domingo, 14 de febrero de 2010

Canciones de amor

Con lo importante que es para mí la música creo que ni la he mencionado jamás en el blog, como pequeño desagravio y aprovechando que es San Valentín aquí van unos videos con versiones del amor alternativas.

Bruce Springsteen: The river
We went down to the courthouse
and the judge put it all to rest
No wedding day smiles no walk down the aisle
No flowers no wedding dress
Porque no siempre es de color rosa
http://www.youtube.com/watch?v=7HxZKa4NwGo

Dire Straits: Romeo & Juliet
When you can fall for chains of silver,
You can fall for chains of gold,
You can fall for pretty strangers
And the promises they hold
Porque no siempre es eterno
http://www.youtube.com/watch?v=QVbd9wd9rrg

The Cure: Maybe someday
I'll see you smile as you call my name
Start to feel, and it feels the same
And I know that maybe someday's come
Maybe someday's come...
Porque no siempre es posible
http://www.youtube.com/watch?v=dXApkUvP7Do

REM: Everybody hurts
Well, everybody hurts sometimes,
Everybody cries. And everybody hurts sometimes
And everybody hurts sometimes. So, hold on, hold on
Porque no siempre nos hace felices
http://www.youtube.com/watch?v=IPZzWYkdS6Y

Billy Joel: Just the way you are
Don't go trying some new fashion
Don't change the color of your hair
You always have my unspoken passion
Although I might not seem to care
Porque no siempre es así de desinteresado
http://www.youtube.com/watch?v=QPiK_yGG8ag

Fleetwood Mac: Go your own way
Loving you isn't the right thing to do
How can I ever change things that I feel?
If I could, maybe I'd give you my world
Porque no siempre es correspondido
http://www.youtube.com/watch?v=0GN2kpBoFs4

Leonard Cohen: I’m your man
If you want a lover
I'll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I'll wear a mask for you
Porque no siempre es digno
http://www.youtube.com/watch?v=tKjSr1zOTq0

Rod Stewart: Maggie May
Oh Maggie I wish I'd never seen your face
You made a first-class fool out of me
But I'm as blind as a fool can be
You stole my heart but I love you anyway
Porque no siempre nos conviene
http://www.youtube.com/watch?v=tlWpnLdPwvk

Queen: Crazy little thing called love
This thing called love
I just can't handle it this thing called love
I must get round to it I ain't ready
Crazy little thing called love
Porque nos puede volver locos
http://www.youtube.com/watch?v=MrelPOP518g

The Beatles: All you need is love
All you need is love, all you need is love,
All you need is love, love, love is all you need.
Love, love, love, love, love, love, love, love, love.
Porque todo no es suficiente
http://www.youtube.com/watch?v=NzJ2NKp23WU
EDITO Por aportaciones de ND
Ornella Vanoni: L'appuntamento
Sto aspettando quando ad un tratto ti vedrò
Spuntare in lontananza
Amore, fai presto, io non resisto
Se tu non arrivi non esisto
Non esisto, non esisto
Porque muchas veces te sientes perdido sin alguien
Bruce Springsteen: Brilliant disguise
Now you play the loving woman I'll play the faithful man
But just don't look too close into the palm of my hand
We stood at the alter the gypsy swore our future was right
But come the wee wee hours maybe baby the gypsy lied
So when you look at me you better look hard and look twice
Is that me baby or just a brilliant disguise
Porque hay veces que, aunque no tenga sentido, sigues queriendo

viernes, 12 de febrero de 2010

¿Cuándo va a ser la última vez?


Llevo unos días dándole vueltas a una cosa y seguramente que es otra de mis elucubraciones sin la mayor importancia, una gilipollez con todas las letras y un coñazo, debe estar relacionado con la crisis de los cuarenta a pesar de que aún me quedan unos añitos, no muchos, para sufrirla, aunque yo soy tan original que puedo tener la crisis de los cuarenta a los treinta y seis. Lo siento por mis escasos lectores, a los que de vez en cuando castigo con un peñazo como éste, pero la misión del blog es principalmente ahorrarme el psicoanalista, así que si a partir de ahora alguien le pega a la cruz de cerrar la ventana lo entenderé perfectamente.

Eso que ronda por mi cabeza es la teoría de la relatividad, casi nada, esa que dice que la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento del observador o es relativa al observador. En este caso el observador soy yo y aunque sea incapaz de viajar a una velocidad cercana a la de la luz tengo que dar la razón a Einstein, el tiempo es relativo, dicho sencillamente, creo que el paso del tiempo no es tan constante como puede hacer creer el segundero de un reloj suizo.

