jueves, 7 de abril de 2011

Poesía para niños de tres años

Vosotros lo habéis querido, una muestra de mi calidad literaria, afortunadamente los niños han mostrado interes y se han tragado la historia de cómo se hace la miel, de por qué los osos hibernan y que las ardillas aunque no son pájaros hacen nidos, evidentemente el tema era el bosque. Prueba superada.

En el bosque hay animales,
bichos, ranas y roedores,
y árboles descomunales
bajo los que crecen flores
que abejas en los panales
hacen miel de mil sabores.

Los ciervos tienen dos cuernos,
los jabalís dos colmillos,
y comen frutos muy tiernos
los osos que son muy pillos,
para dormir los inviernos
mientras les cantan los grillos.

En los arroyos los peces
mueven la cola fresquitos,
no les gustan las nueces
les gustan más los mosquitos,
por eso algunas veces
los cazan dando saltitos.

En el bosque todo es vida,
crecen bayas y una seta
que sirven como comida
a una ardillita coqueta
que entre las ramas anida
saltando muy pizpireta.

domingo, 3 de abril de 2011

Carta de ajuste

Llevo unas semanas que me cuesta la misma vida escribir, y es por varios motivos, el primero por puro cansancio porque cuando pasas doce horas en la jungla enjugando lagrimas de dramas ajenos al llegar a casa estás más hueco que un pozo seco, eso es lo que soy, un manantial agotado. No me queda ni una idea, no me queda casi nada que contar, salvo este tipo de miserias tan cotidianas que seguramente no interesan a nadie y que además, pensándolo bien, son miserias de niño tonto, de niño mimado, gilipolleces de alguien que no sabe qué es realmente pasarlo mal y qué es sufrir de verdad. Dicho esto, el segundo motivo es evidente, me avergüenzo de mis chorradas, esto no da para más. Y no me refiero a que me avergüenzo de lo que cuento, ahora no es pudor, me avergüenzo de ser tan superficial, tan simple, tan tremendamente bobo.

Sería facilísimo recurrir a eso de que con la que está cayendo no tengo derecho a quejarme de nada, que medio país vendería su alma por tener mi trabajo y que la otra mitad seguro que me cedería gustosa sus preocupaciones a cambio de las mías, seguramente, no lo dudo, yo por mi parte les dejaría feliz que llevasen un rato la carga agobiante de mi cerebro, estoy harto. Estoy profundamente defraudado con lo que he hecho de mi vida, y no culpo a nadie, toda la culpa es mía por indolente, por flojo, por conformista, por no ser el puto egoísta que debería haber sido, por creer en los cuentos de hadas y a muchos de los mentirosos que por el camino me he encontrado, tengo una edad estupenda para miles de cosas y debería estar más seguro de lo que soy y de lo que quiero pero la impresión general es que lo tenía mucho más claro a los veinte años, por lo menos entonces muchas de las ilusiones que ahora he perdido permanecían intactas, sin contar con los ideales que han sido sistemáticamente pisoteados y que ahora yacen moribundos junto a las piedras del camino.

Como soy un zoquete no sé hacer muchas cosas en la vida, y bien o mal siempre las he intentado hacer de la misma manera, sin sacar partido de lo que no me merezco para sentirme bien conmigo mismo, pero el mundo no funciona así, está claro. He leído esta semana que si eres así no eres más que comida, pues cojonudo, soy comida, como tanto individuo insignificante que no tiene donde guarecerse, a merced de hijos de la gran puta y especuladores que tienen clarísimo que ellos nunca pierden, me hierve la sangre. Me deprime la sensación de estar a la merced de ellos, de sus caprichos y de sus desatinos, mientras que al mismo tiempo trato de ser una persona responsable que cuida de su familia, que pone todo en su trabajo, que trata de buscar la sonrisa ajena, que ayuda siempre que puede a los demás, entonces, ¿por qué no avanzo?, ¿por qué nunca tengo premio?, ¿por qué me veo igual el resto de mi vida?, ¿por qué?, ¡cojones!, ¿por qué?

