viernes, 4 de marzo de 2011

Carnaval escolar (pabernos matao)

No debe existir cosa más absurda en este mundo que un colegio público de barrio periférico con vocación de Liceo Británico. Ese es el cole al que inconscientemente he llevado al peque, vale, tiene buenas instalaciones, es bilingüe, con profesores de inglés nativos, blablablablabla, eso está bien, pero lamentablemente está lleno de gilipollas que, además y como deber ser habitual, copan esos centros de poder mafioso llamados consejo escolar y (h)ampa. No es difícil huir de ellos, total, uno va a por el niño y mira fijamente al horizonte como si nadie existiera, se refugia en un libro, insulta mentalmente a los que van en coche y aparcan en triple fila, vamos, cualquier actividad que te haga invisible y/o desagradable (1). Eso no es nada difícil, lo que es difícil es huir de las decisiones que esa fauna toma en nombre de la democracia, san canelón nos proteja.

Estos carnavales nos ha tocado disfrazarle cada día de una cosa, el lunes de árbol, el martes de duende, el miércoles solo tocó maquillarle como un búho, el jueves disfraz de contenedor amarillo en honor al día del reciclaje y hoy, viernes, de rana, porque además tenía que ir disfrazado de algo relacionado con el bosque. El pobre no estaba muy convencido y me preguntó al comprar el disfraz si en el bosque había ranas, más les vale, contesté, y vaya si las había, el veinte por ciento de los niños iban de rana, un diez por ciento de tigres, que, joder, no sé en qué puto bosque habrán visto su padres tigres, igual se han criado en Indochina o Sumatra, vete a saber, otro veinte por ciento iba de Robín de los Bosques y el resto reciclaban el disfraz de duende del martes porque no está la cosa para despilfarrar. Entre las niñas los más vistos han sido los disfraces con alas, a saber, mariquitas, mariposas, abejas, hadas, bueno, una iba disfrazada de Gormiti, así, con un par, ha sido sin dudar mi favorita.

Pero todo esto es lo de menos, lo increíble, y lo que de verdad me ha parecido un espectáculo, ha sido la concurrencia. Admito que la organización ha sido tirando a mala, que no se escuchaba absolutamente nada y desafortunadamente, sobre todo por los niños, ha chispeado todo el rato, vamos un horror, pero yo esas cosas me las reservo para la intimidad, además los niños se lo estaban pasando estupendamente ajenos a esos problemas terrenales, así que tampoco me ha parecido para tanto. Sin embargo a los padres vengadores, esos seres superiores que deben ser infalibles en su trabajo, les ha sabido a poco. La palabra indignación no puede expresar bien sus miradas de odio y su mala baba. Mira que no es santa de mi devoción la profe del peque, la sargentona, pero ahí os quería ver yo a vosotros, campeones, disfrazados de abeja maya, dominando a treinta niños que saltan y bailan en el patio mientras amenaza la lluvia. Si a vosotros en vuestro trabajo os hacen disfrazaros así y en esas condiciones pedís la cuenta entre lágrimas.

El sarao estaba montado en la pista de fútbol sala, recubierta de colchonetas para que las criaturas retozaran, bien, después unos bancos haciendo de grada para que los niños se sentaran hasta que les llegase el turno de hacer su coreografía, los más pequeños delante de los mayores y detrás los padres separados por unas vallas. Primer problema, los niños mayores no se sientan, como es natural, y no se puede ver a los niños pequeños mientras que bailan, un primer padre iluminado comenta satisfecho que él habría puesto a los pequeños detrás para que los padres les pudiesen ver, murmullos de aprobación, ¡qué gran idea pienso yo!, si luego los pequeños no ven nada que se jodan hasta que cumplan once años. Un segundo iluminado añade que además como casi todos van de verde, menos los tigres, es imposible diferenciar a nadie, sorprendentemente la multitud no salta sobre él y le despedaza, al contrario, alguien añade que ya que no se ven los niños en las fotos espera que el colegio nos regale el vídeo de la actuación, aclamación popular y chascarrillos varios sobre la estúpida prohibición de grabar a menores. Un gafapasta, al que daban ganas de disolverle en ácido, eleva el nivel de la conversación incluyendo un nuevo punto de vista, los niños se sienten desorientados sin saber dónde están sus padres, totalmente inseguros, yo miro a los niños y les veo cantar, bailar y saltar sobre las colchonetas sin hacernos ni puto caso.