Es decir, por mucho que el Sistema Internacional de Unidades diga que un segundo es la duración de 9.192.631.770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del
isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), a una temperatura de 0 K, yo no me lo trago. O eso o el cesio cada día oscila más rápido. También hay que tener un par de cojonazos para aseverar con tal rotundidad esa cifra, seré ingeniero pero me río de los del cesio en su cara. Yo mismo podría dar mis propias definiciones de segundo y nadie me las podría discutir. Por ejemplo, un segundo es:

- La mil millonésima parte del tiempo que tarda en devolverme hacienda un dinero que es mío.
- La centésima parte del tiempo que tardo en aburrirme cuando llego al trabajo.
- Diez veces el tiempo que tardaría Michelle Pfeiffer en mandarme a freír monas si la propusiese amor eterno.
- Mil veces el tiempo que tarda mi banco en cobrarme una comisión por un recibo devuelto aunque sea culpa suya.

Si la gente se traga lo del cesio lo de Michelle Pfeiffer debería ser ley.

Pero volviendo al tema del tiempo, recuerdo los años del colegio como eternos, los días eran largos y los meses no terminaban nunca, parecía que el tiempo no avanzaba y que todos éramos inmortales. Pero según iban pasando los años el tiempo iba acelerando, los días acortándose (aunque el sol sigue oficialmente poniéndose y saliendo a la misma hora) y las estaciones a sucederse como si giraran dentro de la ruleta de la fortuna. Y todavía cuando los años comenzaban en septiembre y se catalogaban por el número de un curso tenía una referencia a la que agarrarme, el año de COU está fijo en mi mente y recuerdo perfectamente que hice y con quien me juntaba, que fuese 1991 es anecdótico. ¿Pero el 2004? Comienza a ser difícil diferenciarlo del 2003 o del 2005, todos ellos se empiezan a parecer como gotas de agua.

Y a pesar de todo me permito el lujo de malgastar el tiempo como si fuera infinito, como si todo lo que tengo al alcance de la mano fuera a permanecer allí siempre. Me trago la falsa ilusión de que no existe ninguna diferencia entre un día y otro, de que no estoy perdiendo nada cada día que el reloj me saca de la cama. Y encima soy tan imbécil de desear que cinco de los días de la semana pasen lo más rápido posible como si estuvieran malditos, cuando el único que se está consumiendo soy yo. Creo que aquí es donde encuentro la explicación a la teoría de la relatividad, el tiempo varía porque yo, el observador, no soy el mismo.

Está clarísimo y a pesar de ello vivo como si no fuera a existir una última vez, y no me refiero a la gran última vez en la que las hojas del calendario dejarán de caer para mí, me refiero a la última vez que sucederán montones de cosas a las que no estoy valorando como se merecen. Me refiero a cosas tontas y cotidianas como cuándo daré los buenos días por última vez a ese compañero que me cae genial y que tal vez mañana cambie de trabajo, a la última vez que veré ese programa de televisión que me gusta o escucharé esa canción que me pone los pelos de punta. Pero también a cosas realmente importantes como cuándo será la última vez que veré a mis padres o mi hijo me dirá te quiero. No lo sé y vivo como si no tuviera importancia, ¡qué triste!, soy un membrillo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Ser gordo sigue siendo una maldición


Lo he vuelto a hacer, he vuelto a engordar. No tanto como para parecerme de nuevo al tío que me mira con cara de luna llena desde mi carné de identidad (¿por qué coño los hacen para diez años?) pero si lo suficiente como para no reconocerme en el tío con cara de lechuguino que me mira desde el pasaporte. Lo más curioso es que la foto del pasaporte era la misma que la del DNI pero empecé a asustarme cuando en los aeropuertos me miraban con cara de ¿a quién le has quitado la documentación? y desde mi subconsciente algo me obligaba a inflar un poco los mofletes delante del policía de turno. Así que el pasaporte misteriosamente desapareció porque no me apetecía mucho quedarme retenido en un aeropuerto, vete a saber en qué lugar del mundo, sin otra misión que comer hasta engordar los cincuenta kilos que me harían reconocible ante la autoridad.

¿Qué hace que mi vida sea un continuo tobogán de kilos y masa?, ¿por qué tengo un fondo de armario que incluye un vestuario completo en cuatro tallas diferentes? Pues fundamentalmente la mala suerte, una triple combinación de hechos que me llevan directamente hasta un accidente cardiovascular y no existe suficiente Danacol en el mundo que lo pueda remediar.