No entiendo el mundo, no sé como seguimos todos sumisos mientras que nos pisotean, me repugna la política y los políticos, de todos los colores, si no fuésemos más que una pandilla de conejos asustados iríamos a por ellos y los tiraríamos al río. No soporto más las escenas de inauguraciones costeadas con nuestro dinero, que sí, que es nuestro, que veo la nómina todos los meses y entre pitos y flautas me falta más de un treinta por ciento, que no habéis puesto vosotros ni un euro, no puedo con tanto mangante sin escrúpulos, con mi señor alcalde que antes de que se lo pasen por la piedra va a dar puesto de funcionario a medio ayuntamiento. Es acojonante ver como un banco presume sin escrúpulos de ganancias mil millonarias y a la vez ejecuta hipotecas a unos pobres diablos a los que engañaron dos veces, pero es peor ver a los dirigentes de otro pedir miles de millones al estado porque tienen el agua al cuello, y en aras del bien general... ¡Vuestra puta calavera! En esta mierda de país se nacionalizan las pérdidas y se vende lo poco bueno que tenemos, se amenaza con el copago sanitario y enseñamos a desaprender a las masas porque cuanto más brutos seamos más nos van a dar por el trasero.

Cuando pienso en estas cosas se me quitan las ganas de seguir con esto, he tratado de hacer del blog un sitio diferente, ser menos rebuscado, más cotidiano, más agradable, pero no me sale, por lo menos no ahora. Trato de ser natural, de no pinchar, de no morder, y no puedo, quiero abrirme al mundo y cuanto más lo intento más vuelvo a ser el niño concha, sin ningún motivo más que la tara genética que debo llevar dentro, vivo dos realidades, la del mundo que va a lo suyo y la historia paralela que yo me monto por dentro. No es la primera vez que me pasa esto con el blog, porque ya son casi dos años juntando letras y lanzándolas al ciberespacio, creo que es hasta normal y de una manera u otra le ha pasado a todo el mundo que leo, y a muchos que ya no leo porque no consiguieron superarlo y echaron el cierre, yo ya lo superé una vez y espero poder hacerlo una segunda. De momento devuelvo la conexión a los estudios centrales, les dejo con la carta de ajuste.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La (des)memoria

Tengo memoria de pez, es un hecho. No recuerdo las cosas, las del corto plazo y las del largo, esas posiblemente más. No recuerdo los nombres de mis compañeros del colegio, ni los del instituto y ya empiezan a olvidárseme los de la universidad, dentro de poco cuando mire el título pensaré que lo gané en una rifa, que es casi verdad, vale, pero no me mola nada. Como mucho recuerdo caras, pero una cara sin nombre no es más que un fantasma. A veces los veo, a los fantasmas, haciendo la compra en el supermercado o esperando a que salga del cole mi hijo, hoy mismo he visto uno en el metro y aunque el primer impulso ha sido de ir a saludarle he sido incapaz de asociarlo a nada y el recuerdo de su rostro me sigue dando vueltas en la cabeza esperando aterrizar en el lugar del pasado que le corresponde, pero ni aterriza, ni cobra vida ni nada de nada, como vino se irá, atormentándome mientras tanto por no poder ubicarlo.

Lo mismo me pasa con las películas y con los libros, las veo, los leo y se me olvidan, puedo verlas y leerlos de nuevo como si fuera la primera vez, como si mi cerebro sufriera una fuga invisible que va irradiando fotogramas y palabras. Me da rabia, es como desperdiciar el tiempo, como lanzar el espacio exterior todos esos buenos momentos que disfruté sin el menor aprovechamiento, es algo así como tener la sensación de ir malgastando la vida porque en el fondo sigo siendo más cáscara que relleno, soy hueco, me traspasa el viento. Pasa con las cosas que me interesan y con las que no, ya no entiendo qué era una ecuación diferencial, el cálculo de estructuras, la química orgánica o cómo se polarizaban los transistores en cascada y en cascodo, no me acuerdo y eso no me duele, pero no soporto la idea de no recordar un día que Ishtar, la diosa babilónica del amor y la guerra, es venus, que Alejandro era macedonio y que Lucio Cornelio Sila era un sádico.