Por supuesto llega el momento climatológico que todos estábamos esperando, un gañán dice solemnemente que podían haberlo hecho el lunes que ha oído que va a hacer bueno, yo me quedo sin palabras, algo que no les sucede a un coro de madres que como si fueran las Ronettes corean “se van a poner malos dubidubidubidu”. Sin dejar que me reponga y cuando creo que no se puede superar una señora con aspecto de mastín de los Pirineos añade que todo es una “imprivisión”, que se podía haber alquilado el teatro de la escuela de música (sic) y que ella incluso hubiera pagado un euro de ser necesario, casi aplaudo tanta generosidad pero las Ronettes se me adelantan y corean de nuevo “se van a poner malos dubidubidubidu”. Una madre con un plumas dorado y más pintada que las cuevas de Altamira aprovecha para decir que lo que está pasando es súperfuerte, que ella no ha comido para verlos y fíjate que mal, además nos hace saber que se tiene que volver al trabajo. A puntito estoy de comentarla que no sabía que los viernes por la tarde se grababa princesas de barrio.

Ya roto el hielo cada uno hace la guerra por su cuenta, unos se quejan, otros aprovechan para ajustar cuentas con preguntas tan sutiles como ¿la “conserja” de qué va disfrazada?, mira que es fea, mira que es gorda, mira que es rara, apuntilla la multitud. El de gimnasia está buenorro escucho a mis espaldas, la de cinco años está horrorosa… y como no puedo darme la vuelta y decir abiertamente que los de cinco años están de mi lado de la valla decido plegar velas e irme estupefacto. Afortunadamente el peque se lo ha pasado genial y luego me ha cantado una canción que hablaba de salvar el mundo de los peligros de las personas. ¡No lo sabe el bien!

(1) Un afectuoso saludo para Anniehall

jueves, 3 de marzo de 2011

Este es un blog a dieta


Los peores presagios se han consumado, sobre todo para el pobre gobierno que ahora hace campaña a favor del consumo, estoy a dieta. No es tan mala noticia como en un principio pudiera parecer, no, en estos tiempos de crisis, en los que los de la cofradía de apaga el ordenador y si te he visto no me acuerdo pueden aparecer en cualquier momento, todo ahorro es bueno. Además el hambre espabila y aguza bastante el ingenio, veréis lo que nos vamos a reír cuando esté pasando modelos de bañadores en el Carrefour de Móstoles a pecho descubierto.

El tema en cuestión es que mis tigrecerdos se han rebelado y son en mi sangre como el huevo a la mayonesa, vamos que espesan. Yo como soy ingeniero lo he reducido rápidamente a un circuito hidráulico en el que el corazón hace de bomba, nosotros somos así, poco a poco ya nos vais conociendo. En mi curro lo resumiríamos rápido diciendo que la bomba puede petar porque hemos variado el fluido y las condiciones de proceso, eso sí, antes discutiríamos hasta retarnos a duelo por si el caudal lo tenemos que dar en kilogramos hora o en normal metro cúbicos por segundo, que no es tema baladí, para más tarde tener una reunión a cara de perro para definir la nueva densidad del fluido, trigrecerdo más tigrecerdo menos.

Por supuesto la bomba reventaría, o alguna de las tuberías (y hasta aquí deja de tener gracia el símil) y nosotros que somos unos ladinos le echaríamos la culpa a los dulces y a la pitanza sin apechugar con las consecuencias de nuestros actos, una ignominia, en qué estaría yo pensando. Eso sí, está claro de que el que diseñó el cuerpo humano era un rata, se gastó la pasta en cosas inútiles, como las uñas de los pies y los pelos de la espalda, y no fue capaz de hacer redundante ni el corazón, ni el hígado, ni el páncreas, ¡qué cutrerio!, seguro que ya solo le daba el presupuesto para duplicar un sistema más y eligió las tetas, que vale, están bien, pero no tiene mucho sentido hacerlo, salvo que tengas mellizos o gemelos (1).