Primero, soy diesel, no consumo nada, soy un jodido superhombre, estoy genéticamente programado para metabolizar hasta la última caloría que se atreve a caer en mi estómago, la proceso, la almaceno pero no la consumo. Lástima que vivamos en un mundo en el que es más barata una hamburguesa que unos tomates, hoy los pobres son gordos y los ricos delgados y modelados en un gimnasio, es de locos. Pero si hubiera una guerra y nos quedásemos sin víveres os vería morir a todos, sin excepción, no es ni un deseo ni una esperanza pero si un consuelo. Con 1200 kilocalorías me apaño, está medido, es un hecho y una condena.

Segundo, soy más feliz delante de un chuletón que un niño en una piscina de bolas, es así y no me avergüenza reconocerlo, lo que me lleva los demonios es el plato de menestra que me meto todos los días entre pecho y espalda sabiendo que alguien se come mi chuletón y después se pone unos pantalones de la talla cuarenta. No creo en la justicia, básicamente no creo en nada. Porque me gusta comer, disfrutaría si en lugar de boca tuviese un embudo por el que no dejasen continuamente de caer jugosos estofados, arroces melosos empedrados con sabrosos mariscos, legumbres hechas con amor y a fuego lento, flanes con nata caseros, bombones y confituras. Todo esto debería pasar por mi cuerpo y no dejar rastro de su presencia, pero no es así y cada bocado se vuelve un reproche y cada digestión un boleto más para la rifa de un nicho alquilado por diez años en el cementerio municipal.

Tercero, y la peor, la que haría a las dos anteriores insignificantes, la ansiedad que de vez en cuando me atenaza y que me arrastra como una espiral al sumidero. La ansiedad es el peor monstruo que puede habitar dentro de uno, es esa sensación de tener millones de hormigas dentro molestando a miles de gatos furiosos que no saben cómo escapar de nuestro cuerpo. Es la sensación de no poder más, de necesitar que nuestra alma se libere de su envoltorio carnal pero sin encontrar nunca la salida, es la angustia más absoluta tomando el mando de nuestro cerebro. Y yo que nunca he tomado ni una miserable pastilla que me libere de ella lo arreglo todo comiendo, compulsivamente, como si no existiese un mañana, peor aún, como si me diese igual que existiese un mañana y es horrible porque después del impulso inicial que me arrastra hacia la nevera viene la culpa, la rabia y la depresión, el me da igual todo, el no puedo más con la vida.

Y no escribo para dar pena porque no existe nada en el mundo que me toque más las pelotas que dar pena, y menos por mi sobrepeso. Porque ser gordo no me hace ser más simpático, no me hace ser mejor persona, no tengo una belleza interior digna de destacar atrapada en mi tejido adiposo, no soy ni más inteligente ni más interesante, simplemente soy más voluminoso porque nada tiene que ver la acumulación de grasa con la capacidad intelectual, y quien se crea todas esas patochadas sacadas del manual del gordo feliz no solo se confunde sino que además me ofende. Y nada lo va a remediar, soy así y así terminaré mis días, han pasado ya seis años desde la famosa frase que me retumba en la cabeza, “si sigues así no sé si vivirás cinco años más, pero diez no”, cuatro años más y me saldré con la mía. Lo que pase en el año once me importa un huevo.

domingo, 7 de febrero de 2010

ECC – Los I juegos ibéricos


Año 2599. “Alcorcón 4-0” es ahora un barrio residencial de la colonia “Madripolis”, capital de los “Estados Confederados Castellanos” (ECC), pequeño estado mesetario que hace varios siglos formaba parte de un país llamado España. Hace siglos que desapareció cualquier tipo de referencia a todo aquello, vivimos años de ignorancia y barbarie tras la quema de bibliotecas, museos y universidades. Sin embargo y a pesar de la inquisición esgaeliana algunos relatos han ido pasando de padres a hijos para perpetuar nuestra historia, aunque muchas de ellas surcan por el delgado estrecho que separa la verdad y la leyenda, una dice así:

En tiempos del reinado de Froilan II de Castilla tuvieron lugar los primeros juegos ibéricos de la historia, esto es un hecho seguro porque hemos encontrado placas grabadas que ensalzan el valor de aquellos que llevaron honor y gloria a sus patrias. También hemos encontrado un busto en bronce de un tal Milinko Pantic pero no podemos confirmar que participara en los juegos, aunque sí que fue un insigne castellano porque portaba el glorioso escudo con el oso y el madroño en su camiseta.