También se me olvida el paso del tiempo, pienso en un año y solo es una cifra, cuatro números a los que soy incapaz de asociarles nada más, me da igual pensar en 1995 que en el 2007, no recuerdo qué era de mí entonces, qué asignaturas estudiaba o en qué estaba trabajando, no lo recuerdo y me desespera. No soy más que el marcapáginas de un libro que voy escribiendo y cuya tinta se desvanece a la vez que lo voy redactando, lo abro y sé donde estoy pero me preceden capítulos emborronados que casi ya ni se leen, que a veces, con mucho esfuerzo, forman una historia que como viene se va, sin saber de dónde sale y si algún día volverá a mi mente desde el universo paralelo en el que mis recuerdos fueron abandonados. Porque me encantaría saber cómo funciona mi cerebro, o un cerebro cualquiera, saber qué es la memoria, dónde reside, por qué unos lo recuerdan todo y otros lo olvidamos... Si ya me parece fascinante que un semiconductor sea capaz de almacenar un bit, me parece cosa de brujas que mi materia gris recuerde que “es tan corto el amor y tan largo el olvido”, un regalo de Don Pablo.

A lo mejor por eso comencé este blog, a lo mejor, pero ya hace tanto tiempo que los verdaderos motivos los estoy dudando. Como me conozco escribí un post inicial que me lo recordase, e hice bien, porque tampoco llevo un histórico de lo que voy escribiendo, seguro que me repito a menudo, y no me extraña, porque al releerme, a veces, no me reconozco llegando en ocasiones a dudar de que hayan sido mis manos las que han transmitido los impulsos de mi cerebro. Creo que si leyese en otro sitio alguno de mis post no los reconocería, en serio, aunque al recorrerlos cronológicamente tengo conciencia por primera vez en mi vida del paso del tiempo. No pretendía escribir un diario pero creo que sin querer lo he hecho, que escribo para no olvidar, para dejar registro de lo que soy, para cazar al vuelo y pintar en dos trazos a mis escurridizos recuerdos.

sábado, 26 de marzo de 2011

Pólipo rima menos con pulpo que con pánico

No escribo esto para que nadie me pase la mano por el lomo, no, no es lo que me apetece, lo escribo porque es lo que ahora me ronda por la cabeza y la maldita idea no me deja espacio para escribir de nada más, así que, aunque no quería hablar de ello, lo escribo de una vez a ver si así me deja en paz y me deja concentrarme en el post de los ECC que es lo que quería escribir este fin de semana.

Estoy pocho, imagino que no es nada grave, pero como nunca me ha pasado nada así me preocupa, bueno quitando la broma del pulmón roto pero eso fue tan rápido que no me dio tiempo a asimilarlo. Creo que ya dije que me había hecho un escáner de la cabeza, ¿verdad?, pues se han confirmado varias cosas, la más grave, según el otorrino, es que no se han encontrado ni trazas de algo que se parezca a una conciencia, me lo temía, secundariamente parece ser que lo que me han encontrado es un pólipo en uno de los senos, una infección de padre y muy señor mío y el tabique ligeramente desplazado con la mala suerte de que me está taponando el drenaje del puñetero seno, según el galeno, disculpándose por la expresión, “me está dando en todo el bebe”. Todo esto explica perfectamente el por qué de mi sinusitis crónica y los dolores de cabeza continuos que me tienen tan harto, estoy atascado.