Tampoco puso un filtro de tigrecerdos por lo que me han mandado unas pastillitas que disuelven la grasa en la sangre…, eso, después de haber visto un anuncio de Fairy, la verdad es que me acojona. Yo no pienso tomármelas así a las bravas, ni de coña, antes, y solo en aras de la ciencia, me haré un par de huevos fritos con beicon y pondré el aceitillo restante en un vaso, allí es donde pienso echar una pastilla de prueba. Yo creo que la mezcla se convertiría en jabón de Marsella, o a lo mejor en anticongelante, o a lo mejor no pasa nada y solo es un placebo, porque a fin de cuentas, si la pastilla funciona bien para qué me prohíben comer de todo y hacer ejercicio, estaré gordo y al borde de un accidente cardiovascular, pero soy astuto como un ciervo.

Por lo menos, como parte positiva, quiero que me sirva de excusa para la birria de post que escribo últimamente, entendedlo por favor, la sangre espesa dificulta el riego y los tigrecerdos se acochinan entre las neuronas y así no es posible coordinar los pensamientos. Veréis como cuando termine con el tratamiento, además de ser como Brad Pitt, soy un Buenafuente o en su defecto un Berto. Así que prometo ser bueno porque la recompensa es grande, comeré sano, me tomaré la putapastilladeloscojones y daré largos paseos, si la vida fuese justa además de salvarme de un infarto ante tamaño sacrificio me tocaría la lotería y me crecería de nuevo el pelo, pero me conformaré con lo primero. Nos vemos.

(1) Modo reflexión on, ¿sí solo tuviéramos una teta seríamos también mancos?

lunes, 28 de febrero de 2011

Brown Eyed Girl

Ahora ya puedo decirte que odio que me llames millita, aunque realmente es lo único que odio de ti. Porque a alguien como tú solo se le puede querer, porque eres guapa, por fuera, que es lo más evidente, pero sobre todo por dentro, de llamar la atención, vamos.

Por qué alguien es más especial que otra persona es difícil de explicar, será cuestión de química o algo por el estilo, pero desde que te conocí has sido la niña de mis ojos en esa empresa que tan ingratamente te ha tratado, y sé que es algo recíproco, esas cosas se notan. Te escribiría mil tonterías de esas que suelo escribir yo para hacerte sonreír, pero hoy no me salen, de hecho solo me apetece esconderme aquí, en esta página de la que he hecho refugio y en la que solo tienen un hueco las cosas importantes, como tú. Por eso te escribo aquí y no en otro sitio, para poder recordarte siempre que lea la historia de este día de mierda, para recordar a esa niña de ojos marrones que escribe en los cuadernos con letra de colegio de monjas, que se pone solemne cuando habla en serio y que se ríe hasta de su sombra cuando es necesario, con ese acento mestizo que espero no olvidar jamás.

Antes, cuando me has llamado, me he vuelto de corcho, no me lo podía creer y me ha costado todo el día asimilarlo, me ha dolido en el alma porque me dueles, y no he sabido decirte palabras de consuelo que en ese momento no me salían, solo he podido abrazarte y te prometo que me hubiera pasado la mañana así para que llorases tranquila en mi hombro, pero no era el sitio, ya lo sabes, desgraciadamente sí que era el momento. Me parece mentira que no vayamos a comer ya juntos el miércoles, como habíamos planeado, lejos de miradas estúpidas que no habrían entendido nada si hoy me hubiese quedado a tu lado llorando, porque, joder, qué difícil se me ha hecho darme la vuelta e irme mientras que recogías tus cosas.