La idea de los juegos ibéricos parece ser que fue un clamor de los diferentes estados peninsulares acostumbrados a medirse las fuerzas y a tocarse los huevos (recíprocamente no reflexivamente) durante siglos, ahora que eran independientes lo echaban de menos. En una conferencia de líderes celebrada en un carguero de bandera maltesa en aguas internacionales, porque en aquellos tiempos nadie se fiaba de nadie, se pusieron las bases del CID (Comité Ibérico Deportivo), organismo que debía determinar que deportes eran los elegidos para participar en los juegos, no faltó quien expresara su protesta más enérgica por el nombre del CID ya que evocaba a un castellano opresor que según la leyenda murió con las botas puestas.

Muchos fueron los deportes presentados a examen pero pocos los elegidos, el CID decidió que la lista final de deportes ibéricos estaría compuesta por: El lanzamiento y esquiva de piedras, el tiro de cuerda, el lanzamiento de boina, las carreras de burros, el corte de troncos, el tiro de reja, el lanzamiento con honda, el lanzamiento de hueso de aceitunas, la calva, la rana y los bolos. La delegación catalana trató sin éxito de incluir los Castellers para gran disgusto de Joanlaporta III que ya veía un título seguro para su delegación sin sospechas de ayudas arbitrales. Pero no fue el único que tuvo que ceder en sus pretensiones, la delegación navarra vio desestimada su propuesta de correr los 800 metros lisos delante de manada de toros bravos e incluso Zetapé Jr., haciendo una vez más gala de su gran visión política, en un gesto altruista se auto boicoteó vetando la lucha leonesa por ser un deporte violento que en nada ayudaba a su alianza de las ibernaciones (no confundir con hibernaciones que era lo que le sucedía al cerebro de todos los Zetapés desde tiempos inmemoriales).

De esa manera comenzaron los I Juegos Ibéricos Sidney 2092. ¿Qué por qué Sidney?, pues porque fue el terreno más cercano a la península ibérica que todos los participantes consideraron suficientemente neutral, Ibarretxe IV propuso ir a Marte que era territorio de Euskal Herria tras la colonización iniciada por el comandante Egibar pero los castellanos temiéndose una encerrona alegaron que era imposible jugar a la rana con la gravedad marciana. El alcalde de Madripolis, Ruin Rapiñón, intentó que le concediesen la organización alegando que además de tener una corazonada llevaba casi un siglo intentando organizar algo, pero no coló y las delegaciones pusieron rumbo a Sidney para asombro de los australianos que no entendían que hacían un grupo de tipos raros lanzando boinas, palos y piedras.

Las competiciones estuvieron muy disputadas, y se desarrollaron en un ambiente de deportividad y nobleza digno de alabar, como ejemplo de esto último se puede destacar la final del torneo de lanzamiento y esquiva de piedras. El representante aragonés que ya había demostrado su puntería escalabrando a gallegos, canarios y valencianos, en una jugada al borde del reglamento le atizó con un canto de doscientos gramos en todas las pelotas al representante extremeño. Después de que los jueces deliberasen durante media hora, la misma que se estuvo retorciendo en el suelo el golpeado, se dio al lanzamiento por válido ya que se consideró que la posición adelantada del testículo derecho lo validaba. El golpeado camino de la ambulancia aceptó con caballerosidad el resultado.

En el lanzamiento de hueso de aceitunas no hubo color, el murciano en su segundo lanzamiento propulso el hueso hasta Nueva Zelanda entre bravos y vítores, pero el representante andaluz en su tercer lanzamiento consiguió que el güito adquiriese un movimiento uniformemente acelerado que atravesó Australia, la Antártida y al alcanzar la velocidad de escape de la atmósfera se desintegró dejando un haz de fuego tras él. En el lanzamiento de boina se tuvo que abrir la mano y dejar a cada representante utilizar su gorro típico, llegaron a la final una boina castellana, una txapela, una barretina y un sombrero cordobés. Fue el primer título para los vascos, al cual siguió el de corte de troncos, que estaba cantado. Para no abusar en lugar de dar con el hacha al tronco daban con el tronco al hacha pero ni por esas, fue una victoria clara. Ibarretxe IV no cabía en sí de emoción al escuchar el Eusko Abendaren Ereserkia en Sidney, afueras de Bilbao.