Yo, que sobre todo soy un profesional, antes de pensar en mi propia integridad física, y como buen especialista en instrumentación (joder qué risa me ha dado escribir esto), lo primero que se me vino a la cabeza fue criticar al cuerpo humano porque los drenajes siempre se hacen por debajo, es la regla número uno del buen instrumentista, ¿verdad Annie?. Esa reacción de valiente me delató al instante, “qué, ingeniero, ¿verdad?”, me dijo el señor facultativo, pues sí, e insisto que un drenaje por arriba es una chapuza por más que él lo defienda porque le paga los vicios y la hipoteca, lo suyo sería hacer un taladro por el paladar como si fuera un bote de leche condensada y que fuese goteando, ¡qué impacto tan brutal es comprobar que la naturaleza en el fondo no es tan sabia!. Total, que me tengo que operar, y solo de pensar en la ristra de cosas malas que me pueden pasar me pongo malo, resumiendo las mejores el balance es que me pueden dejar la nariz como a la Esteban, que me pueden comunicar el seno con el cerebro, aunque dudo que tengan mucho de qué hablar, no son esos senos los que ponen a mi cerebro, y que me pueden dejar ciego de mi único ojo que no es vago, lo cual tendría su puntito porque me encantaría vender rascas de la ONCE en la puerta de un mercado.

No entro en más detalles porque son muy desagradables, pero creo que ese tipo de información en lugar de llamarlo consentimiento informado deberían llamarlo ponme a cuatro patas y hazme tuyo, porquería en la que pensar hasta que llegue el mes de mayo que va a ser muy divertido. Por lo menos una cosa juega a mi favor, los trigricerdos, porque una vez más se demuestra que lo que no mata engorda, sus cualidades espesantes tan propicias para un accidente cardiobascular son cojonudas para la coagulación, estoy taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan orgulloso de ellos que me da pena estarlos matando a base de pastillas y verduras, me siento como un genocida y un ingrato. Otra cosa buena es que mientras que esté respirando, espero que vidente y sano, por la boca como un pez, estaré de vacaciones, es un truco muy sucio recurrir al quirófano pero en la guerra no existen reglas. Por supuesto que todo han sido frases del tipo “la salud es lo primero” y por supuesto muy sinceras, pero les van a temblar las piernas las semanas que no esté en el proyecto, es una lástima, sobre todo después del detalle de no darme el variable que me habían prometido el año pasado.

Ya más en serio, soy una persona aprensiva y nunca me han anestesiado, me da miedo, así de claro. Me pongo a pensar y solo se me ocurren idioteces de las que me reiré dentro de un año, no lo puedo evitar, es mi parte melodramática que tanto me cuesta domar. Estoy blandito, mucho, con ganas de que me achuchen, con ganas de compartir el tiempo con los que quiero, pensando en qué echaría de menos si no volviese a despertar, perdonad la tontería, y me sorprendo a mí mismo, debo haber cambiado mucho porque lo único que no me podría perdonar sería no ver crecer a mi hijo, nada más, el resto ahora que España ya ha ganado un mundial me sobra, es tan fuerte la sensación que me hace sentir culpable por los demás, pero como es un pequeño secreto que va a quedar en este blog nadie se va a dar por aludido y defraudado, menos mal. Pensaréis con razón que soy un exagerado, porque para uno mismo los verdaderos problemas son todas esas cosas insignificantes y sin importancia que les pasan a los demás... uf, ya lo he soltado, a otra cosa mariposa,

martes, 22 de marzo de 2011

Ser impulsivo

Si algo de verdad no me gusta de mi mismo es el hecho de ser tremendamente impulsivo, bueno realmente eso no sería tan malo si mi pronto no fuera tan irreflexivo, pero desgraciadamente se me juntan las dos cosas y no hay manera de controlarlo, porque en el momento que pasa un servidor es un ser con patas y sin nadie al volante. No es de extrañar que la mayoría de las malas decisiones de mi vida y sobre todo las mayores meteduras de pata hayan sido fruto de ese cóctel, por ejemplo retar al profesor de electrónica más tarado del planeta, el misógino cabrón que pedía que los circuitos de las niñas funcionaran “con musiquita” o amenazar con tirar a un cliente cabrón a una prensa hidráulica, sirva además como ejemplo de mal uso de la electricidad y definición de lo que es un mal necesario.