No quiero hablar del trabajo porque sería rebajarte demasiado, no te lo mereces, realmente lo del trabajo es lo que menos me preocupa porque ahora sí que puedo decirte sin que se te suba a la cabeza que eres buena de rabiar, te lo prometo, es verdad de la buena, si alguien no lo ha visto desde luego que peor para él, hoy ha metido la pata y solo espero que un día tenga motivos suficientes para darse cuenta de ello. Sé que te va a dar pereza empezar de nuevo, pero hay que hacerlo, cuando te apetezca, mientras disfruta de esos dos soles que tienes y no dejes que te vean ni un día de bajón, si me entero te voy a dar para el pelo. Seguro que antes de que todos nos demos cuenta ya estás trabajando, si no es así es que todos los recursos humanos del planeta se han vuelto absolutamente locos.

Te vas y no he tenido tiempo de buscarte ese parecido razonable que te había prometido, a lo mejor porque no te pareces a nadie, al menos no a nadie que yo hubiera conocido, y lo supe desde que muy educadamente en un correo me pediste, sin conocerme y de usted, eso sí, ayuda para especificar bien vete a saber qué cachivache que ahora me importa un pimiento. ¿Quién nos lo iba a decir, verdad?, quién me iba a decir que un día como hoy, Dewcita, te echaría tantísimo de menos.

domingo, 27 de febrero de 2011

El tablero


Se despertó en la mitad de aquel tablero de ajedrez en tres dimensiones, ¿un tablero de ajedrez en tres dimensiones?, ¡qué cosa más rara! Los escaques le envolvían, creando un mundo de sombras negras sobre luces blancas que le mareaban, celdas negras sobre celdas blancas y rayos de luz diagonales dirigiéndose al vacío iluminando débilmente cada instancia.

Estaba solo, el silencio era absoluto, el aire fresco, increíblemente, porque la estancia era hermética en sus seis lados, lo supo después de recorrer con las palmas de las manos cada centímetro de los dos metros cuadrados de cada una de las paredes. La claustrofobia vino de repente, con un deseo salvaje de salir de allí, golpeó con los puños, con los pies, con la cabeza, pero no consiguió nada, solo romper el silencio, solo romper sus huesos y abrir heridas en su piel, pero no dolía, ni la sangre manaba porque por arte de magia su cuerpo se regeneraba, no, aquello no le gustaba, no quería permanecer más en un lugar en el que hasta el dolor se le negaba.

Y sucedió, deseo ir hacia delante, y su deseo se cumplió, el mundo dejo de ser negro y se convirtió en blanco. Fue estupendo, volvió a mirar a su alrededor sin tener claro si aquello era un comienzo, por eso lo volvió a hacer, volvió a avanzar, negro y blanco repitiéndose compulsivamente hasta que dijo basta para descansar, porque se sentía enormemente cansado, sin aliento, con las piernas temblorosas y las manos rígidas, entumidas, casi no las podía mover. Las miró fijamente y no pudo dar crédito a lo que veía, eran las manos de un viejo, surcadas de azules venas y oscuras manchas, miró sus piernas arqueadas, se palpó las arrugas de la cara y acarició su cráneo, liso, carente del menor signo de que allí hubiera existido alguna vez una mata de pelo.

Se asustó y volvió de nuevo su vista hacia delante, todavía quedaban algunos escaques que recorrer, pero no muchos, y detrás de ellos se adivinaba un vacío infinito y negro, ese no podía ser su camino. Miro a los lados y se asombró al ver que el camino lateral se había hecho infinito, no captó el mensaje y por eso, muerto de miedo, pidió retroceder y mientras que lo hacía las arrugas se alisaban, el pelo volvía a nacer, los dientes a brillar y el miedo se transformaba en alivio y desconfianza. Reculó, y cuando se sintió de nuevo a salvo detuvo la huida, dispuesto a reflexionar, pero no había aprendido nada y su pensamiento seguía siendo lineal, por eso decidió seguir retrocediendo hasta la casilla de salida.