Pero el momento cumbre fue el de la carrera de burros, la delegación catalana daba por segura la victoria ya que contaban con la fortaleza de su propia raza autóctona de burros. Los castellanos fueron descalificados porque se descubrió que su burro no era un burro sino un canguro tuneado, el pobre Froilan II no sabía donde meterse. Y en eso apareció el burro asturiano dejando a la grada con la boca abierta. ¡Qué belleza de burro!, herraduras de fibra de carbono, orejas perfectamente modeladas en el túnel del viento, alerón trasero y doble difusor. Porque los asturianos desde hace siglos son grandes amantes de los deportes de competición, su burro pilotado por un tal Flipando Alonso dobló a todos los participantes varias veces.

Los juegos terminaron y todos se dieron por ganadores, a la vuelta a la península siguieron las hostilidades y los típicos roces que se dan entre vecinos mal avenidos, pero eso ya es otra historia que contaremos otro día.

sábado, 6 de febrero de 2010

De cómo nació Dani (II)


Dicen que la naturaleza es muy sabia, yo lo dudo cuando cada día miro a mi alrededor o a mi espejo, pero un parto no me parece desde luego natural, es una aberración, es algo complicadísimo y con una tasa de fallo enorme si se le deja a la propia naturaleza seguir su curso. Pienso que es mucho más eficaz poner un huevo y empollarlo, siendo consciente de que pasar nueve meses calentando un huevo es un coñazo insoportable, pero más solidario es, ya que por lo menos cabe la posibilidad de compartir la tarea. No voy a descubrir nada si afirmo que a un hombre promedio no le importaría pasarse las horas sentado encima de su huevo si ponen en la tele un partido de fútbol y tiene a su alcance unas latas de cerveza.

Y es que lo de la dilatación es insufrible y complicado, cuatro centímetros, cinco, seis, siete, ocho, ¿ocho?, todavía me estremezco al recordarlo, a los ocho centímetros la hijaputa saca algo parecido a una aguja de hacer punto y la introduce sin piedad para romper aguas, impresionante momento que no voy a pormenorizar, creo que todavía mi estómago no ha vuelto a su sitio después de la experiencia, el líquido amniótico no es agua de colonia precisamente. Era el momento de partir hacia el paritorio y en el que la hijaputa formuló la pregunta fatídica:

- ¿Dónde está la ropa del bebé?
- (Mecagoenmiputacalavera) Nos la hemos olvidado en casa con las prisas.
- ¿Os la habéis olvidado? (sonrisa de satisfacción)
- Sí.
- Menudos padres, si no tengo ropa cuando nazca lo meto en la incubadora.
- Ya digo que me la traigan (hijaputa)

Salgo corriendo de allí porque para eso están los padres, los de verdad:

- Papá nos hemos dejado la ropa en casa ¿puedes traerla a la clínica?
- Por supuesto, ahora mismo (menudos padres)
- Date prisa, muchas gracias.
- Claro (membrillo)

En el paritorio siguió el show de la hijaputa:

- Ahora tienes que hacer lo que te han enseñado en el curso de preparación al parto.
- No lo he hecho.
- ¿No lo has hecho?, ¡joder!
- No, es una gilipollez.
- No tenéis ropa, no habéis hecho el curso, menudos padres.
- (quetefolleunpez)

Afortunadamente en ese momento pasó a tomar el mando de las operaciones el ginecólogo, mi ídolo, ¡mi héroe!

- Empuja cuando notes las contracciones (M).
- No noto nada, tengo anestesia.
- Pues empuja cuando yo te diga (M).
- Vale.
- Ahora no, cuando yo te diga (M).
- Claro, si hubiera hecho el curso…(HP)

Así comenzaron una serie de intentos de expulsión a los que yo asistía con la misma perplejidad con la que asistiría a una invasión alienígena de Alcorcón (4-0). Aquello que en otros momentos más apasionados era absolutamente reconocible para mí parecía ahora un sangriento campo de batalla. Y a cada intento fallido la hijaputa apostillaba “si hubiera ido al curso…” Deseaba matarla con mis propias manos, ahogarla con los restos del cordón umbilical, asfixiarla con una ingestión masiva de placenta. Mi héroe debió leerme el pensamiento y con toda la educación del mundo la dijo “tu trabajo es decirla cuando lo hace bien para que aprenda, si no lo vas a hacer puedes irte y termino yo solo”. En ese momento le hubiera besado en la boca, creo que no me hubiera importado ni que el niño fuese suyo. La hijaputa calló y paso a colaborar, pero no estaba derrotada. Porque entonces llegó la ropa y esa era todavía su última bala.