Todo el mundo cuando habla de mí coincide en una cosa, tengo mala leche, yo discrepo, no es una cuestión de mala leche, es que simplemente mi cerebro va un poco más allá. Admito que en ciertas ocasiones debería madurar un poco más lo que pienso antes de decirlo, más sabiendo las barbaridades que suelen salir por mi boca, pero no tengo remedio, soy así. A veces también salen de mis dedos, eso es peor, sobre todo en forma de correo electrónico que debería haber madurado algo más. Estoy convencido de que sería una buena idea crear una opción “purgatorio” en el outlook que se pudiera activar y que retuviese los correos por lo menos cinco minutos, tiempo suficiente para que a uno se le pase el calentón y vuelva a llegarle la sangre al cerebro.

Existen para estas ocasiones los maestrillos del piénsate las cosas dos veces, del cuenta hasta diez antes de hablar y el muérdete la lengua hasta hacerte daño... seguro que tienen razón pero a la hora de la verdad no funciona porque es parte del carácter, es como una reacción en cadena incontrolable, estás tan pichi un segundo y al siguiente eres una bomba de neutrones, el mal se materializa de la nada y antes de que puedas parpadear has reaccionado. Y no solo me refiero a un pronto malo, puede ser cualquier cosa, dices que sí a un viaje de trabajo al Congo sin pensar en que puedes acabar despellejado o te apuestas una cena porque alguien ha mancillado el honor rojiblanco, después, cuando te estás vacunando de la malaria o sacando pasta de un cajero porque el doble pivote defensivo ha fracasado, te sientes algo gilipuertas y desearías no haber hablado.

Es una forma de ser y, aunque no es la mejor del mundo, la prefiero a ser un soso o frío como una culebra. Porque hay gente que tiene la sangre de horchata, gente a la que le engaña su pareja y ni se le pasa por la cabeza prender fuego a la casa con ellos dentro, que sí, que no hay que hacerlo, pero hay por lo menos que pensarlo, por amor propio, gente a la que le toca la lotería de navidad y lo único que te dice es que es un pellizquito y que hay que seguir trabajando, cachis en la mar, aunque sean mil euros ¡cuécete como un piojo para celebrarlo!, gente que te deja un regusto más soso en la boca que si te hubieras comido un salmonete crudo, gente plana y triste que pasa por la vida sin el menor sobresalto. No puedo con ellos, me dan ganas de pincharles con un punzón en el corazón para ver si sienten algo.

Ignorante de mí, yo tenía la esperanza de que con la edad se me pasaría, pero no hay manera, sigo igualito que cuando era pequeño y al menor contratiempo agachaba la cabeza y me iba a esconderme detrás de la higuera del patio. Es imposible, se puede intentar educarlo, se puede intentar controlarlo, pero el mal es incurable, es como un virus latente que espera pacientemente su oportunidad y sabes que un día, y eso es lo peor porque nunca sabes cuando pasará, se activará y acabará con lo que habías avanzado. Ser impulsivo es como vivir sentado encima de una mina que tarde o temprano acabará estallando.

domingo, 20 de marzo de 2011

Lo que no me gusta del fútbol

Ayer volví de nuevo del Calderón cabizbajo, qué ironía del destino fue situar el campo en el paseo de los melancólicos, por varios motivos, evidentemente el principal es que volvimos a perder una vez más, y ya he perdido la cuenta de cuantas van, con el rico y poderoso equipo del norte, solo queda felicitarlos por ser ricos y poderosos, es lo que hay y vamos a tener que irlo asumiendo, aunque ayer me llamaron casi de todo por intentar mantener la ilusión y ser rebelde, es lo que tiene.