Sintió su cuerpo rejuvenecer, cada vez era más ligero, en cuerpo y en alma, porque a cada salto iba soltando lastre, tanto que hasta ese mismo momento no fue consciente del gigantesco peso de la experiencia, del lastre que supone el pasado. Miró fijamente hacia lo que él creyó que era el principio y se vio deslumbrado por una luz cegadora que no le dejaba retroceder más, no al menos sin correr el riesgo de fundirse en ella y desaparecer. Volvió a mirar a los laterales y esta vez el camino era mucho más estrecho, tanto que en algunos sitios empezaban a faltar casillas y en unas decenas de saltos se podía llegar a un vacío gris que le transmitía desesperanza, estaba seguro que tras ese vacío de grises se encontraba una muerte temprana.

Por eso decidió saltar a la casilla lateral en la dirección en que la luz gris le parecía más lejana, y al hacerlo toda su vida cambió, seguía siendo él pero con los recuerdos modificados desde esa casilla hacia delante hasta el punto en el que se había despertado. Empezó a entender el juego y saltó sin pensarlo mucho hacia un lado y hacia otro, hacia delante y detrás, de manera que recorrió un abanico infinito de sensaciones, de vidas diferentes, fue valiente y cobarde, fue ladrón de almas y amante despechado, salvó vidas y las quitó, surco los mares y fue ermitaño, ¡era tan fácil! Pasó así un tiempo que a él se le hizo eterno hasta que cayó de bruces contra el suelo, desorientado y agotado.

Miró arriba y miró abajo, aturdido por la sensación de no saber ya ni quién era, se tumbo de espaldas y no se sorprendió de solo ver más escaques que verticalmente ascendían hasta el infinito. No había reparado en ellos hasta entonces como parte del juego, pero con la respiración todavía agitada por su experiencia bidimensional tuvo la convicción de que, aunque no parecía el camino más fácil, a lo mejor ese era el camino. Su mente le proyectó hacia arriba y de repente él ya no era él, era otra persona diferente, volvió a saltar y la persona volvió a cambiar, fue mujer y fue hombre, amarillo, blanco, negro, habló todas las lenguas imaginables y algunas que él mismo inventó, recorrió todo aquel mundo en todas las direcciones posibles hasta que no supo ya quién era, ni qué hacía allí, perdido y sin rumbo, abrumado por los recuerdos acumulados de múltiples vidas, hasta que desesperado gritó ¡Quiero volver a comenzar la partida!

Y se despertó en la mitad de aquel tablero de ajedrez en tres dimensiones, ¿un tablero de ajedrez en tres dimensiones?, ¡qué cosa más rara! Los escaques le envolvían, creando un mundo de sombras negras sobre luces blancas que le mareaban, celdas negras sobre celdas blancas y rayos de luz diagonales dirigiéndose al vacío iluminando débilmente cada instancia.