De repente apareció una cabeza redonda con tonos rosas y azulados, un último esfuerzo y las hiperbólicas manos de M atraparon a Dani sacándole de su cómodo refugio con un gesto mezcla de suavidad y firmeza. Me sorprendieron varias cosas a la vez, lo alargado que parecía, su tono azulado en contraste con lo blanco del cordón que no dejaba de salir, nunca imaginé que un cordón umbilical pudiera ser tan grande. Y además allí estaba Dani con su cara perfecta, con sus enormes ojos azules mirándonos ya a todos, con su nariz ni grande ni pequeña perfectamente proporcionada con una boca de labios carnosos y regordetes justo encima de esa barbilla con un hoyuelo que todos los ML nos enorgullecemos de tener. Quien no me conozca pensará que mis palabras son fruto del amor de padre, pero se equivocan, mi destreza de juntapalabras no puede ni aproximarse a lo lindo que es, los demás, los que han tenido la suerte de verle con sus propios ojos saben que no miento.

También tengo que decir que nunca me he sentido tan orgulloso de su madre como en aquel momento, tengo serias dudas de si yo lo hubiera soportado con su aplomo y entereza, seguramente no, lástima que se le terminó en cuanto fue consciente de que su hijo había nacido, desde entonces hace de ella lo que quiere. Es un sin vivir, por eso a los dos segundos la madre de la criatura exclamó alarmada:

- ¡No llora!
- No le he cortado el cordón, ya llorará (M).
- (no me fío)

Porque antes de cortarle el cordón le tomaron las huellas a madre e hijo en el papel ese de la partida de nacimiento, muy profesional, imposible de cometer un error. Y se cortó el cordón, y lloró por primera vez, y se me saltaron las lágrimas al escuchar su primer acto de rebeldía ante la vida, porque respirar por primera vez es un acto de rebeldía suprema que demostró que él ya era un ser independiente aunque no se irá de casa hasta dentro de treinta años. No dejo de repetírmelo cada día para que no se me olvide jamás, que no me pertenece, que él no soy yo, que un día se marchará.

Estaba totalmente flipado cuando por fin me asignaron una misión:

- Haz algo, sujeta a tu hijo mientras que termino de coser a tu mujer (M).
- Vale, me encanta ser útil.

Me lo entregó con el desinterés del que ya ha hecho su trabajo, el niño no era su negocio, el negocio era su madre. Le sujeté por primera vez y fue lo más natural del mundo, le miré a los ojos y tuvimos nuestra primera conversación:

- Hola, ya estoy aquí.
- Hola, soy papá.
- Ya lo sé, tienes una voz inconfundible.
- Te voy a querer siempre.
- Claro.

Si hubiéramos estado solos el momento habría sido perfecto, pero no, estaba la hijaputa que iba sacando la ropa para vestirle con cara de desaprobación:

- No está mal la ropa… ¿y el gorro?
- ¡Coño! No tenemos gorro, ¿había que traer un gorro?, ¡menudos padres somos!
- No pasa nada, ya le hago yo uno con un pañuelo (sonrisa de condescendencia)
- Gracias (hijaputa).
- Es que si no le tengo que meter en la incubadora.
- (hijaputahijaputahijaputahijaputa)

Y así vino Dani al mundo y así le presentamos en sociedad, con su cachirulo, dispuesto a comerse el mundo, yo estoy seguro de que se lo va a comer.

jueves, 4 de febrero de 2010

De cómo nació Dani (I)



Dani nació una noche a principios del otoño, seguramente quería regalarnos otra primavera para hacernos olvidar que los días empezaban a ser más cortos y las noches más largas y frías. Con él los días eran eternos y las noches también, pero daba igual, a lo mejor por eso nació a las cinco de la mañana, como símbolo de todas las cinco de la mañana que a partir de entonces íbamos a compartir y que aún seguimos compartiendo. Supongo que algún día cuando pase las noche fuera de casa, vaya usted a saber con quién y haciendo qué, echaré de menos las noches de insomnio y las mañanas en la oficina bostezando.

Todo comenzó a las doce de una noche en la que una luna llena grande como una galleta presidía el cielo:

- Creo que estoy de parto
- ¿Has roto aguas?
- No, pero estoy de parto
- Vale, seguro que la M30 está vacía, no perdemos nada yendo (gran momento de sensibilidad por mi parte)

Y es que si una mujer dice que está de parto es que está de parto. Punto pelota.

