sábado, 31 de octubre de 2009

El cielo puede esperar



Antes de nada quiero aclarar que mi muerte no es inminente, eso creo, siento el disgusto que a muchos pueda provocar esta afirmación pero cómo decirlo finamente… vamos que de momento os jodéis. Pero hoy, que es día de difuntos, he descubierto una cosa que aunque pueda parecer trivial no lo es, para nada. Hoy he decidido que no me quiero morir. ¿Por qué lo he pensado? Pues ni idea, creo que empiezo a estar un poco gaga, pero la decisión está tomada y es firme, el cielo puede esperar.

La idea de la muerte me deja paralizado, soy como el pobre conejo que al cruzar la carretera por la noche le dan las largas, la sensación de vacío que me provoca la inexistencia de un mañana me bloquea. Mi cerebro acostumbrado a ver, leer y escuchar de todo se niega a procesar la idea de su propia desconexión. No obstante eso va a suceder inexorablemente, ¡mierda!

Y eso que toda la vanidad que he conseguido reunir en mi vida ha sido para escribir este blog, pero ni por esas. Sé que si me comparo con el universo soy tan insignificante como un fotón, pero es que a mí el universo no me ha dicho nunca nada, ni siquiera nos han presentado. Si la comparación es con los miles de millones de seres humanos con los que comparto aire y cielo tampoco salgo bien parado, mi existencia vale menos que la palabra de un hombre cuando dice “siempre te querré”. Voy camino de los cuarenta y aún no he hecho nada excepcional y creo que ya nunca lo haré, entonces ¿por qué ese apego a la vida?, la respuesta es sencilla, puro egoísmo.

Posiblemente si a lo largo de la vida hubiera logrado creer en algo todo sería mucho más fácil, pero yo no creo en nada, la única religión que podría abrazar sería la maradoniana y solo pensarlo me resulta tan patético que reniego de la fe verdadera (luego rezaré dos “Diegos nuestros” y un “D10S te salve” como penitencia). En serio, soy un zoquete y me declaro totalmente incapaz de pensar en asuntos religiosos y divinos, podría ir de intelectual y llamarme agnóstico pero uno que se ha criado en el barrio del otro lado de la vía en San José de Valderas no puede serlo, simplemente digamos que soy un simple.

Por eso la idea de un cielo también me horroriza, si una ventaja tiene la muerte es desembarazarte de todos esos pelmazos que te hacen la vida imposible, pienso que podrían tener la cortesía de morirse ellos primero y librarnos de su presencia pero normalmente no es así y asisten a nuestro funeral con una media sonrisa socarrona, afortunadamente puestos en ese trance ya nos importa un huevo. La eternidad del cielo debe ser un coñazo y al infierno ni lo considero, porque si existiese un cielo yo iría a él y no por mis buenos actos y bondad sino por mala suerte, siempre me ha tocado estar en el peor sitio en el peor momento. Está claro, es mejor que no exista nada en absoluto a estar en la gracia de Dios cantando con unos indeseables por siempre jamás.

Eso es lo que pienso hoy, pero imagino que con los años iré cambiando poco a poco de opinión. Si ahora soy así no quiero pensar en que clase de persona seré dentro de veinte o treinta años, seguramente no me aguante ni yo mismo porque mi cabeza navega a la deriva desde hace ya demasiados años. Si un día la muerte me reta a una partida de ajedrez de la que dependa mi vida, no creo que yo sea un Antonius Blovk y la alargue mucho, posiblemente me deje hacer el jaque mate pastor y tire al rey en el tablero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mi existencia vale menos que la palabra de un hombre cuando dice “siempre te querré”....
¡Qué bueno eres!, con tu blog da gusto empezar las mañanas. Bea

Newland23 dijo...

Pero soy un hombre, no lo olvides