viernes, 25 de febrero de 2011

Doscientos

 A veces pierdo el norte; A Esperrancia; Cómo conquisté el oeste (I); El baúl de los sentimientos; ¿Qué haces en mis sueños?; De la vergüenza y de las miradas; El reencuentro; A mi padre; Fe, fútbol, religión; Akenatón; El mal amigo; Juanjo Bronkovich; Una llamada en la noche; Sí, es difícil, pero... ¿por qué no?; Et maintenant?; Del amor propio; Quita los putos antinieblas de los cojones, por favor; Post para jugar; La gran melopea; Propósitos de año nuevo; El mensaje navideño del ser superior; Vuelta a la obra (... y feliz navidad); Se armó el Belén; Cuando no te quieres; Historia increíble que nunca sucedió; El monstruo comelotodo; Del pudor y otros animales; Diez fobias y un chuletón; De la paciencia; Sit tibi terra levis; Imilce; Tamerlán; La encuesta de satisfacción laboral; Olenska; Interpretaciones bíblicas (I); El sufrimiento no sabe a fresa; Estimado Neptuno; La casa de trapo; Siempre adelante, siempre a la izquierda; Las muñecas rusas; No se puede vivir sin música; El cavernícola; The show must go on; 1973 (musicalmente hablando); La guerra de Troya; El pozo de los deseos; If I could turn back time; El puto payaso; Maybe Someday; El miedo atroz; La niña ñoña y el payaso; Un año en Cartago; ¿Comer es adictivo?; Marco Ulpio Trajano; Pour Some Sugar On Me; ¿Qué puede haber peor?; ¿Quieres otra vuelta? Compra una ficha; Cómo estropear unas vacaciones; Una de ciclismo; La vida con alfileres; Mega-call-meeting-of-the-death; Súper Campeones; Eliza debe estar enfadada; Calor; Una (des)ventura holandesa; De lo grande y de lo pequeño; Verdades infantiles (como puños); De la cobardía; Tocando las nubes, mordiendo el polvo; Here comes the moon; Trepas y otros animales; Desengrasando el blog; Extremoduro (y yo); Estúpidos pensamientos inconexos; Muerte en Venecia; ECC – La Traición de Enemigo (cantar popular); Campeones, campeones, oe oe oe!!!!!!!!!!!!!!!!!!!; Vacaciones, ¡por fin!; La Excelencia; Crónicas futboleras; ¿Quién eres? ¿Qué haces ahí?; La lección de cetrería; I'm so tired; Proyectos internacionales (o la lucha contra el infiel); Problemas de la convivencia; El reparto de cerebros; El apartamento (50 años); ¡Qué sueño más cabrón!; Desgastando las suelas; Ingeniero busca esposa; Antínoo (y Adriano); Delenda en français; Hoy declaro la guerra a los kilos (otra vez); ECC – El Sacro Imperio Romano Castellano; Yo, el niño concha; Este blog es una ruina; ¿Merece la pena?; El día que nací; Barcelona rojiblanca; Absurdas ideas infantiles; Hasta las pelotas… y más allá; Ahora es la hora; Buscando culpables; Primavera; Y la carne se hizo carne; Cursos; Brico-chapuzas; Con la iglesia hemos topado; ECC – La I Guerra de Sucesión Castellana; Voy a montarme un chiringuito; La banda del Maligno, el Tortuga y Techines; Una de romanos; La libertad; Viajar con niños; Miedo al fracaso; El porqué de las cosas; Yo me acuso; ECC – La abdicación de Froilán II; Añoranza; Valoraciones laborales; Buenos y feos verdes; Cosas que me gustan (Y no deberían); Una de colores; De cómo terminé casado (III, El desenlace); De cómo terminé casado (II, La trama); De cómo terminé casado (I, La decisión); DLG; Ser pequeño; Blas de Lezo y Olavarrieta; Ser guay; Cuentos infantiles; Mis problemas con las mujeres; Monstruos al volante; Canciones de amor; ¿Cuándo va a ser la última vez?; Ser gordo sigue siendo una maldición; ECC – Los I juegos ibéricos; De cómo nació Dani (II); De cómo nació Dani (I); Experiencias turcas (III); Cuestión de fe; Pesadilla; Ingeniero multiusos; Lo que sé y lo que ignoro; Reuniones; Crisis de identidad; La vida es un partido de fútbol; ¡Cielos!, tengo un blog; Declaración de amor a mis musas del cine; Defensas bajas; ECC - El reinado de Froilan I; Perseverar; El poder de los caramelos; Paraíso perdido; Carta a los Reyes Magos; Escáner corporal; Hace diez años; ECC - La defensa de Castro; Personalidad múltiple; ECC - La formación del estado; Si eres ingeniero ¿qué haces leyendo un blog?; ¿Hay que salvar a la especie?; Había una vez un circo; Todos vivimos en el manicomio; Nostalgia; Atila, rey de los hunos; WC de empresa; No me gusta diciembre; Consultor hidráulico; Dibujos animados; De Camarón a Harry Potter; Fiesta fin de carrera; Políticamente correcto; Gripe ¿A?; Negociación; Desmontando a Juanjo; Experiencias turcas (II); Experiencias turcas (I); I have a dream; Grandes inventos de la humanidad: El matasuegras; Enmienda Beckham; El día de la marmota; Calabazas; Alcorcón; El cielo puede esperar; Watchmen; Enfisema pulmonar; Laboratorios Radio; Ramses II; Deporte escolar; El Padrino III; El Padrino II; El Padrino I; Mi nombre es válvula de control; Colonia Bellas Vistas; Ingenieros; Ser gordo es una maldición; Yo soy de romanos; ¿Por qué un blog?