Llegamos a la clínica enseguida, era privada y no había nadie, eso nos mosqueo un poco pero en el fondo era mejor, nos atenderían bien, ¡ja! La recepcionista estaba físicamente sopa (no diré literalmente sopa para que Anniehall no la visualice nadando entre fideos), mientras se desperezaba hizo la pregunta del millón:

- ¿Qué os pasa?
- Pues nada, venimos a la una de la mañana para putearte y no dejarte dormir.
- ¡Ah!, vale, no os preocupéis, llamo a la matrona y sigo durmiendo.
- Gracias.

La matrona apareció al cuarto de hora y tenía menos sensibilidad que las piernas de la momia de Lenin, ¡menuda hijaputa estaba hecha!, con cara de mosqueo porque debería estar en un cuarto viendo la teletienda y habíamos osado molestarla con nuestras menudencias nos volvió a preguntar:

- ¿Qué os pasa?
- Pues nada, venimos a la una de la mañana para putearte y no dejarte ver la teletienda.
- Eso decís todas, seguro que es una falsa alarma.

Entonces desaparecieron y allí me quedé esperando como un bobo. La siguiente noticia que tuve fue que la falsa alarma eran cuatro centímetros de dilatación y vi pasar a la hijaputa corriendo como una gacela en busca del anestesista. Por poco no llegan a tiempo de poner la epidural. Una vez puesta me dejaron entrar a mí. Creo, sin tratar de ofender a nadie, que la epidural es el mejor invento de la humanidad, y no soy mujer, lo de parir con dolor está muy bien si es una decisión personal pero me parece un error. Por la misma regla de tres deberíamos operarnos de apendicitis sin anestesia ni nada, no entiendo a quien hace del sufrimiento virtud, pero eso es otro tema.

A partir de ese momento todo era más divertido, los dos como tontos mirando el monitor para ver llegar las contracciones, porque de sentirlas nada, a cada rato venía la matrona a medir la dilatación y por fin llego nuestro ginecólogo que debo decir que es un señor estupendo. Al principio nos daba ciertos reparos porque es grande como un oso, sus cejas son densas y pobladas y con sus manos se podría jugar al tenis sin raqueta, un niño promedio de tres kilos puede perfectamente dormir la siesta en la palma de una de sus manos, pero como médico es un artista y además muy campechano. No se me olvidará nunca esta conversación:

- Quiero que mi marido asista al parto.
- Por supuesto (M).
- ¿Es obligatorio?
- Si no entras por propia voluntad te meto a hostias (M).
- Viendo tus manos entonces es obligatorio.

Y no me arrepentí, ha sido la experiencia más alucinante de mi vida.

martes, 2 de febrero de 2010

Experiencias turcas (III)


Hace ya casi tres años que volví de mi último viaje a Turquía y recuerdo todavía cada momento como si fuera ayer. Creo que pocas veces he sido tan feliz (encima me pagaban) y tengo dudas razonables de que lo vuelva a ser, porque fue un momento de cambio en mi vida en el que los más importante no era romper con el pasado, lo más importante era demostrarme de que era capaz de empezar de nuevo y que no me había acomodado tanto como para no ser capaz de rasgar una página que ya estaba demasiado usada para empezar a escribir en una nueva, aunque yo creo que con el pasado no se puede romper del todo porque somos nuestro pasado tanto como nuestro presente.

Después de las experiencias en la peluquería y en el baño turco hoy toca hablar de cómo terminé en el puticlub más cutre del planeta a diez kilómetros de la frontera de Siria y a cincuenta de la de Irak, por supuesto sin comerlo ni beberlo y víctima de un malentendido, pero eso es lo de menos, malentendido o no en unos segundos me di cuenta de que me había metido en un lío y de que no tenía ni puta idea de cómo iba a salir de él. Me gustaría decir que por lo menos aprendí la lección pero no es así, al año siguiente me vi en las mismas, esta vez en Panamá, y otra vez sin saber donde me estaba metiendo, aunque por lo menos allí no pensé que mi vida podría correr peligro y la categoría del local era diferente, algo que por cierto no era nada difícil. De cualquier manera en lo único que pensé las dos veces fue en la forma más rápida de salir de allí, que nadie se haga líos.