Otra cosa es que vayamos por la vida de pobrecitos y desgraciaditos, porque no lo somos, ya quisieran muchos ser como nosotros, tener lo que tenemos, sentir lo que sentimos, ser inasequibles al desaliento. Gestionar tan mal todo eso no tiene perdón de Dios, y nosotros estamos muy mal gestionados, es más, afirmo que son una panda de inútiles, por no querer pensar cosas más graves y delictivas para las que no tengo en principio fundamentos, no tiene sentido el dinero que se mueve en el fútbol y que además esté tan mal repartido, son cosas de este país bipolar en el que todo es rojo o azul, blanco o negro.

Tras leer esto muchos pensarán que cuando hablo del Atleti se me pira la pinza, que solo es fútbol, que no me dan de comer, que me lo tomo demasiado en serio. Y les doy la razón, pero en un mundo en el que no se puede ya creer en nada solo quedan los sentimientos, aunque puedan parecer postizos, y que una docena de días al año me emocione con el fútbol no le hace daño a nadie ni me priva de otras aficiones y afectos. Vale, es un poco tonto poner las ilusiones propias en los pies de soldados mercenarios que corren por un sueldo, adoptarlos como ídolos y beberles los vientos, pero uno es como es y ya va peinando suficientes canas en los lugares que van quedando pelos.

Dicho esto, quiero explicar por qué volví ayer tan triste del partido, no soporto la mala educación, los insultos, las agresiones, aunque sean verbales, los malos modos. No los soporto en general, y cuando los veo en un grupo que no me representa pero si que me identifica, siento bastante asco y desprecio. No me gusta escuchar desearle la muerte a nadie, y cuando digo a nadie es a nadie, ni a un asesino ni a un violador, menos a un futbolista que solo cumple con su trabajo, si me parece un estúpido es otro tema que no viene a cuento. No soporto el racismo, ni en la más mínima expresión, que llamen a alguien gitano por ser portugués, hay que joderse, qué gran insulto, habrá que pedir disculpas a los gitanos por la barbaridad y a los portugueses por la intención. No sé, es vergonzoso, para colmo, y demuestra gran inteligencia viendo la piel de algunos jugadores, llaman mono a un brasileño por ser negro, siento un asco tremendo.

Pero siendo grave no es lo peor, lo peor es que he visto a la multitud intentar agredir a un padre y un hijo que, llevados por sus colores, han celebrado un gol de los de blanco, no ha sido la acción más inteligente del mundo pero estaban en su derecho, no me gustaría verme nunca en esa situación con mi hijo, y no quiero que mi hijo vea tanta intolerancia como algo natural, asumible, cotidiano. Mira que me fastidia pero estando así las cosas no pisa un campo de fútbol hasta que tenga dieciocho años. Algún forofo me dirá que no pasa nada, que pasa en todos los sitios y mil excusas más que no me valen, porque a mí me duele lo mío, no quiero que se me juzgue como un impresentable más que calla, porque callar es ser cómplice y no me da la gana.

Si por mi fuese, y aunque me duela, cerraba unos partidos el campo y después ponía en la puerta un control de alcoholemia, para que aprendamos, para que echemos a esa panda de borregos que utilizan la multitud como refugio de sus repugnantes actos, para que no demos cobijo a los violentos entre los que queremos ser normales, porque no quiero seguir sintiendo vergüenza ajena y propia, porque se puede hacer a poco que se intente, porque tienen nombre, cara y por desgracia un número de abonado rojiblanco.

viernes, 18 de marzo de 2011

Cuestión de agobio

No hay gilipollez más gorda que tener un trabajo chorras y que encima te agobie. Claro, existe un detalle nimio pero importante, además de que sirve de sustento a mi familia, y es que se mueve mucha pasta, muchísima, algo escandaloso para la mayoría de los mortales, y esa pasta es como una bola atada a tu tobillo, no te deja ni conciliar el sueño tranquilo, yo por lo menos no llego a acostumbrarme. Salgo del trabajo y la bola me acompaña por donde voy, me cuesta la misma vida desconectar y no pensar en ello, y total, ¿para qué?, porque lo que no es normal es tener un salario de “X” y responsabilidad sobre “10000X”, igual vivo en otro mundo pero solo pido que si no puedo vivir en un chalet de puta madre y llevar un coche caro por lo menos pueda llegar a casa y olvidarme del trabajo.