A veces pierdo el norte

A veces pierdo el norte, pero mucho, de muy mala manera.

A veces se me olvida lo importante, como si fuera un niño pequeño que no es responsable de sus actos, que no sabe lo que es la vida. Y la vida no puede ser lo que yo hago de ella, no la puedo tratar con tanto desprecio, a golpes, a patadas, como si la vida no fuera yo mismo, como si fuera un ser prescindible, como si no me quisiera nadie, como si yo no quisiera a nadie. Y la vida continuará sin mí, pero qué más dará si yo no estoy aquí para verla, para disfrutarla, para compartirla con los que quiero.

No ha sido un año fácil, todo lo contrario, ha sido horrible y en cierto sentido continúa siéndolo porque todo flota en el aire, como esos platos que bailan en un palo. Y yo me mato por ir corriendo a volver a darles impulso cuando están a punto de caer, pero seguro que alguna vez llegaré tarde y alguno se estrellará. ¡Qué error tan lamentable!, yo solo no puedo, no podría matar al León de Nemea ni capturar al Jabalí de Erimanto, yo no soy Hércules, ni Atlas, el mundo no depende de mí, son muy pocas cosas las que dependen de mí y la principal soy yo y me estoy descuidando, mucho.

Hoy he recogido los resultados de unos análisis y como ya esperaba, y no podía ser de otra forma, tenían más estrellas que la bandera de la unión, pero no la europea, sino la norteamericana. De propina me ha caído hacerme un escáner, por otro tema, que será una bobada, pero del que llevo pasando por lo menos dos años con la excusa de que siempre hay algo más urgente, más importante, algo que ni siquiera me gusta, algo que no tiene que ver absolutamente nada conmigo, que no es más que dinero, con la excusa de arreglar los problemas de los demás antes que los míos, por más que me duelan, por más que ellos sí que tengan mucho que ver conmigo.

Ya he hablado de ello mil veces, mis problemas se traducen en una especie de castigo que me autoimpongo, dejo de cuidarme, y yo para no engordar tengo que cuidarme a rajatabla, es una putada, pero es así, es un tema del metabolismo y contra el metabolismo no se puede hacer nada de nada. Solo con verme se puede saber cómo estoy, soy transparente y no necesito un psicólogo para saber cómo estoy, yo tengo suficiente con una báscula. Pero no es una cuestión de estética, es una cuestión de vida o muerte, y estoy avisado, pero es como dejarse arrastrar por un sumidero hasta aterrizar en medio de una cloaca.

Siempre es igual, lo tengo delante de mis narices y lo veo, pero lo ignoro, como si me hiciera daño a propósito, como si necesitara sentir ese dolor que me rodea en mis propias carnes, o a lo mejor me sirve de excusa pretendiendo que no me quiero. Hasta que ya no puedo más y suena el despertador, entonces me asusto y me llevo las manos a la cabeza pensando en la tontería que estoy haciendo, pongo distancia y pienso en mí, y me cuido, y adelgazo, y me siento bien, y no existe análisis que me tumbe, y soy yo mismo, y me gusto. Pero ¿por qué esta vez no suena el despertador?

A veces me hago daño y soy mi peor enemigo.

lunes, 21 de febrero de 2011

A Esperrancia


Sé que a lo mejor no debería escribir esto, que posiblemente es de mal gusto, que seguramente es oportunista, políticamente incorrecto, pero si no lo hago reviento, aunque alguno me va a dar para el pelo.

Resulta que la señora lideresa, doña Esperrancia, tiene cáncer de mama, como tanta otra gente, eso sí. Es del dominio público que políticamente la odio, que representa casi todo lo que me repugna en un político, pero aun así quiero dejar claro que lo siento y que espero que se recupere lo antes posible, porque lo cortés no quita lo valiente, eso me lo enseñaron de pequeño en las clases particulares que me daban en casa de educación para la ciudadanía. Por eso tampoco voy a hacer chistes fáciles de esos tipo bicho malo nunca muere o que si no pudieron con ella ni un tiroteo ni un helicóptero menos lo van a hacer unas cuantas células descarriadas, no, no lo pienso hacer, sería demasiado miserable. Ese comportamiento tan mezquino prefiero dejárselo a sus pupilos de Telemadrid, posiblemente la televisión más manipulada del mundo occidental, como diría su colega Paco.