Uno de los problemas más gordos de viajar por Turquía es que la gente de forma habitual habla en turco, no es un idioma ni fácil ni difícil, sencillamente es imposible, del inglés si no estás en Estambul te puedes olvidar. Con tiempo e interés conseguí aprenderme una serie de palabras que hacían la vida un poco más fácil, además la gente es muy agradecida si les dices dos cosas en turco y merece la pena el esfuerzo. También existen palabras que sorprendentemente son parecidas como factura y lavabo, y otras te suenan aunque signifiquen otra cosa, comisaría es algo parecido a caracol, amigo a arcadas y sopa a chorba. Y así precisamente comenzaron nuestros problemas, porque cuando haces entender a tu conductor que una chorba es una señora, por vulgar que sea, y le dices después que quieres salir a tomar una copa a un lugar con música y de coña alguien añade que mejor con chorbas, el pobre hombre lo tiene claro, estos españoles se quieren ir de putas. Craso error.

Y deberíamos haber sospechado que en aquel rincón perdido del planeta no iba a haber una discoteca, que es lo que de verdad nos apetecía, pero por lo menos un bar cutre si que me esperaba. Así que nos montamos en el coche y después de un par de preguntas a unos paisanos tomamos una carretera secundaria con muy mala pinta, nos mirábamos pensando que algo iba mal pero el chófer nos echaba miradas tranquilizadoras con el aplomo del que se sabe campeón. Y de repente lo vimos, por supuesto no tenía luces de neón con la silueta de una señora de pechos imposibles, pero estaba claro lo que era, una nave cutre y un parking enorme en un descampado prácticamente vacío. No nos dio tiempo a bajarnos del coche cuando ya estábamos rodeados de tíos en traje con caras de malos amigos. Tratamos de irnos pero fue imposible, la entrada a ese parking era un punto de no retorno.

La sensación de estar retenido la verdad es que no es agradable, más en un sitio en el que eres consciente de que podrían hacerte desaparecer y nadie sabría más que fue de ti, como mucho al día siguiente saldríamos en el telediario como ingenieros españoles en misión de cooperación internacional secuestrados y a la semana nuestras familias se enterarían con oprobio de que éramos unos inconscientes que se fueron de putas en la frontera del Kurdistán. Afortunadamente todo fue mucho más fácil, los bigotudos proxenetas entendieron en dos segundos que no era carne lo que íbamos buscando y el chófer al darse cuenta de que la había cagado y de que su jefe le iba a correr a gorrazos si nos pasaba algo comenzó a negociar una solución razonable para irnos de allí, si no queríamos putas había que entrar y consumir, un mal menor, así que pusieron un precio razonable a nuestras consumiciones y de esa forma quedó pactado nuestro rescate.

Cutre o decadente son palabras que no pueden reflejar lo que allí vi, la decoración era espartana, la luz tenue, la atmósfera deprimente y el local estaba prácticamente vacío. Para animar el ambiente un tío con un casiotone entonaba dulces canciones no aptas ni para el hilo musical de un tanatorio. Es un misterio que me llevaré a la tumba la afición que tienen los turcos al órgano electrónico y al sonido retro. Una vez aposentados y con unas cervezas en la mesa, porque yo por lo menos no me fiaba de tomar otra cosa, nuestros captores decidieron que era el momento de presentarnos a las chicas. Chicas por su género femenino, porque ninguna debía bajar de la cincuentena, siendo optimistas.

La verdad es que yo soy bastante bobo y todo me da pena, pero creo que aquello se la hubiera dado a cualquiera, aunque ahora sonría al recordarlo. Formaron a todas en una fila y muy educadamente pasaban por la mesa de una en una dándonos de forma tímida la mano, iban vestidas con un toque un poco oriental lo cual hacía todo mucho más hortera. Me acuerdo todavía perfectamente de dos de ellas, una a la que apodamos la neumática, si me hubieran dicho que tenía una boquilla para inflarla me lo hubiera creído, era todo carne a punto de estallar, pero de la que más me acuerdo era de otra que cuando me miró y sonrió dejo ver una sonrisa formada por perfectos dientes de acero, no tenía ni una pieza dental que fuese de otro material, sentí tal escalofrío al verla que no fui ni capaz de terminar la cerveza. Imagino que tendría su público, hay gente para todo.

Como fin de fiesta nos ofrecieron que una de las chicas nos cantase algo al son del casiotone, pero era demasiado para nuestra sensibilidad, pagamos lo acordado y nos fuimos de vuelta al hotel con la cabeza gacha y la moral por los suelos. Por cierto, ese fue el día que por primera vez vi el Tigris y lloré como un memo en honor de los Asirios, quién me lo iba a decir a mí unos meses antes, Tigris y tigresas en el mismo día, soy un tío con suerte.