La ingeniería, la de los grandes proyectos es un mundo curioso y confuso, principalmente porque la hacen los ingenieros, seres de otro universo que debieron llegar al planeta por la colisión de un cometa, puede que fuera el mismo que acabó con los dinosaurios pero es una hipótesis que no está del todo demostrada. Uno, por ejemplo yo, termina una carrera sin vocación pero orgulloso de que el rey por fin se haya dignado a firmarte algo, pensando en que va a encontrarse con un mundo de luz y color, pero en pocos días la realidad se hace presente, ¿dónde cojones se esconden los ingenieros de la NASA?, a lo mejor en la NASA porque salvo alguna honrosa excepción yo no los he visto por ningún lado. Es gracioso que un tío esté preparado para mandar un cohete a la luna pero que no esté preparado para atarse las zapatillas, para tomar una decisión medio normal, y me refiero a que tenga dos dedos de frente, que además no se sepa explicar y tenga la misma empatía que una calabaza.

Llevo una semana que no vivo, todo lo que podría pasar mal está pasando y mi trabajo se ha convertido en una partida de buscaminas nivel avanzado, no gano para sustos. Y la mayoría es simple alarmismo, pero otros son para morirse, por ejemplo, imaginemos, y solo vamos a imaginar que te compras un carísimo jersey verde de, también vamos a imaginar, doscientos mil pavos, lo pones en una hoja por escrito y se la das al que hace el jersey, jersey de punto verde talla XL, ¿a qué parece fácil? Pues increíblemente el día que vas a por él el jersey ni es de punto ni es verde, es una falda escocesa a cuadros. Mandas a un inspector para que verifique que el jersey está bien y cuando llega a la tienda mira la falda, se encoge de hombros y firma la recepción en la que pone jersey de punto verde, con dos cojones, y se vuelve con su falda bajo el brazo. Qué ha pasado es un milagro que no llegas a entender, pero que la culpa es tuya lo tienes tremendamente claro, la mierda cae por estratos.

Imaginemos también que convocas a una reunión para tratar un tema que se está complicando, mandas un correo de convocatoria a diferentes departamentos, a tus jefes, a tu cliente porque necesitas su visto bueno para tomar alguna decisión, además adjuntas un documento sobre el que va a girar la reunión para que lo vayan mirando y preparando los comentarios. El texto también sencillo, mañana reunión a las 10 en la sala 2 para discutir este documento, confirmar asistencia. De repente cuando crees que el día no puede ir a peor recibes un correo de respuesta con tu documento lleno de comentarios y una nota que dice: el trabajo que habéis hecho es una mierda, firmado, maldito cabrón. Miras quién está en copia y no ha quitado a nadie, es increíble cómo se puede ser tan imbécil con ya sesenta años, estoy en éxtasis, tanto que estoy deseando de que lleguen las 10 y explicarle a nuestro cliente y a mis jefes porqué maldito cabrón, que debería jugar en mi equipo, nos va descalificando. Tan emocionado estoy que son las cuatro estoy despierto mientras que maldito cabrón estará roncando.

Por supuesto a nadie le importará si el proyecto está mal vendido y no tenemos suficiente gente para realizarlo en condiciones, a nadie le importará si todos hacemos mil horas extras que no nos pagan, que hayamos hecho mil cosas bien y una mal, se buscarán culpables y por supuesto va a ser el que está trabajando, es ley de vida. Además me siento culpable, culpable de cojones y me molesta porque es la parte del juego en la que me hacen caer y entro como un pardillo al trapo. Por eso, un día de estos, cuando mi jefe se digne a llamarme para hacerme la tan intrascendente valoración anual, con su intrascendente subida salarial que yo ningunearé porque trabajar con pundonor es una cuestión de estilo y no de dinero, me darán ganas de quitarme la máscara y declararme un fraude para la humanidad, un tuercebotas, poco más que un trilero titulado.