y seguimos sus pasos, porque
Virgilio, Visconti, Antonioni, Leopardi, Joyce, Pushkin, Anna
Ajmátova, Marina Tsvetáyeva o Stefan Zweig, forman ya parte de las
raíces del árbol que nos cobija a todos, porque su mundo forma
parte del nuestro a pesar de que a muchos de ellos ni siquiera les
conozcamos.
Y
a estas conclusiones nos hace llegar, o por lo menos a mí, sin
necesidad de contarnos una versión edulcorada de sus historias,
porque es de alabar que, a pesar de sus innumerables circunloquios,
sea capaz de transmitirnos todo lo que los lugares que visita
significan para él, tanto en lo bueno como en lo malo. Porque es
capaz de anonadarnos con la belleza del mundo para en el capítulo
siguiente hacernos caer en la desazón y en el desánimo, que es tal
vez la parte mejor del libro, cuando vemos la fragilidad de un Joyce,
un Zweig o una Ajmátova. Quién lo diría. O cuando estando en la
India nos hace la reflexión de que existen millones de personas allí
que no saben para qué han nacido, y se te encoge de repente el
corazón y te pesa dentro, como una piedra, el alma.
Como
siempre, encontraréis otras opiniones en las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Paula
y Bichejo,
me temo que en algunos casos bastante diferentes de las mías. Pero
así es el club, nadie dijo que pertenecer al mismo fuese un camino
de rosas, ¿pero qué sería de las rosas sin las espinas?
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Club de lectura 2.0
viernes, 1 de agosto de 2014
El libro de la señorita Buncle
Este
mes los alicaídos miembros del Club
de Lectura 2.0, siguiendo nuestra peregrinación en busca de
nuestra identidad, hemos leído “El libro de la señorita Buncle”
de Dorothy E. Stevenson. Voy a copiar lo que Alba
Editorial ha tenido a bien publicar como promoción de la novela,
porque si la promociono yo no creo que sólo van a vender unos
cuantos ejemplares a las bibliotecas municipales.
"Barbara
Buncle y sus vecinos derrochan encanto, y son los compañeros ideales
incluso para el más lluvioso fin de semana." The
Scotsman
«Una espléndida narración y una inteligente comedia de costumbres» (José María Guelbenzu, Babelia, El País).
«Un amenísimo pretexto para la discusión sobre los poderes de la literatura y la capacidad de intervenir en la realidad que comporta todo intento de representarla» (Ignacio Echevarría, El Cultural, El Mundo).
«Una sutil bomba de relojería, fabricada con humor, con disimulada -pero indisimulable- mala idea y con una prodigiosa cantidad de perspicaces y afiladas observaciones sobre el amor, la pareja, la familia, las relaciones personales y la vida en una pequeña comunidad presuntamente idílica» (Manuel Hidalgo, blog «Tengo una cita» de El Cultural).
Ya en su 3ª edición (octubre de 2012), Alba Editorial recomienda esta novela deliciosa, ligera, cómica, ingeniosa y un poco malvada, un libro dentro de un libro, de la mano de una autora totalmente inédita en España, la escocesa D. E. Stevenson. Publicada en 1934, narra los aprietos de una solterona que, al escribir con seudónimo un libro sobre sus vecinos, organiza un fenomenal alboroto en el pueblecito donde vive y donde nadie sospecha que pueda ser ella quien ha puesto al descubierto todos sus secretos.
Ahora
mismo todos estáis deseando leer las peripecias de la señorita
Buncle, pero gracias a lo que voy a decir ahora espero ahorraros el
mal trago.
¿Qué
puedo decir de las palabras de The Scotsman?, pues muy fácil, que
los encantadores vecinos de la campiña inglesa eran tan ideales en
1934 que ochenta años después los escoceses están votando el
referéndum por su independencia... y no me extraña nada.
¿Y
sobre las de Ignacio Echavarría? Pues que yo quiero tomar lo mismo
que él. Sin más. Y después buzonear a todos los vecinos de mi
portal una nota explicando anónimamente que el vecino del cuarto es
un borracho para demostrar los poderes de la literatura interviniendo
en la realidad. Claro que Manuel Hidalgo no se queda atrás
viniéndose arriba con la Buncle, pero no le creáis, volved a leerle
imaginando que es Ned Flanders el que ha escrito “perspicaces y
afiladas observaciones” y así os haréis una idea de lo incisivo
de la trama. Creo que a lo mejor hay emociones más fuertes en “Teo
va al parque”.