Podría listar las cosas que más me indignan de su comportamiento político, bueno, debería decir mejor de su ideario, porque vuelvo a repetir que no son los comportamientos los que me asustan, lo que me asusta es que alguien piense así, pero vale, tampoco lo voy a hacer hoy, solo me voy a limitar al estado lamentable de la sanidad pública madrileña, a la mentira de las listas de espera, a la externalización de servicios, al desvío de las cirugías a clínicas privadas, a no convocar plazas de médicos y enfermeras porque es más fácil tenerlos sumisos agotando infinidad de contratos, a las horas interminables en las urgencias, a las camas por los pasillos, a tanta mierda que existirá en muchos otros sitios, sí, pero que ella consiente y fomenta y que los estúpidos votantes, perdón, quería decir ciudadanos, sufrimos y padecemos.

Recuerdo con pavor la experiencia de mi padre cuando tuvo el cáncer, las visitas a urgencias orinando sangre solucionadas con un lavado de vejiga y una tortilla de Buscapinas, semana tras semana, con una negligencia que me hiela la sangre, tirado en mitad de un pasillo, con unas pruebas que nunca llegaban, porque no era tan grave, así durante meses, luego, cuando sí que vieron algo “malo”, tardaron unos cuantos meses más en operarle, cosas de unos papeles perdidos, y como propina tuvieron que parar la primera operación, que no iba a ser nada, cuando descubrieron que la broma era un tumor de nueve centímetros que se había pasado por alto. Evidentemente no culpo a Ësperrancia de tal desaguisado, en primera persona, pero son cosas que se ven venir y el que no lo sabe es porque por fortuna no le ha tocado. Admito que una vez que se lo tomaron en serio hicieron una obra de arte con mi padre pero podría haber pasado cualquier otra cosa, no quiero ni pensarlo.

Tan tocado me dejó la experiencia que decidí hacerme un seguro privado, que en el fondo es seguir el juego y pasar por el aro, pero me apetece que si un día me tienen que hacer un escáner me lo hagan a tiempo antes de lamentar daños. También me hice socio de la AECC a la que religiosamente aporto unos eurillos todos los meses, sé que es una miseria, pero prefiero gastármelo en eso que en una cena, un dinero que ayuda a que existan autobuses que hacen mamografías, como la que le han hecho a Esperrancia, con las que se evitan muertes absurdas, hasta me gustaría pensar que su mamografía se pagó con mi aportación, pero no la veo en el mamobús haciendo cola, además no lo permitirían ni su título nobiliario ni la dignidad de su cargo.

Pero lo que sí veo es que se va a operar en un hospital público, algo que le honra, eso sí, tomando un atajillo. Se opera mañana, sin pasar días infernales pensando en si el tumor será malo o bueno, en si habrá o no metástasis, en los estragos de la quimio, sin sufrir dolores evitables mientras que el tumor sigue creciendo. Además, cosas de la seguridad, tendrá más de una habitación a disposición de ella y de sus familiares, sin tener que aguantar los alaridos de otro paciente agonizante que perturbe su descanso. La comida será estupenda, nada de comida traída de fuera del hospital porque tener una cocina es muy caro, su caldito estará siempre caliente y con las legumbres que tome no se podrá empedrar un camino adoquinado. Sí, va a ser una lástima que no tome conciencia del mundo en el que gracias a gente como ella los demás vivimos, y me apuesto hasta las escrituras de la casa de que saldrá encantada del hospital presumiendo de su mundo virtual del que los demás no disfrutamos.

Así será, y espero escucharlo porque todo le haya ido bien, porque no sea más que un mal rato del que pronto se recupere, para desearla que muera de viejecita y alejada de la política, derrotada en todas las elecciones a las que se presente en el futuro, pero más sana que una manzana, faltaría más, doña Esperrancia.