En
fin, que esta reseña es como el libro, para cubrir el expediente,
pero todavía queda esperanza en el club porque parece que nos vamos
a apartar, al menos durante una temporada, del buenismo. Dejamos el
consenso y las votaciones para volver a la propuesta pura y dura de
un libro de manera rotatoria por cada uno de los miembros.
Personalmente me alegro mucho.
Si
queréis encontrar más información sobre la señorita Buncle leed
las reseñas
de Desgraciaíto,
Carmen,
Livia
y Bichejo.
Ellos que son más justos y más sabios que yo puede que os den algún
motivo para intentar conocer su pueblo.
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martes, 1 de julio de 2014
Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie
Este mes, los abigarrados miembros del Club de Lectura 2.0, hemos leído “Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie”, de Juan Eslava Galán. Cuando propuse este libro como posible lectura al resto del club, me dejé llevar por un título que lleva a engaño, y que, seguramente, obedecerá a una astuta estrategia comercial. Y es que creo que el libro no será sólo del agrado de quien busque en él un estudio riguroso de la guerra civil, ya que no me parece que, la lectura del mismo, aporte mucho a alguien con ciertos conocimientos sobre el tema. Para los demás, para los que somos más de romanos que de milicianos, no deja de ser un libro entretenido, con pocas pretensiones y que, tal vez, pueda remover alguna conciencia. Tal vez.
Creo
que ya he explicado varias veces que huyo de las lecturas de las
guerras modernas como de la peste, porque me duelen, porque me llevan
a un sufrimiento que me revuelve las tripas, porque no entiendo la
sinrazón que lleva a dos personas a decidir que, sin conocerse,
pueden ser jueces de la vida del otro. Está claro que los Arvenos de
Vercingetorix sentían el mismo dolor y la misma desesperación al
ver a las legiones romanas arrasar sus pueblos, pero, de alguna
manera, ellos se han elevado a la altura de mitos, de seres
legendarios arrastrados a las profundidades de los océanos del
tiempo. Allí descansan en paz.
Por
el contrario, los soldados que esperaban un balazo en cualquier
trinchera, son personas de carne y hueso, a los que hemos puesto cara
y nombre, podemos cruzar su mirada con la nuestra en fotografías
sepias en las que les vemos muchas veces consumidos, desesperados y
harapientos. Ellos podrían ser tú o yo, o tu abuela, o tu tío el
del pueblo, has podido escuchar su historia varias veces, de su
propia boca o a través de labios prestados, son tan de verdad que
mientras que lees su historia puedes casi oler su sudor y su miedo.
Eslava
galán se esfuerza en todo momento por mantener una cierta
equidistancia entre los dos bandos contendientes, tratando de
hacernos entender por qué luchaba cada uno, una tarea difícil, sin
ahorrarnos episodios que debieron de teñir de vergüenza la
conciencia de “los hunos y los hotros”, como muy atinadamente
denominó Unamuno a ambos bandos. Esa es una de las dos
características del libro, la otra es que a veces trata de evadirse
de lo grandilocuente para darnos detalles íntimos y cotidianos de
las gentes que vivieron la guerra, arriesgando con diálogos en
primera persona que dan ritmo al devenir de la historia.
No
creo que a estas alturas tenga que explicar que bando es el que ha
despertado siempre mis simpatías, total, quítenme unos fusilados y
pelillos a la mar. Sin embargo creo que por primera vez en mi vida he
podido pensar en la guerra civil de manera global, he sentido que los
que siempre para mí han sido los malos no eran algo ajeno a mi vida,
que forman parte de esa otra España que tanto me hace sufrir, pero
que no deja de ser también mi España, que tal vez muchas de las
personas que admiro y quiero forman parte de la misma, aunque espero
y confío en que nunca más tengamos que llegar tan lejos como para
descubrirlo.
En
resumen, “Una historia de la guerra civil que no va a gustar a
nadie” es un libro que recomiendo leer, no va a levantar grandes
pasiones pero ésa es posiblemente su mayor virtud, que no está
escrito desde las tripas, y se agradece, porque llega hasta donde
tiene que llegar sin dar detalles innecesarios que sólo valdrían
para añadir morbo al sufrimiento. Como siempre podréis encontrar otras reseñas de libro en los blogs de Desgraciaíto, Carmen, Livia y Bichejo.
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